En la década del '90 fueron más de 100.000 productores agropecuarios que desaparecieron como tales, y que implicaron que esas familias tuvieran que dejar esa actividad económica, social y cultural que implica cultivar la tierra.
Buenos Aires, 22 noviembre (Especial para NA por Esteban Motta*) -- Hablar de arraigo para nosotros es algo ya internalizado, ya que arraigar significa "echar, criar raíces" también el concepto incluye "fijación fuerte, firme y duradera", esos son significados que forman parte del trabajo realizado por la juventud de Federación Agraria Argentina (FAA).
Allí está el interés por el terruño, de los valores e idiosincrasia.
Eso sí nos referimos a la región de la pampa húmeda, pero si abrimos el ángulo de la mirada y nos focalizamos en regiones donde la influencia de los pueblos originarios marcó las características de la población, donde existe un profundo respeto por la naturaleza, por la tierra eso es arraigo también, y es lo que valorizamos como tal.
En la década del '90 fueron más de 100.000 productores agropecuarios que desaparecieron como tales, y que implicaron que esas familias tuvieran que dejar esa actividad económica, social y cultural que implica cultivar la tierra.
Ello implicó migraciones a grandes ciudades, donde las industrias habían quebrado y donde el trabajo era una fantasía. Y también generó que los pueblos quedaran deprimidos demográficamente.
Basta analizar los últimos censos y comprobaremos el proceso de concentración poblacional que se da en las grandes ciudades.
Fueron decenas de miles de jóvenes hijos de chacareros y campesinos los que perdieron en el camino la ilusión de desarrollarse en esos pueblos tranquilos que luchan por seguir vivos en nuestro interior profundo.
De esta manera los pueblos del interior del país pierden perspectiva de crecimiento y dinamismo, y hasta corren riesgo de desaparición.
De acuerdo con el censo 2001, en nuestro país, a pesar de que la densidad de población es de apenas de 14 habitantes por kilómetro cuadrado, el 60 por ciento de la población total está concentrada en la región integrada por Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en una superficie que no alcanza al 22 por ciento del total del país y el 33 de la población total está concentrada en el aglomerado Gran Buenos Aires.
En 2002, después del caos del 2001, la devaluación, el cambio de las condiciones macroeconómicas internacionales, mejoraron las condiciones de rentabilidad de aquellos productores de commodities, principalmente bajo la lógica de un modelo de desarrollo basado en el monocultivo de la soja.
Esas condiciones macroeconómicas no bastaron para frenar la desaparición de productores, ni las migraciones rurales.
Fueron 60.000 los productores desaparecidos entre 2002 y 2008, y son más de 600 los pueblos de menos de 2000 habitantes con tendencia a desaparecer.
El resultado de este proceso no es más que concentración demográfica en grandes ciudades, marginalidad, y el proceso de estigmatización de los jóvenes de flagelos sociales como la inseguridad.
Nosotros creemos que es momento de replantear el modelo de desarrollo demográfico argentino, y en ello juega un rol fundamental repensar el modelo de desarrollo productivo, y el papel que van a jugar los jóvenes en ellos.
En este marco se inscribe nuestro Plan Arraigo, esta propuesta que estamos llevando a los distintos lugares del país para ser discutida y debatida, y que las autoridades políticas tomen nota.
Pensar a los jóvenes como sujetos de desarrollo, en un proceso de diversificación productiva y agregado de valor en origen, que apunte a fortalecer el entramado social, económico y cultural del interior, dando la posibilidad de quedarse, de elegir quedarse a los jóvenes del medio rural.
El Plan contempla un amplio articulado donde se fomentan políticas públicas como el trabajo genuino, la infraestructura, las mejoras de condiciones de vida, el fomento crediticio, la biodiversidad, el acceso a tecnologías, a tierras.
Pensar una agricultura con agricultores, y garantizar la soberanía alimentaria de nuestro país, depende en gran parte de repensarnos, de darnos la chance en nuestro país de que una Reforma Agraria Integral sea posible, construyendo un país desde el interior, con los agricultores familiares como principales actores.
En este contexto para que el arraigo sea posible, son indispensables regular el uso y tenencia de la tierra, pensar una Ley de Arrendamientos, limitar la extranjerización de tierras, y promover el reconocimiento de sus tierras a los poseedores históricos, y repensar el acceso a las tierras en el marco de un Instituto de Colonización.
También es importante regular los mercados garantizando precios sostén, diferenciar y segmentar las políticas dando márgenes de desarrollo y competitividad a los pequeños y medianos productores ante los grandes actores que se insertaron en las últimas décadas en el sector.
(*) Secretario de Juventud de Federación Agraria Argentina (FAA).
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NA
Noticia publicada el 22/11/2010 a las 10:48
Última modificación: 22/11/2010 a las 10:48