El Indear es el eje de un polo de desarrollo científico en Rosario.

Biotecnología de punta en las barrancas del río Paraná

Allí se investigan complejas plataformas tecnológicas para producir cultivos más resistentes, quimosina y biocombustibles de segunda generación.
Publicado el 29/08/2011 en Actualidad
Por Primicias Rurales



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A un transeúnte distraído, el paisaje puede jugarle una mala pasada. Puede confundir su paradero con alguna zona de los Estados Unidos donde se forja el futuro tecnológico global. Pero el marco imponente de las barrancas del río Paraná, en Rosario, devuelve al peatón la conciencia de que se está pisando suelo pampeano y no aquel del cinturón maicero norteamericano.
Y es que la vista del predio general, donde trabajan más de 300 científicos en diversos organismos, sumado a la poderosa y moderna
infraestructura donde el Instituto de Agrobiotecnología Rosario (Indear) tiene su sede, genera en los visitantes el regocijo de palpar una Argentina posible, que no se limita a adoptar soluciones biotecnológicas que se importan de EE .UU . o la Unión Europea, sino que ahora se anima a desarrollarlas con investigadores locales.
Fundado con fondos privados a fines del 2004, el Indear fue concebido como respuesta a la necesidad de contar con plataformas tecnológicas de alto rendimiento como factor crítico en el éxito de los proyectos biotecnológicos. Y así se organizó, bajo los criterios
de un centro biotecnológico de primera línea a nivel mundial.
Con el apoyo del Conicet, en el 2005 comenzó a construirse un complejo de 4.000 metros cuadrados en la ciudad de Rosario, capital
agrícola de la Argentina. Las obras se finalizaron y fueron inauguradas oficialmente en diciembre de 2010.
En la actualidad, la empresa concentra sus actividades en dos áreas temáticas: molecular farming y el mejoramiento de cultivos tradicionales (ver Lo que se viene en semillas), según comentó el Dr. Federico Trucco, CEO de Indear, en un mano a mano con Clarín Rural.
Molecular farming es la disciplina que utiliza a las plantas como fábricas de compuestos de interés comercial, denominados enzimas
industriales. En esta línea de trabajo, la niña bonita del instituto es la obtención de semillas de cártamo modificado genéticamente, que contienen un compuesto utilizado en el cuajado de los quesos: la quimosina bovina.
El proceso tradicional extrae dicho compuesto del cuarto estómago de los terneros vacunos. Pero en los últimos 20 años, el 80% de la quimosina se obtiene a través de la fermentación de bacterias, hongos y levaduras. Hoy, se importa cerca del 90 % de las necesidades de quimosina del país.
En el Indear están convencidos de que en el corto plazo se puede producir toda la quimosina que necesita la Argentina, con sólo 400
hectáreas de cártamo modificado genéticamente. Esto permite identificar claramente, el enorme potencial e interés que despierta esta innovación en la industria láctea.
Los costos competitivos, la calidad del producto, la inocuidad sanitaria y ambiental, el almacenamiento y la logística, son algunos
de los beneficios del proyecto. Poniéndolo más claro: contar con semillas de cártamo permitiría, bajo un proceso industrial sencillo
de purificación de las enzimas, disponer en forma controlada, eficiente y económica de la cantidad requerida de quimosina, lo que
mejoraría enormemente la provisión de dicho insumo.
Este proyecto, que el Indear espera lanzar comercialmente a finales de 2011, se encuentra en etapa de pruebas en una planta piloto instalada para tal fin, mientras se avanza en las respectivas actividades regulatorias para la aprobación por parte de los organismos oficiales (ver Un marco que…). En esta línea, también se encuentra en etapas incipientes de investigación y desarrollo enzimas que degraden la biomasa vegetal para la producción de biocombustibles de segunda generación. Esto constituye un desafío tecnológico no sólo a nivel local sino también a escala global. “Lo que ubica al Indear en la cresta de la ola internacional de investigación”, remarcó Trucco.
El éxito del proyecto, estimado para fines de la presente década, permitirá la generación de etanol a partir de compuestos vegetales de difícil degradación (celulosa), lo que otorgaría una fuente de energía renovable frente a una matriz energética cada día más jaqueada por la dependencia de los combustibles fósiles.
En resumen, la visita al Indear se vive como una increíble película de ciencia ficción hecha realidad, donde se construyen hoy soluciones biotecnológicas a problemáticas futuras. Y es aquí nomás: en el corazón de la Región Centro.

foto 2Lo que se viene en semillas
La otra área temática a la que el Indear apunta sus cañones es el mejoramiento de cultivos tradicionales a través de la biotecnología, una cuestión estratégica para que los productores locales puedan mantener la alta productividad.
En esta línea, el objetivo de los investigadores del Indear es que la ciencia pueda hacer un aporte clave para que la agricultura sea cada día más productiva, segura y sustentable. El eje de acción gira en torno a mejorar el comportamiento de los cultivos frente a las limitantes bióticas y abióticas de los cultivos.
En este sentido, la tolerancia a sequía y a las condiciones de salinidad en el suelo son los aspectos de estrés abiótico que más interesa mejorar. La buena nueva es que, en forma progresiva y a partir de la campaña 2014- 2015, se espera que aparezcan los primeros materiales para trigo, soja y eventualmente maíz con dichas características, adelantó Trucco.
En pasturas, también se está trabajando en caracteres como senescencia retardada de alfalfa, tolerancia a estrés abiótico, selectividad a herbicidas y tolerancia a insectos, entre otras características.

Un marco que promueva la investigación
A la hora de invertir en biotecnología aplicada a cultivos, la pregunta sobre el marco regulatorio y la legislación se hace ineludible. En este caso, Federico Trucco respondió claramente y sin rodeos: “Indear reconoce el compromiso de las autoridades competentes con el marco regulatorio, sistema que se va a reformular dentro de poco tiempo para poder estar a la vanguardia y mantener así la competitividad del sector”.
Por el lado de la propiedad intelectual, en cambio, Trucco planteó que debería modificarse la Ley de Semillas en función del marco legal que poseen otros países.
En lo referente a la Ley de Patentes, señaló que es fundamental contar con una protección provisoria y acelerar los tiempos de procesamiento de patentes. “Si se considera que una patente tiene una vigencia de 20 años, a veces el otorgamiento viene dado sobre la mitad o al final de dicho período, dejando sin margen de acción para la captura de valor al obtentor”, explicó Trucco.

foto3Amaranto, el cultivo del futuro
El Indear tiene la meta de generar variedades que se adapten a suelos marginales. El IN TA Pergamino viene realizando ensayos a campo.

Los investigadores del Indear también lograron importantes adelantos para mejorar la competividad del amaranto, una planta que formaba parte de la dieta de los aztecas, incas y mayas, junto al maíz y la quinoa. El desarrollo de este cultivo puede ser clave para el futuro por su valor
nutricional y su capacidad de crecer en suelos con poca aptitud agrícola. En la actualidad, el amaranto se utiliza para elaborar alimentos y está muy difundido para el mercado de celíacos.
Uno de los objetivos del Indear es conseguir variedades que se adapten a las áreas productivas marginales. Con este objetivo en la mira, se han realizado ensayos específicos para optimizar el manejo agronómico del cultivo: ajustar fechas y dosis de siembra, estudiar el manejo de las plagas, la cosecha y el acondicionamiento.
Un grupo de especialistas del INTA Pergamino también hizo ensayos para estudiar el manejo agronómico del amaranto y acaban de publicar los resultados. El equipo de especialistas, conformado por Luis Jacquelin, Andrés Llovet y Javier Elisei, sembró un lote con amaranto a fines de noviembre y lo trillaron a mediados de abril, con un rinde de 8,3 quintales por hectárea. El ensayo se realizó en una parcela de casi una hectárea, en el campo experimental del INTA, que anteriormente había sido sembrada con soja.
Antes de la implantación se hizo un tratamiento con glifosato. El cultivo compitió eficazmente con las malezas, alcanzando hacia mediados
de enero un porte promedio de 60 cm, con 13 hojas expandidas y una densidad de 544.000 plantas/ha. En cuanto a las plagas, lo más relevante fue el ataque de la oruga del yuyo colorado y también hubo problemas por bicho moro (aunque la defoliación no fue significativa).
A partir de los resultados obtenidos, los especialistas del INTA recomiendan partir de un lote limpio de malezas antes de la siembra y no exceder de 1-1,5 cm la profundidad de siembra, en razón del tamaño de la semilla y para evitar problemas de emergencia en caso de encostramiento.
Hay que tener en cuenta que un stand de 500.000 plantas/ha permite lograr tallos finos y facilita el trabajo de las cuchillas de la cosechadora.
El trabajo del INTA concluye planteando que el amaranto representa una alternativa interesante de diversificación para pequeños y medianos productores en suelos no aptos para la producción sojera y en áreas marginales. Asimismo, constituye un importante aporte a la seguridad alimentaria, extensiva a la población celíaca pues el grano no posee gluten.
El valor nutricional del amaranto está fuera de discusión. La FAO y la OMS precisan que sobre un valor proteico ideal de 100, el grano de amaranto presenta 75; la soja 68, el trigo 60 y el maíz 44.

Primicias Rurales

Fuente: Indear


Noticia publicada el 29/08/2011 a las 10:41
Última modificación: 29/08/2011 a las 10:41


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