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Marta Sosa y Carlos Tonn, de la Universidad Nacional de San Luis, crearon repelentes naturales.
Científicos puntanos crearon bioinsecticidas para cultivosLa investigación se basa en un concepto milenario: las plantas tienen con los insectos una relación ancestral ya que han co-evolucionado durante millones de años, lo cual hizo que entre ambos aparezcan ciertas vinculaciones de convivencia y....Publicado el 12/04/2011 en Agricultura
Por Primicias Rurales Dos investigadores de la Universidad Nacional de San Luis realizan sus investigaciones sobre el uso potencial de productos naturales de plantas y extractos purificados que contienen repelentes e insecticidas naturales. El trabajo comenzó en 1992 y hoy buscan su aplicación a mayor escala y aunque no está pensado para la agricultura convencional y extensiva, los primeros ensayos exitosos se practicaron en una plantación de olivos orgánicos en Mendoza. La investigación se basa en un concepto milenario: las plantas tienen con los insectos una relación ancestral ya que han co-evolucionado durante millones de años, lo cual hizo que entre ambos aparezcan ciertas vinculaciones de convivencia y modalidades de comunicación, de atracción o de defensa. El ejemplo más simple lo representa el caso de los insectos polinizadores atraídos por señales químicas de las plantas, como un fenómeno de coexistencia beneficioso para ambos organismos. En el otro extremo están aquellas plantas que elaboran productos que les permiten subsistir al ataque de insectos y ese es el punto donde los investigadores buscan indagar. Marta Sosa y Carlos Tonn recibieron a El Campo en su laboratorio del área de Química Orgánica de la Universidad Nacional de San Luis. Sosa es investigadora de la Universidad Nacional de San Luis (UNSL) y docente del Área de Zoología. Tonn es Investigador Principal del CONICET, docente de la UNSL y pertenece al Instituto de Tecnología Química (INTEQUI), de doble dependencia CONICET-UNSL. Dirigen proyectos subsidiados por UNSL, CONICET y ANPCyT que tienen como objeto de estudio los productos naturales de plantas de la región y sus aplicaciones. La capacidad de las plantas para resistir insectos se basa en la producción de sustancias, la mayoría desconocidos en sus estructuras químicas: “Elegimos el tema de insectos porque sabemos que la producción agropecuaria mundial tiene un 30% de pérdidas anuales por ataques de éstos, nematodos y hongos. Es muy alto el potencial de producir alimentos que se pierde justo en un momento en que en el mundo crecen los requerimientos alimenticios”, explicó el catedrático. La agricultura cobró importancia cuando aparecieron los primeros insecticidas de síntesis, como los organoclorados y organofosforados, que produjeron un cambio notable en las técnicas de cultivo, lo cual permitió aumentar la cantidad de alimentos en el planeta. Pero junto a esto, advirtió, aparecieron los típicos fenómenos de resistencia y contaminación de aire, suelo y agua y la acumulación de muchos de estos productos de síntesis en la cadena trófica. Aún es posible detectar en la grasa de animales de la Antártida la presencia de DDT, un poderoso químico prohibido hace muchos años, aseguró. Por ello Tonn considera que todo tipo de molécula no biodegradable aplicado a la agricultura, constituye un problema complejo a largo plazo. Por una parte, la contaminación propia del aire, agua y suelo, la aparición en la cadena trófica de alimentos y la permanencia en los sitios de cultivo, de tal forma que cuando se pretende exportar, aparecen restos que provocan el rechazo. Ambos coinciden en que deben buscarse nuevas alternativas y por eso se abocaron desde hace algunos años a trabajar en esto. Primero hubo una investigación básica con las plantas de esta región sobre las interacciones que podía haber con insectos, lo que les permitió llegar al conocimiento de que ciertas especies nativas tienen actividad insecticida o repelente frente a distintos tipos de insectos plaga en cereales. Ahora están abocados en una etapa que incluye la transferencia de este conocimiento. Una de las posibilidades más concretas lo constituye la relación con INTA de Luján de Cuyo con la participación de especialistas en huerta orgánica. No se puede pensar en productos naturales de plantas aplicados a agricultura intensiva, aclaró Tonn. “Estas aplicaciones no son viables para cultivos en gran escala como soja, trigo, girasol o maíz, sino para huertas orgánicas o para plantaciones de mucho valor, como olivos, como lo hicieron en una experiencia con INTA Mendoza en cultivos orgánicos, con los que nos fue relativamente bien”. En las huertas se orgánicas utilizan cercos con plantas aromáticas, como ruda, menta, salvia, ajo, albahaca y artemisias para repeler el ataque de una gran variedad de insectos: “Hay mucho conocimiento acumulado, pero se necesita conocer más las relaciones íntimas entre vegetales e insectos. A veces resulta muy difícil asignarle una propiedad a una planta a partir de una sola molécula. En general, en aceites esenciales, a los que más nos estamos abocando, son productos que se obtienen de especies aromáticas y constituyen asociaciones moleculares complejas y de gran valor potencial”. Tonn y Sosa han evaluado aceites esenciales de plantas nativas con interesantes resultados como repelentes e insecticidas: “Hay insectos que desarrollan resistencia a los productos sintéticos, pero en el caso de los extractos naturales se trata de compuestos de fácil degradación. Pensamos que al ser productos naturales actúan en forma menos agresiva”, explicó la bióloga. Es una investigación compleja ya que requiere de instalaciones para la crianza de insectos, como así también instalaciones e instrumental de avanzada para los estudios químicos e instalaciones. La línea de trabajo se ha extendido a la búsqueda de productos naturales controladores de insectos que afectan la salud humana como el caso de vinchucas. La Estación Experimental de INTA Castelar ha solicitado su colaboración para trabajar conjuntamente con los investigadores puntanos. En esa institución tienen ensayos de grandes extensiones con picudo del algodón, una plaga que combatirla todos los años lleva una buena parte de la ganancia a los productores. “Nos pidieron que busquemos algún producto natural que evite que el picudo se aloje en el capullo. Ellos han desarrollado un sistema, ya aprobado por Salud Pública que son hongos que matan a los insectos, pero necesitan algo los atraiga”, dijo Marta Sosa. En el país son pioneros en esta línea de investigación, que iniciaron en 1992. El Proyecto denominado “Química y Aplicaciones de los Productos Naturales de Plantas” consta de cinco líneas de investigación, con distintas vertientes. Se buscan antitumorales, bio-insecticidas, antimicóticos, antiulcerosos y reacciones de biotransformación, entre otras aplicaciones posibles. Participan docentes investigadores de la UNSL y del CONICET con un importante número de becarios doctorales pertenecientes al CONICET. Primicias Rurales
Fuente: El Diario de la Republica Noticia publicada el 12/04/2011 a las 15:01 Última modificación: 12/04/2011 a las 15:01 ComentariosNo hay comentarios para este artículo |
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