Cientos, miles de sombreros negros, de distintos tamaños y
confección, barbas largas, trenzas y trajes oscuros pueden verse
cotidianamente en Jerusalén, una ciudad considerada "santa" que
resulta muy amistosa con los argentinos y transmite la pasión
religiosa y una sabiduría milenaria.
"¿Vos sos argentino, che?", es la pregunta que se repite en las
calles de esta ciudad, que es el verdadero corazón de Israel,
cuando escuchan hablar a alguien con acento porteño,
sobre todo si quieren vender algún artículo al percibir el mínimo
gesto de interés por parte de un extranjero.
La Ciudad Vieja, conocida mundialmente por haber sido el lugar
fundante de diversas religiones, es un mundo de incontables
senderos que mezclan el exacerbado materialismo de
los mercaderes con la insondable espiritualidad de las iglesias,
las mezquitas, el Santo Sepulcro y el Muro de los Lamentos.
Fuera de esos muros, que también dividen a israelíes y
palestinos, Jerusalén también se encuentra cruzada por la
historia del Holocausto, o la Shoá como llaman aquí al exterminio
de seis millones de judíos a manos de los nazis durante la
Segunda Guerra Mundial.
El Museo del Holocausto, en las afueras de la ciudad, logra
mantener vivo el recuerdo de las víctimas y concientizar a las
próximas generaciones, en un edificio increíble que durante un
largo tramo lleva su piso en bajada para simbolizar el descenso
que significó el nazismo para la Humanidad.
Esa historia, por cierto, está profundamente enraizada con la
actualidad, porque sólo tres años después de la Segunda Guerra
fue proclamado el Estado de Israel en esta parte del Medio
Oriente y allí comenzó un largo camino de luchas y pasiones que
llega con inocultable fervor hasta nuestros días.
"Yo trabajo con los palestinos, como con ellos, viajo con ellos,
algunos me caen bien y llegué a considerarme su amigo, pero en el
fondo yo no les tengo confianza ni ellos me la tienen
a mí", comentó Ben, un ciudadano israelí, ante la curiosidad
lógica de un visitante primerizo a Jerusalén.
Desde la ruta por la que se accede al famoso Mar Muerto se puede
ver el muro que Israel levantó en el límite con Cisjordania,
mientras decenas de niños hijos de familias de
beduinos se acercan a los visitantes al grito de "money, money" y
piden un dólar para subirlos a un camello viejo y cansado.
La pobreza, sin embargo, es una "rara avis" en Israel, donde el
salario mínimo es de 1.200 dólares y hay una fuerte inversión en
educación y salud, aunque la porción más grande del presupuesto
estatal se lo lleva la seguridad, a la que aquí se le rinde culto
por temor a los atentados terroristas. A su vez, Estados Unidos
destina una ayuda financiera anual a Israel de tres mil millones
de dólares.
"Aquí medio mundo habla castellano, muchos vinieron de la
Argentina o tienen familiares allí", comentó la mesera de un bar
en el "down town" de Jerusalén, donde se puede degustar tanto
comida típica judía como manjares árabes o, simplemente, entrar a
una pizzería para pedir "una grande de muzzarella".
A la hora de la cena, no más de las ocho de la noche aquí, los
bares céntricos ya colocaron pantallas gigantes para atraer
clientes con el partido entre el Barcelona y el Real Madrid, y
cientos de jóvenes se acercan para alentar al electrizante Lionel
Messi y burlarse del displicente Cristiano Ronaldo.
Poco queda, a esta altura, del paso del gobernador Daniel Scioli
por Jerusalén, pese a que el principal diario de la ciudad
publicó una nota sobre su visita en la tapa: para este lugar del
mundo amistoso con los argentinos y sumamente apasionado con la
religión, la vida continúa como hace miles de años.
Mariano Spezzapria. Secretario General de Redacción de Noticias Argentinas
Primicias Rurales
Noticia publicada el 01/12/2010 a las 16:07
Última modificación: 01/12/2010 a las 16:10