Buenos Aires, junio 11 (PR/11) -- La Argentina producía a fines de los ´80 alrededor de 35 millones de toneladas de granos sobre unas 20 millones de hectáreas. Ya a mediados de los ’90 había crecido a 44 millones y al finalizar la década rondaba los 70 millones de toneladas sobre más de 27 millones de hectáreas. Prácticamente se había duplicado la producción con un crecimiento del área de 35%.
También se había casi doblado la producción de leche de 6.000 a más de 10.600 millones de litros, y triplicado la producción de pollos. El rodeo vacuno a fines de los ´90 oscilaba en 56/57 millones de cabezas.
Durante la década siguiente, 2000/2010, la cosecha pasó de 70 millones de toneladas a 94 millones (+ 34%), mientras que el área llegó a los 30 millones de hectáreas (+ 11%). Esto es así ya que se estima que en los últimos años el crecimiento de la productividad ligado a los avances tecnológicos (ingeniería genética, sistema de labranzas, etc.) justifican más del 17% de los aumentos de producción. Por eso, la verdadera expansión, la horizontal, fue menor.
A su vez, la producción de leche se mantiene estancada en 9.000/10.000 millones de litros, y el rodeo vacuno cayó a alrededor de 46 millones de cabezas.
Todo esto en el marco de extraordinarios precios internacionales, y con avances tecnológicos geométricos que mejoran en forma permanente los rindes y las posibilidades de cultivo en nuevas áreas.
Así, mientras en una década se avanzó fuertemente en el comercio internacional de alimentos y se conquistaban nuevos mercados en forma constante (por ejemplo, se llegaron a tener 64 mercados para el trigo, se abrió la Cuota Americana para la carne vacuna, etc.), en la siguiente, la tendencia aparece a la inversa, con marcadas restricciones a la exportación en buena parte de los rubros, en algunos casos por caída de la producción (en trigo ni siquiera se logra abastecer ahora a Brasil), mientras que en otros se debe a decisiones oficiales de limitación con el argumento de contener los precios internos (por ejemplo, la codiciada Cuota Hilton de carne para la Unión Europea no se completa hace varios años por esta razón), y la mayoría de las veces, por la conjunción de ambos.
Pero después de más de un lustro sin obtener los resultados pretendidos, el argumento de “la defensa de la mesa de los argentinos” no cierra. Ya no son defendibles las medidas adoptadas, entre otras cosas, porque es evidente que agudizan el achicamiento. En el mejor de los casos impiden crecer por la falta de inversiones porque los mercados dejaron de ser transparentes debido a las continuas intervenciones, porque creció sustancialmente el nivel de riesgo en la actividad agropecuaria ante las reglas permanentemente cambiantes, etc.
¿Se puede distribuir la pobreza? Obviamente no. Es necesario, primero, generar riqueza, acumularla, y luego recién repartirla.
Es algo tan elemental y simple que no requeriría explicación. Sin embargo, el Gobierno con su muletilla de “defender la mesa de los argentinos”, hace exactamente lo contrario de lo que indica la lógica: achica la producción de alimentos que, además, para la Argentina es lo mismo que disminuir la riqueza ya que siguen constituyendo el grueso de las exportaciones con lo cual, lejos de tener más para repartir, tiene cada vez menos. Extraña forma de defender a los consumidores…
Lo más grave es que como en la perinola, “todos pierden”. Las quejas de los productores agropecuarios son cada vez más virulentas, aunque llevan años alertando sobre el daño que se está causando a la producción.
Por su parte, los consumidores no le van en zaga dado que los aumentos de precios internos también son una constante.
¿Quién se beneficia entonces? Según vienen denunciando dirigentes de diversas extracciones, sólo a algunos eslabones muy concentrados de la cadena comercial, a ciertos industrializadores y, probablemente, a algún funcionario, ya que normalmente lo primero que ocurre cuando se comienza a manosear un mercado y a generar distorsiones arbitrarias es que el esquema provoque simultáneamente un aumento de la corrupción o de las irregularidades.
Pero además, ninguno de los funcionarios de turno (ni los anteriores) quieren reconocer el fracaso. Cuesta aceptar el error de cálculo y, cuando más se dilata, peor es pues más se agudiza la situación.
El caso del trigo es el más emblemático. Y así lo plantearon los dirigentes en el Congreso en los últimos días ya que los productores apenas reciben el 11% del precio que los consumidores pagan por el producto, que ronda los $ 9 el kilo, contra los $ 2,50 de 2003. Es decir que, a pesar de las intervenciones, del daño productivo, de las rentas arbitrarias a sectores digitados, etc., el pan subió 260% durante la Administración Kirchner (¡¡y eso que no hay inflación…!!).
A su vez, explicaron que con una tonelada de trigo que “teóricamente” (ya que no hay mercado) cuesta $ 860, se elaboran 900 kilos de pan francés que se venden a $ 8.100. Una diferencia de 842%.
Y lo peor es que este fracaso en la política de defensa de la “mesa de los argentinos”, además fue la causa principal de que el área de siembra del cereal se ubique ahora en la mitad, o menos, de la que se alcanzaba en la década del ’30, hace más de 80 años, cuando la Argentina era el “granero del mundo”.
PRIMICIAS RURALES
Noticia publicada el 11/06/2011 a las 15:53
Última modificación: 11/06/2011 a las 15:53