CHAMPAING, Illinois.- El calor golpea duro en los campos del Medio Oeste. Se nota que falta agua. Hay manchas amarillas en algunos maíces. Esta campaña podrá no ser todo lo buena que se esperaba, pero aquí se respira optimismo. Ese optimismo que, más allá de los avatares climáticos, se refleja en las proyecciones sobre crecimiento de la demanda mundial de alimentos para los próximos cuarenta años. Y si en ese escenario a los farmers les va bien no hay motivo para pensar que no sucederá lo mismo en la pampa húmeda. Es que mientras ocurre ese fenomenal proceso de explosión de la demanda, la ciencia y la tecnología provee actualmente herramientas de avanzada para alcanzar los máximos rendimientos con menos recursos.
Una de las compañías semilleras que está embarcada en ese rumbo es Monsanto. Durante una visita de un grupo de periodistas del Mercosur y Chile al laboratorio central de la firma en Chesterfield, Missouri, y en la presentación de los materiales en el Farm Progress Show, realizada en Decatur, se pudo comprobar que la biotecnología y el mejoramiento vegetal tendrán mucho para dar en los próximos años.
Monsanto invierte el equivalente al 9% de sus ventas en investigación y desarrollo, alrededor de 1200 millones de dólares anuales. Las estrellas de los laboratorios de Chesterfield son dos: las “chippeadoras” de maíz y soja que permiten identificar las características genéticas de los cultivos según las propiedades buscadas, y los 108 invernáculos en los que es posible reproducir todas las condiciones climáticas para comprobar que las plantas sean las adecuadas.
“Con las chippeadoras más el uso de tomógrafos se pueden encontrar los materiales buscados entre cuatro y seis años, cuando al breeding tradicional le llevaba ocho años encontrarlos”, explica Emilio Oyarzábal, un investigador argentino que trabaja en Chesterfield.
Mediante la ingeniería genética, las investigaciones en marcha apuntan a desarrollar para soja y maíz cultivos tolerantes a sequía, con genes para mayores rendimientos, resistentes a enfermedades, eficientes en el uso de nitrógeno, control de malezas (se destacan el BT/RR2 y el dicamba, de menor volatilidad) y control de insectos.
A su vez, estos materiales tendrán un impacto sobre el manejo agronómico y la maquinaria utilizada. En el plot de Monsanto en el Farm Progress Show, por ejemplo se exhibían maíces plantados a 30 centímetros entre sí.
Respecto de los productos, Robb Fraley, jefe de tecnología y vicepresidente de la compañía, informó que en 2013 se hará en los Estados Unidos el pre lanzamiento de una soja que contendrá resistencia a glifosato más dicamba. Y se espera que poco tiempo después sea presentado en América del Sur.
Antes, la nueva “estrella” será la soja RR2YBT, el evento transgénico para tolerancia a insectos más la resistencia a glifosato, diseñada especialmente por Monsanto para el Cono Sur. Se estima que se lanzará primero en Brasil, y luego en la Argentina. Según estimó Pablo Vaquero, vicepresidente de Monsanto para Latinoamérica Sur, este evento podría estar listo para la Argentina en 2014. Esto dependerá de la evolución del acuerdo para crear un sistema de reconocimiento por las regalías del evento apilado.
“He visto un cambio importante en la Argentina en materia de reconocimiento de la propiedad intelectual. Hay un deseo concreto de incorporar tecnología”, opinó Jesús Madrazo, responsable del área internacional de negocios de Monsanto. “Vemos años dorados para la soja”, vaticinó el directivo, respecto de que en los últimos cinco años de la década los nuevos eventos de la oleaginosa permitirán incrementar los rindes del cultivo y, además, ofrecer mejores productos con destino a la alimentación. Dos de ellos son el Vistive Gold, un evento transgénico que permitrá producir un aceite libre de grasas trans, y otra soja, también transgénica, que producirá aceites con Omega 3.
“Para 2030 necesitamos duplicar los rendimientos respecto de diez años atrás. El potencial es muy grande, pero no hay mucha más superficie para expandirse”, sostuvo Fraley. “Para esa fecha habrá 1400 millones de habitantes más que en la actualidad, y el aumento de la riqueza en la población impulsa la demanda de proteínas”, recordó el investigador. “Tenemos herramientas científicas para responder a ese desafío”, añadió. Pero ese aumento de la producción, estiman los especialistas, deberá lograrse con una menor superficie, menos agua y menos energía. El futuro está más cerca de lo que parece.
FRASES
- “Se vienen años dorados para la soja. Hay un cambio importante en la Argentina al reconocimiento de la propiedad intelectual”. Jesús Madrazo. Jefe de Negocios Internacionales.
- “Los 160 millones de toneladas de granos previstos en el PEA se podrán alcanzar con mejoramiento genético y biotecnología”. Pablo Vaquero. Vicepresidente en Latinoamerica Sur .
- “Para el año 2030 necesitamos duplicar los rendimientos. El potencial para lograrlo es muy grande”. Rob Fraley. Responsable del área de tecnología mPublicado el: 10 septiembre, 2011







