Dentro de muy poco tiempo, los argentinos tendremos una nueva oportunidad de ir a las urnas a defender nuestros ideales. No una moda pasajera, sino nuestras convicciones más profundas.

Por más que se repita una mentira no se modifica la realidad

En el se afirma que “medido con realismo” el voto K alcanza el 30%, muy lejos de lo necesario para ganar en primera vuelta y mucho más lejos aún de la continua y permanente propaganda oficial tendiente a .....
Publicado el 22/06/2011 en Opiniones
Por Primicias Rurales



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En un interesante artículo publicado recientemente, Víctor Eduardo Lapegna nos confirma lo que todos presentimos pero vemos escasamente reflejado en los medios de comunicación y que muchas veces, tememos compartir en público e incluso entre amigos, contagiados del fanatismo reinante en materia política. En el se afirma que “medido con realismo” el voto K alcanza el 30%, muy lejos de lo necesario para ganar en primera vuelta y mucho más lejos aún de la continua y permanente propaganda oficial tendiente a hacernos creer que “ya ganaron”. Lapegna, para llegar a sus conclusiones, se aleja de los discursos y las “encuestas” y basa su análisis en datos reales: los últimos datos electorales en los diferentes distritos del país, esto es, las presidenciales del 2007, las legislativas del 2009 y de los cuatro comicios ya realizados en este 2011 (Catamarca, Salta y Chubut e internas obligatorias de Santa Fe).

Nos veníamos preguntando si “ya ganaron” cuál es la necesidad de gastar cuantiosos recursos en lo que sería superflua propaganda oficial. Esa insistencia, la propaganda permanente, la desesperación con la cual los virulentos “medios k” acosan cual inquisidores posmodernos a cualquier persona que ose hacer una mera crítica al gobierno aunque sea en una perdida página web, acaso sea la prueba más llamativa de que nada está ganado aún para el gobierno.

El temor de perder se filtra a través de la construcción de un relato que cada día se torna más insostenible. El fenómeno al que asistimos es una nueva muestra del modo en que este gobierno disocia discurso de acción (y van…). En el discurso, vivimos en un país de ensueño, sin inseguridad y con milanesas, heladeras, casas, bicicletas, trabajo digno, LCDs, merluzas, libertad de expresión y descuentos en los shoppings “para todos”. Naturalmente, ese es el país donde “ya ganaron”. Nadie necesita que le explique la realidad tras esos discursos fantasiosos, para un gobierno que entiende por justicia social subsidiar el gas en recoleta y liberar el precio de la garrafa en el conurbano y donde que el paradigma del sistema de reinserción carcelaria sea, justamente, el nacional y popular yate privado defensor de los derechos humanos, y el mayor éxito del “modelo” haya sido una Argentina sin carne, leche ni trigo, es decir, despojada de su riqueza estratégica como proveedora mundial de alimentos.
Lo que ocurre es que el actual gobierno equipara hacer política con hacer propaganda y redactar discursos. Muy alejado de quienes, en los sesentas y setentas, y también ahora, hacíamos y hacemos de la política una acción en las calles  dando la cara y arriesgando nuestras vidas, nuestros trabajos y sufriendo todo tipo de represalias, y no amparados en el anonimato de un teclado y la seguridad de un sueldo estatal pagado gracias a los cuantiosos ingresos que le provee al Estado Nacional el sector agrícola.
El resultado es que, en vez de ver políticas, vemos discursos y en vez de propuestas, vemos denodados esfuerzos para a instalar una moda a través de sofisticados mecanismos de propaganda y cuantiosos recursos estatales dirigidos hacia el objetivo: los consumidores/votantes. Ahora es el “ya ganaron”.
Entonces usan un arsenal de medios ahora “oficialistas” (en el futuro, quién sabe) para hacer propaganda publicitaria y ser “peronista k” viene a ser lo mismo que usar determinado teléfono celular o determinado par de zapatillas: un objeto de estatus y consumo: todo se plantea en el terreno discursivo y visual (y los televisores para todos, permitirán pasar más propaganda).
El punto central es que mientras que las ideologías no se cambian así nomás sino que tienen su anclaje en convicciones profundas e historias de vida, el apego a las marcas de moda cambia por la propia dinámica de la sociedad de consumo, de un momento para el otro. Es esencialmente frívolo, volátil: la moda se pasa porque te aburrís o porque te das cuenta que no es tan masiva. Tal vez el temor que muestra la virulencia incontenida y la persistencia enfermiza de la propaganda oficial sea, justamente que la moda K hace tiempo dejó de ser masiva.
Dentro de muy poco tiempo, los argentinos tendremos una nueva oportunidad de ir a las urnas a defender nuestros ideales. No una moda pasajera, sino nuestras convicciones más profundas. Es momento de decirlo con todas las letras: no hay tal cosa como “peronismo K”.
Hay peronismo y punto.

 

Miguel Schiariti

Asesor en Política Agropecuaria del Dr. Eduardo Duhalde


Noticia publicada el 22/06/2011 a las 18:56
Última modificación: 22/06/2011 a las 18:56


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