Buenos Aires, 22 diciembre (PR/18) — Todo programa sanitario preventivo debe considerar los temas relacionados con la prevención y control del estrés térmico a través de acondicionar instalaciones, alimentación y manejo para evitar los efectos adversos que esta situación ocasiona a la salud y producción en las vacas lecheras.
El estrés térmico o estrés por calor en las vacas lecheras significa pérdidas productivas. Un manejo adecuado del ambiente, las instalaciones, las rutinas cotidianas del tambo y la provisión de agua y sombra resultan adecuados para prevenir los efectos adversos del estrés calórico en las vacas lecheras en distintos sistemas.
En tanto, el estrés calórico en la vaca lechera se produce en condiciones de calor excesivo, humedad relativa ambiente elevada y radiación solar intensa y trae aparejado diversos problemas sanitarios y una disminución del rendimiento en producción de leche, básicamente por menor consumo de alimento, que oscila entre un 20 y 30% y equivale a una pérdida de 1,5 a 2 kg leche por vaca al día.
Debe considerarse que la temperatura de bienestar para la vaca lechera, con un valor de humedad relativa ambiente del 60%, oscila entre los 7 y 28°C.
Si los valores de temperatura y humedad superan su límite de confort, la vaca tiene dificultad para disipar el calor corporal.
En este caso, se pueden observar signos del estrés calórico como jadeo, aumento de frecuencia respiratoria, hipertermia (temperatura mayor a 38,5°C), menor consumo de alimentos, problemas digestivos, inmunodepresión y, en terneros de crianza artificial, también trastornos respiratorios y/o digestivos. La frecuencia respiratoria y la hipertermia resultan ser los dos mejores indicadores fisiológicos o signos clínicos de la vaca que sufre estrés térmico.
Cuando éste se prolonga en el tiempo, se puede observar además una disminución de los valores de producción de hasta un 20%, y problemas reproductivos tales como bajas tasas de preñez, mortalidad embrionaria y menor fertilidad en las vacas.
Esta última situación, relacionada con menor intensidad y duración de los celos y menores tasas de fertilidad global.
Los animales del lote preparto, los lotes de alta producción y la crianza artificial son los más afectados por el calor y la humedad.
En la crianza artificial de terneras, también se detecta un aumento en la proporción de animales enfermos. El lote de vaca seca y corral de partos también son punto crítico donde el confort es importante y prever los efectos del estrés calórico es esencial.
Al considerar que se aproximan meses de temperatura elevada, se recomienda a los productores lecheros el control y la prevención a través de sombras, alimentación e instalaciones adecuadas para minimizar los efectos del calor.
También, acordar los horarios cuando las vacas caminan al sol, evitar arreos en horas de calor excesivo relativos a la entrada y salida de las vacas a la sala de ordeñe.
Algunas de las recomendaciones principales consisten en proveer a los animales de: sombras estratégicamente ubicadas, en el corral de espera pre-ordeñe y los comederos (media sombra); ventilación adecuada en la sala de ordeñe, sea fija o móvil; agua en cantidad y calidad suficiente, contenida en bebederos con capacidad de satisfacer los requerimientos después de cada ordeñe (80 a 100 litros de agua por día en vacas de alta producción).
Además se sugiere dietas que cubran los requerimientos nutricionales, pero que posean una baja actividad endógena fermentativa, a fin de reducir el calor producido en la digestión, estas dietas son llamadas “dietas frías”.

(*) Médico Veterinario. Coordinación General de Gerenciamiento Regional del Senasa.

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