Buenos Aires, 7 abril (Especial de NA, por Nicolás Tereschuk) — La “guerra comercial” entre China y Estados Unidos, que continúa en medio de negociaciones de alto nivel, sigue generando coletazos en distintos puntos del planeta.
La revista estadounidense The Atlantic lo reflejó hace algunas semanas en una nota en la que reveló cómo para muchos productores agropecuarios de ese país, la tensión que plantea Donald Trump con el país asiático les hace cuesta arriba las cuestiones más básicas de su actividad.
La publicación puso como ejemplo el caso de un granjero que necesita una nueva cosechadora, valuada en 480 mil dólares, para continuar con la producción.
El costo queda elevado por el 25 por ciento de aranceles que Estados Unidos impuso al acero y el aluminio chino, a lo que Beijing respondió a modo de represalias con barreras a las exportaciones agrícolas norteamericanas, entre las que se incluye la soja.
Puntualmente, apenas se tomaron esas medidas, gigantes de la maquinaria agrícola como John Deere y Caterpillar anunciaron subas en los precios de sus productos.
“Muchos granjeros se ven impedidos de comprar nuevo equipamiento agrícola por la combinación de precios altos y ganancias más bajas. Muchos de los que se verían obligados a reemplazar los vehículos, deben repararlos, pero también los repuestos están más caros”, señaló la publicación.
Más al Sur, el sector agropecuario también se ve afectado por el fuego cruzado de los gigantes.
La preocupación llega de una forma casi opuesta: ante el avance de las negociaciones entre Trump y los chinos, aparecen temores entre los productores de soja de Brasil.
Es que si el presidente estadounidense prácticamente obliga a China a proveerse de soja del gran país del Norte, en el Sur aparecen las preocupaciones, reveló en un reciente informe la cadena Al Jazeera.
Aún más al sur llegaron los coletazos: el mes pasado la agencia Reuters relató cómo por la mayor presencia estadounidense en el Este asiático, los productores de aceite de soja argentinos quedaron relegados.
Así, los aranceles impuestos por China a la soja estadounidense hicieron bajar la cotización de la oleaginosa.
“Esto ha hecho más económico que Estados Unidos exporte aceite de soja al Este asiático, afectando a la industria argentina como parte de ese proceso”, indicó ese medio de prensa.
El dirigente sindical de los aceiteros Javier Spinelli fue muy claro al declarar “somos gente normal atrapada en medio de la guerra de tarifas entre Estados Unidos y China”, luego de que las plantas del sector en la provincia de Santa Fe enviaran más de un centenar telegramas de despido.
Ahora la guerra comercial se mete en una necesidad de corto plazo del gobierno de Mauricio Macri para tratar de mantener bajo control la cotización del dólar: que los productores liquiden las divisas que reciben por las exportaciones.
La agencia Bloomberg señaló que los sojeros argentinos están en el “juego de la espera”, especulando con una suba de precios del producto si es que finalmente Estados Unidos y China alcanzan una tregua duradera.
“Los productores creen que un avance en las negociaciones entre Estados Unidos y China derivará en una suba de precios de la soja.
Es que la incertidumbre por el bloqueo chino a los granos norteamericanos había deprimido las cotizaciones globales”, indicó.
Para peor, el peso argentino se viene depreciando -“la moneda de peor desempeño del mundo”, suele llamarla en los últimos meses la agencia norteamericana-.
“Lo más que los productores puedan esperar, mayores seràn las posibilidades de que reciban pesos extra por su ingreso dolarizado”, puntualizó.
Como se ve, del humor de los negociadores de las dos grandes potencias mundiales, que se juegan mucho más que la primacía comercial, dependen cada vez más cosas en este mundo globalizado.

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