Buenos Aires, 13 septiembre (PR/21) — El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) es uno de los protagonistas de los debates en el agro, durante las últimas semanas. Lo que arrancó con la puja por los terrenos en Catamarca para ser concedidos al gobierno provincial fue rápidamente superado por la polémica en torno a la composición de su Consejo Directivo. A su vez el reclamo de sus técnicos por la falta de financiamiento completó el cuadro de situación de un organismo esencial para la investigación en materia agropecuaria. Un informe periodístico recopiló la problemática.

“El INTA fue una creación institucional sumamente importante, se originó curiosamente en un Gobierno militar en 1956 y tuvo cuestiones muy innovativas: un presupuesto propio que surgía de un pequeño impuesto a las exportaciones agrícolas, una estructura descentralizada y un consejo directivo integrado por los productores representantes de las principales entidades agropecuarias”, reflejó el historiador Martín Piñeyro sobre la creación y los primeros lineamientos que siguió el INTA en el comienzo de su andar y expansión.

Justamente, la composición de su Consejo Directivo fue uno de los temas que puso al INTA en el centro de la escena. A mediados de agosto, una iniciativa parlamentaria de las diputadas Mabel Caparrós y Alcira Figueroa, ambas del Frente de Todos pero una por Tierra del Fuego y la otra por Salta, puso sobre la mesa la posibilidad de una reforma en el Consejo Directivo, quitando de su organicidad a las entidades agropecuarias.

“Hoy la representación ha quedado obsoleta. Hay una representación de una parte del campo argentino, y el sector agropecuario es de lo más diverso en la economía: hay productores pequeños, agricultores familiares, cooperativas, indígenas, y no están representadas en ese Consejo actual”, manifestó Juan Manuel Rossi, el presidente de la Federación de Cooperativas Federadas (FECOFE).

Los testimonios correspondieron a un informe realizado por La Red Rural (AM 910).

La entidad que preside Rossi se encuentra hoy dentro del armado de la denominada “Mesa Agroalimentaria Argentina” junto a La Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Tierra (UTT) y el Movimiento Nacional Campesino Indígena Somos Tierra (MNCI ST). Y es uno de los espacios que pretende en la actualidad ser parte del Consejo Directivo del INTA, en sintonía con la presentación de las diputadas del oficialismo en el Congreso.

Sin embargo, como era de esperar, la propuesta encontró su rápido rechazo en las entidades del agro que representan el motor productivo del campo, y que traccionan la parte más importante del abastecimiento a las industrias alimenticias. También son un factor esencial en materia de agroexportaciones.

“El INTA fue creado para la investigación agropecuaria. Pretender que dentro del manejo de un ente creado para ello, y la dinámica y las innovaciones que hay que llevar a cabo aplicando la tecnología, y que sobre eso no haya la posibilidad de que su directorio no cuente con las entidades representantes de los productores, me parece que es un absurdo total”, repudió Horacio Salaverri, titular de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (CARBAP).

Alcira Figueroa finalmente envió un nuevo proyecto a la Cámara Baja, en el cual formalizó la idea de que finalmente las entidades agropecuarias puedan conservar su lugar dentro del INTA. Las idas y vueltas de la salteña fueron el eje de las críticas en torno al Instituto y su futuro.

Una cuestión de presupuesto
Eduardo Cortés, técnico en manejo de cultivos y experimentación adaptativa, estuvo más de 20 años en el seno del Instituto. Allí se formó “técnica y humanamente”, según describió, y contó su experiencia al comando del INTA San Francisco, en Córdoba.

“No solamente cambiaban los Gobiernos, sino que también cambiaban los cargos en el INTA y eso hacía que cada uno trajera su trabajo y metodología. Algo que generalmente no coincidía con el anterior”, expresó.

Y apuntó sobre la necesidad de fondos de parte de los investigadores.

“El presupuesto era bajo. Llegaba muy poca plata y lo que hacíamos nosotros era gestionar trabajos con empresas privadas y hacer convenios o realizar charlas, capacitaciones de semillas, herbicidas, lo que sea. Les cobrábamos a los ingenieros agrónomos y con eso obteníamos alguna ganancia y esa ganancia la usábamos para cuestiones diarias”, reveló Cortés en el informe.

Por eso, el historiador Piñeyro puso el foco en la necesidad de renovar el debate en el seno del organismo. “Ha tenido un papel importante en el papel agropecuario del país, tuvo subas y bajas como cualquier institución. Pero la situación de hoy sí requiere de una discusión distinta”, concluyó.

Primicias Rurales

Fuente: Agro 24