Buenos Aires, 9 de junio (PR/22).- El fideicomiso del trigo (FETA) creado por el gobierno poco tiempo atrás para molinos de harina fracasó. Lo advertimos aún antes de que lo implementaran, sabiendo que no se pueden lograr resultados distintos aplicando siempre la misma receta. Había fracasado en el pasado y volvería a ser un error que no beneficiaría a consumidores, y sí traería incertidumbre entre los productores. Y no nos equivocamos. Días atrás vimos cómo las pymes molineras le reclamaron al secretario Hang que lo dejara sin efecto porque estaba en riesgo por la interrupción en la cadena de pagos que generó esta medida. También hemos denunciado la falta de gasoil, que de a poco impacta en las distintas producciones y ahora condiciona también la siembra de trigo.

El gobierno ha dicho reiteradamente estar preocupado por desacoplar los precios internacionales del trigo. Y sobre esto hablaron el presidente y los funcionarios, haciendo circular información y rumores que profundizaron la incertidumbre y complicaron fuertemente a los pequeños y medianos productores. De hecho, la semana pasada la Bolsa de Cereales difundió un estudio en el que indica que “en el caso del pan, sólo el 10% del aumento del precio del trigo a nivel internacional”. Y que, si esos incrementos realmente se hubieran trasladado, los aumentos en los precios del pan hubieran cuadruplicado los que se verificaron.

Desde FAA hace mucho venimos planteando que creemos que la salida es el reintegro de impuesto en los alimentos esenciales para los sectores más carenciados. Y esto lo dijimos no solo a través de los medios o en ámbitos informales, sino que se lo hemos presentado al presidente de la Nación, a los ministros, lo hemos dicho en la Mesa contra el hambre y en todos los ámbitos donde pudimos. Estamos convencidos de que no deben seguir destruyendo mercados, ni desalentando la producción, sino apoyando a quienes lo necesitan. Días atrás, en una presentación de Jimena Vicentín Masaro señaló que, si el apoyo se direccionara la ayuda a los sectores carenciados, supondría 58 millones de dólares, versus los 180 millones de dólares que implicó la fallida decisión del gobierno hacia todo el producto.

En este contexto, la crisis del combustible (que incluye faltantes y sobreprecios para conseguir gasoil) deriva en el trastorno, ralentización y encarecimiento logístico, y ya se habla de una posible reducción de superficie de siembra de trigo. Según la Bolsa de Cereales de Rosario, se reduciría en 200.000 ha, mientras que, de acuerdo a la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, bajarían 200.000 ha por la falta de condiciones climáticas, sumadas a la incertidumbre, producida por la ausencia de reglas de juego claras en lo comercial, y la falta de combustibles. Todo es un coctel explosivo que está dándose hoy. Y mientras nosotros advertimos que se está parando la máquina productiva del país, sentimos que el gobierno habla de otra cosa, mira hacia otro lado y parece gobernar otro país.

Los pequeños y medianos productores padecemos todo esto. No miramos la inflación de costado. Nos afecta a cada paso de nuestras vidas, en nuestros consumos cotidianos tanto como en los que debemos afrontar para producir. Y tampoco especulamos. No tenemos espalda como sí la tienen los que se viven beneficiando de las políticas del gobierno. Nos pega la inflación, nos pegan las variaciones internacionales de los insumos, nos pegan las malas políticas, la falta de gasoil; nos castigan los esfuerzos del gobierno para hacernos ver como los malos de la película. Siempre decimos que somos parte de la solución. Y no sólo lo decimos. Con propuestas concretas que acercamos a los funcionarios, demostramos que también lo hacemos. Falta que ellos nos escuchen y, de una vez, dejen de beneficiar siempre a los mismos, a costa de todos los argentinos.

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Fuente: FAA