A través del programa ESTEPPA, la ganadería en la Patagonia argentina y chilena evoluciona hacia un modelo de gestión que prioriza la salud de los suelos, la captura de carbono y la resiliencia climática, integrando a los productores en mercados ambientales de alta integridad.
Buenos Aires, martes 12 de mayo (PR/26) .- La Patagonia enfrenta hoy una encrucijada histórica. Con más de 50 millones de hectáreas de praderas templadas, este ecosistema —uno de los más valiosos y extensos del Cono Sur— sufre las consecuencias de sequías prolongadas, incendios y una degradación de suelos que amenaza tanto la biodiversidad como el sustento rural. Ante este panorama, The Nature Conservancy (TNC) y Halkis han puesto en marcha el programa ESTEPPA (Estrategias de Producción y Pastoreo en la Estepa Patagónica).
Esta iniciativa binacional no busca simplemente sostener la actividad, sino regenerar el entorno. El modelo se basa en transformar la relación entre el ganado y el suelo, utilizando el pastoreo como una herramienta de restauración dirigida. Actualmente, el proyecto ya cuenta con compromisos formales para intervenir en 150.000 hectáreas, marcando el inicio de una transición hacia la sostenibilidad a gran escala.
Los Pilares de la Transformación
El programa se estructura sobre cinco ejes fundamentales que garantizan un impacto sistémico:
Ganadería como Aliada: Se implementan técnicas de manejo que imitan el movimiento de las manadas naturales, permitiendo periodos críticos de descanso para la vegetación nativa.
Vitalidad del Suelo: Al mejorar la cobertura vegetal, se incrementa la materia orgánica, la retención de humedad y la biodiversidad subterránea.
Créditos de Carbono: Se desarrollan proyectos bajo estándares internacionales para que los productores reciban beneficios económicos por el carbono capturado en sus campos, diversificando sus ingresos.
Ciencia y Colaboración: El diseño del programa incluye mesas de trabajo con universidades, organismos provinciales y asociaciones rurales, asegurando que el conocimiento técnico se adapte a la realidad local.
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Metas y Futuro: Hacia las 10 Millones de Hectáreas
El proceso de implementación de ESTEPPA es riguroso. Tras completar los análisis de factibilidad, el programa se prepara para establecer la línea de base de carbono en suelo en la primavera de 2026. Este dato será el punto de partida científico para medir el impacto real de las nuevas prácticas.
El objetivo inmediato es consolidar el «Cluster 1», alcanzando las 200.000 hectáreas bajo manejo regenerativo antes de finalizar este año. Sin embargo, la ambición es mayor: ESTEPPA se propone liderar la regeneración de 10 millones de hectáreas para el año 2030, demostrando que es posible producir alimentos de alta calidad mientras se sana el ecosistema más emblemático del sur argentino.
Ante un escenario hídrico excepcional para la campaña 2026, Fertilizar AC advierte que el éxito de los cultivos de invierno no dependerá del clima, sino de una «Ingeniería Agronómica» de precisión que cierre las brechas de rendimiento.
Buenos Aires, jueves 7 mayo (PR/26) . – En el sector agropecuario solemos decir que «el agua es el techo», pero cuando ese techo está alto, el piso lo pone la nutrición. En una reciente reunión de prensa, referentes de Fertilizar Asociación Civil confirmaron que la campaña fina 2026 arranca con una ventaja competitiva histórica: perfiles de suelo con niveles de agua útil de entre el 80% y el 100% en casi todas las regiones productivas del país.
Sin embargo, los expertos lanzaron una advertencia clara: el agua sola no hace al récord. «Hoy la humedad no va a ser la limitante y la campaña dependerá de la ‘IA’: la ingeniería agronómica que apliquemos», sentenció María Fernanda González Sanjuan, gerente ejecutiva de la entidad.
El diagnóstico: un paso innegociable
Tras cosechas previas de volúmenes masivos, los suelos llegan a esta siembra con las reservas de nutrientes al límite. La lixiviación causada por las lluvias recientes y la alta extracción de los cultivos de verano han dejado balances negativos que deben corregirse.
Pese a esto, los datos del RETAA revelan una cifra alarmante: solo el 25% de los productores realiza análisis de suelo. Esteban Ciarlo, coordinador técnico de Fertilizar AC, fue tajante: «El costo del diagnóstico es de apenas 5 dólares por hectárea. Frente a un margen de retorno de hasta 220 dólares por hectárea por fertilizar correctamente, el costo del análisis no reviste discusión».
Trigo: maximizar el margen bruto
La relación insumo-producto, aunque afectada por el contexto internacional (guerra en Oriente Medio), sigue siendo favorable para el bolsillo del productor. Actualmente:
Nitrógeno: Se necesitan 8,9 kg de trigo para comprar 1 kg de nitrógeno, pero cada kilo aplicado devuelve, en promedio, 20 kg de grano.
Fósforo: La respuesta media es de 50 kg de grano por cada kilo aplicado, superando en 2,5 veces su costo.
Optimizar las dosis puede elevar el Margen Bruto un 25%, además de evitar las caídas de proteína que penalizaron la calidad comercial en campañas anteriores.
Cebada: el equilibrio entre volumen y maltería
Para la cebada, el desafío es doble. Según Pablo Prystupa (FAUBA), en cebada cervecera «se debe fertilizar para la proteína y no solo para el rinde». Lograr el estándar de 10-12% de proteína requiere un manejo quirúrgico del nitrógeno, donde las aplicaciones tardías o foliares y el uso de sensores (SPAD/NDVI) se vuelven herramientas críticas para no quedar fuera de los parámetros industriales.
Conclusión de experto
El escenario está servido. El abastecimiento de fertilizantes está asegurado y el agua está en el suelo. La diferencia entre una campaña «buena» y una «histórica» estará en la balanza de nutrientes. Una fertilización balanceada (N, P, S y micronutrientes) no es un gasto, es la inversión estratégica que garantiza la viabilidad económica y la sustentabilidad de nuestros suelos.
Por décadas, el éxito agrícola se ha medido bajo una métrica engañosa: el rendimiento por hectárea. Sin embargo, autores como Santiago Sarandón y pioneros como Bill Mollison o Alwin Seifert nos invitan a mirar debajo de la alfombra de los récords de cosecha. Lo que encontramos no es una industria eficiente, sino una minería de suelo que opera bajo una quiebra energética y biológica inminente.
Buenos Aires, lunes 27 de abril (PR26) .- El agronegocio actual celebra los «kilos por hectárea» mientras ignora una verdad termodinámica: un sistema que consume más energía de la que produce es, por definición, insostenible. Para sostener esos volúmenes, se requiere una inyección masiva de energía externa en forma de combustibles, fertilizantes de síntesis y pesticidas. La Falacia del Rendimiento: Un Sistema en Quiebra Energética
En contraste, la agroecología propone un cambio de paradigma: pasar del insumo al diseño de procesos. Al aprovechar la fotosíntesis, la fijación natural de nitrógeno y los ciclos minerales, se produce biomasa sin dependencia externa. Como señala Sarandón, cuando el modelo es agroecológico, los alimentos sobran, porque el diseño aprovecha el nicho ecológico de forma tridimensional y no lineal.
1. El Diálogo de Saberes: Contra la Ciencia de Laboratorio
Uno de los errores más costosos del modelo extractivista ha sido intentar que el campo se adapte a la parcela de ensayo mediante la química. La crítica es profunda: no se puede entender la vitalidad de la tierra en el vacío de un laboratorio aislado.
La agroecología no es un retorno romántico al pasado; es ciencia de vanguardia que incorpora el conocimiento local y los saberes campesinos. Estos actores poseen la «información de sitio» —ese contexto histórico y biológico— que un paper académico jamás podrá replicar. La verdadera ciencia es la que se adapta a la realidad del productor, no la que intenta dominar la naturaleza con fórmulas estandarizadas.
2. La Contabilidad Real: El Mito de la Rentabilidad
Si aplicáramos una contabilidad real que incluya las externalidades, el agronegocio se revelaría como la actividad más deficitaria del planeta. Los costos ocultos —erosión de suelos, contaminación de napas, pérdida de polinizadores y crisis de salud pública— son subsidiados por la sociedad y las generaciones futuras.
La ventaja de la agroecología reside en su resiliencia. Mientras que un monocultivo de millones de hectáreas es una bomba de tiempo biológica, la diversificación mediante policultivos crea un sistema capaz de resistir plagas y crisis climáticas. La resiliencia no es un lujo; es la póliza de seguro de nuestra seguridad alimentaria.
3. De la Minoría al Estándar: La Transición es Obligatoria
Es hora de abandonar la idea de que la agroecología es un nicho para minorías o un mercado de «comida sana para ricos». No es una opción ética; es la única estrategia de supervivencia. El objetivo final es que la etiqueta «orgánico» o «agroecológico» desaparezca, simplemente porque lo natural y lógico sea producir sin venenos.
Hoy vemos cómo el «Círculo Rojo» del agronegocio empieza a adoptar términos como «cultivos de servicios» o «biológicos». No lo hacen por una epifanía moral, sino por el colapso del propio sistema: las malezas ya no mueren con glifosato y el costo de los fertilizantes químicos es hoy prohibitivo.
Diagnóstico y Horizonte
No existe la coexistencia posible entre un suelo sano y un territorio inundado de biocidas. La agroecología es la evolución lógica de la agronomía, mientras que el agronegocio quedará registrado en la historia como una etapa prehistórica, ruidosa y costosa que alcanzó su límite biológico.
El futuro no es una opción que podamos elegir en una góndola; es una necesidad biofísica para garantizar que el diseño permanente de la vida continúe sobre la tierra
Primicias Rurales
Fuente: Santiago Sarandón: «La agroecología siempre avanza» Ingeniero agrónomo y profesor titular de la cátedra de Agroecología en la Universidad de La Plata, Santiago Sarandón desarma el relato del agronegocio y muestra las ventajas de producir alimentos sin venenos ni transgénicos. La importancia de la mirada social, integral y el rol campesino e indígena. y otros
La iniciativa busca reunir fondos para fortalecer el equipamiento y la capacitación de brigadistas, mejorar la capacidad de respuesta en territorio y reducir el riesgo de futuros incendios
Buenos Aires, 17 de abril (PR/26) – – Luego de un verano atravesado por incendios forestales de gran magnitud en la Patagonia, Fundación Vida Silvestre Argentina lanzó una campaña de recaudación de fondos con foco en la prevención de futuros incendios en la provincia de Chubut. El objetivo es fortalecer la preparación, el equipamiento y la capacidad de respuesta en territorio, para anticiparse a los fuegos y evitar las consecuencias negativas, ambientales, sociales y económicas.
Solo durante este verano, más de 50.000 hectáreas fueron afectadas por el fuego en Chubut. Además, desde 2020, los incendios ya consumieron más de 500.000 hectáreas de bosques en el país, generando impactos severos sobre los ecosistemas, las comunidades locales y las economías regionales.
Aunque actualmente los focos están controlados, especialistas señalan que la amenaza continúa y que este es un momento clave para actuar. Los incendios se están volviendo más frecuentes, más intensos y difíciles de controlar, impulsados por el cambio climático, las sequías prolongadas, las altas temperaturas y los vientos extremos, sumados a factores humanos, como el uso irresponsable del fuego y falta de manejo de las plantaciones de especies exóticas que aumentan la cantidad y continuidad del combustible. En este contexto, la prevención se presenta como la estrategia más eficaz. Invertir en medidas preventivas puede costar hasta 100 veces menos que combatir incendios una vez iniciados.
“Los incendios de los últimos años muestran una nueva realidad que exige anticipación, planificación y mayor capacidad técnica en territorio. Prepararnos antes de que el fuego comience es clave para reducir riesgos para las comunidades, los brigadistas y los ecosistemas, y evitar pérdidas irreversibles”, afirmó Manuel Jaramillo, director general de Fundación Vida Silvestre Argentina.
La campaña impulsada por Fundación Vida Silvestre busca crear un Fondo de Prevención de Incendios para acompañar y fortalecer al Servicio Provincial de Manejo del Fuego de Chubut, a partir de tres ejes principales:
La adquisición de equipamiento y tecnología que permita transportar y utilizar agua en zonas de difícil acceso.
La capacitación específica de brigadas, con foco en hidráulica forestal y uso estratégico del agua en condiciones extremas.
La conformación de una brigada especializada, para profesionalizar y estandarizar los protocolos de actuación, optimizando el uso de recursos.
La iniciativa cuenta con el acompañamiento de empresas como Naranja X, Santander, ChangoMás y Zurich, que se sumaron para amplificar el alcance y el impacto. En particular, Naranja X duplicará el total de lo recaudado a través de su app, multiplicando el impacto de las donaciones y fortaleciendo el fondo destinado a la prevención.
Jaramilló agregó: “Esta iniciativa busca sumar esfuerzos para lograr brigadistas mejor equipados y protegidos, mayor capacidad de respuesta ante emergencias y comunidades más preparadas. Estas acciones complementan con proyectos de restauración que Fundación Vida Silvestre, junto a otras organizaciones, viene desarrollando en la región, abordando el problema del fuego de manera integral.”
Quienes deseen conocer más y realizar una donación pueden ingresar a:
La Fundación Vida Silvestre Argentina es una organización no gubernamental, de bien público y sin fines de lucro, creada en 1977. Su misión es proponer e implementar soluciones para conservar la naturaleza, promover el uso sustentable de los recursos naturales y una conducta responsable en un contexto de cambio climático. Desde 1988 está asociada y representa en la Argentina a WWF, una de las organizaciones independientes de conservación más grande del mundo, presente en 100 países. Para más información: www.vidasilvestre.org.ar
El Programa Argentino de Carbono Neutro (PACN) presentó un innovador sistema de cálculo y gestión ambiental para productos de crucíferas. La iniciativa busca mejorar la toma de decisiones y avanzar hacia una producción más sostenible y alineada a estándares internacionales.
Buenos Aires, viernes 27 marzo (PR/26) — En un contexto global donde la sostenibilidad dejó de ser una opción para convertirse en una exigencia, el sector agroindustrial argentino dio un paso significativo. Este 26 de marzo, el PACN, junto a las Bolsas de Cereales y Comercio fundadoras y diversas empresas del sector, lanzó oficialmente nuevas herramientas de cálculo y gestión de huella de carbono por producto para la Mesa de Crucíferas.
El evento, realizado de manera virtual, reunió a más de 60 participantes interesados en mejorar la medición y gestión del impacto ambiental en esta cadena productiva.
¿Qué es la Mesa de Crucíferas?
La Mesa de Crucíferas es un espacio sectorial de trabajo dentro del PACN que reúne a empresas y actores vinculados a la producción, industrialización y comercialización de cultivos como la colza (canola) y otras especies de la familia de las crucíferas.
Su objetivo es desarrollar herramientas, metodologías y buenas prácticas comunes que permitan medir, reducir y comunicar la huella de carbono de estos productos, fortaleciendo su posicionamiento en mercados internacionales cada vez más exigentes en materia ambiental.
Las crucíferas más utilizadas en cultivos extensivos y de gran importancia económica incluyen la colza o canola (Brassica napus), principal oleaginosa del grupo, junto con diversas variedades de coles, nabo, mostaza y rábano. Son cultivos de invierno, resistentes al frío y valorados por su alto rendimiento, versatilidad nutricional y manejo agronómico.
Ocho meses de trabajo y validación técnica
El desarrollo de estas herramientas fue el resultado de un proceso de ocho meses de trabajo colaborativo. Cinco empresas miembro —representando distintos eslabones como producción primaria, provisión de insumos e industria— participaron como casos testigo, validando tanto el calculador como los manuales técnicos.
El sistema fue diseñado por la consultora FIDA y coordinado por el PACN, garantizando rigurosidad metodológica y aplicabilidad real en el sector.
Qué mide el calculador y cómo funciona
El corazón de esta iniciativa es un calculador de huella de carbono basado en el análisis de ciclo de vida, que permite evaluar emisiones en distintas etapas del proceso productivo. En concreto, contempla cuatro unidades funcionales:
1 tonelada de grano en campo
1 tonelada de grano en acopio intermedio
1 tonelada de pellet (coproducto)
1 tonelada de aceite (producto principal o coproducto)
El sistema está alineado con estándares internacionales como las normas ISO 14040, 14044 y 14067, el GHG Protocol y normas IRAM, lo que asegura comparabilidad y credibilidad global.
Además, fue diseñado para un uso autónomo, permitiendo que los usuarios carguen datos en tres instancias clave: producción primaria, producción de alimento balanceado y producción animal.
Innovación: carbono en suelo y ahorro de emisiones
Una de las características más destacadas es la posibilidad de calcular remociones de carbono en el suelo, ya sea mediante mediciones propias o estimaciones basadas en metodologías de la FAO y el IPCC.
También incorpora el análisis de forestaciones de servicio, cada vez más relevantes en estrategias de captura de carbono.
A nivel internacional, la herramienta marca un hito: es la primera del PACN alineada con la EU RED, lo que permite estimar el ahorro de emisiones respecto del uso de combustibles fósiles, un dato clave para acceder a mercados internacionales exigentes.
Buenas prácticas y conexión global
Complementando el calculador, se presentó un Manual de Buenas Prácticas Ambientales, que reúne acciones concretas de mitigación relevadas tanto en empresas miembro como a nivel internacional.
Este manual vincula las prácticas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y los indicadores del Global Reporting Initiative (GRI), facilitando la comunicación con inversores, clientes y organismos públicos.
Acceso gratuito y apuesta al cambio
Desde el PACN destacaron que el enfoque central es mejorar la calidad de la información para impulsar decisiones estratégicas que contribuyan a la mitigación del cambio climático.
Las herramientas ya están disponibles de manera gratuita para todos los actores productivos del país, mediante solicitud directa al programa.
Un paso hacia una agroindustria más sostenible
El lanzamiento posiciona al sector de crucíferas como un actor proactivo frente a los desafíos ambientales. Medir, gestionar y reducir la huella de carbono ya no es solo una ventaja competitiva, sino una condición clave para integrarse a los mercados del futuro.
Con esta iniciativa, Argentina refuerza su camino hacia una producción más transparente, eficiente y sustentable.
Vale la pena considerar que: medir la huella de carbono en la agricultura y en cultivos como las crucíferas sirve para cuantificar las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de todo el proceso productivo, permitiendo identificar puntos críticos, optimizar insumos, reducir costos y mejorar la sostenibilidad, al tiempo que se cumple con exigencias comerciales.
También:
Acceso a mercados y valor agregado: Las empresas y los consumidores valoran cada vez más los productos con un menor impacto ambiental certificado.
Mitigación del cambio climático: El cálculo permite diseñar estrategias para alcanzar un «net zero» o balance neutro de emisiones.
Eficiencia económica: Al optimizar el uso de energía y fertilizantes para bajar la huella, también se reducen los costos de producción
La deforestación volvió al centro del debate global, y con razón. Los datos más recientes confirman una tendencia persistente: la expansión agropecuaria, y especialmente la ganadería bovina, sigue siendo el principal motor de pérdida de bosques tropicales. En ese mapa, Brasil ocupa un lugar protagónico, con la Amazonía como epicentro de una tensión que ya no es solo ambiental, sino también económica y geopolítica.
Buenos Aires, viernes 27 de marzo (PR/26) .- La discusión sobre la deforestación volvió al centro del debate global con datos cada vez más contundentes: la expansión agropecuaria —y en particular la ganadería bovina— sigue siendo el principal motor de pérdida de bosques tropicales.
En ese escenario, Brasil ocupa un lugar central, no solo por la magnitud del fenómeno sino porque refleja, en escala, un dilema que atraviesa a toda América del Sur.
Los números son difíciles de relativizar. La ganadería explica cerca del 80% de la deforestación en la Amazonía en los últimos años, y la carne vacuna aparece como el producto individual más asociado al cambio de uso del suelo a nivel global. No se trata de un fenómeno marginal ni reciente: es la consecuencia acumulada de décadas de expansión sobre territorios forestales.
Sin embargo, reducir el problema a una condena simplista sobre Brasil —o sobre el sector agropecuario— no solo es injusto, sino también ineficaz.
Una demanda que no es local
La expansión de la frontera agropecuaria no ocurre en el vacío. Responde a una demanda global sostenida:
crecimiento poblacional
aumento del consumo de proteínas
mercados internacionales cada vez más integrados
Buena parte de la carne y la soja que se producen en Brasil terminan en países como China o en bloques como la Unión Europea. Es decir, la deforestación no puede entenderse sin considerar el rol de los consumidores globales.
América del Sur produce, en gran medida, para el mundo.
El modelo ganadero bajo presión
El problema no es la ganadería en sí, sino su forma de expansión.
En regiones como la Amazonía, el patrón dominante ha sido históricamente extensivo:
baja productividad por hectárea
alta demanda de tierra
avance sobre bosque nativo
Esto convierte a la carne vacuna en un producto con una huella territorial particularmente alta. Pero también abre una puerta: es uno de los sectores con mayor margen de mejora.
Países como Argentina —aunque con realidades distintas y menor presión sobre bosques tropicales— enfrentan un debate similar: cómo aumentar la producción sin expandir la frontera agropecuaria.
Avances recientes, pero insuficientes
En los últimos años, Brasil mostró señales de mejora, con caídas en la deforestación en algunos períodos recientes. Pero los niveles siguen siendo elevados y, sobre todo, volátiles.
El problema de fondo persiste:
incentivos económicos para desmontar
debilidades en el control territorial
cadenas productivas con trazabilidad incompleta
A esto se suma un factor crítico: la degradación forestal y los incendios, que amplifican el daño más allá de la deforestación directa.
El riesgo de un debate mal planteado
Plantear la discusión en términos de “producción vs. ambiente” es una trampa.
Demonizar al agro:
desconoce su rol en la seguridad alimentaria global
simplifica un problema estructural
dificulta la construcción de soluciones reales
Pero negar el impacto ambiental:
posterga decisiones urgentes
agrava los costos futuros
compromete la sostenibilidad del propio sistema productivo
La clave está en salir de esa falsa dicotomía.
Productividad, trazabilidad y reglas claras
Las soluciones no son desconocidas, pero requieren escala y consistencia:
Intensificación productiva: más carne por hectárea, menos presión sobre bosques
Trazabilidad completa: garantizar cadenas libres de deforestación
Ordenamiento territorial efectivo
Incentivos económicos alineados con la conservación
Compromisos internacionales realistas
En este punto, regulaciones impulsadas por actores como la Unión Europea pueden jugar un papel relevante, aunque también generan tensiones comerciales.
Una responsabilidad compartida
La Amazonía no es sólo un problema brasileño. Es un sistema clave para el equilibrio climático global.
Por eso, la responsabilidad también es global:
productores que deben mejorar prácticas
gobiernos que deben hacer cumplir reglas
mercados que deben exigir estándares
consumidores que deben entender el impacto de sus decisiones
Conclusión
La relación entre ganadería y deforestación en Brasil expone una verdad incómoda: el mundo demanda más alimentos, pero el planeta tiene límites.
América del Sur está en el centro de esa tensión. Y lo que ocurra en la Amazonía en los próximos años no solo definirá el futuro ambiental de la región, sino también la viabilidad de su modelo productivo.
La pregunta ya no es si producir o conservar.
La única pregunta relevante es cómo hacer ambas cosas al mismo tiempo.