La suplementación de vacas de cría es poco frecuente en sistemas extensivos. Sin embargo, en ituaciones de sequía y exceso de carga es común que los vientres sufran restricciones nutricionales a fines del invierno y principios de la primavera, coincidiendo con el último tercio de gestación y el primero de la lactancia. Un momento clave donde se define el éxito de las próximas preñeces, los pesos de los terneros y gran parte de la rentabilidad.

En este contexto, los especilistas Sebastián Maresca, Sebastián López Valiente y Alejandro Rodríguez, del INTA Cuenca del Salado, presentan una revisión de estudios propios y bibliográficos buscando aclarar qué tipo de suplementos utilizar, cómo calcular sus costos, con qué frecuencia suministrarlos, si hacerlo al preparto o durante la lactancia y cuál es el impacto de cada práctica en el sistema productivo.

Dónde poner el ojo

Dado que existen numerosas alternativas de suplementación, muchas veces resulta difícil decidir qué tipo de alimento se ajusta mejor a cada planteo.

La disponibilidad de forraje y su composición química, principalmente el contenido de proteína, así como la condición corporal de los vientres es lo primero que hay que caracterizar para diseñar un buen plan de suplementación.

¿Suplementación energética?

Maresca, López Valiente y Rodríguez.

Maresca, López Valiente y Rodríguez.

Una de las situaciones más frecuentes en la cría sobre pasturas o pastizales naturales es la baja disponibilidad de forraje, aunque el contenido proteico no resulta limitante para la digestión de la fibra. En este caso lo más indicado es utilizar suplementos que aporten energía. Es posible apelar a forrajes henificados (rollos) pero en mayores volúmenes que si se opta por granos y subproductos, que son concentrados energéticos y se pueden suministrar en cantidades inferiores.

Aún en situaciones de emergencia, es indispensable conocer el costo por tonelada del suplemento (incluido el flete) considerando su contenido de materia seca, su digestibilidad y el desperdicio durante el suministro. Con estas cuatro variables se puede calcular el costo por tonelada de nutrientes digestibles que efectivamente serán consumidos.

Como ejemplo podemos decir que de una tonelada de grano de maíz (digestibilidad: 88%; contenido de materia seca: 88%; desperdicio durante el suministro: 3%) sólo 751 kg serán realmente consumidos y digeridos. Esto significa que, si el costo es de U$D 100/t, el suplemento efectivamente utilizado por los animales tendrá un costo de U$D 133,2/t.

En el caso de suplementar con rollos hay que tener en cuenta que la digestibilidad puede variar entre el 40 y 65% y el desperdicio en el suministro puede llegar al 20%. Otro aspecto muy variable a considerar por su impacto en los costos es el peso por unidad, algo que normalmente se desconoce y que puede fluctuar en 100 kg dependiendo de su tamaño y compactación.

¿Suplementación proteica?

En pastizales naturales en estado de madurez avanzada, el aporte de proteína durante la sequía suele ser deficiente y no alcanza para cubrir los requerimientos de las vacas. Esto ocurre también en sorgos y maíces diferidos, así como en rastrojos de cultivos de verano, que usualmente tienen entre el 4 y 7% de proteína, mientras que para vacas en gestación tardía o lactancia temprana los requerimientos son del 9 al 10%.

Una inadecuada provisión de proteína en los forrajes reduce la digestibilidad por parte de las bacterias ruminales, lo cual genera mermas en el consumo y pérdida de estado corporal. Si un forraje tiene menos de un 7% de proteína cruda, la suplementación generalmente mejora la digestión y por lo tanto el consumo.

En un estudio realizado en la EEA Cuenca del Salado con vacas en pastoreo de sorgo diferido, se suplementó durante el último tercio de gestación con 1,6 kg de pellet de girasol por día. El suplemento proteico permitió mejorar el consumo y el aprovechamiento de sorgo con impacto positivo en el estado corporal al parto: aumentó 20 puntos el porcentaje de vacas reproductivamente aptas para servicio a los 45 días posparto. A su vez, la suplementación proteica tuvo un impacto positivo en el peso del ternero al destete.

Las fuentes más utilizadas para suplementación proteica son pellet de girasol, pellet de algodón y pellet de soja, que contienen entre el 25 y 42% de proteína cruda. También se pueden emplear concentrados proteicos comerciales que tienen una combinación de fuentes proteicas y presentan la ventaja de incluir sales minerales y vitaminas que permiten corregir deficiencias frecuentes de animales en pastoreo.

La urea puede ser utilizada como fuente de nitrógeno no proteico y generalmente resulta una de las alternativas menos costosas para corregir el déficit proteico. Provee nitrógeno completamente degradable en el rumen, que es utilizado directamente por sus microorganismos para síntesis proteica, pero debe ser usado con moderación ya que una alta concentración puede ocasionar cuadros de intoxicación.

El suministro

En manejo extensivo de rodeos de cría, resulta indispensable simplificar el suministro del suplemento, evitando hacerlo diariamente. En un estudio realizado en la Universidad de Oklahoma, se ofrecieron iguales cantidades semanales de harina de semilla de algodón, pero con intervalos de 3 o 6 veces por semana. Como resultado, no hubo diferencias en la pérdida de peso de las vacas durante el invierno, estado corporal ni porcentaje de preñez debido a esos intervalos.

Muy distinta es la recomendación con los concentrados energéticos. La alimentación alternada no funciona bien con este tipo de suplementos, que en general se deben proporcionar en mayores cantidades para corregir los déficits de energía del forraje.  Por ejemplo, en una suplementación con grano de maíz al 1% del peso vivo (vaca de 450 kg) se deberían suministrar 4,5 kg de maíz diariamente o 13,5 kg de maíz tres veces por semana, aunque estas prácticas podrían ocasionar acidosis y disminución del consumo de forraje. Como regla general convienen intervalos no menores a 3 veces por semana y sin exceder el 1% del peso vivo en cada suministro.

Para tener en cuenta

Un estudio del INTA Cuenca del Salado demostró que más del 40% de las vacas llegan al parto con una baja condición corporal comprometiendo los índices reproductivos y las ganancias de peso de los terneros en años con pasturas retrasadas por falta de lluvias. Precisamente como ocurre en esta primavera de 2022, que ya viene con precipitaciones entre marzo y junio de sólo el 40% del promedio histórico.

¿Suplementar preparto? La práctica durante el último tercio de gestación tiene un alto impacto sobre la ganancia de peso, permitiendo que las vacas lleguen al momento de parir en buena condición corporal. Esto tiene como principal beneficio el desempeño reproductivo posparto, acortando el intervalo entre parto y concepción e incrementando el porcentaje de vacas preñadas en el primer mes de servicio.

Con la suplementación preparto se logra incrementar entre un 20% y 30% el porcentaje de vacas cíclicas a los 45 días posparto. Estudios recientes han demostrado que la suplementación proteica o energética durante el último tercio de gestación también tiene un impacto favorable en el desarrollo fetal, mejorando el peso del ternero al destete entre 7 y 13 kg, así como el desempeño de los novillos y las vaquillonas en recría.

¿Esperar al posparto? La suplementación durante la lactancia no tiene un impacto tan marcado sobre el estado corporal o la ganancia de peso como cuando se la hace  preparto, dado que la vaca tiene una alta demanda de nutrientes para producción de leche. Sin embargo, puede mejorar significativamente los índices de preñez en vacas con baja condición corporal.

Por último, en el posparto temprano tiene un fuerte efecto sobre la producción de leche, que se puede incrementar hasta un 40% y, con ello, aumentar hasta un 30% el peso de los terneros al destete.

En síntesis, es necesario definir la estrategia de suplementación según la situación del rodeo y el costo/beneficio de la práctica para maximizar los resultados de la actividad.

Por: MV Sebastián Maresca, Ing. Agr. Sebastián López Valiente y MV Alejandro Rodríguez, del INTA Cuenca del Salado. Fuente: valor carne

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