El Reino Unido cruzó el discurso de Milei en la ONU y defendió la explotación de hidrocarburos en las Malvinas

El Reino Unido cruzó el discurso de Milei en la ONU y defendió la explotación de hidrocarburos en las Malvinas

Tras el fuerte discurso del presidente Javier Milei en la ONU criticando a los organismos internacionales y ratificando el reclamo por Malvinas, el Reino Unido respondió defendiendo su soberanía sobre las islas y la legitimidad en la explotación de hidrocarburos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Buenos Aires, jueves 23 septiembre (PR/26) — El Reino Unido salió a responder el discurso del presidente Javier Milei en la Asamblea General de la ONU, donde volvió a poner énfasis en el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas, y sostuvo que el desarrollo de los hidrocarburos en el archipiélago «es legítimo».

“El Reino Unido no tiene ninguna duda sobre su soberanía sobre las Islas Malvinas y Georgia del Sur y las Islas Sandwich del Sur, y las zonas marítimas circundantes de ambos territorios”, sostuvieron en un comunicado los representantes británicos ante las Naciones Unidas.

Y agregaron: “La relación del Reino Unido con las Islas Malvinas y todos sus Territorios de Ultramar es moderna y se basa en la asociación, los valores compartidos y el derecho de los habitantes de cada territorio a determinar su propio futuro. Argentina sigue negando que este derecho humano fundamental se aplique a los habitantes de las Islas Malvinas y busca activamente oportunidades en foros internacionales para hacer valer su reivindicación de soberanía».

En la Asamblea General, Milei dijo que la ONU es una casta de “parásitos” que ignoró la causa Malvinas

«Este comportamiento es totalmente incompatible con los principios establecidos en la Carta de las Naciones Unidas y no es el comportamiento que esperamos de una democracia”, insistieron en el documento.

Sin embargo, notificaron formalmente que no negociarán la soberanía de las Islas Malvinas sin el consentimiento de sus habitantes, los kelpers, basados en el principio de autodeterminación. De esta manera, el Gobierno británico sostuvo que el apoyo por los ciudadanos de las Islas permanece «inquebrantable», al igual que la defensa sobre sus derechos de decidir su futuro.

Esta confirmación fue presentada por Downing Street, a través del secretario de Asuntos Exteriores británico es Ed Miliband, luego de que Milei, ratificara el reclamo de soberanía nacional en el discurso emitido en la Asamblea General 

 

Milei: “La prioridad es que la economía siga creciendo, que la inflación continúe bajando y que la pobreza siga cayendo”

Conflicto por el petróleo

La tensión actual se enfocó en el proyecto petrolero Sea Lion, luego de que el Gobierno Nacional implementara sanciones y enviara al Congreso un paquete legislativo con el objetivo de penalizar a las empresas involucradas en la explotación de hidrocarburos en las Islas, de manera ilegal, es decir, sin autorización argentina.

Esa postura provocó el rechazo británico y que calificaran las medidas de la gestión argentina como un hecho «inaceptable» por ejercer jurisdicción extraterritorial hacia el libre comercio internacional.

Por su parte, la Cancillería argentina instó nuevamente al Reino Unido para que cumpla con sus «obligaciones internacionales de descolonización«, y subrayó la importancia de reanudar el diálogo «de manera pacífica«.

Milei en la ONU

El presidente Javier Milei brindó un encendido discurso ante la Asamblea General de la ONU, en Nueva York, a la que calificó de «inútil» y expresó que «solo sirve para alimentar a una casta de parásitos, disfrazados de burócratas bien intencionados».

«Los supuestos defensores de los Derechos Humanos apañaron a dictaduras sanguinarias y regímenes que lapidan mujeres en la calle. Votaron sistemáticamente en contra de Israel, mientras hacían silencio frente al terrorismo islámico y ante genocidios de cristianos en el África«, denunció el mandatario.

Asimismo, reiteró el planteo por la soberanía por las Islas Malvinas, la que calificó como «causa nacional» y solicitó a Reino Unido la necesidad de retomar el diálogo para «reanudar las negociaciones» con el objetivo de encontrar una solución pacífica a la disputa de soberanía.

«Como si fuera poco, una organización que se propuso defender la soberanía territorial de sus miembros decidió mirar para el otro lado respecto a la situación de las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes«, precisó en torno a la ONU.

Para Milei, la causa de Malvinas es una prueba «de la distancia que puede existir entre las palabras de las instituciones internacionales y la realidad sobre la que pretenden actuar».

«No faltan palabras ni resoluciones, lo que falta es que tengan consecuencias porque una institución que no logra que su palabra pese sobre los hechos, pierde lo más importante: pierde su autoridad. Bajo esta realidad, quienes siguen las reglas no tienen recompensa alguna por hacerlo, mientras que los que incumplen no reciben la menor represalia«, aseveró el libertario.

El Presidente también cuestionó a Reino Unido por realizar una interpretación «selectiva» del principio de libre determinación de las islas y pidió una explicación sobre la conciliación del criterio con los debates sobre autodeterminación existentes dentro de su propio territorio.

En otro pasaje del breve, pero duro discurso, Milei planteó: «Nosotros elegimos una defensa pacífica, práctica y efectiva. La Argentina no se va a sentar a esperar a que la ONU y la comunidad internacional estén a la altura de su propio mandato. Va a tomar cartas en el asunto».

«Ya perdimos demasiado. No queremos volver a perder por eso abrazamos el capitalismo de libre empresa», expresó al tiempo que reafirmó el alineamiento de la Argentina con Estados Unidos e Israel.

Por su parte, también cuestionó la defensa de la ONU a la Agenda 2030, marcada por la regulación económica y las cuestiones de género, debates ambientales y lo que calificó como la «inmigración descontrolada», y vaticinó que la Agenda 2045 también fracasará.

«Cada vez que fracasaron, en lugar de revisar el modelo o pedir disculpas, redoblaron la apuesta, como ya están haciendo ahora con la Agenda 2045, la cual, adelanto que va a fracasar. Pero el ejemplo más grave, el que debería avergonzar a esta organización es el manejo de la pandemia«, denunció.

Pese a las críticas, el mandatario aseguró que la Argentina integrará los foros multilaterales, aunque pidió no confundir «cooperación con subordinación». «Creemos en las alianzas y en las naciones. Conocemos el costo del aislamiento, el costo de destruir una moneda, de convertir al Estado en un obstáculo permanente para la iniciativa humana», remarcó además.

Por último, destacó el desarrollo de la Inteligencia Artificial, al sostener que será «la fábrica de alfileres del siglo XXI, y rechazó su regulación. «Puede transformar nuestras economías, nuestra medicina, nuestra educación e incluso nuestra forma de gobernar. ¿Eso exige prudencia? Sí. Pero prudencia no significa miedo, y es más, el miedo bajo ningún punto de vista debería convertirse automáticamente en obediencia», remarcó.

«Ante la Inteligencia artificial, la Argentina se ubicará en la vanguardia de la libertad. Queremos ser el lugar más competitivo al mundo para desarrollarla, con un marco jurídico de vanguardia, el compromiso de no regular de manera preventiva, responsabilidad limitada para las empresas que operen con agentes de IA y beneficios fiscales», concluyó el libertario.

Fuente: Agencia NA
Primicias Rurales

 

Cumbre céltica: Líderes de Escocia, Gales e Irlanda del Norte desafían a Westminster y reclaman su derecho a la independencia

Cumbre céltica: Líderes de Escocia, Gales e Irlanda del Norte desafían a Westminster y reclaman su derecho a la independencia

Una mirada desde la propia prensa británica, a través del periódico The Guardian, sobre el creciente desafío político e independentista en Escocia, Gales e Irlanda del Norte que presiona al gobierno central del Reino Unido. Artículo traducido del inglés

 

 

 

 

 

 

​Líderes en la cumbre céltica afirmarán el derecho a buscar la independencia del Reino Unido

​El llamado al cambio constitucional en Irlanda del Norte, Escocia y Gales probablemente desafiará la agenda de devolución de Burnham.

​Bethan McKernan y Patrick Greenfield

Dom 13 Sep 2026 17.41 BST

​Los primeros ministros de Gales, Escocia e Irlanda del Norte afirmarán el derecho de sus países a buscar la independencia del Reino Unido en una cumbre que probablemente desafiará la agenda de devolución de Andy Burnham.

​El líder de Plaid Cymru, Rhun ap Iorwerth; el líder del Partido Nacional Escocés, John Swinney; y la vicepresidenta del Sinn Féin, Michelle O’Neill, tienen previsto firmar un memorando de entendimiento en una conferencia histórica en Cardiff este lunes. El documento instará a Westminster a «preparar, planificar y facilitar el cambio constitucional en Gales, Escocia e Irlanda del Norte».

​Los tres se reúnen en calidad de líderes de sus partidos y no como funcionarios de sus respectivos gobiernos, acompañados por la presidenta del Sinn Féin y líder de la oposición en Irlanda, Mary Lou McDonald. También abordarán temas sobre Europa, cooperación internacional, economía y energía.

​La victoria de Plaid Cymru en las elecciones del Senedd en mayo marcó el inicio de una nueva era para los movimientos independentistas célticos, siendo la primera vez que hay partidos separatistas en el gobierno de los tres países de forma simultánea.

​Burnham ha enfatizado su apoyo a la devolución regional de poder y recursos en Inglaterra desde que asumió como primer ministro en julio, pero su enfoque respecto a las administraciones transferidas en Belfast, Cardiff y Edimburgo es menos claro.

​La semana pasada, Burnham escribió a Swinney para reiterarle que la repetición del referéndum de independencia escocés de 2014 permanece «fuera de discusión», tras haber cometido un aparente desliz durante las preguntas al primer ministro.

​Donald Trump también se pronunció sobre una potencial ruptura del Reino Unido durante una visita de fin de semana a Irlanda. En una rueda de prensa junto al taoiseach, Micheál Martin, declaró a los periodistas que le encantaría ver una Irlanda unida y que «bien podría suceder ahora». La inesperada intervención provocó un rápido rechazo por parte del gobierno del Reino Unido y de los miembros unionistas del ejecutivo de poder compartido de Irlanda del Norte.

​Al ser consultado sobre las repercusiones diplomáticas, Trump dijo el domingo: «Me encantan mis comentarios». Poco después de reiterar su postura sobre la unidad irlandesa, el presidente estadounidense señaló que reservaría su opinión sobre la independencia de Escocia para otra ocasión.

​Ap Iorwerth declaró a The Guardian esta semana que se siente alentado por las cálidas conversaciones iniciales con Burnham —lo cual contrasta notablemente con sus interacciones con Keir Starmer—, pero que se mantiene cauteloso ante la posibilidad de que el nuevo primer ministro quede atrapado en el consenso de Westminster contrario a ceder más competencias.

​Una fuente de Plaid Cymru calificó la cumbre del lunes como una oportunidad para «una nueva alianza entre nuestras naciones».

​»Tras la histórica elección del Senedd en Gales y el cambiante panorama político en estas islas, existen argumentos sólidos para una cooperación política práctica en áreas como energía, economía y nuestra relación con Europa, así como en cuestiones políticas y constitucionales más amplias que enfrentan nuestras naciones y sobre el derecho a la autodeterminación», afirmó la fuente.

​»Nuestros partidos tienen mucho que ganar trabajando juntos, como socios y como iguales, compartiendo intereses comunes donde la cooperación pueda mejorar la vida de las personas a las que representamos».

​Antes de su viaje a Cardiff, Swinney declaró: «Estamos en un momento crucial de cambio constitucional y nuestros partidos comparten la convicción común de que nuestros intereses nunca serán atendidos por Westminster, y que los ciudadanos de nuestras respectivas naciones deben tener un papel significativo sobre su futuro.

​»Esta discusión se produce la semana posterior a que el primer ministro aceptara que debería celebrarse un referéndum cuando exista un apoyo mayoritario a la independencia en Escocia. Ese reconocimiento de que la población de Escocia puede y debe determinar su propio futuro constitucional era algo que se debía desde hace mucho tiempo».

​Las encuestas más recientes sugieren que el 47% de los votantes escoceses optaría por la independencia en un referéndum celebrado mañana, junto con el 36% en Irlanda del Norte y el 32% en Gales. El respaldo a la independencia en Escocia se ha mantenido entre el 45% y el 50% desde el referéndum de 2014, mientras que los datos indican que va en aumento en Gales e Irlanda del Norte.

​© 2026 Guardian News & Media Limited o sus compañías afiliadas. Todos los derechos reservados. (dcr)

 

​Este es el Memorando de entendimiento en su totalidad: 

​Escocia, Gales e Irlanda tienen historias, identidades y tradiciones políticas distintas.

​Cada una de nuestras naciones tiene el derecho a determinar su propio futuro, a través de medios democráticos y de acuerdo con los deseos de su pueblo.

​Hoy, Plaid Cymru, el Partido Nacional Escocés (Scottish National Party) y Sinn Féin nos unimos para reafirmar nuestro compromiso de trabajar de manera constructiva entre nosotros en favor de los intereses compartidos de nuestros pueblos.

​Compartimos la creencia de que las naciones y comunidades que representamos merecen mayor ambición, mayores oportunidades económicas y una voz más fuerte para determinar sus propios futuros.

​El panorama político en estas islas está cambiando.

​Por primera vez en la historia, los habitantes de estas islas cuentan con primeros ministros en Escocia, en Gales y en el norte de Irlanda comprometidos con la independencia del Reino Unido. Para quienes observan a lo largo de estas islas —y para quienes lo hacen alrededor del mundo— no podría haber una señal más clara de que el tiempo de Westminster está llegando a su fin.

​Creemos que existe un camino mejor: naciones trabajando juntas como iguales, compartiendo ideas y experiencia, y construyendo relaciones basadas en el respeto mutuo y los intereses comunes.

​El impulso está de parte de nuestros movimientos; creemos que el cambio constitucional está en camino.

​Por lo tanto, nos comprometemos a fortalecer la cooperación entre nuestros partidos e identificar áreas prácticas donde el trabajo conjunto pueda marcar una diferencia real.

​Estas incluyen:

  • ​Una economía más fuerte y justa:Compartir ideas y experiencia sobre cómo construir economías productivas y prósperas que generen buenos empleos, aborden la desigualdad y garanticen que la riqueza y las oportunidades se distribuyan de forma más equitativa. Rechazamos el modelo económico fallido de Whitehall y, en su lugar, construiremos economías que ofrezcan justicia social y reduzcan la desigualdad en nuestras naciones.
  • ​Expandir nuestros propios recursos energéticos:Particularmente nuestros vastos recursos de energía renovable, para reducir las facturas de familias y empresas. La riqueza energética de nuestras naciones debe servir a las necesidades de nuestro pueblo.
  • ​Europa y la cooperación internacional:El Brexit ha dañado nuestras economías y ha limitado las oportunidades de nuestro pueblo. Europa es nuestro hogar común y creemos que el futuro de nuestras naciones pertenece a la Unión Europea.

​Creemos que el futuro de nuestras naciones pertenece a la Unión Europea. Queremos trabajar juntos para reconstruir y fortalecer esas relaciones europeas, creando mayores oportunidades para el comercio, la inversión, la cultura y la cooperación.

​Nuestras naciones tienen derecho a la autodeterminación. Ningún gobierno de Westminster tiene derecho a bloquear la democracia ni a vulnerar el principio de que nuestros pueblos decidirán su propio futuro.

​Reconocemos que nuestros partidos tienen diferentes posiciones constitucionales y que cada nación determinará su propio futuro a su manera y a su debido tiempo.

 

Traducción para Primicias Rurales: María Marta Cafiero

 

A perspective from the British press itself, through The Guardian, on the growing political and independence challenge in Scotland, Wales, and Northern Ireland that pressures the UK central government.

Leaders at Celtic summit to affirm right to seek independence from UK

Call for constitutional change in Northern Ireland, Scotland and Wales likely to challenge Burnham’s devolution agenda

The first ministers of Wales, Scotland and Northern Ireland are to affirm their countries’ right to seek independence from the UK at a summit that is likely to challenge Andy Burnham’s devolution agenda.

The Plaid Cymru leader, Rhun ap Iorwerth, the Scottish National party leader, John Swinney, and the Sinn Féin vice-president, Michelle O’Neill, are expected to sign a memorandum of understanding at a landmark conference in Cardiff on Monday that will call on Westminster “to prepare, plan and facilitate constitutional change in Wales, Scotland and Northern Ireland”.

The three are meeting in their capacity as party leaders, rather than as officials in their respective governments, alongside the Sinn Féin president and leader of the opposition in Ireland, Mary Lou McDonald. They will also discuss Europe, international cooperation, the economy and energy issues.

Plaid Cymru’s victory in May’s Senedd elections ushered in a new era for the Celtic independence movements, with separatist parties in government in all three countries for the first time.

Rhun ap Iorwerth
Burnham must understand Wales is ‘not a region in England’, says first minister

Burnham has made much of his support for regional devolution of power and resources in England since becoming prime minister in July, but his approach to the devolved administrations in Belfast, Cardiff and Edinburgh is less clear.

He wrote to Swinney last week to reiterate that a repeat of 2014’s Scottish independence referendum remains “off limits” after apparently misspeaking during prime minister’s questions.

Donald Trump also weighed in on a potential breakup of the UK during a weekend visit to Ireland, telling reporters at a press conference with the taoiseach, Micheál Martin, that he would love to see a united Ireland and it “may as well happen now”. The unexpected intervention prompted a swift rebuttal from the UK government and the unionist power-sharing members of the Northern Ireland executive.

Ap Iorwerth told the Guardian this week that he has been encouraged by warm initial discussions with Burnham – a stark contrast to his interactions with Keir Starmer – but that he was wary about the new prime minister being captured by a consensus Westminster view against relinquishing further powers.

A Plaid Cymru source called Monday’s summit an opportunity for “a new partnership between our nations”.

“Following the historic Senedd election in Wales and the changing political landscape across these islands, there is a strong case for practical political cooperation on areas including energy, the economy and our relationship with Europe, as well as on the wider political and constitutional questions facing our nations and on the right to self-determination,” they said.“Our parties have much to gain from working together, as partners and as equals, where we share common interests and where cooperation can improve the lives of the people we represent.”

“This discussion comes the week after the prime minister accepted that a referendum should take place when there is majority support for independence in Scotland. That acknowledgment that the people of Scotland can and should determine their own constitutional future is long overdue.”

Latest polling suggests 47% of Scottish voters would opt for independence in a referendum held tomorrow, along with 36% in Northern Ireland and 32% in Wales. Support for independence in Scotland has hovered between 45% and 50% since the 2014 referendum, while data suggest it is rising in Wales and Northern Ireland.

 

 

Fuente: The Guardian
Primicias Rurales
Traducido del inglés por María Marta Cafiero

Reconocido periodista inglés publicó que «las Malvinas no pueden ser británicas para siempre» y desató la polémica en el Reino Unido

Reconocido periodista inglés publicó que «las Malvinas no pueden ser británicas para siempre» y desató la polémica en el Reino Unido

Tras la polémica bandera en el Mundial 2026, el columnista inglés Simon Jenkins desafió la postura británica instando a retomar el diálogo. Downing Street ratificó la soberanía sobre las islas y elevó un pedido de investigación ante la FIFA, mientras la ONU reitera su llamado a negociaciones bilaterales a lo que Inglaterra se niega. Lea el artículo completo traducido.

 

 

Buenos Aires, sábado 18 julio (PR/26>) — El reconocido periodista inglés Simon Jenkins, columnista del diario The Guardian y de la BBC, publicó un editorial afirmando que las Islas Malvinas «no pueden seguir siendo británicas para siempre».
El artículo fue inspirado por la famosa bandera con la leyenda «Las Malvinas son argentinas» desplegada por los jugadores de la selección argentina tras vencer a Inglaterra en la semifinal del Mundial y que cayó de la tribuna en manos de integrantes de la selección albiceleste que la desplegó.
El Gobierno británico rechazó el festejo de la Selección Argentina tras el Mundial 2026, calificando de «inapropiado» el uso de una bandera con la consigna de las Islas Malvinas.
Londres ratificó la soberanía británica sobre el territorio, exigió una investigación de la FIFA y no descartó sanciones para los jugadores involucrados.
La bandera cayó de la tribuna en el festejo de la selección argentina por haber vencido 3 a 2 a Inglaterra

Mientras que el artículo inglés generó fuerte repercusión por varios puntos centrales del análisis de Jenkins:

  • Sentido común geográfico: Jenkins argumentó que tarde o temprano estas colonias se integrarán a sus continentes geográficos. 
  • Costos de defensa: Criticó el gasto de más de £60 millones al año que los contribuyentes británicos destinan a mantener la presencia militar en el archipiélago. 
  • Reapertura de negociaciones: Cuestionó la decisión del Reino Unido de congelar el diálogo durante más de 40 años e instó a que se retomen las negociaciones diplomáticas, citando como antecedente el acuerdo histórico sobre Gibraltar. 
  • El referéndum de 2013: Relativizó el plebiscito de los isleños «kelpers» al entender que no justifica frenar indefinidamente el debate de soberanía.

 

El Gobierno británico, a través de una portavoz oficial de Downing Street, ignoró deliberadamente el debate interno propuesto por la columna de opinión de Simon Jenkins en The Guardian.

En su lugar, el Ejecutivo liderado por el primer ministro Keir Starmer utilizó la conferencia de prensa con periodistas parlamentarios para contrarrestar el impacto del editorial con una respuesta tajante y directa.
La postura oficial de Londres frente a los argumentos del periódico se resume en los siguientes puntos:
  • Ratificación del statu quo: La portavoz del primer ministro enfatizó que la posición del Reino Unido sobre el archipiélago «no ha cambiado» y que el reclamo territorial argentino carece de validez ante sus ojos.

 

  • Uso de la ironía deportiva: En respuesta directa a la vinculación que el editorial hizo con los festejos del partido, la vocería oficial lanzó una frase de alto impacto técnico y político replicada por el medio británico Sky News: “Puede que el Mundial no sea nuestro, pero las islas Malvinas sin duda lo son”.

 

  • Defensa de la autodeterminación: El Gobierno británico desestimó la sugerencia de Jenkins de que las islas inevitablemente se integrarán al continente. Subrayaron que el compromiso de Londres para con los habitantes del archipiélago es «inquebrantable» y que la autodeterminación corresponde exclusivamente a los isleños, validando el referéndum de 2013 que el editorialista había relativizado.

 

  • Acción institucional frente a la bandera: En lugar de abrir una mesa de diálogo diplomático como sugería The Guardian, el Gobierno del Reino Unido —con el respaldo del secretario de Comercio, Peter Kyle— prefirió elevar un pedido formal de investigación de oficio ante la FIFA. Esto se fundamentó en que la exhibición de la bandera infringió las normas globales que prohíben estrictamente el uso de consignas políticas dentro del campo de juego

La vía del diálogo

 

 

 

La postura oficial del Comité Especial de Descolonización de la ONU (C-24) dictamina de manera unánime que la única vía para resolver el conflicto de las Islas Malvinas es la reanudación de las negociaciones bilaterales entre la República Argentina y el Reino Unido.

 

En su sesión de junio de 2026 realizada en Nueva York, el organismo internacional adoptó una nueva resolución por consenso reafirmando los siguientes ejes centrales: 
  • Estatus de soberanía en disputa: El Comité encuadra el archipiélago bajo la categoría colonial especial de «Territorio No Autónomo». Ratifica que existe una disputa territorial abierta que no puede ser cancelada unilateralmente por el Reino Unido. 

 

  • Llamado al diálogo pacífico: Exige formalmente a ambos países retomar las conversaciones diplomáticas para alcanzar una solución pacífica y definitiva. Dicha postura sostiene el mandato histórico planteado originalmente en la Resolución 2065 de la Asamblea General. 

 

  • Preocupación en el Atlántico Sur: El Comité manifestó su inquietud ante los reclamos expuestos por la delegación argentina, liderada por el canciller Pablo Quirno, respecto a la «militarización» de la zona y la explotación unilateral de recursos naturales (hidrocarburos y pesca) en aguas en litigio. 

 

  • Mediación internacional: Solicitó explícitamente al Secretario General de las Naciones Unidas ejercer su misión de buenos oficios para interceder y lograr que Londres acepte sentarse a la mesa de diálogo. 

 

  • Falta de poder coercitivo: Aunque la resolución cuenta con el copatrocinio y firme respaldo de toda Latinoamérica, analistas y medios especializados aclaran que el pronunciamiento de la ONU no obliga jurídicamente al Gobierno británico a negociar, sirviendo principalmente como una contundente herramienta de presión diplomática internacional.

 

El artículo completo: 

 

 

¿«Las Malvinas son argentinas»? No exactamente, pero las Falklands no pueden seguir siendo británicas para siempre

 

Simon Jenkins

 

La enemistad entre Londres y Buenos Aires se ha prolongado demasiado; tarde o temprano, prevalecerán las mentes sensatas.

Esta semana, Gran Bretaña y España acordaron demoler la frontera que divide Gibraltar de la península ibérica. Fue una buena noticia. Décadas de negociación llegaron a un feliz compromiso. Lamentablemente, el acuerdo no se celebrará este domingo en la final de la Copa del Mundo entre España e Inglaterra. Pero, ¿es demasiado esperar que una negociación similar pueda surgir de la semifinal de anoche, una derrota aplastante de Inglaterra a manos de Argentina, tras la cual el asunto Malvinas-Falklands levantó su cansada cabeza en forma de una pancarta en el campo? ¿Acaso no puede resultar nada bueno del generoso abrazo entre Lionel Messi y Harry Kane?

Ninguno de los territorios de la era imperial británica tiene un derecho eterno a permanecer como está, y mucho menos uno que cuesta a los contribuyentes británicos más de 60 millones de libras al año en gastos de defensa.

En el caso de las Falklands, su estatus como territorio de ultramar ha sido defendido ferozmente por sucesivos gobiernos, en gran medida como el precio de la victoria en la guerra de las Malvinas de 1982. En verdad, sospecho que esto tiene mucho que ver con el hecho de que los isleños, a diferencia de los habitantes abandonados de Hong Kong o Diego García, eran británicos blancos. La guerra también rescató al gobierno de Margaret Thatcher de la impopularidad y cubrió de gloria a la entonces primera ministra, a diferencia de posteriores aventuras militares.

Lo que se olvida es que, antes de la guerra, los gobiernos británicos estaban negociando realmente una transferencia de la soberanía de las islas con los argentinos. Esto siguió a un acuerdo de comunicaciones de 1971 alcanzado con Buenos Aires por el Ministerio de Relaciones Exteriores. Permitió a los isleños comerciar y viajar con el territorio continental adyacente, utilizando sus hospitales, tiendas y otras instalaciones. Incluso tenían becas en escuelas locales. Cientos de argentinos solían visitar la capital de las Falklands, Puerto Stanley, como turistas. Los isleños estaban ganando gradualmente relaciones sensatas con sus vecinos costeros, de las cuales se esperaba que surgiera un acuerdo futuro.

En aquella época, las Naciones Unidas alentaban a las antiguas potencias coloniales de Europa a deshacerse de los restos del imperio, incluidos los franceses, portugueses y españoles. En el caso de Gran Bretaña, estos incluían Hong Kong, Diego García, las Falklands y, se esperaba, Gibraltar. El problema no era el derecho histórico —un argumento eterno— sino el sentido común geográfico.

Para Gran Bretaña, era ridículo que un Estado europeo financiara una gran armada para defender tierras distantes y en disputa. Desesperado por ahorrar dinero, el gobierno ya se estaba retirando del Atlántico Sur. Las Falklands estaban expuestas y sin defensa.

Un ministro laborista del Ministerio de Relaciones Exteriores, Ted Rowlands, visitó debidamente las islas a finales de la década de 1970 y discutió la ampliación del acuerdo de comunicaciones a un acuerdo de arrendamiento posterior (leaseback), en el que Argentina tendría la soberanía, mientras que el control gubernamental permanecería en manos británicas.

En 1977, una opinión era que él los había convencido con garantías de autonomía continua y una garantía de seguridad bajo los auspicios de la ONU. El gobierno de Thatcher de 1979 heredó la propuesta de Rowlands. Aunque el nuevo ministro, Nicholas Ridley, carecía del poder de persuasión de Rowlands, fue autorizado por Thatcher para seguir adelante con ella.

Fue flagrantemente indignante que el ejército argentino invadiera las Falklands en 1982, cuando sus ministros estaban negociando con los británicos en Nueva York. El resultado inevitablemente hizo colapsar las conversaciones. Pero tal fue su plausibilidad que los esfuerzos tanto de Estados Unidos como de Perú continuaron buscando un acuerdo antes de que la fuerza de tarea británica en el Atlántico Sur realmente desembarcara. Aunque Argentina podría haber aceptado entonces, Gran Bretaña ya no estaba interesada. Tal era la lógica de la guerra, que una vez iniciada requería una «victoria». Un acuerdo podría haber salvado cientos de vidas y miles de millones de libras.

Lo que la guerra de 1982 no requirió fue la congelación total por parte de Gran Bretaña de cualquier discusión futura sobre la soberanía de las islas durante más de 40 años. El referéndum de las Falklands de 2013, en el que el 99,8% de los 1.517 votantes eligió respaldar el statu quo, se cita como el fin de la discusión.

La realidad es que estas colonias tarde o temprano se convertirán inevitablemente en parte de sus continentes. No pueden ser protegidas indefinidamente por un patrón europeo, y los reclamos de Argentina no van a desaparecer. Sin la guerra de 1982, las Falklands podrían haber hecho las paces con su vecino, Argentina, con suerte bajo algún tipo de autonomía mandatada por la ONU.

Tal como están las cosas, las Falklands deben continuar su existencia congeladas como una fortaleza militar aislada en el otro extremo del mundo respecto a su generoso protector, Gran Bretaña. Pero tarde o temprano, un gobierno del Reino Unido tendrá el coraje de comenzar las negociaciones nuevamente.

Mientras tanto, el Ministerio de Relaciones Exteriores y el Ministerio de Defensa simplemente patean la lata por el camino. Sería gratificante si la pancarta de Malvinas-Falklands ondeada en un partido de fútbol en Estados Unidos pudiera sacudir a alguien para que actúe. De alguna manera, lo dudo.

 

Primicias Rurales/IA/The Guardian

 

 

Yo viajé en 1979 a Puerto Argentino y conviví una semana con los isleños sumamente amables y tuve contacto con los royal marines apostados en las Islas y a mi regreso escribí para el ya desaparecido diario cordobés Los Principios, que como se entiende en la nota de Jenkins que entre los isleños y los habitantes del continente se estaban tejiendo lazos visibles e invisibles que nos comenzaban a unir.
Todo terminó con la guerra en 1982. Pero la causa no está perdida. La entrega de nuestros héroes valdrá para su recuperación.
Matilde Fierro. Editora de Primicias Rurales