Santa Bárbara de Nicomedia forma parte del grupo de los llamados Santos Auxiliadores (a quienes es posible invocar en momentos de dificultad o peligro).
De acuerdo a una antigua tradición, Santa Bárbara fue puesta en cautiverio por su propio padre, un ‘sátrapa’ (nombre con el que se designaba al gobernador de una provincia de Persia) de nombre Dióscoro, con el propósito de apartarla de la influencia de los cristianos.
Dióscoro, además, hizo que maestros de filosofía y poesía la visitaran en su celda periódicamente para asegurarse de que la joven se convenza de su supuesto error y rechace la fe en Cristo.
Sin embargo, para frustración de su padre, Bárbara no sólo no fue persuadida de semejante despropósito, sino que desobedeció la orden de casarse y se declaró públicamente cristiana, algo que el gobernador consideró como la peor de las afrentas. Entonces, presa de la furia, Dióscoro ordenó martirizar a su propia hija.
Torturada y ejecutada por su progenitor
Santa Bárbara y los hechos que le acontecieron hicieron que su veneración se extendiera por Europa con firmeza, consolidándose hacia el siglo VII. Su culto fue aceptado y confirmado por el Papa San Pío V en 1568 y desde entonces aparece en la lista de los Santos Auxiliadores.
Iconografía y patronazgo
La manera como murió su padre hizo que Santa Bárbara fuese tomada por protectora ante los peligros de las tormentas eléctricas y los incendios naturales. Luego, por analogía o similitud, se le empezó a asociar con los artilleros y los mineros, de quienes es patrona también.
Tradicionalmente se pide la intercesión de Santa Bárbara para no morir sin acceder al sacramento de la Confesión y tener la gracia de recibir la Eucaristía en la hora de la muerte.
Fuente: Aciprensa






