La gestión eficiente de los pastizales no depende de calendarios fijos ni de recetas universales, sino de comprender y acompañar la dinámica biológica de un sistema vivo. El pastizal es una comunidad en constante cambio, donde plantas, suelo, clima y animales interactúan de manera permanente. Ignorar esta dinámica conduce a pérdidas productivas, degradación del suelo y mayores costos; entenderla y manejarla correctamente genera exactamente lo contrario.
Por Ing. Agr. Pedro A Lobos
Buenos Aires, domingo 21 de diciembre (PR/25) .- El crecimiento del pasto se sostiene, en esencia, por la fotosíntesis que ocurre en la superficie foliar remanente luego del pastoreo. En la mayoría de las gramíneas y leguminosas, el rebrote depende principalmente de las hojas que quedan, y solo en situaciones extremas entra en juego el uso de reservas energéticas acumuladas en raíces y bases de los tallos. Cuando el rebrote depende exclusivamente de esas reservas, el proceso es más lento y la planta queda expuesta al debilitamiento.
Por eso, los sistemas de pastoreo que eliminan excesivamente la superficie foliar o vuelven a ingresar animales antes de que el pasto haya recuperado hojas basales y reservas comprometen seriamente la productividad futura. Pastizales ralos, de crecimiento lento y baja persistencia suelen ser consecuencia directa de manejos laxos o mal sincronizados con la fisiología vegetal.
Un sistema dinámico, no un cultivo estático
En un pastizal ocurre un flujo continuo de tejido vegetal: se produce material nuevo mientras otro envejece, muere, se descompone o es consumido por los animales. Esta renovación puede ser muy rápida cuando las condiciones son adecuadas. De allí que el manejo racional del pastoreo deba ser dinámico, adaptándose a cada parcela, cada estación y cada año.
Distintos autores y experiencias de campo coinciden en que la aplicación de las cuatro leyes del Pastoreo Racional Voisin (PRV) debe evaluarse constantemente. Ninguna parcela es igual a otra: el suelo, la humedad, el relieve, la sombra, la disponibilidad de agua, la altura del pasto y la composición botánica obligan a ajustar decisiones de forma permanente. La clave está en “educar la mirada”: observar hojas basales, estado fenológico y porcentaje de floración antes de decidir el ingreso o salida de los animales.
El ganado como reciclador de nutrientes
Lejos de ser un problema, el animal bien manejado es un actor central en la fertilización natural del sistema. Una vaca adulta devuelve al suelo entre 22,5 y 25 kg diarios de materia orgánica a través de heces y orina, pudiendo alcanzar hasta 40 kg por día según distintas mediciones. Se estima que defeca entre 11 y 12 veces y orina entre 8 y 11 veces diariamente.
Estas excreciones devuelven nutrientes clave al suelo: aproximadamente 17 kg de nitrógeno, 3,6 kg de fósforo y 3,6 kg de potasio durante el período de pastoreo. El área afectada por la orina varía según el tipo de suelo y la humedad, siendo mayor en suelos arenosos o encharcados que en suelos secos y arcillosos.
Es cierto que alrededor de las bostas se generan zonas de rechazo temporario. Sin embargo, con bajas cargas instantáneas estas áreas se multiplican y grandes superficies quedan sin consumir. El uso de altas cargas instantáneas, correctamente manejadas, reduce significativamente estas zonas sin necesidad de forzar el consumo inmediato junto a los excrementos. La diferencia con otras especies es clara: mientras los caballos defecan siempre en los mismos lugares y evitan pastorearlos, el bovino bien manejado distribuye fertilidad de forma mucho más eficiente.
PRV y ambiente: datos que contradicen el relato
En un contexto donde se responsabiliza frecuentemente a la ganadería por las emisiones de gases de efecto invernadero, las mediciones en sistemas bien manejados de PRV muestran una realidad diferente. Cuando el pasto se consume en el momento y la forma adecuados, el sistema presenta un balance de carbono negativo: secuestra más carbono del que emite.
Además de mejorar la salud del suelo y la productividad del pastizal, el PRV permite producir carne de alta calidad biológica a costos significativamente menores que los sistemas de engorde a corral, consolidándose como una de las alternativas más eficientes desde el punto de vista productivo, económico y ambiental.
El mensaje es claro: el problema no es el ganado, sino el manejo. Donde hay pastizales vivos y decisiones basadas en la biología, hay producción sustentable.
Primicias Rurales
Fuente: IA/ Ing. Agr. Pedro A. Lobos















