Ciudad del Vaticano, lunes 22 diciembre (PR/25) — En el umbral de la Navidad y en el cuarto domingo de Adviento, el papa León XIV ofreció una meditación breve, profunda y luminosa sobre la figura de san José, durante el rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro, colmada de peregrinos y familias.
Retomando una tradición que había quedado en segundo plano en años recientes, el Santo Padre bendijo las figuras del Niño Jesús que cientos de niños llevaron consigo, un gesto sencillo que preparó el clima espiritual para una catequesis centrada en la humildad y la grandeza silenciosa del custodio de la Sagrada Familia.
Un protagonista discreto de la historia de la salvación
El Papa invitó a contemplar a san José tal como lo presenta el evangelio de Mateo: un hombre frágil y falible como todos, pero al mismo tiempo “valiente y fuerte en la fe”. Recordó que el evangelista lo define como “hombre justo”, es decir, un creyente fiel a la Ley, asiduo a la sinagoga y profundamente enraizado en la tradición de Israel.
Sin embargo —subrayó León XIV—, la justicia de José no se reduce a la observancia exterior. Se manifiesta sobre todo en su corazón misericordioso y en su modo humano de enfrentar una situación desconcertante y dolorosa.
La misericordia antes que la condena
Antes de conocer el origen divino del embarazo de María, José se encuentra ante un dilema difícil de comprender. Lejos de elegir el escándalo o la condena pública, opta por el camino discreto y compasivo del repudio en secreto.
En ese gesto silencioso, señaló el Papa, José revela haber comprendido el sentido más profundo de la fe: la misericordia. Una religiosidad auténtica que no aplasta, sino que cuida; que no juzga, sino que protege.
Navegar mar adentro: la fe que suelta seguridades
Cuando Dios le revela en sueños su misión —ser el esposo de la Virgen Madre del Mesías—, José da un paso decisivo. Con un gran acto de fe, abandona sus seguridades y se entrega por completo a un futuro que ya no controla, pero que está en manos de Dios.
Citando a san Agustín, el Papa recordó que fue de la piedad y la caridad de José que nació de María el Hijo de Dios, subrayando así la grandeza escondida de un consentimiento dado sin palabras, pero pleno de confianza.
Virtudes para preparar el corazón en Adviento
Misericordia, piedad, caridad y abandono confiado: estas son las actitudes que la liturgia propone en los últimos días de Adviento, destacó León XIV. Virtudes que no solo preparan para celebrar la Navidad, sino que educan el corazón para el encuentro con Cristo y con los hermanos.
El Papa animó a vivir este tiempo de gracia practicándolas en lo concreto: perdonando, alentando, sembrando esperanza en la vida cotidiana y renovando en la oración la confianza filial en la Providencia.
Ser pesebre para los demás
En el cierre de su alocución, el Santo Padre dejó una imagen tan sencilla como exigente: dejarnos transformar para ser, los unos para los otros, “pesebre acogedor, casa confortable, signo de la presencia de Dios”.
Encomendando este camino a la Virgen María y a san José —los primeros en acoger a Jesús con fe y amor—, el Papa León XIV invitó a entrar en la Navidad con un corazón disponible, silencioso y confiado, al estilo del justo de Nazaret.
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Fuente: IA/Zenit






