Berlín, 24 febrero (PR/17) — Del desierto australiano a
Hiroshima, del sur de Francia a México, invernaderos cada vez más
tecnológicos, logran que tomates o fresas maduren a mayor
velocidad, supervisados por un ordenador y sin necesidad de
pesticidas químicos o agua potable.
Sin necesidad de energías fósiles, insecticidas químicos o agua
potable, la granja solar de Sundrop Farms, fundada a finales de
2016 en Australia, hace crecer tomates en el desierto gracias a
dos recursos naturales gratuitos -el sol y el agua de mar- en un
complejo único en el mundo.
Su dueña, la compañía holandesa Van der Hoeven, la presentó a
principios de febrero en el salón Fruit Logistica de Berlín. El
proyecto, creado junto al danés Al Borg, consta de 200.000 metros
cuadrados de invernaderos de cristal, rodeados de 22.000 espejos.
Estos atraen los rayos del sol concentrándolos en lo alto de
una torre convertida en una especie de caldera gigante, que eleva
el agua marina a 800 grados centígrados, desalándola, lo que
permite refrescar e irrigar con ella las plantas.
Van der Hoeven, que obtiene el 95% de su facturación (70
millones de euros) con la exportación, "está negociando un
proyecto similar en Arabia Saudí", indica a la AFP Peter Spaans,
su director comercial.
En todas las latitudes se han adquirido otros invernaderos de
alta tecnología: de las estepas de Kazajistán a Hiroshima en Japón
o la selva tropical de México.
"Allí, el desafío es deshumidificar, gracias a la utilización
de materiales higroscópicos, una especie de esponjas", dice
Spaams.
"En México, en una zona tropical donde la humedad y las
enfermedades propias de ese clima obligarían a aplicar un
tratamiento químico diario, los invernaderos han hecho caer la
frecuencia de tratamiento a una al mes", explica por su parte a la
AFP Antoine Lepilleur, presidente de Richel Equipement, primer
constructor francés de invernaderos, basado en Saint-Rémy-de-
Provence (sur de Francia).
.
– Revolución –
"Con el cambio climático, cada vez se producen más fenómenos
extremos", agrega, como "lluvias en plena temporada seca en zonas
donde no llovía nunca". Y "todo un sistema de producción puede
hundirse de golpe", indica.
El único problema de granjas como la de Sundrop es el precio:
100 millones de euros.
Para hacer viable este proyecto, los inversores debieron
obtener de uno de los clientes un compromiso sobre el precio
mayorista de los tomates a tres dólares el kilo durante diez años,
indica una fuente cercana a las negociaciones.
Se trata de un precio impensable en Europa, donde el kilo
oscila entre 1 y 1,5 euros.
Pero hay quienes creen que vale la pena, como Vincent Clément,
joven productor de tomates agroecológicos, que se ha pasado al
sistema Van der Hoeven bautizado "eco-invernadero".
Su interior prácticamente hermético mantiene a raya a los
insectos y las plagas, limita el uso de fungicidas por el control
estrecho de la temperatura gracias a un ordenados y no requiere
tratar las raíces porque las plantas se obtienen de injertos.
"Es una revolución como la que no hemos conocido en 25 años y
que no volveremos a conocer en otros 25 asegura a la AFP
Primicias Rurales
AFP-NA


















