El legado de messi como una profunda lección de liderazgo humano

El legado de messi como una profunda lección de liderazgo humano

La renuncia de lionel messi a la selección argentina nos sacude emocionalmente y nos invita a reflexionar profundamente sobre cómo cambia el liderazgo cuando se va una figura histórica.

 

 

 

Buenos Aires viernes 9 octubre(PR/26)– La salida de un líder tan monumental genera una mezcla única de incertidumbre, nostalgia y una urgente necesidad de adaptación en cualquier organización.

Durante años creímos que quien mandaba debía ser el mejor orador o el más carismático. Leo demostró con creces que el verdadero impacto nace del ejemplo cotidiano, el esfuerzo y la coherencia.

 

Su influencia se cimentó haciendo extraordinariamente su trabajo y poniendo todo su talento al servicio del equipo. Cuanto más gigante se volvía su figura, más conectado se mantenía con sus valores.

Cuando una figura alcanza semejante dimensión, existe el riesgo de confundir la identidad del grupo con la persona. Sin embargo, los equipos maduros transforman la admiración en una

 

Genuina pertenencia colectiva

 

La selección evolucionó de manera brillante desde la dependencia absoluta hacia la genuina pertenencia colectiva. Ya no era solo el equipo de una sola persona, sino un grupo unificado.

En el ámbito corporativo mundial y local, la transformación sigue siendo un desafío pendiente. En argentina, sólo un porcentaje minoritario de ejecutivos siente que recibe el acompañamiento adecuado.

En el deporte ocurre lo mismo, la transición nunca debe consistir en buscar un reemplazo imposible. El verdadero reto radica en preservar y honrar la rica cultura que ayudó a construir.

 

Lo que debe permanecer intacta es su resiliencia para levantarse tras cada derrota sin ocultar sus emociones. Su sentido de pertenencia y su humildad para seguir aprendiendo en la cima.

Los reclutadores actuales destacan habilidades clave como el aprendizaje continuo, la empatía y la adaptabilidad. Todas ellas describen a la perfección el liderazgo auténtico que encarnó el rosarino.

Cuando el liderazgo es verdaderamente saludable, la partida de una figura no paraliza al grupo. Al contrario, permite que florezcan nuevas responsabilidades distribuidas entre las nuevas generaciones.

Los grandes líderes comprenden a la perfección que su legado no consiste en volverse imprescindibles. Su grandeza se mide en preparar al equipo para que siga brillando cuando ya no estén.

 

Ninguna individualidad podrá replicar exactamente lo aportado dentro y fuera de la cancha. Lo sano es que distintos integrantes absorban diferentes facetas de ese valioso legado compartido.

Las culturas memorables son aquellas capaces de transmitir valores sólidos de generación en generación. La salida de messi marca el comienzo de una etapa luminosa basada en la inspiración colectiva.

 

El nuevo paradigma del liderazgo compartido y el future

 

La transformación cultural exige que los principios fundamentales perduren más allá de los nombres propios. El compromiso diario y el trabajo en equipo son los pilares que sostienen el éxito.

 

Inspirar a los demás a dar su mejor versión es la cúspide de la influencia genuina. Cuando el protagonismo se comparte, todo el entorno evoluciona hacia estándares superiores de excelencia.

 

Primicias Rurales
Fuente: Martín Gerding, Partner Page Executive/Consultora de reclutamiento Michael Page
La música que somos. Por Roberto Carlos «Pipo» Martínez Chaves

La música que somos. Por Roberto Carlos «Pipo» Martínez Chaves

Una búsqueda sobre la conciencia, la separación y aquello que permanece

 

 

Mendoza, jueves 8 octubre (PR/26) — Una profunda reflexión filosófica y espiritual sobre la conciencia, la ilusión de la separación y la naturaleza de la identidad frente al misterio de la existencia.

I. La pregunta

Hay preguntas que uno no se hace porque espera encontrar una respuesta.
Se las hace porque llega un momento en que la respuesta que tenía ya no alcanza.
Durante mucho tiempo pensé que mi conciencia era mi cerebro.
Una extraordinaria maquinaria biológica compuesta por miles de millones de neuronas, impulsos eléctricos, neurotransmisores y conexiones que, de alguna manera todavía misteriosa, producen eso que llamamos pensamiento, memoria, emoción, percepción y conciencia.
Pero hay algo que siempre me ha resultado extraño.
Podemos describir cada vez mejor lo que sucede en el cerebro, y sin embargo permanece intacta la pregunta fundamental:
¿Quién es el que experimenta todo eso?
Podemos observar una neurona.
Podemos medir un impulso eléctrico.
Podemos registrar una imagen cerebral.
Podemos describir una emoción.
Pero ¿dónde está el que siente?
¿Dónde está ese lugar desde el cual digo:
“Yo estoy aquí.”
Quizás la pregunta por la conciencia sea, en última instancia, la pregunta más íntima de todas.
Porque no estoy preguntando qué es el universo.
Estoy preguntando:
¿Quién es el que está mirando el universo?

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II. El cerebro y la radio

Tal vez el error esté en suponer que el cerebro necesariamente fabrica la conciencia.
Tal vez sea así.
Pero también existe otra posibilidad.
Que el cerebro no sea el creador de la conciencia, sino su instrumento.
Como una radio.
Una radio no crea la música que reproduce.
La recibe, la transforma y la convierte en sonido.
Si rompemos la radio, la música desaparece de esa habitación.
Pero nadie concluiría por eso que la música dejó de existir.
Quizás nosotros seamos algo parecido.
Una radio biológica.
Un instrumento extraordinariamente sofisticado capaz de sintonizar una determinada experiencia de la realidad.
Nuestra personalidad sería entonces la forma particular en que esa señal se expresa a través de nosotros.
Nuestro cuerpo.
Nuestra memoria.
Nuestra historia.
Nuestro cerebro.
Nuestro lenguaje.
Nuestro nombre.
Todo aquello que llamamos “yo”.
Y aquí aparece una posibilidad todavía más inquietante:
quizás yo no sea la radio.
Quizás soy aquello que, durante un instante, escucha a través de ella.

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III. La materia que podría estar escuchando

En este punto aparece una de las ideas más fascinantes de la ciencia contemporánea: la posibilidad, planteada por Roger Penrose y Stuart Hameroff en la teoría Orch-OR, de que determinados procesos relacionados con la conciencia puedan involucrar estructuras microscópicas llamadas microtúbulos, presentes dentro de las neuronas.
La hipótesis intenta llevar la pregunta por la conciencia hasta un nivel todavía más profundo de la materia.
Como si debajo de las neuronas hubiera otra arquitectura.
Y debajo de esa arquitectura, otra.
Hasta llegar a una frontera donde la física clásica deja paso a una realidad mucho más extraña.
La mecánica cuántica.
Allí la materia deja de comportarse como las pequeñas piezas sólidas que imaginamos.
La realidad parece menos parecida a un conjunto de objetos y más parecida a un entramado de posibilidades, relaciones y estados.
Y entonces la pregunta cambia.
Ya no sería solamente:
¿Cómo produce el cerebro la conciencia?
Sino:
¿Qué relación existe entre la conciencia y la estructura más profunda de la realidad?
Penrose llevó esta pregunta todavía más lejos.
Si la conciencia no fuera completamente reducible a un algoritmo, entonces quizá hubiera algo en la estructura del universo que participa en ella de una manera que todavía no comprendemos.
No significa que la física haya demostrado que la conciencia sea cósmica.
Pero abre una puerta.
Y a veces una puerta es más importante que una respuesta.

 

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IV. La ilusión de estar separados

Esa puerta científica conduce, curiosamente, hacia una pregunta que las tradiciones espirituales vienen formulando desde hace miles de años:
¿Y si nunca hubiéramos estado separados?
Un Curso de Milagros plantea precisamente la separación como el fundamento del pensamiento egótico: la mente que se percibe como un yo aislado frente a un mundo exterior.
Yo aquí.
El mundo allá.
Yo frente a los otros.
Yo frente a la naturaleza.
Yo frente al universo.
Yo frente a la muerte.
El pensamiento dice:
“Esto soy yo.”
Y establece una frontera.
Pero ¿dónde termina realmente el yo?
Mi piel parece decir que aquí termino yo.
Pero el aire que está fuera de mí entra en mis pulmones y se convierte en parte de mí.
El alimento que estaba fuera de mí se convierte en mi cuerpo.
La luz que estaba fuera de mí entra por mis ojos y se convierte en experiencia.
La materia que llamo “yo” estuvo alguna vez en las estrellas.
Entonces quizá la frontera entre “yo” y “el resto” sea mucho menos absoluta de lo que parece.
Tal vez exista como experiencia.
Pero no necesariamente como separación fundamental.

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V. Los liliputienses

Y comprendo algo sobre el ego.
Quizás el ego no sea exactamente quién soy.
Quizás sea el personaje que fabriqué para sobrevivir dentro de un mundo que creo separado de mí.
Y ese personaje tiene mil caras.
Una para ser fuerte.
Otra para defenderme.
Otra para agradar.
Otra para seducir.
Otra para esconder el miedo.
Otra para sentirme superior.
Otra para no parecer vulnerable.
Otra para conseguir reconocimiento.
Otra para evitar el rechazo.
Otra para sentir que tengo razón.
Otra para sentirme víctima.
Otra para no sentirme solo.

Y así, sin darnos cuenta, construimos una pequeña multitud dentro de nosotros.
Los liliputienses, en la hermosa imagen de Raúl Bobillo(mi maestro espiritual), esos pequeños personajes interiores que aparecen según la situación y que, cada uno a su manera, intentan protegernos del mundo que creemos separado de nosotros.
Uno se enoja. Otro se defiende. Otro busca aprobación. Otro huye. Otro quiere tener razón. Otro se siente víctima.
Todos creen ser “yo”.
Pero ninguno es realmente el yo.
Son estrategias.
Son máscaras.
Son respuestas aprendidas.
Son personajes que creamos para relacionarnos con un mundo que percibimos como exterior y potencialmente amenazante.
El ego podría ser entonces una especie de director de teatro que, después de tantos años dirigiendo la obra, terminó creyendo que él también era el escenario.

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VI. El personaje que olvidó que era personaje

Quizás ese sea uno de los grandes misterios de nuestra existencia.
Creamos un personaje para vivir.
Después olvidamos que lo creamos.
Y terminamos viviendo para protegerlo.
Protegemos nuestro nombre.
Nuestra imagen.
Nuestra reputación.
Nuestra historia.
Nuestra razón.
Nuestros recuerdos.
Nuestras heridas.
Nuestros éxitos.
Hasta nuestras propias ideas sobre quiénes somos.
Y cuando alguien amenaza esa construcción, sufrimos.
¿Por qué?
Porque sentimos que nos están atacando a nosotros.
Pero ¿y si solamente están tocando al personaje?
¿Quién sería yo si por un instante no necesitara defender ninguna imagen de mí mismo?
Si no tuviera que demostrar nada.
Si no tuviera que ganar.
Si no tuviera que tener razón.
Si no tuviera que ser fuerte.
Si no tuviera que ser alguien.
Tal vez entonces aparecería algo mucho más silencioso.
Algo que estaba allí antes de todos los personajes.
Y que seguirá allí cuando ellos se callen.

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VII. ¿Quién observa?

Puedo observar mis pensamientos.
Entonces no soy solamente mis pensamientos.
Puedo observar mi miedo.
Entonces no soy solamente mi miedo.
Puedo observar mi enojo.
Entonces no soy solamente mi enojo.
Puedo observar cómo cambia mi personalidad dependiendo de quién esté delante de mí.
Entonces tampoco soy completamente ninguno de esos personajes.
Hay algo que observa.
Algo que permanece detrás de todos ellos.
Y aquí aparece la pregunta que para mí resulta más misteriosa:
¿Quién es el que observa?
Quizás esa sea la conciencia.
No el personaje.
No el ego.
No la historia.
No el nombre.
No el cuerpo.
Sino aquello que puede contemplarlos a todos.

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VIII. La pineal y el tercer ojo

En distintas tradiciones, la glándula pineal ha sido asociada simbólicamente con una puerta hacia una percepción interior.
En la concepción de Cyclopea aparece la imagen de la pineal como una especie de antena o receptor, relacionada con el llamado tercer ojo.
No necesito convertir esa imagen en una afirmación científica para encontrar en ella una enorme potencia poética.
Porque la metáfora resulta extraordinaria.
Tenemos dos ojos para mirar hacia afuera.
Y un “tercer ojo” para mirar hacia adentro.
Los dos primeros observan el mundo.
El tercero observa al que está mirando.
Quizás esa sea la verdadera revolución de la conciencia:
dejar de mirar solamente aquello que aparece delante de nosotros y comenzar a mirar desde dónde estamos mirando.
No sé si la pineal es literalmente una antena cósmica.
Pero sí sé que la imagen expresa algo que la humanidad ha intuido durante siglos:
que dentro de nosotros podría existir una puerta hacia una percepción que no depende exclusivamente de los sentidos ordinarios.
Una puerta hacia el silencio.
Hacia la presencia.
Hacia una experiencia en la que el observador y lo observado parecen acercarse hasta casi desaparecer como entidades separadas.

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IX. La conciencia como música

Entonces regreso a la metáfora de la radio.
Quizás nuestra conciencia individual sea una frecuencia.
Una forma particular en la que el universo se experimenta a sí mismo.
Cada uno de nosotros sería una radio diferente.
Una frecuencia.
Una perspectiva.
Una ventana.
Y quizás el ego sea aquello que ocurre cuando la radio cree que la música pertenece a la radio.
La radio dice:
“Esta música soy yo.”
Pero la música responde:
“Tú eres solamente el lugar donde, durante un instante, estoy siendo escuchada.”
Esto cambia completamente la idea de identidad.
No somos necesariamente algo separado que existe dentro de un universo.
Podríamos ser expresiones del universo.
El universo experimentándose desde millones de millones de puntos de vista.
Cada ser sería una perspectiva irrepetible.
Una nota.
Una vibración.
Un instante de conciencia.

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X. La paradoja del presente

Pero entonces aparece una contradicción.
Yo digo:
“Solo existe el presente.”
Y al mismo tiempo hablo de una conciencia que podría pertenecer a una realidad que trasciende el tiempo.
¿Cómo pueden coexistir ambas cosas?
Quizás porque el presente no sea simplemente un instante que aparece entre pasado y futuro.
Quizás sea el único lugar donde la realidad puede ser experimentada.
El pasado existe como memoria.
El futuro existe como posibilidad.
Pero ambos aparecen ahora.
Nunca recuerdo ayer ayer.
Lo recuerdo ahora.
Nunca imagino mañana mañana.
Lo imagino ahora.
Toda experiencia ocurre en este misterioso punto que llamamos presente.
Tal vez el tiempo sea la manera en que una conciencia limitada recorre una realidad mucho más amplia.
Como alguien que escucha una sinfonía nota por nota.
Para quien escucha, la música sucede en el tiempo.
Pero la partitura completa puede contener una estructura que no depende de nuestro recorrido.
Nosotros escuchamos.
La totalidad simplemente es.

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XI. La sinfonía

Quizás la realidad sea algo parecido a una inmensa sinfonía.
Nosotros escuchamos apenas una pequeña parte.
Una melodía que llamamos vida.
Nacimiento.
Infancia.
Amor.
Pérdida.
Deseo.
Dolor.
Encuentro.
Miedo.
Alegría.
Envejecimiento.
Y finalmente silencio.
Pero quizás confundimos el final de nuestra audición con el final de la música.
Cuando mi radio desaparezca, la señal no necesariamente habrá desaparecido.
Simplemente esa radio ya no podrá reproducirla.
Y aquí debo ser cuidadoso.
No sé qué ocurre después de la muerte.
Nadie puede hablar con certeza desde este lado.
Pero puedo formular una intuición.
Quizás morir no sea necesariamente que la música deje de existir.
Quizás sea que este instrumento deja de participar de ella de la manera en que lo hacía.
Y si alguna forma de conciencia permanece, quizá no continúe como el personaje que hoy llamo Pipo.
Porque Pipo es una historia.
Un nombre.
Una personalidad.
Una acumulación de recuerdos.
Un conjunto de liliputienses.
Quizás lo que podría permanecer no sea el personaje.
Quizás sea aquello que estaba observando al personaje.

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XII. Cuando los liliputienses se callan

Tal vez por eso las experiencias profundas de silencio resultan tan extrañas.
Durante unos instantes dejan de hablar los personajes.
No desaparecemos.
Pero dejamos de identificarnos completamente con ellos.
El pensamiento se aquieta.
La necesidad de defenderse disminuye.
La historia personal pierde volumen.
Y aparece algo difícil de explicar:
presencia.
No soy más importante.
No soy menos importante.
Simplemente estoy.
Y quizás ahí comienza a deshacerse la ilusión de separación.
No porque desaparezca el mundo.
Sino porque desaparece, aunque sea por un instante, la necesidad de estar enfrentado a él.
Ya no estoy yo contra el mundo.
Estoy en el mundo.
Y quizá después:
Estoy con el mundo.
Y finalmente:
Soy parte del mundo.
Y tal vez, en el límite de esa experiencia:
Nunca hubo un “yo” separado del mundo.

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XIII. El regreso

Quizás despertar no consista en destruir el ego.
Porque intentar destruir al ego podría ser simplemente otro personaje creado por el ego.
Quizás consista en reconocerlo.
Ver aparecer al pequeño personaje y decir:
“Ahí está.”
Sin odiarlo.
Sin expulsarlo.
Sin creerle absolutamente todo.
Dejar que exista.
Pero recordar que no es el todo.
Que ese pequeño personaje es apenas una herramienta.
Una máscara.
Un actor.
Un liliputiense tratando de proteger un reino imaginario.
Y detrás de todos ellos permanece algo más silencioso.
Algo que no necesita defenderse.
Algo que no necesita tener razón.
Algo que simplemente observa.

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XIV. La música sigue sonando

Y entonces regreso finalmente a aquella primera pregunta:
¿Quién soy?
Quizás nunca pueda responderla completamente.
Quizás porque el que busca una respuesta también forma parte del misterio.
Puedo decir que soy un cuerpo.
Y es verdad.
Puedo decir que soy una historia.
También es verdad.
Puedo decir que soy una personalidad.
También.
Puedo decir que soy un cerebro.
Probablemente también.
Pero quizás todo eso sea solamente la forma particular que ha adoptado algo mucho más profundo.
Una nota dentro de una música inmensa.
Una ventana por la que el universo se contempla.
Una radio que durante un breve tiempo logró escuchar una señal y preguntarse de dónde venía.
Y quizás la conciencia no sea una cosa que poseemos.
Quizás sea aquello que somos antes de convertirnos en cualquier cosa.
Entonces comprendo la imagen de los liliputienses.
No necesito expulsarlos.
Puedo escucharlos.
Puedo agradecerles incluso.
Me protegieron cuando creyeron que estaba solo.
Construyeron personajes para enfrentar un mundo que parecía separado.
Pero ahora puedo decirles:
Ya no necesitan gobernar.
Pueden descansar.
Porque quizás nunca estuvimos realmente solos.
Nunca estuvimos realmente separados.
Nunca fuimos solamente el personaje.
Somos la música que el personaje aprendió, durante un instante, a escuchar.
Y cuando la radio desaparezca…
cuando este cuerpo deje de recibir…
cuando esta voz se apague…
no sé qué habrá después.
Pero hay algo que sí puedo imaginar.
Que la sinfonía no necesita de mi radio para seguir siendo interpretada.
Que la música continúa.
Que otras radios la escuchan.
Que otras notas aparecen.
Que otras conciencias despiertan.
Y que quizá, en algún nivel que todavía no somos capaces de comprender,
todo está sonando al mismo tiempo.
Tal vez la vida sea eso:
el universo interpretándose a sí mismo.
Y nosotros, durante un instante irrepetible,
tenemos el privilegio de escuchar.
No somos la música.
No somos solamente la radio.
No somos tampoco los liliputienses que corren dentro de ella.
Somos aquello que, por un instante,
se dio cuenta de que estaba escuchando.
Y quizá despertar sea simplemente recordar
que la música nunca dejó de sonar.
Que nunca estuvo afuera.
Que nunca estuvimos separados.
Y que, detrás de todas nuestras caras,
detrás de todos nuestros nombres,
detrás de todos nuestros personajes,
siempre estuvo la misma conciencia escuchando.

Posdata — El dial interior

Quizás exista, finalmente, una pequeña libertad que no deberíamos olvidar: podemos elegir dónde sintonizar nuestra conciencia.
A veces permanecemos demasiado tiempo escuchando dentro de nosotros músicas hechas de miedo, culpa, resentimiento o tristeza, hasta confundirlas con nuestra propia voz.
Pero el observador puede despertar y reconocer:
“Esto está sonando en mí, pero no soy yo.”
Y entonces, suavemente, puede mover el dial.
No para negar el dolor, sino para no convertirlo en morada.
Porque también podemos elegir aquello que alimentamos con nuestra atención: pensamientos que nos aquietan, recuerdos que nos abrazan, vínculos que nos hacen crecer, miradas capaces de devolverle luz a la vida.
Quizás la felicidad no sea encontrar una existencia sin disonancias, sino aprender a no quedar atrapados en ellas.
Tal vez la libertad consista en eso:
saber que una nota puede atravesarnos sin definirnos,
que un pensamiento puede aparecer sin gobernarnos,
y que, aun en medio de la misma vida,
podemos cambiar la melodía que elegimos escuchar.
Hasta que, poco a poco, los liliputienses dejan de discutir, el ego afloja sus defensas y la sensación de separación se vuelve transparente.
Y queda solamente aquello que estaba antes de todas las voces:
el silencio que escucha.

 

Primicias Rurales

La desocupación en realidad no aumentó

La desocupación en realidad no aumentó

 El economista Diego Piccardo consideró que la desocupación no aumentó en el segundo trimestre de 2026 tal como informó el INDEC, sino que el alza es producto de que hay más personas buscando empleo.

 

 

 

Buenos Aires, miércoles 7 de octubre (PR/26) —  “La desocupación se ubicó en 7,9% en el segundo trimestre, tres décimas por encima del mismo período del año pasado. Son 73.000 personas más buscando trabajo sin encontrarlo. La lectura inmediata, que la economía está expulsando gente del mercado laboral, es, sin embargo, equivocada”, afirmó Piccardo.

En comunicación con Agencia Noticias Argentinas señaló que “la aritmética del trimestre lo refleja claramente” porque “se incorporaron 338.000 personas al mercado de trabajo y 265.000 consiguieron ocupación”.

 

 

 

“La diferencia, 73.000, es exactamente el aumento de la desocupación, con lo cual hubo creación neta de empleo, pero insuficiente para absorber a quienes decidieron salir a buscarlo”, añadió.

Piccardo sostuvo que “el desempleo subió por el numerador de la oferta, no por el colapso de la demanda” y agregó que “el problema aparece cuando se mira la composición de esos puestos”.

“La tasa de informalidad trepó 1,8 puntos porcentuales hasta 45%, lo que equivale a 348.000 empleos informales nuevos”, precisó y evaluó que “contra 265.000 ocupados adicionales en total, la implicancia es incómoda porque el resto de las categorías ocupacionales se contrajo en torno a 83.000 puestos”.

En este contexto, Piccardo sostuvo que “el mercado de trabajo no está creando empleo; está recomponiendo su estructura hacia abajo”.

“Con empleo privado registrado en retroceso, compensado por monotributistas y trabajos informales, el ingreso del hogar deja de alcanzar con un solo perceptor”, afirmó, con lo cual consideró que “la respuesta racional de la familia es enviar a un segundo o tercer integrante al mercado laboral”.

“La participación sube por necesidad, no por optimismo. Y si la creación de empleo genuino no acompaña ese aumento de la oferta, la desocupación sube, aunque la tasa de actividad no caiga”, concluyó.

El núcleo del planteo de Piccardo es que la suba estadística de la desocupación no responde a despidos masivos o destrucción neta de puestos, sino al fenómeno de la «población activa» en expansión.
  1. Ingreso masivo al mercado: Durante el trimestre evaluado, unas 338.000 personas se sumaron al mercado laboral para buscar activamente un sustento. Muchas familias se vieron empujadas a volcar un segundo o tercer miembro a la búsqueda de ingresos para compensar el presupuesto familiar. [1
  2. Creación neta de puestos: De ese total de nuevos buscadores, la economía logró absorber a 265.000 personas que consiguieron empleo. Como la cantidad de nuevos trabajadores (338.000) superó a los puestos generados (265.000), el excedente matemático amplió el número final de desocupados.
  3. El factor «necesidad»: El economista destaca que el incremento en la tasa de participación civil ocurre por urgencia económica y no por un clima de optimismo en el mercado.
El Deterioro de la Calidad del Empleo
El problema principal que advierte el informe de la fundación no es la falta de ocupación en sí, sino el tipo de trabajo creado:
  • Precarización laboral: El empleo privado registrado mostró un claro retroceso.

 

  • Avance de la informalidad: La mayor parte del empleo generado fue informal o por cuenta propia. La tasa de informalidad laboral escaló hasta ubicarse en torno al 45%, sumando cerca de 348.000 puestos no registrados en un año.
Diego Piccardo Economista en Jefe
Fuente: Libertad y Progreso
Primicias Rurales
Ante una nueva Edad Media. Por el Dr Florencio Hubeñák   (Artículo traducido al inglés)

Ante una nueva Edad Media. Por el Dr Florencio Hubeñák (Artículo traducido al inglés)

El autor sostiene la tesis de que el mundo occidental estaría atravesando el final de la Modernidad y entrando en una etapa comparable, en algunos aspectos, con la transición del Imperio romano hacia la Edad Media. El autor aclara que no habla del “fin de la historia”, sino de una transformación profunda del orden político, social, económico y cultural.

 

 

 

 

Buenos Aires, martes 6 octubre (PR/26) — La sensación de estar atravesando un umbral histórico se ha vuelto casi inevitable. En el tercer milenio, el mundo parece sacudido por fuerzas que desbordan las categorías con las que la Modernidad intentó comprenderse a sí misma.

El historiador, acostumbrado a mirar el pasado para interpretar el presente, se encuentra hoy ante un paisaje que recuerda más a la descomposición del mundo romano que a la promesa ilustrada del progreso indefinido. Como afirma el texto original: “La Modernidad que está agonizando es la nacida en el Siglo de las Luces.”

La caída del Muro de Berlín fue interpretada por muchos como el triunfo definitivo del capitalismo liberal y el cierre de las grandes narrativas ideológicas.

Sin embargo, lejos de inaugurar un orden estable, abrió una etapa de aceleración histórica en la que las certezas modernas comenzaron a resquebrajarse.

La racionalidad iluminista, que había reemplazado a la Cristiandad como principio organizador, ya no logra sostener la complejidad del mundo contemporáneo.

Diversos pensadores —Toynbee, Spengler, Berdiaeff, Eco, Minc, Rufin— han sugerido que estamos entrando en una “nueva Edad Media”. No se trata de un retorno literal al pasado, sino de una analogía estructural: fragmentación del poder, debilitamiento del Estado, proliferación de zonas autónomas, crisis de la razón, resurgimiento de identidades comunitarias y un clima general de incertidumbre. El artículo lo sintetiza con una frase que funciona casi como diagnóstico: “La ciudad se medievaliza.”

 

Las migraciones globales son uno de los signos más visibles de esta transformación. Como en los siglos IV y V, pueblos enteros se desplazan, reconfigurando territorios y culturas. Europa recibe millones de personas de Asia y África; Estados Unidos absorbe flujos latinoamericanos y asiáticos; Argentina se convierte en destino de comunidades diversas. Este movimiento no responde a políticas estatales: es el devenir de la historia, un reacomodamiento profundo que recuerda la “venganza” del mundo colonizado, según Christopher Dawson.

 

 

Al mismo tiempo, las grandes ciudades se vuelven inhabitables. La inseguridad, la contaminación, la saturación tecnológica y el estrés empujan a muchos hacia el campo, reproduciendo el patrón romano de abandono urbano y refugio en villae o feudos.

Los countries funcionan como nuevos castillos amurallados, con guardias privados, peajes y normas propias.

El Estado, debilitado, conserva apenas su capacidad impositiva, como en la etapa tardía del Imperio.

La economía hiper‑tecnificada muestra signos de fragilidad. Una crisis profunda podría desencadenar formas de subsistencia que favorezcan a quienes ya cultivan pequeñas parcelas y buscan autonomía frente al caos urbano. La saturación tecnológica impulsa un deseo de retorno a la naturaleza, eco del ideal bucólico virgiliano.

La Modernidad, que prometía emancipación a través del progreso técnico, parece haber generado un mundo demasiado complejo para sostenerse.

La vida social también exhibe rasgos premodernos: inseguridad creciente, mafias, mercados negros, justicia por mano propia, milicias privadas. La autoridad estatal se debilita y surgen estructuras de poder local que recuerdan al vasallaje medieval.

Las jerarquías sociales se endurecen y aparecen nuevas formas de servidumbre laboral, donde empleados, deportistas y gerentes quedan atrapados en sistemas sin libertad real.

La cultura se globaliza, la moda se informaliza, y las identidades se fragmentan. El SIDA es interpretado como la “lepra medieval” del siglo XX, y se anticipan nuevas pestes y rituales de miedo. La religiosidad resurge, y la mujer adquiere un papel central en la vida espiritual, como había anticipado Berdiaeff.

La familia tradicional romano‑cristiana se disloca, las costumbres se imponen sobre la ley escrita y la sociedad experimenta procesos de feminización y matriarcalización.

La idea de nación se debilita. Las ideologías se diluyen y surgen creencias “light”, adaptadas a un mundo sin grandes relatos. Se fantasea con un gobierno mundial, aunque sin éxito: la humanidad parece entrar en una etapa de dispersión, no de unificación.

Todo esto sugiere que no estamos ante el fin de la historia, sino ante el fin de una era. La Modernidad se descompone y da paso a un orden fragmentado, emocional, localista e inseguro, donde la racionalidad iluminista ya no organiza la vida social.

La “nueva Edad Media” es una metáfora estructural que permite comprender la transición hacia un mundo donde el poder se dispersa, las ciudades se transforman, las migraciones reconfiguran territorios y las instituciones modernas pierden cohesión.

El tercer milenio no comienza con certezas, sino con una transición civilizatoria cuyo desenlace permanece abierto. Quizás, como en toda Edad Media, lo que hoy percibimos como caos sea el germen de una nueva forma de orden que todavía no alcanzamos a imaginar.

Florencio Hubeñák es historiador, doctor en Historia y en Ciencias Políticas, docente universitario y autor de numerosos libros y artículos de su especialidad, como ser: “Historia integral de la cultura occidental”; “Roma: mito político” y la “Historia de la Universidad Católica Argentina”.

 

Primicias Rurales

 

 

 

Versión en inglés

Facing a New Middle Ages (English version)

By Dr Florencio Hubeñák

 

«The author argues the thesis that the Western world is going through the end of Modernity and entering a stage comparable, in some aspects, to the transition from the Roman Empire to the Middle Ages. He clarifies that he is not talking about the ‘end of history,’ but rather about a profound transformation of the political, social, economic, and cultural order.»

The sense that we are crossing a historical threshold has become almost unavoidable. In the third millennium, the world appears shaken by forces that exceed the categories with which Modernity once tried to understand itself. Historians, accustomed to looking to the past in order to interpret the present, now confront a landscape that resembles the decomposition of the Roman world more than the Enlightenment promise of endless progress. As the original text puts it: “The Modernity that is agonizing is the one born in the Age of Enlightenment.”

The fall of the Berlin Wall was interpreted by many as the definitive triumph of liberal capitalism and the closure of the great ideological narratives. Yet instead of inaugurating a stable order, it opened a period of historical acceleration in which modern certainties began to fracture. Enlightenment rationalism, which had replaced Christendom as the organizing principle of society, no longer seems capable of sustaining the complexity of the contemporary world.

A number of thinkers—Toynbee, Spengler, Berdiaeff, Eco, Minc, Rufin—have suggested that we are entering a “new Middle Ages.” This is not a literal return to the past but a structural analogy: fragmentation of power, weakening of the state, proliferation of autonomous zones, crisis of reason, resurgence of communal identities, and a general climate of uncertainty. The text captures this transformation in a phrase that functions almost as a diagnosis: “The city becomes medieval.”

Global migrations are among the most visible signs of this shift. As in the fourth and fifth centuries, entire populations are on the move, reshaping territories and cultures. Europe receives millions from Asia and Africa; the United States absorbs constant flows from Latin America and Asia; Argentina becomes a destination for diverse communities. This movement does not respond to state policies—it is the unfolding of history itself, a deep reconfiguration reminiscent of what Christopher Dawson described as the “revenge” of the colonized world.

At the same time, major cities are becoming increasingly uninhabitable. Insecurity, pollution, technological saturation, and stress push many toward rural areas, reproducing the Roman pattern of urban abandonment and retreat into villae or feudal domains. Gated communities function as new fortified castles, complete with private guards, toll-like access, and their own internal codes. The state, weakened, retains little more than its taxing power, much like the late Roman Empire.

The hyper‑technified economy also shows signs of fragility. A severe crisis could trigger subsistence-oriented forms of life that favor those who already cultivate small plots and seek autonomy from urban chaos. Technological saturation fuels a desire to “return to nature,” echoing Virgil’s pastoral ideal. Modernity, which promised emancipation through technical progress, seems to have produced a world too complex to sustain itself.

Social life exhibits premodern traits as well: rising insecurity, mafias, black markets, vigilantism, and private militias. State authority weakens, and local power structures emerge that resemble medieval vassalage. Social hierarchies harden, and new forms of servitude appear in the labor market, where employees, athletes, and managers find themselves trapped in systems with little real freedom.

Culture becomes globalized, fashion informalized, and identities fragmented. AIDS is interpreted as the “medieval leprosy” of the twentieth century, and new plagues and rituals of fear seem possible. Religiosity resurges, and women assume a central role in spiritual life, as Berdiaeff predicted. The traditional Romano‑Christian family structure dislocates, customs begin to override written law, and society undergoes processes of feminization and matriarchal reconfiguration.

The idea of the nation weakens. Ideologies dissolve, replaced by “light” beliefs suited to a world without grand narratives. Fantasies of a world government appear, though without success; humanity seems to be entering a phase of dispersion rather than unification.

All of this suggests that we are not witnessing the end of history, but the end of an era. Modernity is decomposing and giving way to a fragmented, emotional, localist, and insecure order in which Enlightenment rationality no longer organizes social life. The “new Middle Ages” is a structural metaphor that helps us understand the transition toward a world where power disperses, cities transform, migrations reshape territories, and modern institutions lose cohesion.

The third millennium does not begin with certainties but with a civilizational transition whose outcome remains unknown. Perhaps, as in every Middle Ages, what we now perceive as chaos is the seed of a new form of order that we cannot yet imagine.

About the Author

Florencio Hubeñák is a historian, Doctor in History and in Political Science, a university professor, and the author of numerous books and scholarly articles, including: “Comprehensive History of Western Culture”, “Rome: A Political Myth” and “History of the Catholic University of Argentina”

 

 

Primicias Rurales

 

Traducción al inglés: María Marta Cafiero

 

 

 

 

 

La harina de soja argentina consigue una prima de US$6 por tonelada ante la fuerte demanda europea

La harina de soja argentina consigue una prima de US$6 por tonelada ante la fuerte demanda europea

Las compras anticipadas de Europa por la entrada en vigencia de la norma EUDR impulsan la demanda de subproductos argentinos y podrían acelerar la originación de soja. Al mismo tiempo, el mercado internacional enfrenta presión bajista por la retención del arancel chino al poroto estadounidense y el aumento de los stocks de maíz en Estados Unidos.

 

 

 

Rosario, Santa Fe,  lunes 5 octubre (PR/26) – El mercado de granos atraviesa una semana de presión bajista, pero Argentina presenta una dinámica particular en el complejo sojero, con una demanda de harina de soja que se mantiene inusualmente firme.

La harina argentina opera actualmente con una prima de US$6 por tonelada frente a la brasileña, impulsada por compras europeas anticipadas ante la próxima entrada en vigencia de la norma EUDR, que exigirá demostrar que los productos alimenticios provienen de áreas libres de deforestación.

“En Argentina vemos una demanda de harina de soja inusualmente alta, que sostiene márgenes de molienda atractivos. Los compradores europeos quieren estar aprovisionados y están adelantando compras”, explica Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral.

Según el análisis de Romano, esta dinámica puede traducirse en una mayor necesidad de originación de soja por parte de las fábricas argentinas, especialmente si continúa firme el programa de exportación de subproductos. A esto se suma la campaña para presentar la documentación de VISEC, Sustentable y EPA, por la que se están ofreciendo premios de entre US$3 y US$8 por tonelada.

“Si el programa de exportación de subproductos sigue demandante, los compradores necesitarán acelerar la originación y las compras a precio. Con estos valores estamos viendo más movimiento”, sostiene Romano.

Comercialización local y posición en puertos

En paralelo, el mercado argentino muestra un ritmo de comercialización de soja que, aunque se mantiene por debajo de años anteriores, empieza a ganar dinamismo.

De las 6 millones de toneladas de Declaraciones Juradas de Ventas al Exterior (DJVE), la exportación ya tiene 5,2 millones de toneladas originadas y 4,8 millones con precio fijado.

En total, se lleva originado el 60% de la producción, frente al 64% del promedio histórico, mientras que con precio fijado se alcanza el 47%, contra un promedio histórico del 53%.

En los puertos argentinos, el line up contempla actualmente 954.129 toneladas de poroto de soja, 1.122.450 toneladas de harina y 281.190 toneladas de aceite, mientras comienzan a llegar los buques correspondientes a las ventas declaradas durante el mes pasado.

El rol de China y la presión sobre la soja estadounidense

En el mercado internacional, uno de los principales factores bajistas para la soja es la decisión de China de mantener en 10% el arancel sobre el poroto de soja estadounidense.

Para los compradores privados, esta situación vuelve poco atractiva la soja norteamericana frente a la oferta sudamericana, ya que implica márgenes negativos.

Sin embargo, los compradores estatales chinos ya acumulan entre 12 y 13,7 millones de toneladas de soja estadounidense, operaciones que responden en mayor medida a decisiones estratégicas y políticas que a la rentabilidad de la molienda.

“China sigue comprando soja estadounidense, pero hay que diferenciar las compras estatales de las privadas. Las primeras no responden necesariamente a la lógica del margen de molienda, por lo que pueden sostenerse aun cuando el negocio no resulte rentable para un comprador privado”, señala Romano.

A esta presión se suma la expectativa de una cosecha récord de soja en Estados Unidos. StoneX elevó su estimación a 126,5 millones de toneladas, con un rendimiento promedio de 36,4 quintales por hectárea. La cosecha estadounidense, que avanzaba lentamente por las lluvias, podría acelerar con el pronóstico de clima más seco.

En Chicago, los fondos especulativos vendieron 3,1 millones de toneladas de soja durante la última semana, aunque todavía mantienen una posición neta comprada de 23,1 millones de toneladas, elevada en términos históricos.

“Con una posición comprada tan grande por parte de los especuladores, las ventas técnicas pueden seguir presionando al mercado si no aparecen nuevas noticias alcistas”, advierte Romano.

Avance de campaña en Brasil y stocks de maíz en Estados Unidos

Brasil, por su parte, comienza a avanzar con la nueva campaña de soja. La siembra alcanza entre el 3,4% y el 4,39% del área proyectada, ligeramente por encima del ritmo del año pasado. StoneX estima una producción de 183,4 millones de toneladas.

Las principales dudas están concentradas en las zonas secas del norte y oeste del país.

El maíz también enfrenta un escenario internacional más débil. El dato de stocks de Estados Unidos al 1° de septiembre resultó 4,5 millones de toneladas superior a lo esperado por el mercado.

Al tratarse de las existencias de cierre de campaña, el dato podría derivar en una revisión al alza de los stocks iniciales de la campaña 2026/27 en el próximo informe del USDA.

“El dato de stocks de maíz es claramente negativo porque no sólo muestra una mayor disponibilidad al cierre del ciclo, sino que también sugiere un consumo interno menor al esperado”, explica Romano.

En Estados Unidos, la cosecha avanzaba al 18% del área, demorada por las lluvias, aunque el clima más seco previsto para las próximas jornadas permitiría acelerar las labores. Los fondos especulativos también profundizaron la presión vendedora: durante la semana vendieron casi 5 millones de toneladas de maíz en Chicago.

En Europa, el panorama es diferente: la Comisión Europea redujo su estimación de cosecha de maíz a 48,3 millones de toneladas, frente a los 50,1 millones estimados previamente y los 60,2 millones de la campaña anterior.

Comercialización y siembra de maíz en Argentina

En el mercado local, el escenario es más favorable para la comercialización. La buena cosecha, el ritmo de declaraciones de exportación y una mayor disposición de los productores a vender están generando un flujo importante de mercadería hacia los puertos.

Los embarques programados de maíz desde puertos argentinos alcanzan 2,17 millones de toneladas, mientras que también se mantiene elevado el ingreso de camiones.

Durante una sola semana se fijó precio a 1,2 millones de toneladas de maíz. Actualmente, el 56% de la producción está comercializada con precio, frente al 48% del promedio histórico, mientras que la originación alcanza el 66%, contra el 58% del promedio.

“En el mercado local estamos viendo un círculo virtuoso: la cosecha fue muy buena, la exportación continúa declarando DJVE, los productores están más vendedores y la mercadería fluye hacia los puertos”, destaca Romano.

La siembra de maíz 2026/27 también avanza con buen ritmo: alcanza el 22,2% de las 8,4 millones de hectáreas proyectadas, 5,1 puntos porcentuales más que la semana anterior y 2,4 puntos por encima del ritmo del año pasado.

Situación del trigo en el Mar Negro y perspectivas en Argentina

En trigo, el foco internacional continúa puesto en el conflicto entre Rusia y Ucrania y las dificultades para normalizar el flujo de granos por el Mar Negro. Los esfuerzos diplomáticos impulsados por Turquía todavía no muestran avances concretos, mientras algunos grandes compradores buscan abastecerse de otros orígenes.

Arabia Saudita licitó la compra de 535.000 toneladas de trigo para embarques entre noviembre y diciembre, mientras Túnez adquirió otras 100.000 toneladas. SovEcon, además, redujo su estimación de exportaciones rusas a 44,7 millones de toneladas y anticipa dificultades en el Mar Negro hasta 2027.

En Argentina, en cambio, comenzaron a cosecharse los primeros lotes del norte con rendimientos superiores al promedio. La condición del cultivo entre buena y excelente alcanzó el 94,6% del área, ocho puntos porcentuales más tras las últimas lluvias.

“En Argentina el trigo sigue desarrollándose con buenas condiciones. Las lluvias no fueron tan fuertes, pero sí suficientes, y los primeros lotes que comienzan a cosecharse en el norte muestran buenos rindes”, concluye Romano.

Primicias Rurales
Fuente: Noticias Argentinas

Se les decía, bocones. Por Yayo Hormilougue

Se les decía, bocones. Por Yayo Hormilougue

Tensión geopolítica por Malvinas: los dichos de Trump, el refuerzo militar británico y las críticas a la falta de estrategia exterior del Gobierno.

 

 

Buenos Aires, sábado 3 octubre (PR/26) — Se les decía, bocones. Eran bocones los que hablaban de más. Con los años supimos que hablar de más traía ciertas consecuencias.

El Pte. Trump, el mismo que asegura que la IA no podrá con él y que no compartirá ningún dato con China, a su juicio la segunda potencia, enojado con los británicos, porque no le permitieron bases militares en territorio inglés para sus operaciones contra Irán, sumado a que el primer ministro británico no aumentó el presupuesto de defensa en la OTAN, dio para que el mandatario estadounidense expresara retirar el apoyo que sostenían a favor inglés sobre las Malvinas.

 

 

 

 

 

Se les decía, bocones. Eran bocones los que hablaban de más. Con los años supimos que hablar de más traía ciertas consecuencias.

El Pte. Trump, el mismo que asegura que la IA no podrá con él y que no compartirá ningún dato con China, a su juicio la segunda potencia, enojado con los británicos, porque no le permitieron bases militares en territorio inglés para sus operaciones contra Irán, sumado a que el primer ministro británico no aumentó el presupuesto de defensa en la OTAN, dio para que el mandatario estadounidense expresara retirar el apoyo que sostenían a favor inglés sobre las Malvinas.

La fuente fue nada menos que El Pentágono. La soberanía británica está bajo «revisión», dijo Trump. Y tras su gran bocota se ofreció mediar en el conflicto, justo cuando el gobierno de Javier Milei endurecía reclamos, para sancionar a petroleras inglesas en nuestra zona.

Estrategia nefasta para argentina porque ante todo esto, los ingleses reforzaron militarmente la base en el Atlántico Sur asegurando su posición. Renovaron su flota defensiva aérea con cazas de última generación mientras avanza el proyecto del yacimiento Sea Lion impulsado por firmas como Rock Hopper Exploración y Navitas Petroleum.

Debido a esto el Pte. Milei envió a la Cámara de Diputados la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional para reemplazar la Ley 26.659. Las prohibiciones no serían solo para hidrocarburos, sino que abarcaría recursos naturales renovables y no renovables en Malvinas, sus espacios marítimos e insulares y la Plataforma Continental Argentina. Curiosa defensa en tanto ha permitido tanta venta privada de tierras en la Patagonia.

El discurso de Milei ante la ONU fue electoral, hacia los argentinos. Y así lo leyó Inglaterra y EEUU también, lo mismo que la empresa de explotación. No es cierto que a Trump le interesen los argentinos, le importa la riqueza material y la posición estratégica y geopolítica de argentina.

Ahora, legislativamente deberíamos solucionar un tema para el cual, en esta gestión, el Congreso jamás fue convocado.

¿Qué se observa en esto? Que el actual gobierno carece de estrategias en política exterior. Estamos más lejos de Malvinas hoy, que antes que Trump abriera su boca.

Y el concepto que finalmente queda; Una de las razones por lo que esto sucede, es porque sin las presiones políticas opositoras necearías no hay barreras institucionales, no hay oposición. Habitas un país que carece de oposición política. Nuestra posible oposición, practica ideas en miniatura mientras vive como pocos.

 

Fuente: Yayo Hormilugue. La 5ta Pata
Primicias Rurales

 

Foto: Yayo cuando nos hicimos amigos. Matilde Fierro