Buenos Aires, 4 marzo (PR/17) — La agroecología es considerada
una ciencia que recorre desde la parcela para cultivo hasta el
paisaje mientras que, como disciplina científica, propone
herramientas y técnicas para diseñar sistemas productivos
sustentables.
La definición de la agroecología está enmarcada en las
tensiones propias de todo campo de desarrollo disciplinar.
Reconocida por la literatura científica en los años 30 del
siglo pasado, surgió en el continente americano en los ´70 como
expresión de una nueva manera de hacer agricultura, asociada con
la sustentabilidad de los sistemas y sus impactos ambientales y en
la salud humana.
En los ´80, apareció ligada a movimientos sociales y campesinos
en Centroamérica hasta llegar, no sin controversias y con debates
en plena vigencia, a ocupar un lugar destacado en la agenda
institucional de los organismos de ciencia y tecnología.
La institucionalización alcanza a "organismos como el Instituto
Nacional de Investigación Agronómica de Francia (INRA), la Empresa
Brasileña de Investigación Agropecuaria (EMBRAPA) de Brasil o el
INTA en Argentina", señaló Pablo Tittonell, coordinador del
Programa Nacional Recursos Naturales, Gestión Ambiental y
Ecorregiones (PNNAT) del Instituto Nacional de Tecnología
Agropecuaria (INTA).
En el INTA, la agroecología plantea una serie de debates y
desafíos en innovación tecnológica y organizativa, con aportes
desde "la gestión ambiental, la biodiversidad, el estudio
del clima y el ordenamiento territorial", reconoció el
coordinador.
Mientras que en un escenario de crecimiento demográfico, cambio
climático y degradación de los ecosistemas naturales, la
agroecología constituye una alternativa que permite generar más
alimentos y hacerlo de manera sustentable.
Según Tittonell: "Lo que tratamos de mostrar en el
trabajo diario es que, en realidad, la agroecología ofrece
elementos muy importantes para la agricultura en pequeña y a gran
escala".
"Se trata de una disciplina que integra una serie de conceptos,
herramientas y técnicas que permiten conceptualizar desde la
escala de parcela hasta una escala de paisaje", indicó.
En tanto "es una oportunidad para integrar distintas
dimensiones: ecológica, social, económica, política y tecnológica
en el desarrollo del territorio. También un valioso aporte para
pensar la sustentabilidad de las ciudades, cómo se alimentarán en
el siglo XXI y cómo se contribuirá a los asentamientos humanos",
explicó Beatriz Giobellina, coordinadora del Proyecto Específico
Soporte Técnico y Capacitación en Procesos de Ordenamiento
Territorial Rural del PNNAT del INTA.
Por su parte, Maximiliano Pérez, del Instituto de Investigación
y Desarrollo Tecnológico para la Agricultura Familiar (IPAF)
Región Pampeana del INTA, la caracteriza como "una herramienta que
permite a los productores aumentar los niveles de autonomía".
Esto los lleva a reducir los niveles de dependencia que "hoy
les plantea la agricultura y la tecnología".
Otro factor importante "es el aumento de la diversidad", ya que
hay distintas formas de practicarla.
Primicias Rurales
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