Buenos Aires, 4 marzo (Especial para NA, Nicolás Tereschuk) —
Si alguna señal faltaba para darse cuenta de que el mundo tal como
lo conocíamos está cambiando a gran velocidad, esta semana se
conoció la intención del presidente de Estados Unidos, Donald
Trump, de practicar "juego brusco" contra las normas de la
Organización Mundial de Comercio (OMC).
El miércoles pasado, cuando el presidente Mauricio Macri
ofrecía aquí un discurso ante la Asamblea Legislativa, la Casa
Blanca puso por escrito su idea de ir contra las normas de una
institución a la que los Estados Unidos le dieron estatus casi
sagrado durante las últimas décadas.
En un documento en el que el gobierno norteamericano explicita
su agenda anual sobre comercio, se anunció la intención de la
gestión de Trump de tomar una actitud agresiva para combatir las
prácticas comerciales de otros países a los que considere
"injustas" y no descartó desafiar las reglas de la OMC que
interfieran con ese rumbo.
Así, la administración "no tolerará" prácticas de otros países
como la manipulación monetaria, subsidios "injustos", el robo de
propiedad intelectual y la actuación agresiva por parte de
empresas públicas.
En ese contexto, el gobierno norteamericano le adelantó al
Congreso de ese país que está dispuesto a empujar los límites que
marcan las reglas de la OMC para tomar represalias contra otros
países.
Traducido: si los funcionarios de Trump consideran que el
comercio norteamericano es discriminado por otros países, podría
imponer restricciones a las importaciones desde esas naciones sin
esperar a los procesos que se desarrollan en la OMC.
Y en ese marco, ningún experto descarta que eso a su vez
dispare medidas recíprocas por parte de los perjudicados, en una
vuelta a las "guerras comerciales" que -se suponía- organismos
como la OMC debían combatir.
"La administración Trump actuará agresivamente según lo
requiera para desalentar este tipo de comportamiento y alentar la
competencia en los mercados" internacionales, destacó el documento
oficial que significa una ruptura de proporciones con respecto a
la política del gobierno de Barack Obama.
El reporte indicó que existían "esperanzas" en el sistema
pautado por la OMC de que se obtendría un "mejor trato para los
trabajadores, granjeros, rancheros y empresarios norteamericanos"
pero "en lugar de eso, encontramos que en demasiadas instancia los
estadounidenses han sido puestos en una situación de injusta
desventaja en los mercados globales".
Leer ese tipo de retórica anti-globalizadora por parte de la
mayor potencia mundial no deja de sorprender para quienes
recuerdan los debates generados por órganos como el Foro Social
Mundial o para quienes recuerden las verdaderas "batallas" como
las que alguna vez se dieron en las calles de Seattle contra la
otrora todopoderosa OMC.
"Es tiempo para una nueva política comercial que defienda la
soberanía estadounidense, aplique las leyes de comercio locales,
use el apalancamiento del país para abrir mercados en el exterior
y negocie nuevos tratados de comercio quesean más justos y más
efectivos tanto para los Estados Unidos como para el sistema
mundial de comercio, en particular para aquellos países
comprometidos con la economía de mercado", sostuvo el impactante
documento.
El diario The Washington Post explicó la situación con
claridad: "Si Estados Unidos anuncia que no cumplirá con las
decisiones de la OMC y otros países imponen penalidades en
represalia contra las importaciones norteamericanas, se podría
acelerar la entrada en una era de proteccionismo económico a nivel
global".
"Economistas y grupos industriales temen que esta situación
pueda disparar un guerra de comercio global que sea disruptiva
para el intercambio y el crecimiento", advirtió.
El diario recordó que Estados Unidos ha iniciado desde 1995 más
de cien demandas ante la OMC y otros países han realizado 129
contra el gran país del norte.
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