Buenos Aires, 18 marzo (Especial para NA por Gabriel Russo*) —
La rabia paralítica o paresiante es una enfermedad de denuncia
obligatoria, epidémica, regional, focal y cíclica con recurrencia
irregular causada por el virus rábico que transmite el vampiro
común Desmodus rotundus.
El virus afecta principalmente a los bovinos, a los equinos,
con menor frecuencia a otras especies domesticas, al hombre y a
algunos animales silvestres.
Es una zoonosis: puede ser trasmitida de los animales al
hombre.
En la Argentina está presente en forma endémica en un área
ubicada al norte del paralelo 31°, latitud sur y al este del
meridiano 66°, longitud oeste, que abarca las provincias de
Misiones, Corrientes, Chaco, Santiago del Estero y Formosa, y
parte de Salta, Jujuy, Tucumán, Catamarca, Córdoba y Santa Fe,
además de un área libre, ubicada al sur del mencionado paralelo y
al oeste del citado meridiano, que abarca el resto del país.
La cadena epidemiológica comienza cuando una comunidad de
vampiros sanos se contagia de rabia por mordeduras de un vampiro
de otra colonia, que incubando la enfermedad elimina virus rábico
por saliva.
En el ganado doméstico no existe transmisión horizontal del
virus rábico, debido a que éste no agrede ni se defiende mordiendo
y que se infecta porque es la principal fuente de alimentación del
vampiro, comportándose epidemiológicamente como un eslabón final.
Los brotes de rabia paresiante perduran no más de 18 meses con
períodos interepidémicos, sin la enfermedad, de por los menos 3 o
4 años.
En tanto, los vampiros viven en colonias. Estas buscan refugio
generalmente en cuevas o troncos huecos de árboles grandes, casas
abandonadas, galpones, pozos de agua o alcantarillas. Se reconocen
estos lugares por la materia fecal rojiza y muy maloliente.
Los primeros síntomas observados en los animales afectados son
inquietud, falta de apetito, tendencia a aislarse y frecuentes
vocalizaciones con un tono de voz diferente al habitual.
Luego se observa depresión, deshidratación con dificultad
postural y ambulatoria y, finalmente, la muerte.
Es importante tener presente que la rabia es una enfermedad de
denuncia obligatoria, por lo que los productores deben concurrir
de inmediato a la oficina del Servicio Nacional de Sanidad y
Calidad Agroalimentaria (Senasa) más próxima a reportar cualquier
irregularidad al respecto y denunciar los posibles refugios de
vampiros.
El veterinario, por su parte, tanto oficial como privado, debe
realizar la toma de muestra para su diagnóstico de laboratorio sin
delegar a terceros.
Se recomienda evitar el contacto con animales muertos o con
sintomatología compatible con la rabia y dar aviso inmediato a la
oficina del Senasa más cercana, a fin de intervenir
preventivamente y analizar cada situación.
Además, toda aquella persona que haya estado en contacto con un
animal positivo deberá concurrir al centro de salud más cercano,
para ser evaluado por un médico.
Todos estos aspectos llevan al Senasa a intensificar acciones
de vigilancia epidemiológica, prevención, control y cuarentena
tras las sospechas y confirmación de brotes de rabia que ocurren
cada año en localidades del norte del país.
En lo que va de este año, se confirmaron brotes en enero y
febrero a través de exámenes de laboratorio y causaron, hasta el
momento, la muerte de un total de 29 animales de la especie bovina
y equina.
Tal como marca el protocolo, una vez confirmados los casos, los
veterinarios del Senasa interdictaron los establecimientos
agropecuarios y los comprendidos en un radio de 10 kilómetros a
fin de evitar que animales enfermos o que estén incubando rabia
entren en contacto con personas, tanto en prácticas de manejo como
en la faena y consumo de los mismos.
El combate al vampiro es realizado por el Senasa y siempre por
personal altamente capacitado.
(*) Médico Veterinario del Senasa


















