Buenos Aires, 22 abril (Especial para NA, por Arturo Navarro*). 
En el actual contexto económico es muy difícil para las Pymes 
agropecuarias seguir trabajando con margen de rentabilidad, si 
tienen que adoptar tecnologías modernas para poder aumentar la 
producción por hectárea, a fin de que su empresa siga siendo 
sostenible por aumento de la productividad. 
   Los rindes de indiferencia en muchas zonas están muy cerca de 
los rindes promedios de los cultivos, incluidos la soja.
   Este panorama complica a los productores que han tenido 
graves problemas en sus cultivos y otras producciones por las 
grandes inundaciones, cuyas pérdidas todavía son muy difíciles 
determinar en cuanto a los montos, pero son realmente cuantiosas. 
   A eso le tenemos que agregar el lucro cesante de muchos campos, 
consecuencia del anegamiento hídrico, por mal manejo de las 
aguas en todos los niveles del Estado y el sector privado.
   Para afrontar los productores la próxima siembra tendrán a 
apelar, los que puedan, a tomar créditos, a tasas de mercado, 
porque en el país no hay políticas de Estado para atender los 
eventos climáticos y atenuar las pérdidas de cada caso. 
   Lo más grave es que parece que después de 16 meses de gestión 
no las vamos a tener, porque es uno de los temas que no se habla 
en el Ministerio de Agroindustria nacional ni en las provincias. 
   En cualquier país que tenga uno oportunidad de visitar, estas 
políticas se encuentran incluidas como "políticas de Estado".  
   La alta presión impositiva con impuestos distorsivos, la 
competencia desleal de una economía en negro de 40%, los altos 
costos laborales, los de logística para llegar con sus 
producciones a los mercados de consumo y la exportación, la enorme 
burocracia a nivel municipal, provincial y nacional que encarece y 
demora las gestión empresarial y la actual política cambiaria son 
algunos de los factores económicos que componen este cóctel 
insoportable que tiene el empresario argentino para trabajar y 
producir.
   Agrava dicha situación, una inflación que se resiste a bajar, 
con un dólar que, ajustado por la inflación, sería similar al 
valor que teníamos cuando asumió el presidente Mauricio Macri en 
diciembre de 2015. 
   Es decir que la inflación se consumió la devaluación, mientras 
los insumos para el sector agropecuario aumentaron por la
inflación en dólares. Hay que afrontarlos con precios de granos y 
commodities muchos más bajos.
   Por eso digo que la mejora de la competitividad después de 16 
meses de gestión es responsabilidad del Gobierno. No se arregla 
la situación del agro, especialmente de las economías extra 
pampeanas, haciendo política específica para cada sector. 
   Cuando todas las producciones tienen problemas, las soluciones 
deben ser generales, para no distorsionar más la economía 
nacional.
   Hay que asumir que este problema de falta de competitividad del 
país para poder crecer y desarrollarnos, es responsabilidad del 
actual nivel de gasto público del Estado, por lo cual se impone 
rediseñar el mismo, para que esté acorde a la capacidad 
contributiva de un sector privado, para que sea competitivo para 
exportar al mundo. 
   No tiene ningún sentido ponerse a discutir una nueva reforma 
impositiva para mantener este nivel de gasto público, porque así 
no van a invertir los argentinos y muchos menos vendrán 
inversiones extranjeras.
   La agroindustria, a pesar de ser el sector más competitivo del 
país, necesita un marco institucional más amplio y una agenda de 
políticas de Estado moderna, que le permita desplegar todas las 
capacidades emprendedoras, para mejorar las producciones en 
cantidad y calidad y colocarlas mejor en las góndolas del  
mundo sin gravosos aranceles.
   El sector demostró que con unas pocas medidas tomadas por este 
Gobierno, que permitieron destrabar la capacidades de producción y 
de comercialización en base a la libertad, la respuesta ha sido 
muy importante con una cosecha de 111 millones de toneladas en el 
ciclo 2015-2016 y previendo para el 2016-2017 unas 120 millones 
estimadas que podrá variar según la incidencia de las grandes 
lluvias e inundaciones. 
   Por eso es estratégico que la Agroindustria apoye el ingreso de 
la Argentina al grupos de países como la Alianza del Pacífico, un 
Mercosur reformulado por el libre comercio o acuerdos bilaterales 
con México o Colombia y otros, para comercializar nuestros 
productos con los menores aranceles posibles, para acceder a 
dichos mercados. 
   La agroindustria con sus transformaciones de la materia prima 
es el único sector que está en condiciones de demostrar en corto 
tiempo el rol geopolítico que tiene, arraigando a sus pobladores 
en donde viven. 
 
(*) Consultor. Ex presidente de CRA y CARBAP