Buenos Aires, 13 mayo (Especial para NA por Susana Merlo*)–
La política económica elegida por el Gobierno, y la prioridad de
"ganar las elecciones" de medio término en octubre en forma
excluyente para poder mantener la gobernabilidad dejan, sin
embargo, varios flancos muy expuestos, tal el caso de muchas
exportaciones que viene cayendo inexorablemente como en el agro.
Si bien globalmente se logró el año pasado cierto superávit
comercial vía una fuerte restricción de las importaciones (no sólo
de productos de consumo, sino también intermedios, y hasta de los
muy necesarios bienes de capital), la realidad muestra la
declinación del ingreso de divisas por dos causas fundamentales:
el debilitamiento internacional del valor de los transables y la
caída de los volúmenes de venta debido a la falta de
competitividad en la que cayeron la mayoría de los productos
argentinos.
Esto, que fue reclamado desde el principio por analistas y
observadores, se fue multiplicando a medida que transcurrían los
meses y los distintos sectores iban disminuyendo sus
posibilidades de ingresar al comercio exterior y también, de
mantener los mercados ya logrados.
Así, mientras desde el Poder Ejecutivo se destacaba la
innegable importancia de controlar la inflación, desde la otra
punta las empresas comenzaban a reducir trabajo en función,
tanto por el amesetamiento (caída para algunos) de la demanda del
mercado interno, como por la imposibilidad de competir con los
productos en el plano internacional.
La resultante, obvia, es la demora en la reactivación
económica, junto al freno relativo en la creación de puestos de
trabajo, tema mucho más notable en las pequeñas localidades donde
apenas hay un par de empresas, mayormente relacionadas con la
agroindustria y, en especial, con el rubro alimenticio.
Naturalmente, casi todos los funcionarios relacionados con el
tema fueron, y son, concientes del problema: el nuevo atraso que
se fue produciendo con el tipo de cambio después de la devaluación
inicial de diciembre de 2015, aunque esto no alcanzó para que el
Ejecutivo desistiera de la prioridad política, como objetivo
central del Gobierno hasta el próximo octubre.
Sin embargo, la creciente presión de parte de gobernadores e
intendentes que se fueron sumando a los reclamos de los sectores,
determinó algunas decisiones a modo de "parche" que, aunque
intentan ganar tiempo para pasar los próximos 6 meses con cierta
calma y atenuar en parte los daños que se van generando, en
realidad ponen de manifiesto que además del alto costo argentino,
que resta mucha competitividad a las exportaciones, el atraso en
el tipo de cambio ya es indisimulable, y la causa principal del
empeoramiento de la perfomance del comercio externo.
De hecho, algunos estiman que para que el dólar alcanzara el
nivel de 2007 debería ubicarse en los $ 25, mientras que para
alcanzar el rango de la salida de la Convertibilidad, en 2002,
ascendería a $ 36. Y si algo falta para evidenciar esta situación,
aparece el auge de los tours de compras en Chile, Miami, etc.; o
la alta demanda de vuelos internacionales, que ponen de manifiesto
que "el dólar en Argentina, está exageradamente barato".
Pero si no hay decisión de corregir este punto en lo inmediato,
y se necesita bajar el costo argentino, entonces se deberían tomar
una serie de decisiones que ya se demoraron más de un año y,
además, van a tardar 2-3 ciclos más para comenzar a ver los
primeros resultados.
En ese caso, ¿cual es la alternativa que queda para saltar los
6 meses que quedan hasta las elecciones?
La opción elegida, en voz baja y con cuentagotas para sectores
elegidos, la mayoría agroindustriales (que son los que hoy
justifican más del 70% de las divisas que ingresan por
exportaciones) fueron, directamente, los reintegros y/o los
recortes de las retenciones pendientes, lo que representa una
mejora directa del tipo de cambio.
Al girasol, por ejemplo, se le devolvieron los 3 puntos que
había de diferencial con el aceite, mientras que a los productores
de soja de las provincias del norte (incluidas en el Plan
Belgrano) se le quitaron otros 5 puntos de las retenciones (ahora
quedan en 25) por las primeras 2.000 toneladas.
Pero todos los rubros están en igual situación y los
frigoríficos que no pueden ni siquiera completar la otrora
codiciada Cuota Hilton, esperan que se cumplan los compromisos
oficiales de fines del año pasado.
Los polleros pretenden acceder al mismo estatus, lo mismo que
los molineros, y así sucesivamente.
La pregunta entonces es ¿alcanza con esta opción para evitar el
retroceso? ¿no había otras alternativas? ¿tuvo que pasar un año y
medio para que comenzaran las correcciones?
Lo concreto es que aún el sector más competitivo del país: la
agroindustria, ya casi no puede exportar si no es con ayuda de
reintegros que, para colmo, se demoran.
(*) Periodista especializada. Productora
Primicias Rurales
NA


















