Buenos Aires, 21 mayo (Especial de NA, por Nicolás Tereschuk) –
– Un trillón de dólares invertidos en 60 países donde viven dos
de cada tres habitantes del planeta Tierra: la apuesta china
comenzó a rodar esta semana pero ya divide las opiniones de
observadores y protagonistas.
Los datos de la iniciativa "Un cinturón, una ruta" (OBOR, por
sus siglas en inglés), para cuyo lanzamiento estuvo presente el
presidente Mauricio Macri, son impresionantes.
Los proyectos de infraestructura en los que invertirá China
corresponden a áreas del mundo que generan 40 por ciento del
producto global, lo que incluye a la mayoría del continente
asiático y parte de África.
Como lo destacó el economista Branko Milanovic en una nota
publicada por el diario The Guardian, no se ha visto nada
parecido en el mundo desde la implementación del Plan Marshall,
con el que Estados Unidos inyectó fondos para la reconstrucción
europea de la posguerra.
El especialista destacó que algunos analistas consideraron
que será apenas un gran derroche de dinero, pero otros vaticinan
un verdadero empuje al desarrollo en los países periféricos,
junto con un nuevo impulso a la globalización.
La situación de por sí preocupó al conjunto de editores del
diario The New York Times, sobre todo por la posición que ocupa
Estados Unidos en ese contexto.
A través de una nota publicada esta semana advirtieron que la
decisión de China de invertir más de un trillón de dólares en
"rutas, puertos, energía y otros grandes proyectos en sesenta
países" recuerda "cómo la visión e influencia de Estados Unidos
se ha encogido bajo la Presidencia de (Donald) Trump".
Los editorialistas acusaron a Trump de avanzar con una agenda
de "aislacionismo y proteccionismo" y de sembrar dudas sobre su
"competencia" para el cargo.
Y advirtieron que en ese contexto, el presiente chino, Xi
Jinping, "transmite decisión y confianza mientras trata de
rehacer el orden político y económico" atrayendo a países "a la
órbita de Beijing".
Milanovic, por su parte, se ocupó de resaltar otro aspecto de
la iniciativa china: su "filosofía", más parecida a la que tenía
lugar entre los expertos en desarrollo hace 40 años, cuando aún
no había irrumpido con fuerza el neoliberalismo condenado en el
"Consenso de Washington".
El especialista destacó que desde entonces, los países
desarrollados se han "desenganchado" del mundo en desarrollo y
han dejado de lado los proyectos de infraestructura a gran
escala.
Obras como el canal de Suez o el de Panamá, el ferrocarril
que une Berlín y Bagdad son obras del Siglo XX que en la
actualidad parecen grandes proezas, a pesar de que los países
desarrollados son aún más ricos que entonces y -teóricamente-
podrían encarar nuevas acciones de ese tipo.
El proyecto OBOR "representa un gran cambio en la filosofía
del desarrollo" ya que "desde 1980, primero con los préstamos
para ajustes estructurales y mucho más a partir de la caída del
comunismo en la década del 90, las organizaciones para el
desarrollo occidentales adoptaron una filosofía en la que ya no
se trata de construir fábricas o puentes, sino instituciones".
"Aquella era una actitud correspondiente con el clima
intelectual de la era Reagan-Thatcher. Se afirmaba que la razón
por la cual los países no se desarrollaban era porque aplicaban
las políticas incorrectas: si uno privatizaba, desregulaba,
liberalizaba precios y su tipo de cambio, los inversores
vendrían y el desarrollo ocurriría de por sí", advirtió.
Para el columnista del diario The Guardian, se trataba de una
agenda "unilateral e incompleta" y ahora el proyecto chino "nos
trae de vuelta una filosofía que primó anteriormente".
Se trata de una visión según la cual el desarrollo no ocurre
con "los precios correctos, bajando impuestos y desregulando",
sino construyendo rutas, ferrocarriles, puentes y túneles.
"OBOR propone una mirada activista del desarrollo elevada a
una escala que incluye a tres continentes", puntualizó el
comentarista.
El proyecto puede no ser tal como lo pintan, pero aún así los
editorialista del New York Times se mostraron preocupados:
"China claramente busca dominar el sistema internacional. Si
tiene éxito podría ponerle fin al sistema establecido por
Washington y sus aliados al terminar la Segunda Guerra Mundial".
La nota termina con una advertencia sombría para los
norteamericanos y Europa: "no es una exageración afirmar que si
Estados Unidos y sus aliados occidentales se vuelven hacia
adentro, Xi podría prevalecer por default".
Primicias Rurales
NA


















