Buenos Aires, 11 junio (Especial para NA por Gustavo López*)–
   Luego de una demora significativa, producto de condiciones 
climáticas desfavorables en gran parte de la región productora de 
soja, en las últimas semanas se avanzo en las tareas de 
recolección estando próximos a finalizar una cosecha que 
probablemente ronde las 57 millones de hectáreas.
   Ello no condice con las ventas de los productores, tanto 
con destino a la exportación como para la industria, tal como lo 
venimos advirtiendo desde el inicio del ciclo. 
   El total comprado por los operadores alcanzaba hacia fines de 
mayo 22 millones de toneladas que representa el 38% de la 
producción total contra el 46% a igual fecha del año anterior.
   Esta demora se ve agudizada en cuanto a la mercadería "con 
precio hecho" que a la misma época totalizaba solo 12 millones de 
toneladas, es decir el 21% de la producción total estimada versus 
el 33% del ciclo pasado.
   Si se considera al mes de abril, como el del inicio del 
año comercial 2017-2018 y se tiene en cuenta lo industrializado en 
los dos últimos meses y lo efectivamente embarcado en dicho 
periodo (8.1 millones de tonelada y 2.1 millones de toneladas 
respectivamente) la utilización de la soja de nueva cosecha supera 
las 10 millones de toneladas.
   Al comparar las 22 millones de toneladas compradas, con el uso 
total hacia fines de mayo, queda claro que los demandantes no 
tenían dificultades en cuanto a la disponibilidad de mercadería 
"física", pero si se lo relaciona con el total con precio fijado 
la brecha es mucho más estrecha.
   Ello llevó, a que los precios de esta oleaginosa, a pesar 
de los vaivenes del mercado internacional continuaran negociándose 
localmente con precios sostenidos, lo cual se tradujo en una 
fuerte reducción de los márgenes tanto para los exportadores como 
para los procesadores, en su afán por hacerse de mercadería con 
precio.
   En efecto, si bien se observó una reducción importante en 
el precio de la soja en los mercados mundiales, en gran medida 
inducida por el gran volumen de ventas que efectuaron los 
productores brasileños, como consecuencia de la devaluación del 
real, esta caída se vio atenuada localmente por la escasez de 
negocios.
   Con precios internos de la soja disponible en torno a 250 
dólares la tonelada ($ 4.000 la tonelada), que tienden a afirmarse 
a lo largo de los próximos meses y cotizaciones estancadas en todo 
el complejo, tanto del poroto a nivel mundial, como de los aceites 
y harinas, los márgenes de la exportación son fuertemente 
negativos, mientras que los de la industria son exiguos.
   Esta situación llevará a que se limiten las exportaciones 
de materia prima y se procese lo indispensable, lo cual ante la 
falta de demanda sin duda se reflejará negativamente en los 
precios, presionando así a los productores para deshacerse de su 
mercadería. 
   Veremos quien termina ganando en esta lucha, que se viene 
reiterando en los últimos años.
   (*) Director de Agritrend SA
 
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