Buenos Aires, 29 julio (Especial para NA por Héctor Medina*)–
La plaga de langostas ha sido desde siempre un problema para la
agricultura y ganadería a nivel mundial. En la parte sur del
continente americano, la especie que causa estragos es
Schistocerca cancellata, conocida como langosta sudamericana.
En nuestro país, los primeros registros de lucha contra la
langosta datan de mediados del siglo XIX, fenómeno que, como se
puede ver, se extiende hasta nuestros días en varias provincias.
Schistocerca cancellata ha representado históricamente el mayor
problema agropecuario, especialmente durante el siglo XIX y la
primera mitad del siglo XX, períodos en los cuales se registraron
grandes pérdidas económicas.
Desde 1954, luego de una década intensiva de controles que
involucraron a casi 7.000 operarios, aviones y más de 12.000
toneladas de insecticidas, la plaga entró en estado de recesión
reduciendo su área de infestación, la cual había alcanzado casi
todo el territorio argentino.
El Programa Nacional de Acridios tiene 100 años de antigüedad y
actualmente pertenece a la Dirección Nacional de Protección
Vegetal del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad y
Agroalimentaria (Senasa).
Posee como objetivo la prevención y por esto trabaja en la
vigilancia continua y sistemática de las áreas de reproducción
permanente de las langostas.
Estas acciones se enmarcan en una estrategia preventiva que
busca localizar focos de la plaga, especialmente estadios
juveniles, e instrumentar acciones de control.
El conocimiento del ciclo biológico y de las características
morfológicas de cada estadio de la plaga reviste una vital
importancia al momento de implementar las medidas de control, ya
que el mismo debe efectuarse cuando la langosta se encuentra en
estado ninfal (nombre del estado inmaduro antes de transformarse
en adulto volador).
Esa es la oportunidad para realizar aplicaciones de
insecticidas, especialmente en agrupamientos con un elevado número
de ninfas por metro cuadrado.
La particularidad de las langostas -que la diferencia de las
tucuras- es la habilidad de cambiar su comportamiento y fisiología
(color, tamaño y forma) en respuesta a cambios en la densidad
poblacional, pasando de un estado solitario a gregario y
viceversa.
Esta transformación relacionada a la capacidad de agregarse
activamente para formar mangas, sumado a su capacidad de
dispersión (puede volar hasta 150 kilómetros por día) y su
voracidad, determinan una gran amenaza para toda la actividad
agropecuaria del país.
En 2015 ocurrió una explosión demográfica sin antecedentes en
los últimos 60 años en nuestro país, destacando que la situación
de aumento poblacional de langostas en forma notoria ocurre desde
2014 en varias partes del mundo con otras especies de langostas.
Con respecto a la langosta sudamericana, la principal
hipótesis de la explosión demográfica actual se atribuye a causas
climáticas (inviernos benignos con precipitaciones mayores al
promedio en los últimos años), que permitieron que esta especie
desarrolle una tercera generación invernal.
No obstante, y gracias al trabajo del Senasa, el Ministerio de
Agroindustria de la Nación, los gobiernos provinciales y los
productores, se logró un gran éxito en el control de la plaga, no
habiéndose registrado daños significativos y relevantes en
cultivos agrícolas.
Ante el nuevo cuadro de situación que presenta este 2017, el
Senasa declaró la emergencia fitosanitaria hasta 2019, y dado que
la plaga también se encuentra en Bolivia y en Paraguay, la
Argentina trabaja con ambos estados instrumentando estrategias
comunes en el manejo de la misma.
(*) Ingeniero Agrónomo. Programa Nacional de Acridios del Senasa.
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