Buenos Aires, 14 agosto (Especial para NA, por Pablo Adreani*)-
-Se pierden u$s 2.000 millones anuales por las malezas
resistentes.
El gobierno quiere mejorar no solamente la competitividad del
sector agropecuario sino también del resto de las actividades
económicas no solamente pampeanas además extra pampeanas, las
economías regionales y de otros sectores de la producción y la
industria, tanto orientadas al mercado interno como a la
exportacion.
El productor se queja, y con razón, del elevado costo argentino
que le resta competitividad y en muchos casos hace peligrar la
rentabilidad y supervivencia de su negocio.
Sin embargo, de la tranquera para adentro existen algunos
problemas que afectan la competitividad, como es el caso de las
malezas resistentes en el cultivo de soja.
Un reciente estudio del Postgrado de Agronegocios de la
Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) dio como resultado que
18,5 millones de hectáreas tienen la presencia de dos o más
malezas que han generado resistencia a herbicidas, casi el 93% de
toda la superficie sembrada con soja.
Alrededor de la mitad de las hectáreas se encuentran en alerta
roja, el nivel de infestación del cultivo determina pérdidas de
rendimiento en la soja de hasta un 35% con un 90% de infestación.
La situación ha sido muy bien estudiada también por los
técnicos y productores de AAPRESID (Asociación de Productores
Argentinos de Siembra Directa) desarrollando un sistema de
reconocimiento de malezas resistentes conocido como REM.
Como vemos la situación es realmente muy crítica y por el
momento el gobierno no ha tomado conciencia de la real magnitud
del daño que dicha situación provoca en la economía argentina en
su conjunto y a los productores en particular.
El principal cultivo que se siembra en la Argentina y el
principal producto que genera divisas y multiplica la actividad
económica en el interior, la soja, está siendo jaqueado por un
problema tecnológico que tiene además una respuesta y solución
tecnológica.
Y no veo que este tema sea tratado como una política de Estado,
todos miran para otro lado y el principal perjudicado de esta
actitud, muy de nuestra cultura por cierto, es el productor,
quien no logra levantar su voz luego de tantos años de censura
ideológica y tecnológica.
Todos los productores del país deben tener el derecho del
acceso a todas y cada una de las nuevas tecnologías disponibles
como es el ejemplo en este caso de la soja, y para que ello sea
posible, los productores deben asumir su responsabilidad y
reconocer el pago correspondiente por la propiedad intelectual de
las nuevas tecnologías que hoy podrían estar disponibles.
Ningún productor está obligado a utilizar y a pagar por las
nuevas tecnologías, pero si lo hace tiene una obligación moral de
hacerlo.
Y las nuevas tecnologías no están disponibles por la falta de
compromiso del gobierno y de las entidades del campo, en un tema
tan importante para que nuestros productores puedan competir de
igual a igual con los farmers de Brasil y de los Estados Unidos.
Sabemos que la empresa Dow ha retirado de los trámites de
inscripción comercial a la Soja Enlist resistente al 2,D y
Monsanto ha hecho lo mismo con la Soja Extend, con resistencia al
Dicamba.
Mientras aquí seguimos discutiendo el uso propio, data de una
ley de 1973, los farmers americanos ya están utilizando las sojas
Enlist, cuyo nivel de adopción y hectáreas beneficiadas ha sido la
mayor en la historia en su primer año de lanzamiento.
En Brasil ya se están preparando para poder tener en la próxima
campaña ambas tecnologías disponibles para los productores de
soja.
Como decimos al comienzo, los factores arriba mencionados
forman parte de la estructura productiva y de costos que no pueden
ser controladas ni modificadas por los productores.
Pero hay otros factores y variables que sí pueden ser
controlados y lograr mediante su utilización una considerable baja
en los costos de producción y mejorar así la competitividad del
cultivo.
Uno de esos factores tiene relación directa con las malezas
resistentes que han ido generando resistencia a la aplicación de
ciertos herbicidas bajo el paraguas de las Sojas RR. Y el mejor
remedio para esta situación es la utilización de sojas como la
Enlist y Extend, que han demostrado en otros países la excelente
respuesta al problema que hoy nos convoca.
El costo que anualmente se pierde en la Argentina, por menores
rindes de soja y el ineficiente control de las malezas resistentes
es de u$s 1,300 millones de acuerdo a un estudio realizado por el
ingeniero Palau.
Los productores que combaten este tipo de malezas tienen a su
vez un sobre costo de 30 a 120 u$s por hectárea de acuerdo al
grado de infestación. Asumiendo el 50% del área de soja afectada,
con un sobrecosto promedio de 70 u$s por hectárea por la
utilización de herbicidas específicos para cada tipo de maleza, el
costo total anual asciende a u$s 700 millones.
Una pérdida global de u$s 2,000 millones entre el menor rinde
obtenido el mayor costo de aplicación.
Primicias Rurales
(*)Analista de Mercados


















