Buenos Aires, 4 noviembre (Especial para NA, por Gustavo López*)
— En un marco de abultada oferta mundial en la mayoría de los
commodities, con acumulación de stocks y precios relativamente
estables, se inicia el ciclo 2017-2018 con la siembra de la cosecha
gruesa en nuestro país, la cual representa más del 85% de la
producción total con un equivalente superior a las 100 millones de
toneladas.
Sin duda una de las claves de este ciclo, es la marcada variabilidad
climática a lo largo de toda la región productiva.
Mientras que las zonas más alejadas del Noroeste y Noreste
argentino soportan una pertinaz sequía; en gran parte de la región
pampeana todavía existen áreas con excesos hídricos que demoran la
siembra de los granos gruesos.
Ello se refleja en el avance de las labores. Hacia fines de octubre el
total implantado con maíz no alcanzaba el 35%, por lo cual se puede
inferir no sólo una nueva apuesta de los productores a los materiales
tardíos, sino que abre un interrogante en cuanto a la competitividad de
este forrajero con el principal cultivo del país: la soja.
En efecto, si bien hay un consenso en cuanto a un nuevo año de
expansión del maíz, producto de las ventajas en cuanto a la
eliminación de las retenciones, y la mayor productividad observada en
los últimos ciclos, como resultado de un alto nivel tecnológico (semilla,
fertilizantes, fitosanitarios etc.); y paralelamente una reducción de soja,
esta relación no está aun definida.
Esto se basa en la evolución de los precios de ambos granos, donde
se observa una mejora relativa en el caso de la oleaginosa, respecto
del maíz. Con niveles cercanos a los 270 dólares la tonelada a
cosecha, la soja, a pesar de una fuerte carga tributaria, sigue siendo
una opción muy rentable.
A lo que se suma, que los precios futuros tienden a mejorar, por
efecto de la paulatina disminución de los derechos de exportación
sobre todo el complejo (0.5% por mes) y de una demanda externa de
la materia prima y los productos de su elaboración (harina, aceite y
biocombustible), muy sostenida.
Algunas fuentes estiman una reducción del área sembrada con soja
de hasta 1 millón de hectáreas, lo cual parece excesivo en el marco de
lo descripto. Recordemos que a los menores costos de implantación
de la soja vs. el maíz, se debe adicionar el importante impacto de los
costos de transporte en este último, por efecto del mayor volumen
relativo respecto de la soja, y altos costos de comercialización
considerando el almacenaje y acondicionamiento (secado, limpieza,
etc.) de este forrajero.
No obstante se espera que en este ciclo 2017-2018 se reiteren,
clima mediante, volúmenes de relevancia, en cuanto a la producción
final granaría. Si bien pareciera difícil superar los volúmenes del ciclo
anterior, es factible que la oferta total de la campaña esté muy cerca
de los 125 a 130 millones de toneladas.
Esta oferta permitiría disponer de un saldo a exportar cercano a las
96 millones de toneladas –equivalente grano- que significa ingresos
comerciales por encima de los 29 mil millones de dólares.
Obviamente, y como lo venimos reiterando, será un nuevo año
donde se pondrá a prueba el sector de logística y movilización de
graneles, el cual continua siendo el "cuello de botella" del sistema, con
el impacto sobre los costos finales al productor, y por ende una menor
rentabilidad de la operación.
(*) Agritrend S.A.
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