Manuel Alvarado Ledesma | Economista. Analista de temas agrarios
Buenos Aires, 9 de diciembre (PR/24) .-Donald Trump, mucho más que liberal, es un verdadero mercantilista, sobre todo por su
vocación proteccionista de la competencia global.
Apenas asuma, se dispone a implementar restricciones en el sector externo, violando el acuerdo comercial con Canadá y México, además de fuertes aranceles a la entrada de bienes
chinos.
Este cuadro ha generado una presión bajista sobre los precios de la soja, pues trae el recuerdo de la guerra comercial ocurrida durante su gestión. Un verdadero déjá vu. El mercado de commodities agrícolas, a partir del ciclo 18/19, cambió y nunca más volvió a la normalidad.
Este cambió golpeó especialmente al complejo de la soja.
Hasta la declaración de la guerra comercial, EE.UU. producía 120 millones de toneladas, manteniéndose todavía como líder global. Exportaba la mitad de lo producido muy especialmente a China, por encima del 65%.
Por aquellos años, Brasil venía acercándose, con un volumen similar. Pero, luego de la guerra citada, Brasil aumenta tanto que se aproxima a un volumen de 170 millones, dejando al país del norte en una posición de liderazgo secundario.
Es increíble, pero Brasil al comienzo de este siglo ni siquiera alcanzaba un volumen de 40 millones. Hace poco más de 20 años. Tan sólo eso.
Crecimiento de la Soja Brasilera
Pero, justamente a partir de la guerra comercial es cuando crece todavía más.
Este fenomenal salto resulta tanto de la mayor superficie destinada a la oleaginosa como de la acentuada mejora de productividad, pronunciado con el aumento de la demanda china.
Con este cuadro, China ha pasado a importar soja procedente de Brasil. Su usual necesidad del exterior es 100 millones de toneladas. Quiere decir que, además de los estímulos por el lado
de la oferta, actuó la demanda china, como un fuerte incentivo sobre la producción sojera.
Por ello, Brasil consiguió mejorar su atrasada infraestructura logística dentro del marco de una política interna ausente de obstáculos al comercio exterior. Las fuertes inversiones para
incrementar la productividad se dieron, en gran parte, por la falta de derechos de exportación.
Algo que nuestro país no solo ha tenido que soportar. Y no solo eso: para anteriores gobiernos fue motivo de orgullo.
Con el propósito de tomar una idea de la cuestión, repárese en este dato: mientras el rendimiento unitario en nuestro país ha permanecido más o menos estable en lo que va de este siglo, en Brasil se ha mostrado un crecimiento próximo al 25%.
Toda política global que incremente la posibilidad de aumento en la producción brasileña es
perjudicial para la Argentina, pues Brasil tiene un techo superior al de EE.UU. Cuando este país dificulta la salida de soja a China, simultáneamente, estimula la producción de Brasil.
Competencia de la soja Brasilera
Este punto no es menor, pues la soja brasileña, por un tema de estacionalidad compite gravemente con la Argentina. He acá un regalo venenoso de la política trumpista, aunque es cierto que las primas sudamericanas tienden a crecer por el redireccionamiento de la demanda china.
En tal sentido, es posible que la Administración de Trump aplique un arancel sumamente elevado sobre una serie de productos de origen chino. De ocurrir ello, deberíamos esperar la represalia: China reestablecería aranceles para gravar las exportaciones de granos y subproductos agropecuarios de EE.UU.
Ahora bien, el impacto sería de diferente intensidad dentro del complejo sojero. No hay duda que afectará el precio de la oleaginosa, pero el golpe será distinto según el eslabón de la
cadena.
El cuadro sería favorable para el aceite, pues al afectar las importaciones de colza canadiense, habrá un mayor uso del aceite de soja estadounidense destinado a la industria del biodiésel.
También tendría otro efecto positivo para el aceite. ¿Cómo? Pues, el aceite usado de cocina importado de China, insumo clave para la producción de combustibles renovables en EE.UU., dejaría de entrar. Cerca del 55% del aceite importado es chino. Ello provocaría un mayor uso del aceite local.
Conclusiones
Claro que el pato de la boda, en tal caso, será el precio de la harina de soja en vista de la sobreproducción de la industria molinera.
Obviamente, todos estos cambios estarán supeditados a la decisión de la Agencia de Protección Ambiental, en lo que hace a la industria de biocombustibles bajo la enorme fuerza
del lobby petrolero.
Nos esperan cambios. En tal caso, corresponde seguir paso a paso el curso del tiempo.
Manuel Alvarado Ledesma | Economista. Analista de temas agrarios
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