El mar Cantábrico, con su carácter cambiante, se cuela entre acantilados y ensenadas, revelando playas escondidas que escapan de las típicas postales costeras.
Hablamos de la Playa de Cué, a solo unos minutos de Llanes, en la costa oriental asturiana. Esta pequeña cala, protegida por formaciones rocosas que emergen como esculturas naturales, es uno de esos rincones que parecen demasiado perfectos para ser reales.

Esta playa, conocida también como de Antilles o de Canales, debe su gran belleza a la geología. Los acantilados y castros que la rodean son parte del sistema kárstico típico de la región, moldeado durante millones de años por el viento y el agua, siendo el más grande y vistoso «La Islona» que está justo enfrente, con forma de meseta y un área de poco más de dos hectáreas.
La Playa de Cué es pequeña, recogida y de ambiente tranquilo, incluso en los meses más calurosos del año, cuando muchos viajeros escapan del sofocante calor del sur en busca del frescor norteño, y no se equivocan porque aquí las temperaturas son suaves gracias a la naturaleza que le rodea. Y a pesar de su gran belleza no es una playa que se distinga por estar masificada. Aunque tiene un chiringuito, es ideal para llevar algo de comida, una sombrilla y pasar el día disfrutando del entorno.
Además de bañarse en sus aguas sorprendentemente cristalinas, también se puede practicar kayak, paddle surf o explorar los alrededores a pie, con pequeñas rutas que permiten descubrir otras calas escondidas o disfrutar de las vistas desde los acantilados cercanos. Cuando la marea está baja, el paisaje cambia por completo: aparecen piscinas naturales donde los más pequeños pueden jugar y observar peces y cangrejos, como si fuese un acuario natural.


















