Dejó de ser una experiencia aislada para convertirse en una estrategia en expansión en todo el país. La ganadería regenerativa gana terreno entre productores que buscan mejorar la rentabilidad mientras recuperan la salud del suelo, fortalecen los ecosistemas y suman resiliencia frente al cambio climático.

Buenos Aires, sábado 20 diciembre (PR/25) — La ganadería regenerativa dejó de ser una experiencia aislada para consolidarse como una estrategia productiva en expansión en distintas regiones de la Argentina. Desde la Patagonia hasta la Cuenca del Salado, pasando por el sudoeste bonaerense, el NOA y zonas semiáridas del centro del país, cada vez más productores adoptan este enfoque como respuesta a un doble desafío: mejorar la rentabilidad y recuperar la salud de los ecosistemas.

Pero ¿qué es exactamente la ganadería regenerativa?

Se trata de un sistema de producción ganadera basado en la planificación adaptativa del pastoreo, el monitoreo permanente del campo y la toma de decisiones orientadas a regenerar los procesos naturales del ecosistema. Su objetivo central es mejorar la salud del suelo, aumentar la biodiversidad, optimizar el ciclo del agua y fortalecer la productividad sin depender de un uso intensivo de insumos externos.

“Es algo más que otra forma de producir en el campo: es un cambio de paradigma”, sostiene el ingeniero agrónomo Pablo Borrelli, referente nacional de este enfoque y fundador de la red Ovis 21. Según explica, la clave está en imitar el funcionamiento de la naturaleza para acumular capital biológico en los suelos y capturar carbono, logrando sistemas más eficientes, rentables y resilientes.

Borelli

Un modelo flexible, adaptado a cada región

A diferencia de los esquemas productivos tradicionales, la ganadería regenerativa no propone recetas únicas. Su aplicación se adapta a las condiciones climáticas, ambientales y sociales de cada región.

En la Patagonia, donde predominan ambientes frágiles y eventos climáticos extremos, el manejo regenerativo del pastoreo permite recuperar cobertura vegetal, mejorar la infiltración del agua y reducir la degradación del suelo.

“En campos donde se aplica este enfoque vemos más pasto, mayor estabilidad productiva y una mejor respuesta frente a sequías prolongadas”, señala Borrelli, oriundo de Río Gallegos y residente en Trevelin, Chubut.

En el sudoeste bonaerense, una zona de transición entre la Pampa Húmeda y ambientes semiáridos, esta estrategia aparece como una alternativa frente al avance de una agricultura de alto riesgo. Técnicos y productores destacan su capacidad para recomponer suelos erosionados y para integrarse en esquemas mixtos con menor dependencia de agroquímicos y fertilizantes.

Más al norte, en regiones como la Cuenca del Salado, el centro de Santa Fe, Entre Ríos y sectores del NOA, la ganadería regenerativa permite mejorar la eficiencia del uso del pasto y aumentar la carga animal sin deteriorar los recursos.

En muchos casos, los productores logran incrementos del 20% al 100% en el número de animales, gracias a una mayor producción forrajera y a una mejor distribución del pastoreo.

Planificación, monitoreo y acompañamiento técnico

El eje operativo del sistema es la planificación del pastoreo, que se revisa periódicamente en función de la evolución del campo, las lluvias y la respuesta de la vegetación. A esto se suma un monitoreo ambiental sistemático que permite evaluar si el suelo, la cobertura vegetal y la biodiversidad están mejorando con el tiempo.

“Si el campo no mejora, se revisan las decisiones y se ajusta el manejo. No hay recetas fijas”, explican desde las redes técnicas que acompañan estos procesos.

El rol del productor es central: el conocimiento local y la experiencia cotidiana se integran a la planificación, lo que fortalece la adopción y la continuidad del sistema.

El carbono como nuevo incentivo económico

Uno de los factores que está acelerando la expansión de la ganadería regenerativa es el desarrollo del mercado de créditos de carbono. Al mejorar los procesos biológicos del suelo, estos sistemas pueden capturar carbono atmosférico y generar créditos verificables y comercializables.

“Las grandes empresas del mundo asumieron compromisos de carbono neutralidad y necesitan compensar emisiones que no pueden eliminar”, explica Borrelli. En ese contexto, la Argentina y otros países de Sudamérica cuentan con ventajas comparativas para convertirse en proveedores de créditos de carbono de alta calidad.

Programas regionales ya trabajan con productores de distintas provincias y se espera que los primeros comiencen a percibir ingresos adicionales por este concepto en el corto plazo. Se trata de una retribución que no compite con la producción ganadera, sino que la complementa.

Más resiliencia y menos conflictos

Desde el punto de vista productivo, la ganadería regenerativa contribuye a sistemas más estables frente a la variabilidad climática y a los vaivenes de los precios. Al mejorar la base forrajera y reducir costos, los productores dependen menos de compras externas y están mejor preparados para atravesar períodos adversos.

Además, al permitir una mayor productividad por hectárea, este enfoque puede ayudar a recomponer los stocks ganaderos sin expandir la frontera agropecuaria, reduciendo tensiones ambientales y sociales.

Un cambio cultural en marcha

Quienes impulsan la ganadería regenerativa coinciden en que el principal desafío no es técnico, sino cultural. Romper con prácticas arraigadas durante décadas requiere tiempo, capacitación y resultados visibles.

Sin embargo, la experiencia muestra que, una vez que los productores observan mejoras concretas en sus campos, el cambio se sostiene.

El recambio generacional también juega a favor. Productores jóvenes, más atentos a las demandas ambientales y al bienestar animal, encuentran en este enfoque una forma de producir alineada con los nuevos mercados y con una visión de largo plazo.

Un modelo con proyección federal

La ganadería regenerativa avanza en la Argentina como una respuesta integral a los desafíos productivos, ambientales y económicos del sector. Su crecimiento, impulsado por la necesidad de sistemas más resilientes y por el mercado de carbono, sugiere que ya no se trata de una tendencia marginal, sino de una alternativa con proyección federal.

“Regenerar no es volver atrás”, resume Borrelli. “Es producir mejor, con más información, más conciencia y pensando en el futuro”.

Primicias Rurales / IA: Matilde Fierro

Fuente: La Nueva