Tras casi un año de suspensión y sucesivas modificaciones, el 1° de enero de 2026 marcará un punto de inflexión para la ganadería argentina: comenzará a regir de manera obligatoria el sistema de identificación electrónica bovina, impulsado por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa). La medida busca fortalecer la trazabilidad, mejorar el control sanitario y responder a exigencias crecientes de los mercados internacionales, aunque también abre un período de adaptación para productores y operadores del sistema.

Buenos Aires, domingo 21 de diciembre (PR/25) .- El nuevo esquema se sustenta en dos resoluciones clave: la 530/2025, que definió los dispositivos de identificación habilitados, y la 841/2025, que estableció la implementación obligatoria del sistema.

Desde diciembre pasado dejó de fabricarse la tradicional caravana alfanumérica con CUIG, dando paso a la caravana electrónica numérica con chip, que será el estándar oficial.

A quiénes alcanza y cómo será la transición

Según la normativa, todo ternero nacido en 2025 que se movilice y esté destetado deberá contar con identificación electrónica a partir de enero de 2026. No obstante, desde el Senasa reconocen que 2026 será un año de transición, durante el cual convivirán animales con identificación electrónica y alfanumérica.

“El objetivo es que el sistema funcione y se consolide, entendiendo que en este cambio cultural va a haber errores”, señalaron fuentes del organismo. En ese sentido, anticiparon que no habrá sanciones durante la etapa de adaptación y que se contemplarán flexibilidades operativas, como el cierre parcial de Documentos de Tránsito Electrónico (DTe) cuando haya rodeos mixtos.

Lectura en destino y menos carga para el productor

Uno de los cambios centrales del rediseño del sistema fue evitar que los 240.000 productores ganaderos del país tengan que comprar lectores electrónicos. Por eso, se definió que la lectura de las caravanas se haga en destino, quedando la obligación en manos de quienes cierran el DTe: ferias, consignatarios, feedlots, invernadores, frigoríficos y el Mercado Agroganadero (MAG).

“El único que tiene que leer es el que cierra el DTe”, explicaron desde el Senasa. Para el productor, la compra del lector será optativa, al igual que la lectura en el campo. La lógica oficial es concentrar la exigencia en los actores con mayor capacidad operativa y volumen de animales.

La carga de datos podrá realizarse por autogestión a través de la app del Senasa, desde una computadora o de manera presencial en oficinas sanitarias, para aquellos productores con dificultades de conectividad o menor familiaridad con herramientas digitales.

Costos, competencia y una posible baja de precios

Hoy, el costo de la caravana electrónica ronda los US$2 por unidad, un valor que generó preocupación en el sector productivo. Sin embargo, desde la industria proveedora anticipan que ese precio tenderá a bajar de forma significativa.

“Se viene una verdadera guerra de precios”, afirmó Marcelo Lizziero, de la empresa Datamars. Según explicó, el nuevo esquema habilita la participación de todas las compañías que cuenten con dispositivos certificados bajo estándares ICAR, lo que ampliará la oferta y aumentará la competencia. “Todos van a querer sostener su mercado, y eso va a empujar los valores hacia abajo”, señaló.

Además, los estándares internacionales exigidos reducen notablemente uno de los principales temores de los productores: la pérdida de caravanas. “No es lo mismo perder un 20% que un 2 o 3%”, remarcó Lizziero, especialmente en referencia a campos de monte o zonas extensivas.

Trazabilidad, sanidad y mercados

Desde el Senasa destacan que la identificación electrónica no solo cumple con requisitos comerciales, sino que también aporta herramientas clave para la gestión productiva y la sanidad animal. “Ante una emergencia sanitaria, la rapidez de rastreo epidemiológico que permite este sistema nos da mucha más robustez”, subrayaron fuentes oficiales.

El nuevo esquema también se alinea con exigencias internacionales, como las vinculadas a trazabilidad, sostenibilidad y control de origen, cada vez más presentes en mercados de alto valor, especialmente en la Unión Europea y Asia.

La mirada del sector rural

Desde Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) reiteraron que la entidad siempre consideró que el sistema es “muy bueno”, aunque mantuvieron su postura inicial de que debería haber sido voluntario. Su presidente, Carlos Castagnani, valoró la flexibilización y el trabajo territorial del Senasa, pero pidió paciencia.

“Habrá productores que necesiten más tiempo, sobre todo los más pequeños. Es clave que haya flexibilidad para quienes les cueste más incorporar este sistema”, sostuvo.

Con el inicio de 2026 cada vez más cerca, la trazabilidad electrónica deja de ser un proyecto para convertirse en una realidad. El desafío será lograr que la implementación sea gradual, accesible y eficiente, sin perder de vista el objetivo central: una ganadería más integrada, transparente y competitiva.

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Fuente : IA / La Nación , Clarín