El glaciar Thwaites, en la Antártida Occidental, muestra un acelerado proceso de fractura interna que debilita su estabilidad estructural. Un nuevo estudio internacional advierte que la pérdida de su plataforma de hielo podría desencadenar un aumento significativo del nivel del mar a escala global.
Buenos Aires, martes 23 diciembre (PR/25) — Conocido popularmente como el “Glaciar del Juicio Final”, el glaciar Thwaites, ubicado en la Antártida Occidental, es uno de los sistemas de hielo más inestables del planeta y una pieza clave para comprender el futuro del nivel del mar.
Su evolución preocupa a la comunidad científica desde hace años, pero un nuevo análisis detallado sugiere que su colapso total podría ser sólo cuestión de tiempo.
El glaciar, que drena una enorme porción de la capa de hielo antártica, contiene suficiente masa como para elevar el nivel global del mar en unos 65 centímetros si se desintegrara por completo. Además, su colapso podría desestabilizar glaciares vecinos, amplificando el impacto.
Un glaciar sostenido por un equilibrio cada vez más frágil
La plataforma de hielo oriental del Thwaites se mantiene parcialmente estable gracias a un punto de anclaje natural: una cresta del fondo oceánico ubicada en su extremo norte. Sin embargo, durante las últimas dos décadas, ese delicado equilibrio comenzó a romperse.
Un nuevo estudio de la Colaboración Internacional del Glaciar Thwaites (ITGC), liderado por investigadores del Centro de Observación de la Tierra y Ciencias de la Universidad de Manitoba (Canadá), analizó imágenes satelitales y datos geodésicos recolectados entre 2002 y 2022. El trabajo reconstruyó con gran precisión la evolución de las grietas internas que debilitan progresivamente la plataforma.
Grietas que se multiplican y aceleran el flujo de hielo
El análisis mostró que la longitud total de las grietas pasó de unos 165 kilómetros en 2002 a más de 336 kilómetros en 2021. Al mismo tiempo, la longitud promedio de cada fisura se redujo de 3,2 km a 1,5 km, lo que indica una proliferación de grietas más pequeñas pero mucho más numerosas.
Los científicos identificaron cuatro fases temporales en el proceso de deterioro, con un patrón claro de crecimiento en dos etapas:
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Primera etapa: aparición de grietas largas alineadas con el flujo del hielo, algunas de más de 8 kilómetros de extensión, que atravesaban toda la plataforma.
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Segunda etapa: surgimiento masivo de grietas cortas, de menos de 2 kilómetros, dispuestas de forma transversal, duplicando la longitud total de las fracturas.
Este cambio refleja una alteración profunda del estado de tensión de la plataforma de hielo y marca un punto de inflexión en su estabilidad.
El punto de anclaje pasó de sostén a amenaza
Entre 2002 y 2006, la plataforma se aceleró al ser arrastrada por corrientes rápidas, lo que generó inicialmente una tensión de compresión que ayudó a estabilizar el punto de anclaje. Sin embargo, a partir de 2007, la zona de cizallamiento entre la plataforma y la lengua de hielo occidental colapsó.
Desde entonces, la tensión se concentró alrededor del anclaje, favoreciendo la formación de grietas cada vez más grandes. Para 2017, muchas de estas fisuras ya atravesaban completamente la plataforma, rompiendo la conexión estructural con la dorsal submarina que la sostenía.
Según los investigadores, el punto de anclaje dejó de actuar como un freno y se convirtió en un factor desestabilizador, acelerando el flujo de hielo hacia el interior del océano.
Un peligroso ciclo de retroalimentación
Uno de los hallazgos más alarmantes del estudio es la confirmación de un bucle de retroalimentación:
las grietas aceleran el flujo del hielo, y ese aumento de velocidad genera nuevas grietas, profundizando el daño estructural.
Este fenómeno fue registrado con precisión gracias a dispositivos GPS instalados sobre la plataforma entre 2020 y 2022, que detectaron cómo los cambios estructurales se propagaban aguas arriba a una velocidad de hasta 55 kilómetros por año.
Durante el invierno antártico de 2020, las tasas de deformación por cizallamiento aumentaron de forma abrupta, en paralelo con el crecimiento del área dañada y la longitud total de las grietas.
Una advertencia para toda la Antártida Occidental
El glaciar Thwaites se asienta sobre un lecho de pendiente inversa, donde el fondo oceánico se profundiza hacia el interior del continente. En este tipo de sistemas, una vez iniciado el retroceso, el proceso tiende a volverse irreversible.
Modelos numéricos previos estiman que, en este escenario, la línea de apoyo del glaciar podría retroceder a un ritmo cercano a un kilómetro por año durante las próximas cuatro décadas, contribuyendo de manera sostenida al aumento del nivel del mar.
Los científicos advierten que los patrones observados en Thwaites podrían repetirse en otras plataformas de hielo antárticas. Un antecedente histórico es el colapso de la plataforma de hielo Wadi, en la Península Antártica, donde un punto de estabilización inicial terminó convirtiéndose en el origen de su desintegración.
Un futuro cada vez más incierto
Los resultados del estudio aportan información clave para mejorar los modelos de predicción climática y comprender cómo podrían responder otros glaciares ante el calentamiento global. Por ahora, la evidencia indica que el debilitamiento del glaciar Thwaites continuará acelerándose, con consecuencias potencialmente severas para las zonas costeras de todo el mundo.
El “Glaciar del Juicio Final” no colapsará de un día para otro, pero la ciencia advierte que el proceso ya está en marcha —y que el margen de maniobra para evitar sus efectos se reduce año tras año—.
Colapso del bucle de retroalimentación
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es la existencia de un ciclo de retroalimentación: las grietas aceleran el flujo de hielo, y a su vez, ese aumento de velocidad genera nuevas grietas. Este proceso quedó claramente registrado por los dispositivos GPS que el equipo desplegó sobre la plataforma entre 2020 y 2022.
Durante el invierno de 2020, la propagación ascendente de los cambios estructurales en la zona de cizallamiento se detectó con especial claridad. Estos cambios avanzaron a una velocidad aproximada de 55 kilómetros por año dentro de la plataforma, lo que demuestra que el colapso estructural en la zona de cizallamiento afecta directamente al flujo de hielo aguas arriba.
El estado de tensión en el centro de la plataforma de hielo también cambió de forma significativa. Entre 2002 y 2006, el hielo se encontraba en un estado de tensión extensiva, estirándose en la dirección del flujo. Posteriormente, pasó a un estado de tensión compresiva y, desde 2020, volvió a un estado extensivo. Mientras tanto, la zona situada justo aguas arriba del punto de anclaje pasó de un estado inicial de compresión a uno de extensión en los últimos años, lo que refuerza la idea de que la plataforma ha perdido su conexión con el punto de anclaje.
La acumulación de daños estructurales en la plataforma de hielo genera tensiones cada vez más concentradas, lo que acelera el flujo de hielo aguas arriba y refuerza el ciclo de retroalimentación que podría desencadenar el colapso completo de la plataforma.
Una señal de advertencia para otras plataformas de hielo
Los investigadores advierten que los patrones de deterioro observados en este estudio podrían aplicarse a otras plataformas de hielo que atraviesan procesos de debilitamiento similares. Un ejemplo histórico es el de la plataforma de hielo Wadi, en el oeste de la Península Antártica, donde en la década de 1970 un abultamiento del hielo estabilizó inicialmente la plataforma, pero más tarde se convirtió en el punto de inicio de las grietas que condujeron a su desintegración.
Dado que el glaciar Thwaites se asienta sobre un lecho de pendiente inversa, donde el fondo oceánico se profundiza tierra adentro, una vez iniciado el retroceso es probable que avance hacia un colapso irreversible. La masa total del glaciar es suficiente para elevar el nivel del mar en unos 65 centímetros, y modelos numéricos previos estiman que la línea de base de la capa de hielo y la plataforma retrocederán a un ritmo cercano a 1 kilómetro por año durante los próximos 40 años.
Estos resultados ayudan a comprender el futuro de otras plataformas de hielo en la Antártida y proporcionan datos clave para validar los modelos numéricos de colapso. Por ahora, todo apunta a que el debilitamiento de la plataforma de hielo del glaciar Thwaites seguirá acelerándose.
Fuente: IA / es.wired. Artículo originalmente publicado en WIRED Japón. Adaptado por Alondra Flores.
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