En la reserva Margay, a los pies de la biosfera Yabotí, trabajan para restaurar la flora nativa y reintroducir fauna amenazada.
Margay es un área protegida de 65 hectáreas, de gestión privada, inmersa en el área de amortiguación de la Reserva de Biosfera Yabotí. Aquí se protegen 253.000 hectáreas de uno de los últimos remanentes continuos de selva paranaense del planeta. Es un lugar especial, donde la naturaleza emerge y el hombre es un invitado más.
La reserva se ubica a 40 km de El Soberbio, asentamiento próximo y base también para conocer los famosos Saltos de Moconá. Está a 290 kilómetros de Iguazú. La reserva invita al descanso, al turismo educativo, pero sobre todo a concientizar sobre lo frágil que es la región del noreste argentino. Ofrece un lodge con cuatro cabañas inmersas en la selva sobre la ribera del arroyo paraíso. Sobre un deck de madera con vista al arroyo se puede desayunar o merendar contemplando los sonidos de la selva. En materia culinaria, la gastronomía regenerativa se distingue por su elaboración fresca, orgánica y sentido misionero.

Senderos y kayak
En cuanto a las actividades, se puede caminar por senderos autoguiados y otros acompañados de un guía profesional para adentrarse en la selva paranaense donde habitan vastas aves, mamíferos e insectos. Los guías, como Emanuel, poseen un amplio conocimiento haciendo del paseo una clase de biología y geografía a cielo abierto.
En los caminos se repasan las especies de plantas y animales que habitan en el monte. Como alternativa, se puede ir en kayak por el arroyo Paraíso y así disfrutar de la fauna próxima a la biosfera Yabotí
. En las noches se enciende el fogón para conversar sobre la influencia y creencias de la cultura guaraní mientras se cocinan unos pescados en hojas de bananos.
Además, se puede visitar el vivero, un espacio ideal para adentrarse en el universo de la flora misionera y los programas vigentes que buscan protegerla.

Siguiendo al guía, Emanuel, en el recorrido por el vivero Kawsay se descubre su laboratorio de regeneración. Aquí se producen entre 100.000 y 200.000 plantines de especies nativas al año y germoplasma para restauración ecológica y arbolado urbano. El vivero pregona la restauración de ecosistemas degradados, la recuperación de biodiversidad y la mejora de calidad en la salud de las ciudades.
En los senderos rojizos se descubre el proyecto Refundar, un programa de cría en cautiverio y reintroducción de dos especies de roedores nativas amenazadas por la caza: la paca y el agito.
Más adelante, el guía, presenta el proyecto M2 x Naturaleza, que invita a restaurar metros cuadrados de selva paranaense degradados por el hombre por la extracción de madera nativa, el monocultivo del tabaco o yerba mate y los incendios. Así se pasan los días en la reserva entre ocio, contemplación y concientización.
La reserva es un destino oculto de Misiones como tantos otros. Además, se puede visitar los Saltos de Moconá, una falla geológica única en el mundo que produce una cascada de más de 900 metros de longitud transversal al río Uruguay.
Hacia el centro de la provincia se encuentra El Parque Provincial Salto Encantado, aquí se puede caminar en silencio mientras se aprecia la delicadeza de la selva Paranaense.
Se aconseja ir en febrero/marzo, la temperatura es agradable y se puede complementar con otras actividades.
La estada recomendada es de dos o tres días. Llevar muda para el agua, abrigo para la noche, protector solar, anteojos, repelente de mosquitos, sombrero, zapatos de trekking, pantalón largo y camisa de trekking manga larga.







