Vitral del Dr. José Gregorio Hernández en el Santuario del Niño Jesús. Isnotú, Trujillo, Venezuela.

El médico Gregorio Hernández era hombre de ciencia. El venezolano era un laico enamorado de Dios y la Inmaculada. Por ello, rezaba cada día el rosario y el oficio de la Virgen María, fruto de una fe que nació con su madre en un hogar entregado a la voluntad divina

España, viernes 26 diciembre (PR/25) — San Gregorio Hernández es llamado con cariño el “Médico de los pobres” por su noble empeño en mejorar la salud de las personas vulnerables. Y se le reconoce como un científico prominente que dejó un rico legado.

Lo que no se dice con frecuencia, es que José Gregorio Hernández era increíblemente mariano.

El santo era un católico practicante. Dan fe de ellos los miles de testimonios escudriñados con rigor antes y durante el complejo proceso de beatificación y canonización que lo llevó a los altares.

José Gregorio Hernández fue canonizado el 19 de octubre de 2025 durante una solemne celebración en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano.

La ceremonia fue presidida por el Papa León XIV, quien proclamó oficialmente santo al médico venezolano, reconocido universalmente como el “Médico de los pobres”.

En esa misma Misa de canonización, también fue elevada a los altares Carmen Elena Rendiles Martínez, convirtiéndose ambos en los primeros santos de Venezuela, un hecho histórico para la Iglesia y para el país caribeño.

La canonización de José Gregorio Hernández fue posible luego de que el Papa Francisco autorizara el proceso definitivo el 25 de febrero de 2025, tras la aprobación del milagro atribuido a su intercesión.

José Gregorio estaba convencido de su vocación. Y la suya no era una idea pasajera, por lo que intentó repetidas veces ingresar a la vida religiosa. Pero no pudiendo hacerlo, decidió responder a la llamada divina a través de los talentos recibidos y cultivados para la medicina.

A José Gregorio Hernández se lo llama “el santo de los pobres” porque dedicó su vida profesional y espiritual al servicio gratuito y desinteresado de las personas más humildes, especialmente de los enfermos que no tenían recursos para pagar atención médica.

Como médico, atendía sin cobrar a quienes no podían hacerlo, compraba medicamentos con su propio dinero y, en muchos casos, los dejaba en la puerta de las casas de los pacientes para no humillarlos.

Su consulta se convirtió en un verdadero refugio para los más necesitados de Caracas, donde ejercía la medicina con una profunda sensibilidad humana y cristiana, viendo en cada enfermo el rostro de Cristo.

La profunda vocación mariana del santo se evidencia en sus escritos, en sus diarios y en los testimonios jurados recolectados durante su causa de canonización. Textos documentados por la Academia Nacional de la Historia y por la Postulación.

Sin embargo, aunque no existiera constancia en texto de ello, aún su condición mariana quedaría patente y manifiesta en la praxis. Pues su vida incluía la oración diaria, un notable amor por el santo rosario y su pertenencia a cofradías marianas legalmente constituidas.

Aleteia hace un repaso histórico a los múltiples hechos documentados que sustentan la profunda devoción de san José Gregorio Hernández Cisneros a la santísima Virgen María.

 

 

Los analizaremos de forma detallada en los siguientes elementos:

1Consagración en la Cartuja

Durante su primer intento de vida monástica en la Cartuja de Farneta (Italia), José Gregorio adoptó el nombre de Hermano Marcelo.

Pues, resulta que el reglamento de la Orden de los Cartujos es estrictamente mariano. De hecho, el ingreso representa el acto de entrega más radical a una vida de oración bajo el patrocinio de la Virgen María.

Además, las cartas enviadas a su familia desde Lucca revelan algo profundamente conmovedor de su camino espiritual. Su búsqueda se apoya continuamente en la intercesión mariana, un pilar crucial de la espiritualidad cartujana.

2La Orden Franciscana Seglar

José Gregorio Hernández fue miembro activo de la Venerable Orden Tercera de San Francisco, conocida en la actualidad como la Orden Franciscana Seglar. Concretamente, perteneció a esta orden en la Iglesia de Nuestra Señora de la Mercedes, en Caracas.

Esta regla exige una devoción especial a la Inmaculada Concepción. Y él solía participar en cada festividad y culto mariano organizado por sus hermanos. Más aún, se afirma que los realizaba con la misma disciplina y rigurosidad que mostraba en sus labores científicas.

3Devoción a la Inmaculada

Testimonios acreditados en la Positio, como se le llama formalmente al expediente oficial de su canonización, sostienen que José Gregorio vivía bajo un voto de castidad privada. Tal entrega la habría ofrecido inspirado por la excepcional pureza de la Virgen María.

4La Virgen de las Mercedes

José Gregorio recibió el sacramento de la confirmación en el templo Las Mercedes, de Caracas, adonde acudía con frecuencia a misa, reconciliación y comunión. Según los documentos parroquiales, era un devoto asiduo.

Su profundo respeto y amor por los sacramentos se lee con ternura en una “confesión” a su hermana Isolina Hernández, fechada en 1908 durante su estancia en la Cartuja de Lucca (Italia): “Cada día aplico mi comunión, las misas, el oficio divino, el de la Santísima Virgen”.

Otro elemento destacado en su vida mariana es que, de hecho, antes de iniciar sus clases en la Universidad Central de Venezuela (UCV) se detenía en el templo católico para elevar una oración a Dios y encomendar sus labores académicas a la intercesión de la Virgen.

5Registro en su obra escrita

Su obra filosófica y personal tiene la particularidad de que, más allá del carácter intelectual, muestra una visión del mundo donde la fe y la razón convergen siempre en armonía.

Mientras sus textos médicos son técnicos, su correspondencia personal deja ver con claridad que José Gregorio Hernández atribuía su éxito académico en París (Francia) y Berlín (Alemania) a la intercesión divina.

Por ello, es común encontrar referencias directas en las que menciona la protección de la “Santísima Virgen” cada vez que se refiere a su salud y bienestar en el extranjero.

6Un científico excepcional

En el plano de la salud, José Gregorio introdujo la fisiología experimental que buscaba causas biológicas en el laboratorio. Su proeza fue modernizar la región con el perfeccionamiento de los conocimientos adquiridos en Europa, tal como hizo tras sus avances en la escuela fundada por Claude Bernard en Francia.

Fue pionero en microbiología, bebió en la escuela de Louis Pasteur, actuó como un puente excepcional para la transferencia de conocimiento científico tras laborar con mentes brillantes como las del Premio Nobel Charles Richet.

Fundó las cátedras de Histología, Bacteriología y Fisiología.

Estableció en América Latina protocolos de laboratorio con base en los estándares internacionales de Francia y Alemania.

Dio un impulso único a la profesionalización de la medicina en todo el continente. Y todo esto se tradujo en la salvación de un mayor número de vidas humanas.

7Siempre se abrazó al rosario

José Gregorio Hernández fue un científico de vanguardia con un legado excepcional, ¡un médico brillante! Pero, supo armonizar los aportes de la ciencia con la belleza de la fe. Muestra de ello es que nunca se separó de su rosario.

Jamás olvidó que aprendió a rezarle a la Virgen María en compañía de su mamá, doña Josefa Antonia Cisneros Mansilla, en su casa en Isnotú, como acreditan abundantes fuentes biográficas. Intelectuales como Francisco Canónico y Miguel Yáber mencionan que ella fue su primera catequista mariana.

El santo venezolano mantuvo viva esa práctica, que no dejó ni siquiera durante sus estudios en Europa, o en medio de su agitada agenda científica en Caracas. Su devoción a la Virgen fue tal, que en su testamento espiritual y en su vida diaria, la Inmaculada Concepción era una guía absoluta.

 

 

Ojalá que como él, podamos también nosotros decir la linda frase que repetía con cariño dirigiéndose a la Madre de Dios:

“¡Qué hermosa es la Virgen! Yo no sé cómo hay quien no la ame… Ella es la que nos guía, la que nos protege y la que nos lleva a Jesús”.

 

 

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Fuente: Aleteia