Angelo Stagnaro, de The National Catholic Register, contó las 188 palabras registradas que María pronunció en siete pasajes de las Sagradas Escrituras.

 

España, lunes 29 diciembre (PR/25) — María, nuestra Señora, tiene 188 palabras registradas en las Escrituras. Ella no se explicó ni se defendió porque la Verdad crecía dentro de ella

Si buscamos un ejemplo sin pecado de cómo responder a las muchas dificultades de la vida, recurramos a Nuestra Señora. Cuando el ángel Gabriel saluda a María en el libro de Lucas, no la saluda por su nombre. La llama «Kecharitomene», que es un término griego en tiempo perfecto que significa «Tú, que has sido perfeccionada por la gracia… y sigues siéndolo».
No «parcialmente agraciada», ni «muy favorecida», sino completamente llena de la gracia de Dios:

«Salve, llena de gracia…» (Lc 1,28)

Angelo Stagnaro, de The National Catholic Register, contó las 188 palabras registradas que María pronunció en siete pasajes de las Sagradas Escrituras.

1Lucas 1, 34

En la Anunciación, María le dijo al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no tengo marido?».

(9 palabras con las que formuló una pregunta).

2Lucas 1, 38

«He aquí la esclava del Señor», dijo María, nuevamente en la Anunciación. Hágase en mí según tu palabra». Y el ángel la dejó.

(17 palabras en las que ella consintió en ser la Madre de Nuestro Señor).

3Lucas 1, 40

En la Visitación, María saludó a su prima Santa Isabel, pero sus palabras no quedaron registradas.

(0 palabras)

4Lucas 1, 46

El Magnificat:

«Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humildad de su sierva. Porque he aquí que desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque el Poderoso ha hecho grandes cosas por mí, y santo es su nombre. Y su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que le temen. Ha desplegado la fuerza de su brazo, ha dispersado a los soberbios en el pensamiento de sus corazones, ha derribado a los poderosos de sus tronos y exaltado a los humildes; ha colmado de bienes a los hambrientos y a los ricos los ha despedido vacíos. Ha socorrido a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia para siempre».

(135 palabras en las que glorificó a Dios y celebró humildemente su papel en la historia de la salvación).

5Lucas 2, 48

Los padres de nuestro Señor se quedaron atónitos cuando lo vieron en el Templo, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira, tu padre y yo te hemos estado buscando con ansiedad».

(18 palabras en las que ella hizo una pregunta y expresó honestamente su frustración sin quejarse).

6Juan 2, 3

Cuando se acabó el vino en Caná, la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino».

(Cuatro palabras con las que acudió a Nuestro Señor con un problema).

7Juan 2, 5

De nuevo en Caná, la madre de Jesús dijo a los sirvientes: «Hagan lo que él les diga».

(Cinco palabras con las que nos remite a su Hijo).

Lo que ella no dijo

En estas fiestas navideñas, lo que llama la atención de estas 188 palabras pronunciadas por Nuestra Señora en las Escrituras es una reflexión sobre lo que no dijo.

Nunca se quejó. Nunca se explicó ni se defendió. No se enfadó con Gabriel, como sin duda habría hecho cualquiera en su lugar, poniéndose roja como un tomate y balbuceando algo como: «¿No sabes que me pueden lapidar por estar embarazada fuera del matrimonio?».

En cambio, María «guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc 2,19).

En momentos difíciles, tendemos a dar demasiadas explicaciones y a defendernos. Pero Nuestra Señora nunca hizo esto, aunque tenía buenas razones para ello. Nunca acudió a San José ni a nadie más para rogarles que comprendieran su virginidad perpetua. No se dedicó a ensalzarse a sí misma, proclamando su inocencia y contando lo que le había dicho el ángel.

Cuando saludó a su prima Isabel, sus palabras exactas no quedaron registradas, por lo que se puede afirmar con seguridad que no dijo gran cosa.

Más bien, Nuestra Señora apenas dijo nada en las Escrituras y quizá también en la vida real. No tenía necesidad de hacerlo. Llevaba la Verdad dentro de sí y, con el tiempo, esta Verdad se revelaría.

Después, con permisión de Dios, se apareció y habló en diferentes lugares como Lourdes, Francia; Fátima, Portugal y da mensajes al mundo desde hace más de 40 años desde la aldea croata Medjugorje, en Bosnia -Herzegovina.

 

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Fuente: Aleteia