Buenos Aires, viernes 2 enero (PR/26) — La Memoria de los Santos Basilio Magno y Gregorio Nacianceno, Obispos y Doctores, se celebra el 2 de enero como una fecha dedicada a dos grandes amigos y teólogos del siglo IV, pilares de la fe católica y ortodoxa.
Conocidos como los Padres Capadocios, que defendieron la Trinidad y la divinidad del Espíritu Santo, fundaron el monaquismo oriental y destacaron por su sabiduría, oratoria y caridad, siendo esenciales en la lucha contra la herejía arriana y la unidad de la Iglesia. 
¿Quiénes fueron?
  • San Basilio Magno (330-379): Obispo de Cesarea, fundador del monaquismo oriental, educador y defensor de la fe; apodado «Magno» por su sabiduría.
  • San Gregorio Nacianceno (c. 329-390): Arzobispo de Constantinopla, llamado «El Teólogo» por sus escritos sobre la Trinidad, gran orador y filósofo. 
Su Amistad y Legado:
Amigos de la infancia: Se conocieron en Cesarea y fortalecieron su amistad en Atenas, ambos de familias piadosas.
  • Defensores de la Trinidad: Jugaron un papel crucial en el Concilio de Constantinopla, estableciendo la divinidad del Espíritu Santo.
  • Padres Capadocios: Junto con San Gregorio de Nisa (hermano de Basilio), son conocidos como los Padres Capadocios, figuras clave en la patrística oriental.
  • Fundadores del Monaquismo: Basilio estableció las bases de la vida monástica oriental, enfatizando la oración, el trabajo y la caridad.
  • Obras y Oratoria: Gregorio es famoso por sus Cinco Discursos Teológicos, mientras que Basilio es reconocido por sus escritos y la creación de las «Basiliades» (hospitales y asilos). 
En la Liturgia:
  • Memoria Obligatoria: Su memoria es una fiesta litúrgica importante, celebrada el 2 de enero en el calendario católico, recordando su vida y enseñanzas.
  • Textos: Las lecturas bíblicas se centran en la negación del Anticristo y la relación entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. 
En Resumen: Son dos gigantes de la Iglesia, recordados por su profunda amistad, su defensa inquebrantable de la ortodoxia trinitaria y sus contribuciones invaluables a la vida espiritual y doctrinal del cristianismo. 

San Basilio se consagró al servicio como Arzobispo de Cesarea, Doctor de la Iglesia y Patriarca de los Monjes de Oriente. Nació en Cesarea, la capital de Capadocia, en el año 329. Entre sus nueve hermanos figuraron : San Gregorio de Nissa, Santa Macrina la joven y San Pedro de Sevaste. Su padre era San Basilio el viejo, y su madre, Santa Emelia. Inició su educación en Constantinopla y la completó en Atenas. Allá tuvo como compañero de estudio a San Gregorio Nazianceno, quien se convirtió en su amigo inseparable. Cuando Basilio recibió el bautismo, tomó la determinación de servir a Dios dentro de la pobreza evangélica.

Comenzó por visitar los monasterios de Egipto, Palestina Siria y Mesopotamia, con el propósito de observar y estudiar la vida religiosa. Se estableció en un paraje agreste en la región del Ponto, separado de Annesi, por el río Iris. En aquel retiro solitario se entregó a la plegaria y al estudio. Formó el primer monasterio que hubo en Asia Menor, organizó la existencia de los religiosos y enunció los principios que se conservaron a través de los siglos y hasta el presente gobiernan la vida de los monjes en la Iglesia de oriente. San Basilio practicó la vida monástica propiamente dicha durante cinco años solamente, pero en la historia del monaquismo cristiano tiene tanta importancia como el propio San Benito.

Por aquella época, la herejía arriana estaba en su apogeo y los emperadores herejes perseguían a los ortodoxos. En el año de 363, Basilio fue ordenado diácono y sacerdote en Cesarea, pero para evitar generar ciertos conflictos con el arzobispo Eusebio, decidió retirarse calladamente al Ponto. Sin embargo, Cesarea lo necesitaba y lo reclamó. Dos años más tarde, San Gregorio Nazianceno, en nombre de la ortodoxia, sacó a Basilio de su retiro para que le ayudase en la defensa de la fe, del clero y de la Iglesia. En el año de 370, año en que murió Eusebio, Basilio fue elegido para ocupar la sede arzobispal vacante. Tiempo después, la muerte de San Anastasio dejó a Basilio como único paladín de la ortodoxia en el oriente, y éste luchó para fortalecer y unificar a todos los católicos que, sofocados por la tiranía arriana y descompuestos por los cismas y las disenciones entre sí, parecían extinguirse. El santo murió el 1 de enero de 379, a la edad de 49 años.