Hoy celebramos a la Santa Madre Teresa de Calcuta, Premio Nobel de la Paz

Hoy celebramos a la Santa Madre Teresa de Calcuta, Premio Nobel de la Paz

La Madre Teresa fue una inagotable defensora de la dignidad del pobre y de la vida humana en todos sus estadíos -desde la concepción hasta la muerte natural-, así como una trabajadora incansable por la paz entre los pueblos. Su mayor ambición no fue, ni remotamente, alcanzar premios o reconocimientos, sino compartir el amor de Cristo a través de la caridad y el sacrificio por los que sufren: “Amad hasta que duela. Si duele es buena señal” (Sta. Teresa de Calcuta).

La también fundadora de las Misioneras de la Caridad -orden religiosa nacida en la India- fue canonizada el 4 de septiembre de 2016 por el Papa Francisco en una Misa celebrada en la Plaza de San Pedro.

La santa nacida en Albania murió hace 27 años, el 5 de septiembre de 1997, en la ciudad de Calcuta (India), a los 87 años de edad.

La pobreza y el falso bienestar

Teresa de Calcuta dio una lección a la humanidad de cómo entender la pobreza y cuál debe ser la forma de enfrentarla si se quiere acabar con esta: con caridad y solidaridad; tal y como Cristo lo hizo en su paso por la tierra.

 

Teresa, por su entusiasmo y constancia, puede ser considerada como un auténtico don para la Iglesia de hoy: ella nos recuerda que el cristiano está obligado a amar Cristo en el que sufre (ver: Mt 25), es decir, en los pobres, los tristes, los abandonados, los enfermos, los que son marginados o desechados por la sociedad.

El caso típico de esto -y el más dramático- es el de las sociedades en las que el aborto está permitido, o donde se ‘cosifica’ de una u otra manera a los seres humanos.

 

 

Misionera, sí, y de la caridad

La Madre Teresa nació el 26 de agosto de 1910 en Skopje, en ese entonces parte de Albania y hoy territorio de Macedonia. Su nombre era Gonxha Agnes Bojaxhiu, pero adoptó el de ‘Teresa’ al ingresar al Instituto de la Bienaventurada Virgen María, su primera familia espiritual.

Fue formada en un hogar católico: bautizada un día después de nacer, recibió la Primera Comunión a los cinco años y la Confirmación un año más tarde.

Teresa ingresó a la Congregación de las Hermanas de Loreto en 1928; y al año siguiente se embarcó hacia la India, donde hizo sus primeros votos en 1937.

Permaneció 20 años como miembro de dicha congregación, hasta que Dios le mostró que su camino debía ser otro . Así, el 7 de octubre de 1950 Teresa fundaría a las Misioneras de la Caridad, congregación poseedora de un carisma muy especial: entregarse a “los más pobres entre los pobres” con una radicalidad sin precedentes.

En 1963, la Madre fundó la rama masculina de la congregación, los Hermanos Misioneros de la Caridad; en 1973 a las Hermanas Contemplativas y en 1979 a los Hermanos Contemplativos. En 1984 fundó a los Padres Misioneros de la Caridad y el movimiento Corpus Christi [Cuerpo de Cristo] para sacerdotes.

Premio Nobel de la Paz

En 1979, la Madre Teresa recibió el Premio Nobel de la Paz por su labor tendiendo puentes para acercar a pueblos y culturas. Ella, una mujer católica residente en un país de mayoría hindú y musulmana, había logrado unir a los pobladores de la India en torno a una causa común: la defensa del ser humano y su dignidad incondicional. La Madre impulsaba esta tarea con tal fuerza que logró conmover al mundo entero. Hizo visible al desamparado, al desprotegido, olvidado o rechazado, pero al mismo tiempo generó cadenas de solidaridad de dimensiones globales. Demostró que el discurso pierde valor si no se pasa a la acción, y que esa acción solo es posible si está sustentada en la oración, porque solo esta mantiene encendido el fuego del amor.

Dado que vivimos en un mundo secularista, vuelto en contra del ser humano porque no conoce ni la fe ni la esperanza, Teresa de Calcuta se abocó de manera particular a ayudar a bien morir a muchas personas que habían quedado a su suerte en las calles, no solo carentes de los mínimos recursos materiales, sino abandonados en todo sentido. La muerte es un hecho inevitable y doloroso, pero duele más si se está en soledad, sin Dios, sin trascendencia, sin alguien que te recuerde que los seres humanos no estamos hechos para la muerte sino para la vida -la vida eterna-.

Santa Teresa de Calcuta tenía bien en claro estas cosas y no se intimidó frente al horror que veían sus ojos. El amor de esta pequeña mujer cristiana logró remecer corazones y conciencias.

Uno de los momentos más significativos, en los que la Madre Teresa pudo mostrar al mundo esta “lógica evangélica” e interpelar a la cultura (o anticultura) imperante, se produjo en la ceremonia de aceptación del premio Nobel. A continuación se citan algunos fragmentos de aquel célebre discurso.

Sobre eso de lo que todos hablan: la paz

“… El mayor destructor de la paz hoy en día es el llanto de un niño inocente no nacido. Si una madre puede matar a su propio hijo en su seno, ¿qué peor crimen puede haber que matarse el uno al otro?”

“Para mí, esas naciones que han legalizado el aborto son las naciones más pobres de todas. Tienen miedo de los más pequeños, tienen miedo de los niños no nacidos. Y el niño tiene que morir, porque no quieren a este hijo –ni a uno más-, no lo quieren educar, no le quieren dar de comer, y el niño debe morir. Les suplico en nombre de los más pequeños: salven a los que van a nacer, ¡reconozcan la presencia de Jesús en ellos!”

Una cultura de muerte: ni niños, ni ancianos

“Nunca me olvido de la oportunidad que tuve cuando visité un hogar de ancianos en el que habían sido dejados por sus hijos e hijas, y tal vez olvidados… en ese hogar tenían de todo, cosas hermosas, pero todos miraban hacia la puerta. Y no vi una pobre sonrisa en sus rostros. Y me di la vuelta hacia la hermana y le pregunté ¿cómo puede ser?, ¿cómo puede ser que estas personas que tienen todo, miran hacia la puerta?, ¿por qué no sonríen? … incluso los moribundos sonríen, y ella [la hermana] me contestó: Ellos están a la espera de que un hijo o hija vengan a visitarlos… Esa pobreza es la que se vive en nuestros propios hogares, es ahí donde se da la negligencia del amor”.

La santidad es posible porque amar lo es

Cuando fue llamada a la Casa del Padre el 5 de septiembre de 1997, la congregación que fundó contaba con 3,842 religiosas en 594 casas repartidas en todo el globo.

La Madre Teresa fue beatificada por su gran amigo San Juan Pablo II el 19 de octubre de 2003, quién la recordó de la siguiente manera: “Saciar la sed de amor y de almas de Jesús en unión con María, la Madre de Jesús, se convirtió en el único objetivo de la existencia de la Madre Teresa, y en la fuerza interior que la impulsaba y la hacía superarse a sí misma e ‘ir deprisa’ a través del mundo para trabajar por la salvación y la santificación de los más pobres de entre los pobres”.

La canonización llegó 13 años después, y fue realizada por el Papa Francisco con ocasión de la celebración del “Jubileo de los voluntarios y operarios de la misericordia”. En esa oportunidad el Pontífice señaló que la «Madre Teresa, a lo largo de toda su existencia, ha sido una generosa dispensadora de la misericordia divina, poniéndose a disposición de todos por medio de la acogida y la defensa de la vida humana, tanto la no nacida como la abandonada y descartada. Se ha comprometido en la defensa de la vida proclamando incesantemente que el ‘no nacido es el más débil, el más pequeño, el más pobre’».

Por si no sabes qué hacer con tu vida: aquí un consejo de la Madre Teresa

En una célebre entrevista, concedida poco tiempo antes de morir, Santa Teresa de Calcuta dejó este mensaje 1997: “Ámense los unos a los otros, como Jesús los ama. No tengo nada que añadir al mensaje que Jesús nos dejó. Para poder amar hay que tener un corazón puro y rezar. El fruto de la oración es la profundización en la fe. El fruto de la fe es el amor. Y el fruto del amor es el servicio al prójimo. Esto nos trae la paz” (Entrevista a la revista brasileña misionera “Sem Fronteiras” [Sin fronteras]).

¡Feliz Fiesta de Santa Teresa de Calcuta!

 

 

 

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Fuente: Aciprensa
Hoy la Iglesia celebra al Papa San Gregorio Magno, el humilde monje que “cambió el mundo”

Hoy la Iglesia celebra al Papa San Gregorio Magno, el humilde monje que “cambió el mundo”

Buenos Aires, jueves 3 de septiembre (PR/26) .- Cada 3 de septiembre, la Iglesia Católica celebra a San Gregorio Magno (Papa Gregorio I), monje, místico y reformador, quien redefinió la figura del papado en el siglo VI al proclamarse como “siervo de los siervos de Dios”.

La nota distintiva de San Gregorio, a quien llamaron “magno” (del latín magnus, grande), fue su sencillez. Siendo cabeza de la Iglesia y, por lo tanto, detentando un gran poder, se entendió a sí mismo como el más humilde servidor de todos. Precisamente, en eso radica su grandeza, en que supo hacerse pequeño para ser grande a la manera de Cristo.

San Gregorio fue el sexagésimo cuarto Papa de la Iglesia católica; forma parte del grupo de los cuatro Padres de la Iglesia latina y se le cuenta entre los Doctores de la Iglesia. Asimismo, cabe mencionar que Gregorio I fue el primer monje que llegó a ocupar la sede de Pedro. Alguna vez sentenció: “Donde el amor existe se obran grandes cosas”; y, de muchas maneras su ejemplar vida fue testimonio de eso.

“Hombre de consenso”

San Gregorio Magno nació en Roma en el año 540, en el seno de una antigua familia romana de la que ya habían salido dos papas: Félix III (483-492), quien se cree fue su bisabuelo; y Agapito I (535-536), un pariente lejano.

Siendo joven, ingresó en la carrera administrativa para la que había sido destinado, llegando a ocupar el cargo de prefecto hacia el año 573; no obstante, la abandonó para hacerse monje. Tras este giro, a la muerte de su padre (575), convirtió la casa familiar en un monasterio, conocido más tarde como el monasterio de San Andrés. De manera semejante, dispuso del resto de sus propiedades personales para beneficio de la Iglesia.

En tales circunstancias, Gregorio sería elegido “Obispo de Roma y Sumo Pontífice” gracias a la sintonía existente, en ese momento, entre el clero, el pueblo romano y el senado en torno a sus cualidades personales.

Como Papa, San Gregorio se abocó a la tarea de entablar relaciones de fraternidad con todos los reinos y gobiernos posibles, con el deseo de que la Iglesia continuase con el anuncio del Evangelio en el mundo entero.

Magnus: un siervo en la Sede de Pedro (590-604)

Una vez a cargo de la Sede de Pedro -asumió la sede el 3 de septiembre de 590-, se preocupó por la conversión de los pueblos considerados lejanos en aquella época, y de la nueva organización civil y política de la Europa posterior a la caída del imperio romano de Occidente.

Al acceder al pontificado, San Gregorio Magno, desde Roma, tuvo que realizar una doble tarea: velar por su “ciudad” camino del cielo y, al mismo tiempo, por la Europa en proceso de reorganización social y política. La fragmentación del mundo conocido tras el debilitamiento progresivo del poder imperial había dejado sola a la Iglesia en cuanto al sostenimiento de la “unidad” entre los pueblos, o en todo caso, de cierta “estructura administrativa” que subsistía ahora con demasiada dificultad. Roma miraba a Bizancio y Bizancio no respondía.

En ese contexto, el Papa Gregorio negoció con reyes, nobles, casas ancestrales, autoridades venidas a menos y las cabezas de los pueblos bárbaros. El santo fue figura crucial para conseguir cierta armonía cuando los pueblos de la Europa continental ya no esperaban más la reestructuración o recomposición del “orden perdido”.

Los lazos que estableció San Gregorio favorecieron el encuentro entre distintos mundos al calor de un movimiento evangelizador. En especial cabe mencionar su preocupación por el mundo anglosajón insular (Inglaterra). El Papa envió misioneros a las islas británicas y puso al San Agustín de Canterbury a liderar aquella empresa.

Por otro lado, se alió con las órdenes monásticas, pues veía en ellas la garantía de que la Iglesia habría de mantenerse sólida -un buen edificio descansa en cimientos sólidos, y esos para la Iglesia dependen de la oración-; mientras que, en lo político, frenó las ambiciones expansionistas de francos y lombardos.

Renovarse siempre en el Amor

El Papa “grande” de la Alta Edad Media hizo de la liturgia “la niña de sus ojos”. Ella es el núcleo de la vida cristiana porque es, por excelencia, el espacio de encuentro entre Dios y su pueblo. Uno de los aspectos más importantes de la celebración litúrgica es el canto, que, como se sabe, es una forma privilegiada de oración.

Gregorio ordenó recopilar la música y las antiguas antífonas que se entonaban en la Iglesia e impulsó un estilo y una estructura musical que consideró propicias para la liturgia -cuyo centro es la Eucaristía-, herencia de lo que se conocía entonces como Schola Cantorum [Escuela de los que cantan]. Así contribuyó a la evolución de lo pasaría a llamarse, precisamente, “canto gregoriano”, como una forma de honrar la memoria del santo.

En esta tarea, San Gregorio fue muy prolijo: logró recoger la larga tradición del canto cristiano -nacido en las catacumbas- y que ahora podía vibrar en los templos para beneplácito del espíritu humano. Lamentablemente buena parte de ese “antifonario” (registro musical) se fue perdiendo, hasta que a inicios del siglo XX fue recuperado por el Papa San Pio X, para convertirse en el “canto oficial de la Iglesia Católica” para siempre.

Ecos en el siglo XXI

Muchas otras cosas pueden escribirse sobre San Gregorio Magno, como por ejemplo su intervención en torno a la doctrina del “purgatorio”, tema comprometido con la teología de la salvación de distintas maneras.

Baste por ahora recurrir a lo dicho por el Papa Benedicto XVI, quien en audiencia general del 28 de mayo del 2008, se refirió a San Gregorio Magno con estas palabras: “En un tiempo desastroso, más aún, desesperado, [San Gregorio] supo crear paz y dar esperanza. Este hombre de Dios nos muestra dónde están las verdaderas fuentes de la paz y de dónde viene la verdadera esperanza; así se convierte en guía también para nosotros hoy”.

Si quieres conocer más sobre este ilustre Papa, te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Papa_San_Gregorio_I_Magno.

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Fuente: Acdiprensa

Hoy recordamos al Beato Bartolomé Gutiérrez, mártir, blanco de burlas por su sobrepeso

Hoy recordamos al Beato Bartolomé Gutiérrez, mártir, blanco de burlas por su sobrepeso

 

 

Buenos Aires, miércoles 2 septiembre (PR/26Cada 2 de septiembre la Iglesia recuerda al Beato Bartolomé Gutiérrez, sacerdote agustino del siglo XVI, nacido en México y quien fuera llamado a la presencia de Dios a través del martirio, siendo misionero en Japón.

Fray Bartolomé Gutiérrez Espinosa fue beatificado el 7 de julio de 1867 por el Papa Pío IX.

Un chico ‘grande’ e ingenioso

Bartolomé nació el 4 de septiembre de 1580 en Ciudad de México (Virreinato de Nueva España). Con 16 años, en 1596, ingresó a la Orden de San Agustín (agustinos). Bartolomé era un joven corpulento y con evidente sobrepeso. Por ese motivo los frailes que vivían con él solían gastarle bromas, a las que él respondía con una paciente sonrisa.

Su más grande deseo era ser misionero, viajar hasta los confines del mundo y proclamar la Palabra del Señor; lamentablemente, no eran pocos entre sus hermanos agustinos los que veían esa posibilidad con escepticismo. No creían que Bartolomé fuera capaz de emprender un viaje a tierras lejanas y sobrevivir en medio de la geografía agreste o el clima adverso.

No obstante, el beato se las arregló para dejar atónitos a sus detractores en una. En cierta ocasión, Bartolomé se permitió responder a las burlas sobre su peso haciendo gala de ingenio y fina ironía. A los que se mofaban de su gordura les dijo: “Tanto mejor, así habrá más reliquias que repartir cuando muera mártir, porque algún día iré a Filipinas y de allí a Japón donde moriré por la fe de Cristo”.

Grandeza de espíritu

Tras concluir los estudios eclesiásticos, Bartolomé fue ordenado sacerdote y enviado a Puebla. En 1606 fue alistado junto a otros misioneros para la misión a Filipinas. Una vez llegado a la isla, se le designó el puesto de maestro de novicios.

Bartolomé tenía una gran habilidad para aprender otras lenguas, así que llegó a dominar el tagalo (la lengua filipina por antonomasia) y luego se introdujo en el japonés.

En 1612 se embarcó rumbo a Japón y un año después fue nombrado prior del convento de Osaka, desde donde se entregó de lleno a la evangelización, haciéndose cargo de una gran comunidad de fieles cristianos.

 

“Sean mansos como palomas y astutos como la serpiente” (Mt 10, 16)

En 1615 se decretó la expulsión de todos los religiosos del Japón, y el Beato Bartolomé se vio obligado a regresar a Filipinas. Sin embargo, el provincial le pidió que volviera a Japón, en compañía del P. Pedro de Zúñiga -también futuro beato-. Los misioneros arribaron a la tierra de misión el 12 de agosto de 1618.

De ahí en adelante, el P. Bartolomé ejerció un ministerio ejemplar entre los japoneses, predicando y administrando los sacramentos de manera clandestina, desafiando a la autoridad en pos del bien de las almas. Por más de 12 años enfrentó los peligros de la persecución: vivió entre los campos de cultivo y el bosque; pasó hambre, miseria y soportó las inclemencias del clima.

 

Valeroso guerrero como el Señor a quien sirvió

En 1629 fue tomado prisionero en Omura y, dos años más tarde, en 1631, trasladado con sus compañeros a Nagasaki, donde permaneció en cautiverio tres años más, hasta que, finalmente, se le condenó a muerte. Tras ser torturado sumergido en aguas hirvientes, fue quemado vivo el 3 de septiembre de 1632 junto con otros misioneros. Su cuerpo quedó reducido a cenizas, las que fueron recogidas y arrojadas al mar.

El Beato Bartolomé Gutiérrez formó parte del grupo de 205 mártires del Japón encabezados por el también Beato Alfonso Navarrete. Ellos fueron elevados a los altares el 7 de julio de 1867 por el Papa Pio IX.

En México la fecha para su conmemoración es el 2 de septiembre, con el rango de memoria opcional. Ese día, las oraciones de la misa y la liturgia de las horas están dedicadas a él.

 

 

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Fuente: ACI Prensa

 

Hoy celebramos a San Gil, conocido también como San Egidio, abad y eremita

Hoy celebramos a San Gil, conocido también como San Egidio, abad y eremita

Cada 1 de septiembre la Iglesia celebra a San Gil, también conocido como San Egidio, un abad, eremita y monje benedictino de origen griego recordado por su gran misericordia.

 

 

Buenos Aires, martes 1 septiembre (PR/26) — Entre los “auxiliadores”.San Gil (en latín: Aegidius, en francés: Gilles, en italiano: Egidio), a veces llamado Egidio el Eremita, fue un monje benedictino de origen griego que vivió entre los siglos VI y VII.

La tradición lo ha erigido como ejemplo de bondad y espíritu misericordioso. Sus biógrafos suelen destacar en él la delicadeza y sabiduría con la que trataba a todo aquel que acudía a su presencia, así como su ánimo constante para llamar a todos a la conversión.

Una antigua devoción germánica lo coloca entre los «catorce santos auxiliadores», es decir, entre aquellos bienaventurados famosos por “su eficacia” para responder a las solicitudes de sus devotos.

 

Francia, tierra de santidad

 

Egidio nació en Atenas (Grecia, en ese momento parte del Imperio Bizantino) en el seno de una familia noble y rica. La fecha exacta de su nacimiento es incierta, pero se cree que fue alrededor del año 640.

De acuerdo a una antigua tradición, el santo realizó allí muchos milagros: sanó enfermos de parálisis, curó a gente con mordeduras de serpientes, o a enfermos de fiebres; convirtió tierras estériles en fértiles y -según la leyenda- hasta resucitó muertos. Como esto le acarreó fama y veneración pública, decidió retirarse al bosque cercano a la desembocadura del río Ródano. Una vez establecido allí, vivió como eremita.

Dios perdona todos los pecados, todos

Un día en que el rey Childeberto I andaba de cacería –algunos señalan que en realidad se trató de Carlos Martel– vio a Egidio (San Gil) cerca de la ermita en la que vivía, alimentándose de la leche de una cierva que él pretendía cazar.

Entonces se produjo un encuentro entre los dos: un diálogo que devino en el inicio de la conversión del rey. Este le confesó un pecado gravísimo -se cree que incesto-, pero llegó a encontrar consuelo en las palabras de Egidio.

El monarca decidió reparar en la medida de lo posible el mal cometido y, como consecuencia de verse amado por Dios a pesar de su iniquidad, decidió brindar su ayuda al eremita. El rey mandó construir un monasterio en ese mismo paraje -conocido después como el “Bosque de San Egidio”-, en el que el santo sería nombrado primer abad. La regla que acogió el monasterio fue la benedictina.

 

Llevando la misericordia de Dios

Pronto el lugar empezó a llenarse de peregrinos que buscaban al santo para que los cure de sus males, sean del cuerpo o del alma. San Gil permaneció en aquel monasterio por muchos años, acogiendo a quien lo necesitaba y, cada vez que podía, volviendo al silencio y la soledad en las que encontraba a Dios.

Ya anciano, se dirigió al Pirineo catalán donde, a los 84 años de edad, murió santamente (c. 720-725).

Veneración

San Egidio es llamado “abogado de los pecadores”; “protector de pobres, tullidos y arqueros” (según un relato medieval él mismo fue herido por una flecha alguna vez, se dice, porque unos cazadores quisieron matar a la cierva que le servía de compañía); “defensor contra las enfermedades”, especialmente contra el cáncer y la epilepsia -llamada por algunos el «mal de San Gil»-. Muchos lo consideran, también, patrono de los leprosos.

Este santo goza de gran devoción en Europa. Iglesias, hospitales, altares e imágenes hechas en su honor pueden encontrarse en países como Francia, España, Inglaterra, Polonia, Italia y Alemania. Hermosos lugares del Viejo Continente y de América llevan su nombre.

Ecos en nuestro tiempo

Hoy se ha hecho conocida la Comunidad de San Egidio, institución fundada por el historiador italiano Andrea Riccardi en la ciudad de Roma en 1968.

Sus miembros, laicos todos, se organizan para llevar a cabo obras de gran impacto social: han luchado por la abolición de la pena de muerte, por el trato justo y adecuado a los enfermos de HIV/sida, o por la protección de la ancianidad abandonada. Su labor ha sido reconocida por los Papas San Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco.

Si deseas conocer un poco más sobre San Gil, te recomendamos el siguiente artículo de la Enciclopedia Católicahttps://ec.aciprensa.com/wiki/San_Giles.

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Fuente: ACI Prensa

 

 

Hoy se celebra a San Ramón Nonato, patrono de las embarazadas y parturientas

Hoy se celebra a San Ramón Nonato, patrono de las embarazadas y parturientas

 

Buenos Aires, lunes 31 agosto (PR/26) Cada 31 de agosto la Iglesia celebra a San Ramón Nonato, religioso de la Orden de la Merced, nacido en 1204, en Portell, pueblo de la antigua Corona de Aragón (España). Y también a San José de Arimatea y San Nicodemo

  • Fueron discípulos secretos de Jesús y miembros del Sanedrín.
  • Se les recuerda por haber bajado el cuerpo de Jesús de la cruz, envolverlo en lino y colocarlo en el sepulcro.

Patrono de los no nacidos

El apelativo “nonato”, de Ramón, es un término que proviene del latín nonnatus (no nacido), le fue dado por la manera en que Ramón llegó a este mundo: fue extraído, mediante cesárea, del útero de su madre cuando esta se hallaba muerta. En virtud de aquel singular hecho, la tradición le ha conferido a San Ramón el título de “patrón de las embarazadas, parturientas, parteras y recién nacidos”.

Si hay alguien que haya pasado por el mismo trance o haya sufrido circunstancia relativa o semejante, sea madre, padre o hijo, no puede tener mejor amigo e intercesor que San Ramón. Lo mismo ha de decirse de los pequeños que por diversos motivos no pudieron o no los dejaron nacer.

Redentor de los cautivos

Ramón ingresó a la Orden Real y Militar de Nuestra Señora de la Merced y la Redención de los Cautivos, cuyos miembros son conocidos como mercedarios. La Orden de la Merced, como también se le conoce, fue fundada por San Pedro Nolasco en 1218 con un propósito concreto: rescatar a los cristianos tomados prisioneros por los musulmanes en el norte de África.

Ramón fue ordenado sacerdote en 1222 y sirvió como superior en varias comunidades de su Orden durante varios años. Llegado el momento, fue enviado como “rescatador de cautivos” a África del Norte. Allí pagó rescate por varios cristianos hasta que se le acabó el dinero y, de acuerdo al cuarto voto mercedario, tuvo que ofrecerse él mismo a cambio de un prisionero.

 

Un candado para que se calle… pero no se calló

En cautiverio, Ramón se dedicó a anunciar al Señor y a dar consuelo a quienes, como él, estaban privados de su libertad, viviendo en condiciones infrahumanas. El santo se mantuvo firme en el encierro con un solo propósito: fortalecer la fe de aquellos a los que Cristo había puesto bajo su cuidado espiritual.

 

Con su testimonio, suscitó muchas conversiones, incluso entre los no cristianos, algo que enfureció terriblemente a sus carceleros musulmanes, quienes lo mandaron torturar en diferentes oportunidades. Como castigo fue azotado públicamente más de una vez, y en una ocasión llegaron a perforarle los labios con hierro candente para colocarle un candado en la boca y deje así de hablar.

Fueron ocho largos meses los que San Ramón Nonato tuvo que pasar en esta situación, hasta que Pedro Nolasco pudo enviar a otros miembros de la Orden a rescatarlo.

 

De la mano de la Virgen de la Merced

San Ramón Nonato, de regreso a España, fue nombrado cardenal por el Papa Gregorio IX. El santo asumió su cargo con sencillez y continuó viviendo con el mismo espíritu evangelizador de siempre. Aunque era ya un príncipe de la Iglesia, siguió vistiendo austeramente y nunca abandonó su humilde celda del convento de Barcelona.

Posteriormente fue convocado a Roma por el Papa. Ramón emprendió el viaje, pero al llegar a Cardona, a unos diez kilómetros de Barcelona, le sorprendió una violenta fiebre que le quitó la vida. El buen “nonato” partió a la Casa del Padre el 31 de agosto de 1240, con solo 36 años.

 

“Mujeres, recen a San Ramón Nonato” (Papa Francisco)

El 31 de agosto de 2020, el Papa Francisco envió un mensaje a la comunidad mercedaria del Santuario San Ramón Nonato en Buenos Aires (Argentina) con motivo de su fiesta.

En la misiva, el Papa Francisco recomendó a los matrimonios rezar a este santo cuando quieren tener un hijo. “Cuando en la Audiencia algún matrimonio me pide la bendición para que venga un hijo, les digo que recen a San Ramón Nonato, y si son de la Argentina les recomiendo que pasen por el santuario de la calle Cervantes. Como ven, los tengo presentes”, aseguró el Pontífice.

¡San Ramón Nonato, ruega por nosotros, en especial por los “no nacidos”!

Si deseas conocer más sobre este santo, te recomendamos el siguiente artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Ramon_Nonato.

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Fuente: ACI Prensa

Hoy se celebra a Santa Rosa de Lima, patrona de América y las Filipinas

Hoy se celebra a Santa Rosa de Lima, patrona de América y las Filipinas

La fiesta universal de Santa Rosa de Lima (1586-1617), patrona de América y Filipinas, es el 23 de agosto.

 

 

La rosa más bella del jardín

Isabel Flores de Oliva, Santa Rosa, nació en Lima (Perú) el 20 de abril de 1586 y fue bautizada el 25 de mayo de ese mismo año. Aunque su nombre era Isabel -puesto en honor a su abuela materna-, una de las indias que servía en casa de los Flores de Oliva empezó a llamarla de cariño ‘Rosa’, debido a la belleza con que se coloreaban sus mejillas. Con el paso del tiempo, esa forma cariñosa de llamar a la niña fue adquirida por sus propios padres y el entorno familiar.

A los once años ‘Rosita’ se mudó con su familia a Quives, un pueblo ubicado en las serranías de Lima, a consecuencia del fracaso de su padre en la explotación de una mina, lo que dejó a la familia Flores de Oliva en serios problemas económicos. Aquellos fueron ciertamente tiempos difíciles, pero en los que no faltarían copiosas bendiciones.

Una de estas tuvo lugar en 1597. Santo Toribio de Mogrovejo, entonces arzobispo de Lima, administró a Isabel el sacramento de la Confirmación mientras se encontraba de visita pastoral en Quives. El encuentro con el también santo fue muy significativo. Fue el arzobispo quien ‘oficialmente’ le cambiaría de nombre. De acuerdo a la costumbre, el confirmando podía pedir y recibir un nuevo nombre; Isabel no perdió tiempo y pidió el de ‘Rosa’.

Crucificada con Cristo

Al cumplir los 20 años, Rosa regresó a Lima, capital del virreinato del Perú. La joven empezó a trabajar en el huerto de la casa familiar, donde pasaba buena parte del día y durante la noche cosía ropa para las familias pudientes de la ciudad. Con eso se hacía de un dinero para ayudar al sostenimiento del hogar. No obstante, a pesar de la situación, Rosa era una joven muy feliz, y no por casualidad: para ese momento, la santa ya dedicaba horas enteras a la oración y la práctica de la penitencia. He ahí a todas luces la fuente de su alegría.

A medida que su amor por el Crucificado se iba haciendo más intenso, se sintió inspirada para una entrega mayor a Dios. En su alma empezó entonces a rondar la idea de hacer un voto de virginidad.

Rosa se descubría llamada a esforzarse por asistir a misa con frecuencia y así recibir la santa comunión. Con cierta naturalidad, su alma se estaba abriendo a nuevas dimensiones espirituales como la mística y la contemplación. Casi sin darse cuenta, la joven se había convertido en signo de contradicción para una ciudad -Lima- sedada en su identidad cristiana, cuando no simplemente presa de la frivolidad.

 

Corona de espinas

En una ocasión, la madre de Rosa hizo una corona de flores y se la puso en la cabeza para que la luzca en un evento social. Rosa no se sentía cómoda en lo absoluto y presionó tanto una de las ramas de la corona, que se clavó una de las horquillas. Un breve hilo de sangre y un dolor punzante la transfiguraron. A Rosa se le iluminó el corazón y el pesar fue transformado en penitencia.

De pronto, Rosa había aprendido que se pueden aprovechar las circunstancias de la vida para unirse a Cristo sufriente. Una vez, cuando una mujer halagó la suavidad de sus manos y la finura de sus dedos, la joven las cubrió, tan pronto como pudo, con barro.

Ese tipo de reacciones, difíciles de comprender hoy, respondían a una lógica muy distinta a la que regula el presente: Rosa era muy consciente de cuán difícil es dominar el amor propio y la vanidad, así como preservar el corazón exclusivamente para su ‘esposo’, el Señor Jesús. Por eso realizaba también intensos ayunos y pasaba las noches en vela haciendo oración por los pecadores, especialmente por aquellos que se habían cerrado a Dios.

 

Por amor a las almas en necesidad

Rosa se sometió a rigores físicos y a distintos tipos de mortificaciones, siempre con el deseo de alejar de sí las distracciones, ofreciendo lo que hacía por los más necesitados.

A pesar de que sus padres intentaron casarla, ella se negó y defendió su vocación particular. Así, el 10 de agosto de 1606, Rosa ingresó como Terciaria en la Orden de Santo Domingo, siguiendo los pasos de Santa Catalina de Siena, su “maestra espiritual”. Después, a sugerencia de un sacerdote dominico, aceptó que la llamaran ‘Rosa de Santa María’.

 

Caridad, mística y amistad

Con la ayuda de su hermano Hernando, Rosa construyó una ermita en un rincón del huerto de su casa; allí oraba y se mortificaba. En soledad, de jueves a sábado, comenzó a tener experiencias místicas: la primera de ellas fue conocer los sufrimientos del Señor durante la Pasión.

Es cierto que Rosa pasaba gran parte del tiempo recluida en su ermita, pero no menos cierto es que se daba tiempo para ir a la iglesia de la Virgen del Rosario, o para atender a los enfermos abandonados o a los esclavos maltratados. En medio de esas labores conoció a San Martín de Porres, con quien compartía el afán de asistir a quienes, por su sufrimiento, eran otros Cristos, escarnecidos y llagados. Ambos santos se harían buenos amigos, como corresponde a los que son compañeros en el ejercicio de la caridad.

Rosa tenía el alma ardiendo de amor a Dios y a los hermanos. Se cuenta cómo su tono de voz cambiaba y su rostro se encendía cuando hablaba de Él, Jesús; lo mismo que cuando se ponía en presencia del Santísimo Sacramento, o cuando recibía la Eucaristía. Por supuesto, nada de esto la eximió de las incomprensiones, las burlas de muchos, o, incluso, de alguna falsa acusación o rumor.

Como fuese, por la fuerza de su testimonio, los limeños empezaron a reconocerla, amarla y a ver en ella una luz que irradiaba santidad. Se dice que dialogaba con el Ni{ño Jesús que se le aparecía.

 

Protectora de Lima

En 1615, un grupo de piratas quiso atacar la ciudad de Lima. Se trataba de hombres atraídos por las leyendas sobre sus tesoros y riquezas. Estando sus barcos anclados frente al Callao, Santa Rosa y otras mujeres acudieron a la iglesia de la Virgen del Rosario para rezar ante el Santísimo Sacramento y pedir a Dios que librara del saqueo a la capital.

La santa se quedó delante del sagrario con ánimo de protegerlo. Rosa no estaba dispuesta a permitir que alguien se acercara a él con ánimo de profanarlo. Si la ciudad caía en manos del enemigo, ella entregaría la vida.

Un par de días después, corrió la noticia de que el capitán de la embarcación pirata había muerto, y que su barco se había retirado. Los limeños, entonces, ya no tenían dudas sobre Rosa: esto había sido un milagro y ella era su intercesora.

 

Últimos años

En sus últimos años de vida, la salud de la santa decayó mucho y tuvo que ser recibida en casa de una familia de esposos muy piadosos, Don Gonzalo de la Maza y Doña María Uzategui. La pareja la consideraba como una hija y velaron por ella por casi tres años, hasta el día de su muerte.

A pesar de su débil salud, Rosa oraba así: “Señor, auméntame los sufrimientos, pero auméntame en la misma medida tu amor”.

Recordaba Benedicto XVI en agosto de 2008 que Santa Rosa solía repetir: «Si los hombres supieran qué es vivir en gracia, no se asustarían de ningún sufrimiento y aguantarían con gusto cualquier pena, porque la gracia es fruto de la paciencia».

 

Desposorio místico

En 1617, el Domingo de Ramos, tuvo lugar su “desposorio místico”. Mientras oraba delante de la Virgen del Rosario, el Niño Jesús le dijo: “Rosa de mi Corazón, yo te quiero por esposa”. Ella le respondió: “Señor, aquí tienes a tu inútil esclava; tuya soy y tuya seré para siempre».

Hoy, en la Iglesia de Santo Domingo, en el centro de Lima, se conserva la loseta sobre la cual estaba de pie la santa cuando sucedió su desposorio.

 

¡Santa, santa!

Santa Rosa de Lima murió el 24 de agosto de 1617 a los 31 años. Los funerales movilizaron a toda la ciudad. Entre los asistentes estuvieron altas autoridades eclesiásticas, políticas y el Virrey de España. Pero no solo ellos, estaba el pueblo que pugnaba por entrar a la casa de los de la Maza al grito de “¡santa, santa!”.

Muchas personas se acercaron al féretro en el que yacía el cuerpo de Rosa para arrancar un trocito de su hábito y preservarlo como reliquia. Otras tuvieron que ser dispersadas por la guardia del Virrey porque llegaron hasta arrancarle un dedo del pie.

Santa Rosa fue sepultada inicialmente en el claustro del Convento de los Dominicos, pero su cuerpo después fue trasladado a la capilla de Santa Catalina de Siena en la iglesia del Rosario. Su cráneo se encuentra hoy en la iglesia de Santo Domingo -ubicada a unos pasos de la Plaza Mayor de Lima- junto a los cráneos de San Martín de Porres y San Juan Macías.

 

El lugar prominente de la mujer en la Iglesia

Rosa de Santa María fue canonizada por el Papa Clemente X en 1671, convirtiéndose en la primera santa de América. El mismo Pontífice la declaró patrona principal del Nuevo Mundo (América), Filipinas e Indias Occidentales.

Hace más de treinta años, el Papa San Juan Pablo II dijo de Rosa: “Primera santa de América, Rosa de Lima, con su vida sencilla y austera su carácter dulce, su ardiente palabra y su apostolado entre los pobres, los indios y los enfermos, fue también una intrépida evangelizadora, testimonio elocuente del papel decisivo que la mujer ha tenido y sigue teniendo en el anuncio del Evangelio (Ángelus, 6 de septiembre de 1992).

Si deseas puedes conocer más sobre Santa Rosa de Lima a través de este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Santa_Rosa_de_Lima.

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Fuente: ACI Prensa