Hoy 29 de septiembre celebramos la Fiesta de los queridos Santos Arcangeles San Miguel, San Gabriel, y San Rafael

Hoy 29 de septiembre celebramos la Fiesta de los queridos Santos Arcangeles San Miguel, San Gabriel, y San Rafael

 

Buenos Aires, martes 29 de septiembre (PR/26) .- El 29 de septiembre se celebra a los Santos Arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel, los cuales aparecen en la Biblia con misiones importantes de Dios.

Cada 29 de septiembre, la tradición cristiana conmemora a los Santos Arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel, mensajeros celestiales de Dios que desempeñan papeles fundamentales en las Sagradas Escrituras.

Cada uno posee una misión particular asignada por la Providencia y un nombre cargado de un profundo sentido espiritual y teológico que refleja su cercanía con el Creador.

 

 

  
Oración a San Miguel Arcángel

San Miguel Arcángel: El defensor de la fe

El nombre San Miguel proviene del hebreo Mij-ha-el, que se traduce como «¿Quién como Dios?». Es reconocido bíblicamente como el gran príncipe de los ejércitos celestiales y el líder de los ángeles en la batalla espiritual contra las fuerzas del mal, siendo tradicionalmente representado venciendo al dragón.

Su figura evoca la defensa inquebrantable de la fe, la protección contra las acechanzas del maligno y el auxilio en la hora de la muerte. Entre las expresiones devocionales más destacadas dedicadas a su figura figuran la tradicional Oración a San Miguel Arcángel, las potentes Oraciones de León XIII por la Iglesia, el solemne Rosario de San Miguel o Corona Angélica y los devotos Gozos a San Miguel.

San Rafael Arcángel: Medicina de Dios y guía de caminantes

El nombre San Rafael significa «Medicina de Dios» o «Dios cura», haciendo honor a su papel primordial como consolador y sanador de los dolores humanos.

Su historia se narra con especial detalle en el Libro de Tobías, donde acompaña, protege y guía providencialmente al joven Tobías en su travesía, además de curar la ceguera de su padre Tobit y asistir en la liberación y matrimonio de Sara.

Es invocado universalmente como el patrono de los viajeros, de los enfermos, de los médicos y de los novios, siendo la Oración a San Rafael el canal principal para solicitar su valiosa intercesión y guía en los momentos de mayor vulnerabilidad física o espiritual.

San Gabriel Arcángel: El mensajero de la Encarnación

El nombre San Gabriel significa «Fortaleza de Dios» o «Dios es mi potencia». Las Escrituras lo presentan como el mensajero divino por excelencia, encargado de anunciar los planes más trascendentales para la historia de la salvación humana.

Es célebre por sus apariciones en el Antiguo Testamento ante el profeta Daniel y, de manera muy especial, en el Nuevo Testamento, donde anuncia al sacerdote Zacarías el nacimiento de Juan el Bautista y, de forma cumbre, realiza la Anunciación a la Virgen María sobre la Encarnación del Hijo de Dios.

Su presencia resalta la cercanía del mensaje divino y la fuerza que Dios otorga a quienes cumplen su voluntad.

 

 

Primicias Rurales  / Otras
Fuente: Aciprensa
Hoy celebramos a San Wenceslao, quien se santificó en medio de las conspiraciones políticas

Hoy celebramos a San Wenceslao, quien se santificó en medio de las conspiraciones políticas

San Wenceslao de Bohemia, soberano justo y santo mártir, es recordado cada 28 de septiembre por su defensa del cristianismo y su gobierno inspirado en el Evangelio, enfrentando conspiraciones políticas con fe y justicia.

 

Buenos Aires, lunes 28 septiemb re (PR/26) — Cada 28 de septiembre la Iglesia celebra a San Wenceslao de Bohemia (907-935), soberano checo que evangelizó a su pueblo y se convirtió en gran defensor del cristianismo.

Gobernó con virtud y justicia, modificó el sistema judicial de su nación y, entre otras reformas inspiradas en el Evangelio, puso límites a las condenas, especialmente a aquellas relativas a la pena capital o a la tortura.

Dice de él el Martirologio romano: “Fue severo consigo, pacífico en la administración del reino y misericordioso para con los pobres, redimiendo para ser bautizados a esclavos paganos que estaban en Praga para ser vendidos”.

Nieto de una santa

Wenceslao nació en Stochov en 907, en la región histórica de Bohemia, hoy parte de República Checa (antes Checoslovaquia). Vivió durante las primeras décadas del siglo X. Fue hijo de Bratislao I de Bohemia y de la reina Drahomira. Su abuela, Santa Ludmila (860-921), esposa del primer duque cristiano de Bohemia, fue quien se encargó de su educación y le enseñó a amar y servir a Dios.

De joven, Wenceslao perdió a su padre de manera inesperada, lo que precipitó que su madre, Drahomira, asumiera el poder. Una vez instalada en el trono, la nueva reina empezó a gobernar en contra de la Iglesia y de los cristianos de la nación.

Ciertamente, la mayoría de los nobles de Bohemia la apoyaba, pues detestaban lo que consideraban una religión foránea, contraria a sus tradiciones. Wenceslao entonces buscó refugio con su abuela Ludmila.

 

Santo en medio de las conspiraciones políticas

Drahomira, madre de Wenceslao gobernó con mano de hierro y sumió al ducado en la miseria moral. Dada la situación, Ludmila persuade a Wenceslao de que recupere el poder que legítimamente le correspondía y detenga el hostigamiento en contra de los cristianos. Apenas se enteró de esto la reina Drahomira, organizó una conspiración para asesinar a su suegra. La orden de matarla portaba cierto detalle: Ludmila debía ser estrangulada.

Providencialmente, antes de que el crimen fuera consumado, el descontento generalizado entre el pueblo forzó a la reina a abandonar el trono. Así, Wenceslao encontró el camino limpio para ser proclamado rey con el apoyo popular.

En los meses siguientes, Wenceslao, a pesar de su juventud, encaró con prudencia la división entre sus súbditos. Gobernó con un elevado sentido de la justicia y firmeza, pero con claros gestos de misericordia. Mientras él ocupó el trono, impulsó una serie de reformas para fortalecer la paz y la unidad de su reino, reformas inspiradas en principios morales extraídos del Evangelio.

Víctima de la ambición desmedida por el poder

Lamentablemente, Boleslao, hermano de Wenceslao, ambicionaba el poder, así que conspiró arteramente en contra del buen gobernante. Aprovechando la realización de las festividades de Bohemia y el descuido de la guardia a consecuencia del ambiente festivo, se presentó en el aposento de su hermano y lo asesinó de una puñalada.

El Martirologio posee un relato diferente sobre su muerte: “Después de sufrir muchas dificultades en gobernar a sus súbditos y formarles en la fe, traicionado por su hermano Boleslao fue asesinado por sicarios en la iglesia de Stara Boleslav, en Bohemia (929/935)”.

Tres años más tarde, el mismo Boleslao, a quién después de su traición apodaban “el cruel”, se arrepintió de su crimen y mandó trasladar los restos de Wenceslao a la catedral de San Vito.

 

Un gobernante amado por su pueblo

El pueblo proclamó al rey asesinado “mártir de la fe”. Y es que en Bohemia -y fuera de ella- todos reconocían la piedad y profunda espiritualidad de Wenceslao. El rey había hecho de la corona un puesto para servir y no para servirse. Muy pronto, su tumba se convertiría en lugar de peregrinación.

San Wenceslao es por antonomasia el patrón de Bohemia, por lo que su patronazgo es reconocido hoy tanto por la República Checa como por Eslovaquia.

 

 

 

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Fuente: ACI Prensa
Hoy se celebra a San Vicente de Paúl, patrono de las obras de caridad

Hoy se celebra a San Vicente de Paúl, patrono de las obras de caridad

 

San Vicente de Paul, 27 de septiembre / ACI Prensa

 

San Vicente de Paúl es el patrono de las obras de caridad. Entre las muchas que emprendió, destaca la Congregación de la Misión, de la cual fue fundador. Hoy sus miembros son llamados “vicentinos” en su honor. También debe mencionarse a las Hijas de la Caridad, conocidas como “vicentinas”.
Si se conoce algo del bien que han hecho ambas órdenes religiosas y el impacto que han tenido, es simplemente imposible poner en duda a San Vicente de Paul como una de las figuras más representativas del catolicismo francés del siglo XVII.

Primeros años

Vicente de Paúl de Moras nació en Gascuña, Francia, en 1581, en el seno de una familia de campesinos. Hay bastante seguridad sobre estos datos, aunque subsiste la polémica, más que nada, sobre el lugar exacto donde nació. Dos localidades se disputan hoy ese privilegio: la aldea de Pouy, que, desde el siglo XIX, se llama Saint-Vincent-de-Paul en su honor; y Tamarite de Litera, lugar donde nacieron sus padres.

 

De adolescente fue enviado al colegio de los franciscanos en la próspera ciudad de Dax, donde se entregó de lleno a los estudios. Allí también, años después, recibiría la tonsura y las órdenes menores, para luego ingresar a la universidad de Toulouse, donde estudiaría teología.

Sacerdocio precoz

Vicente fue ordenado sacerdote en 1600, con tan solo diecinueve años, e inmediatamente el obispo, dada la madurez del novel presbítero, quiso encargarle una parroquia que, sin embargo, no llegó a asumir debido a su corta edad -el código de derecho canónico se lo impedía dada su juventud-.

Lamentablemente, cuando se embarcó de regreso, el barco en el que viajaba fue atacado por un grupo de piratas turcos y Vicente fue hecho prisionero.

Algunos de sus biógrafos dan cuenta de que fue vendido como esclavo y que estuvo al servicio primero de un pescador, luego de un médico y finalmente de un cristiano apóstata, exfraile franciscano. A este último, Vicente logró devolverlo a la fe cristiana -aquel hombre había adoptado el Islam- y gracias a su ayuda logró regresar a París.

 

«De buena gana gastaré lo que tengo…» (2 Cor 12, 15)

 

Después de retomar el ejercicio sacerdotal, Vicente fue nombrado capellán, pero tuvo que pasar por abundantes penurias económicas.

Providencialmente, a través de un amigo suyo, el futuro cardenal Pedro de Berulle, consiguió un empleo como preceptor de los hijos de una ilustre familia lugareña, los Condi.

En estas circunstancias Vicente empieza a decantar con más profundidad el Evangelio y las exigencias propias de la vida cristiana: trabajando para quienes ostentan riqueza ponderó mejor el drama de quienes viven en la pobreza.

El Padre Vicente se propuso pagar con amor todo el amor recibido de Dios, y quiso hacerlo de manera especial con los más necesitados.

De esta manera, dio un giro en su labor pastoral y empezó a atender moribundos, abandonados y enfermos. Las visitas a lugares remotos se hicieron cada vez más frecuentes. El santo iba y venía con el propósito de atender a quien lo requería. Sabía muy bien que Dios, en su ternura, no podía olvidarse del más necesitado.

 

«…Y hasta me entregaré entero por todos ustedes» (2 Cor 12, 15)

 

Su experiencia de vida al servicio del Señor le infundió en el corazón el deseo de organizar una congregación que se ocupase de administrar principalmente obras de caridad. Así, Vicente fundó la Congregación de la Misión.

Ser misionero para él era algo que solo podía sostenerse en la oración dedicada y constante. Su tiempo como preceptor y la buena formación teológica que recibió lo inspiraron para que los miembros de la nueva congregación se dediquen también a la formación del clero. Después, junto a Santa Luisa de Marillac, fundaría la Compañía de las Hijas de la Caridad.

Para San Vicente, además de la oración, era importantísimo el cultivo de la virtud, en especial de la humildad. Esta debería ser la base de la vida cristiana y cualidad indispensable de los sacerdotes misioneros.

 

Promotor de la vida espiritual y el recurso al consejo

San Vicente conoció al obispo San Francisco de Sales quien le encargó la capellanía de las ‘visitandinas’ (Orden de la Visitación) de París, y la dirección espiritual de Santa Juana de Chantal (1572-1641). Con el correr del tiempo llegó a ser consejero de autoridades y gobernantes.

El buen Vicente fue un verdadero amigo de los desposeídos y un celoso apóstol de su tiempo. Partió a la Casa del Padre el 27 de septiembre de 1660.

 

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Si quieres saber más sobre San Vicente de Paul, te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Vicente_de_Paul_San.

Más información:

 

Fuente: ACI Prensa
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Hoy celebramos a los santos Damián y Cosme, mártires

Hoy celebramos a los santos Damián y Cosme, mártires

La historia de los santos gemelos que ejercieron la medicina por amor al Evangelio, resistieron el martirio y hoy son patronos universales de médicos y cirujanos.

 

Buenos Aires, sábado 26 septiembre (PR/26) — Hoy se celebra el día de los hermanos gemelos santos Cosme y Damián, quienes han sido, junto con San Lucas, los patronos de los médicos católicos.

En oriente los llaman «los no cobradores», porque ejercían la medicina sin cobrar nada a los pacientes pobres. Lo único que les pedían era que les permitieran hablarles por unos minutos acerca de Jesucristo y de su Evangelio.

San Cosme y San Damián son mundialmente conocidos como los santos patronos de los médicos y los cirujanos. Debido a su profesión y a la forma en que ejercían la medicina, su patronazgo se extiende tradicionalmente a todo el ámbito de la salud y el cuidado personal.

Lisias, el gobernador de Cilicia, se disgustó mucho porque estos dos hermanos propagaban efectivamente el cristianismo. }

Trató inútilmente de que dejaran de predicar, y como no lo consiguió, mandó echarlos al mar. Pero una ola gigantesca los sacó sanos y salvos a la orilla.

Entonces los mandó quemar vivos, pero las llamas no los tocaron, y en cambio quemaron a los verdugos paganos que los querían atormentar.

Entonces el mandatario pagano mandó que les cortaran la cabeza. Finalmente, derramaron su sangre por proclamar el amor al Divino Salvador.

Junto a la tumba de los dos hermanos gemelos, empezaron a obrarse milagrosas curaciones. El emperador Justiniano de Constantinopla, padeciendo de una grave enfermedad, se encomendó a estos dos santos mártires y fue curado inexplicablemente.

 

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Fuente: ACI Prensa / Otros
La devoción a la Virgen del Rosario de San Nicolás cumple hoy 43 años: la historia de las apariciones que transformaron a una ciudad y a muchos argentinos

La devoción a la Virgen del Rosario de San Nicolás cumple hoy 43 años: la historia de las apariciones que transformaron a una ciudad y a muchos argentinos

 

 

Por  Julio Bazán

 

La patrona se apareció por primera vez frente a una mujer en 1983. (Foto: cortesía Obispado de San Nicolás)

 

Buenos Aires, viernes 25 de septiembre (PR/26) .- La Virgen del Rosario de San Nicolás es la advocación mariana más numerosa surgida en el período contemporáneo argentino.

La imagen con el Niño Jesús, venerada cada año por centenares de miles de fieles en su Santuario, fue bendecida en 1884 en Roma por el papa León XIII, en cuyo homenaje el papa Robert Prevost, que pronto visitará la Argentina, eligió el nombre de León XIV.

Fue Gladys Motta, una ama de casa de 46 años habitante de la ciudad bonaerense de San Nicolás, quien proclamó que la Virgen se le apareció por primera vez el 25 de septiembre de 1983, mientras rezaba el rosario en una habitación de su casa. Como suele suceder en estos fenómenos de la fe, el pueblo cristiano abrazó masivamente la creencia antes de que la Iglesia Católica la aprobara oficialmente.

 

Su imagen fue bendecida por el papa León XIII. (Foto: cortesía Obispado de San Nicolás)
Su imagen fue bendecida por el papa León XIII. (Foto: cortesía Obispado de San Nicolás)

Recién el 22 de mayo de 2016, tras doce años de minuciosos exámenes psiquiátricos y estudios de comisiones de teólogos para determinar si los mensajes se ajustaban a la doctrina cristiana, la Iglesia proclamó oficialmente que los acontecimientos iniciados en 1983 eran “de carácter sobrenatural” y “dignos de fe”. Fue a través de un decreto del entonces obispo de la diócesis de San Nicolás de los Arroyos, monseñor Héctor Cardelli.

Este año, la celebración se realiza bajo el lema “Madre, tu mirada nos sostiene”, surgido de un proceso de escucha sinodal de las vivencias y necesidades de los devotos. A la hora cero del viernes 25, los peregrinos llegados de toda la Argentina y países limítrofes le cantaron el “cumpleaños feliz” número 43 en una ceremonia emocionante.

Y a las 15, la imagen saldrá para la peregrinación ritual por las calles de la ciudad, en andas de una multitud fervorosa.

Gladys, que actualmente tiene 89 años, seguirá los festejos desde el interior de su casa, ubicada a metros del gran santuario, en la que vive voluntariamente enclaustrada.

Hace décadas que no tiene contacto con la gente. El pequeño patio de la entrada a su hogar está permanentemente alfombrado por mensajes escritos por los fieles, convencidos de que a través de ella llegarán a la Madre de Dios que está en los Cielos.

Sobre la primera aparición, ella contó que, cuando notó que el rosario que colgaba en su habitación se iluminaba, comenzó a rezar y sintió un hormigueo en los brazos como un aviso celestial antes de que se le apareciera la Virgen María.

Más tarde reconoció los rasgos del advenimiento en una imagen serena y refulgente de María con el Rosario y el Niño en brazos, de tradición europea, que estaba arrumbada en un depósito de la Catedral y es la que se expone a la admiración de los fieles.

Su aparición fue legitimada en 2016. (Foto: DYN)

Su aparición fue legitimada en 2016. (Foto: DYN)

 

La explicación de por qué la Virgen eligió a San Nicolás y a Gladys solo puede hallarse en el insondable misterio de la fe. Pero la humilde mujer, que apenas había cursado hasta el cuarto grado de la escuela primaria, convenció a las autoridades eclesiásticas de que no se trataba de un delirio místico.

Dijo que la Virgen había llegado y quería quedarse, y que hasta le transmitió su voluntad de que le erigieran un templo en un “campito” baldío contiguo a uno de los arroyos que desembocan en el río Paraná. La construcción comenzó en 1986 y el Santuario, inaugurado en 1984, es el más espacioso de la Argentina, con capacidad para 9.000 personas de pie.

En una ocasión la Madre de Jesús dijo: «Soy la Patrona de esta región ¡Haced valer mis derechos!»

Al influjo del suceso sobrenatural, la ciudad de San Nicolás, de rica historia, adquirió una nueva identidad: se convirtió en la Ciudad de María, que comenzó a congregar a legiones de fieles provenientes de los cuatro puntos cardinales de la fe. Primero había sido la Ciudad del Acuerdo, desde que el 31 de mayo de 1852, trece provincias sentaron en su territorio las bases de la organización nacional. Fue cuando firmaron el Acuerdo de San Nicolás, que consagró las coincidencias que dieron nacimiento a la Constitución de 1853.

 

Su santuario fue inaugurado en 1984. (Foto: cortesía Obispado de San Nicolás)
Su santuario fue inaugurado en 1984. (Foto: cortesía Obispado de San Nicolás)

Pero en 1960, la puesta en marcha de la gigantesca planta siderúrgica de SOMISA produjo un desarrollo industrial con un impacto demográfico, económico y social gigantesco que la transformó y la convirtió en la Ciudad del Acero.

La transición fue traumática, porque la privatización de SOMISA en 1992, durante el gobierno de Carlos Menem, expulsó a 6500 trabajadores (más de la mitad del personal) por despidos y retiros voluntarios forzosos, y se temió una debacle socioeconómica.

Sobrevinieron la crisis y la depresión. Parecía que todo se derrumbaba alrededor y surgió el temor colectivo de que San Nicolás se convirtiera en una Ciudad Fantasma. Pero ya estaba la Virgen, cuya imagen acompañó la lucha en los paros y movilizaciones y escuchó los ruegos de los damnificados. Dio contención y esperanza.

La que fue la Ciudad del Acuerdo, primero, y la Ciudad del Acero después, ya se convirtió definitivamente, para millones de devotos, en la Ciudad de María, la Virgen milagrosa que despierta una devoción más resistente que el acero y concita el acuerdo del pueblo para su veneración. Por eso, cada año, los devotos desfilan ante Ella, convencidos de que es capaz de convertir la desesperación en esperanza y la pena en alegría.

 

 

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Fuente: TN 
Hoy celebramos a San Carlos de Sezze, a quien Cristo traspasó el corazón

Hoy celebramos a San Carlos de Sezze, a quien Cristo traspasó el corazón

Buenos Aires, viernes 25 de septiembre (PR726) .- Cada 25 de septiembre la Iglesia celebra a San Carlos de Sezze, fraile franciscano nacido en Italia, uno de los más grandes exponentes de la poesía y la mística del siglo XVII.

Fray Carlos llevó en carne propia signos físicos del amor de Dios: su corazón fue traspasado por un rayo de luz proveniente de la Eucaristía que le dejó una herida abierta en el pecho hasta el final de su vida.

Juan Carlos Marchioni -nombre de pila del santo- nació en 1620, en el pequeño pueblo de Sezze, en la región de Lacio (Italia). De origen humilde, logró acceder a la escuela gracias al encomiable esfuerzo de sus padres.

“Un fracaso escolar” y el consiguiente milagro

Un día, en la escuela, Juan Carlos recibió un fuerte castigo físico -a la usanza de la época- a manos de su maestro por no haber aprendido adecuadamente una lección. Sus padres, decepcionados, pensaron que el muchacho carecía de aptitudes para el progreso en los estudios. Así que decidieron sacarlo del colegio y enviarlo a trabajar al campo, donde -pensaban ellos- el jovencito podría ser de mayor provecho.

Carlos pensó, por su parte, que su fortuna no había sido del todo mala y que podría vivir en el campo por el resto de su vida, lejos del compromiso de tener que estudiar.

Un segundo después, se encontró tirado en el suelo, abrió paulatinamente los ojos, tomó aire y miró alrededor. Los bueyes ya no estaban junto a él; solo pudo divisar sus siluetas a cierta distancia. Se revisó por todas partes. Estaba completamente ileso.

Perseverar hasta el fin

Unos días después del susto, Carlos vio pasar a unos franciscanos por el campo donde trabajaba. Raudo, se acercó a ellos a preguntar qué debía hacer para ser como ellos. Los frailes le dijeron que se dirigiera a Roma y buscase hablar con el padre superior de la Orden.

De inmediato, el jovencito se juntó con tres amigos con quienes unos días después iniciaría el periplo hacia la Ciudad Eterna.

Los cuatro llegaron a la casa de los franciscanos en Roma y fueron recibidos por el padre superior. Este, queriendo poner a prueba sus intenciones, los recibió ásperamente y los trató como haraganes -otros más de todos los que tocaban la puerta del convento para asegurarse alimento gratis y un techo-. Acto seguido, el superior los echó fuera.

Los jóvenes insistieron en ser recibidos alegando que sus intenciones eran rectas, pero no consiguieron que el fraile cambie de opinión, así que tuvieron que apartarse. No obstante, al rato, decidieron volver y tocar otra de las puertas del convento, a ver si su suerte cambiaba. Cuando les abrieron, suplicaron al superior -esta vez con gritos- que los recibiera. El fraile, haciéndose el difícil, les dijo que esa noche les permitiría dormir en calidad de limosneros, pero que al día siguiente tendrían que irse definitivamente.

Los cuatro aceptaron la propuesta, pero, al día siguiente, en vez de ser echados, recibieron un mensaje inesperado del superior. El fraile les mandaba decir que habían pasado “la prueba inicial” y que serían admitidos como aspirantes.

“Todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará” (Mt 16, 25).

Carlos fue nombrado portero del convento. Su costumbre era admitir a todo caminante que pidiera hospedaje por las noches, generalmente muy frías, así como repartir entre los huéspedes la limosna que la gente con más recursos le dejaba. Al principio el superior se lo aceptaba, pero después lo mandó llamar para decirle: «De hoy en adelante no admitiremos a hospedarse sino a unas poquísimas personas, y no repartiremos sino unas pocas limosnas, porque estamos dando demasiado».

Él obedeció como correspondía, pero sucedió entonces que ya nadie les daba las cuantiosas ayudas de antes y el número de benefactores habituales de la Orden se redujo. Entonces, el superior lo llamó para preguntarle cuál podría ser la causa de tal disminución.

«La causa es muy sencilla –respondió el hermano Carlos-, es que dejamos de dar a los necesitados y Dios dejó de darnos a nosotros. Porque con la medida con la que repartamos a los demás, con esa medida nos dará Dios a nosotros».

Esa misma noche Fray Carlos recobró el permiso para recibir a cuanto huésped pobre llegara y para repartir las limosnas generosamente. Dios volvería a enviar a los frailes las habituales y copiosas donaciones, suficientes para vivir y ayudar.

Las puertas del cielo están abiertas para los que practican la humildad

No pocos, entre quienes reconocían en Carlos una vida espiritual profunda, le solicitaron que redactara ciertas pautas que ayudaran a otros a orar mejor y crecer en santidad. El fraile aceptó el pedido y dio su consentimiento para que se difundieran sus textos. Esto, lamentablemente, no fue del agrado de todos. Lo que para él era un acto de obediencia y desprendimiento, se convirtió a los ojos de algunos en un gesto de petulancia y vanidad. Después llegaron las reprimendas y la amenaza de excluirlo de la comunidad.

El buen fraile no tenía ni idea de que para estos menesteres son necesarias las censuras y revisiones de los “doctos”. Humillado, se arrodilló ante el crucifijo para desahogar su dolor, cuando, de pronto, oyó una voz que le decía: «Ánimo, que estas cosas no te van a impedir entrar en el paraíso». Esa voz era la de Cristo, que desde la cruz le estaba hablando.

Un corazón traspasado, Tú no lo desprecias (Sal 51, 17)

Había una breve y sencilla oración que el hermano Carlos repetía con frecuencia: «Señor, enciéndeme en amor a Ti». El pedido se convirtió en jaculatoria porque siempre estaba en sus labios o en sus pensamientos. Estas sencillas palabras le ayudaban a expresar cuánto Cristo había transformado su vida y cuán unida a Él se hallaba su alma.

Un día de octubre de 1648, durante la elevación del Santísimo Sacramento, San Carlos vio cómo un rayo de luz brotaba de la hostia consagrada en dirección a su pecho. En ese instante, mientras clamaba a Dios angustiado, sintió que esa luz le traspasaba el corazón.

Después, se encontró anonadado. Sobre su pecho había quedado una herida abierta; una que no cerraría jamás.

La virtud y el arte

San Carlos de Sezze escribió varios poemas de carácter místico, en la tradición de la poesía del amor divino, característica del medioevo italiano. Destacan Las tres vías, El sagrado septenario, y Los discursos sobre la vida de Jesús.

Además redactó, por orden de su confesor, una Autobiografía, la que se considera hoy como decisiva para comprender su alma mística.

En el cielo y en la tierra

San Carlos de Sezze fue beatificado en 1882 por el Papa León XIII, más de dos siglos después de su muerte; y fue canonizado por el Papa San Juan XXIII, el 12 de abril de 1959.

 

 

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Fuente: Aciprensa