Julián y Basilisa gozaron de gran veneración en la Edad Media (del siglo VIII en adelante). Habitualmente se les celebraba el 9 de enero, aunque de acuerdo al Martyrologium Hieronymianum (Martirologio de San Jerónimo) la fecha debida era el día 6 -tres días antes-. La reforma más reciente del Martirologio Romano registra su memoria litúrgica también el 6 de enero; sin embargo, por tradición, prevalece aún el 9 de enero entre los devotos.

Matrimonio cristiano y santidad

San Julián y Santa Basilisa vivieron un amor esponsal en virginidad perpetua y libre. Ambos habían decidido ofrecer al Señor -cada uno por propia cuenta- mantenerse vírgenes de por vida. No obstante, mantener una promesa así en aquellos tiempos reportaba también exigencias e incomprensiones de todo orden para cualquier joven en edad de casarse. Aún así, cada uno eligió ese camino como una forma de seguir y entregar la vida al servicio de Dios y de los hermanos en la fe.

Julián era el hijo único de una noble y rica familia en la que fue formado cristianamente. Y, como era habitual, al cumplir los 18 años sus padres iniciaron los arreglos para su casamiento. La joven elegida también pertenecía a la nobleza y llevaba el nombre de Basilisa.

Julián y Basilisa entendieron, en la práctica continua del ayuno y la oración, que Dios tenía un camino especial trazado para ellos, y que juntos podrían vivir las promesas hechas al Señor. Posteriormente, los dos confirmarían con creces su particular llamado a través de las gracias derramadas sobre ellos y su entorno. Según la tradición, el Señor Jesús se les apareció en persona para bendecir su unión matrimonial en espíritu de completa castidad.

Como muchos cristianos de los primeros siglos, los nuevos esposos repartieron sus bienes entre los pobres. Luego se retiraron a vivir a las afueras de su ciudad. Habitaron dos casas que se convertirían en monasterios. Con San Julián se reúnen los varones y con Santa Basilisa las mujeres. Mucha gente empezó a buscarlos por consuelo espiritual y consejo para la vida cristiana.

El grupo de hombres nombró a San Julián como su ‘abad’ [padre], en quien vieron un modelo de caridad y prudencia, entrega al trabajo, desprendimiento y oración. En torno al santo se constituyó una idea de auténtica fraternidad, fortalecida en la vida ascética y la disciplina espiritual.

Hay alguien por encima de todos los poderes de la tierra

Cuando la persecución de Diocleciano arreció en la región, Julián fue tomado prisionero junto a todos los que vivían con él. Ante la autoridad, que habría de emitir la sentencia de muerte, San Julián proclamó: “Dios ayuda a los que son sus amigos, y Cristo Jesús, que es muchísimo más importante y poderoso que el emperador, me dará las fuerzas y el valor para soportar los tormentos”.

“Yo no adoro sino única y exclusivamente al Dios del cielo”, gritó San Julián en ese momento. Los verdugos, entonces, precipitaron su ejecución cortándole la cabeza de cuajo. Uno de ellos, llamado Celso, hijo de Marciano, se convirtió a Cristo, impactado por el valor y la serenidad mostradas por el mártir. Estos acontecimientos se produjeron alrededor del año 304. Santa Basilisa, en cambio, sobrevivió a su esposo por un tiempo hasta que moriría por causas naturales.

Si quieres conocer más en torno a estos santos esposos, puedes leer el siguiente artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Santos_Juli%C3%A1n_y_Basilisa.

Primicias Rurales