Buenos Aires, lunes 12 enero (PR/26) — Entre las innumerables obras literarias y cinematográficas que han explorado la vida de Cristo, basándose en los relatos de los cuatro evangelistas y otros, sólo unas pocas se han centrado en los primeros años de la vida de Jesús.

Uno de los ejemplos más conocidos es Cristo el Señor: Fuera de Egipto, de la autora estadounidense Anne Rice, que presenta una biografía imaginativa del niño Jesús inspirada tanto en los evangelios canónicos como en los apócrifos.

Los textos apócrifos ofrecen narraciones sobre la infancia de Jesús que no pertenecen al canon de la Iglesia; sin embargo, su impacto sigue siendo evidente en la cultura cristiana popular, así como en otras religiones.

Obra "El Buen Pastor".Obra «El Buen Pastor». | Crédito: Bartolomé Esteban Murillo (Wikimedia commons).

 

Así lo explica en una entrevista con ACI MENA —agencia de noticias para el mundo árabe de EWTN News— el obispo Joseph Toma, de la Arquidiócesis Caldea de Kirkuk y Sulaimaniyah.

El obispo Toma enfatizó que los escritos apócrifos no son documentos secretos ocultados por las autoridades eclesiásticas para monopolizar la verdad
Más bien, pertenecen a diferentes géneros literarios que recopilan dichos, visiones y narraciones más cercanas al mito que a la proclamación del Evangelio, y estuvieron ausentes de los evangelios canónicos por un proceso más cercano a la selección natural que a la censura oficial.

Señaló la diversidad en sus orígenes y en los idiomas en los que fueron escritos, incluyendo el griego, el georgiano, el copto, el etíope, el latín, el arameo y el árabe.

Algunos de ellos, especialmente los relacionados con la infancia de Jesús, gozaron de amplia circulación y una clara popularidad a través de diversas tradiciones y leyendas cuyos rastros persisten hasta nuestros días.

“La presencia del burro y el buey en el pesebre, a pesar de su ausencia en los evangelios canónicos, destaca como el ejemplo más famoso de su influencia”, dijo, señalando que aparecen en el Evangelio Apócrifo de Mateo con una referencia explícita a la profecía de Isaías (1,3).

También está el Protoevangelio de Santiago, que relata la historia del nacimiento y la vida de María, y el Evangelio de la Infancia, que, según Toma, ofrece encantadores relatos de los asombrosos milagros del niño Jesús —como hacer pájaros de barro y luego darles vida—, así como la severa reprimenda de José al joven Jesús por abusar de sus «poderes».

Señaló que los evangelios apócrifos de la infancia a veces incluyen pasajes de una belleza y maravilla impactantes, como el momento de gran silencio cósmico y luz radiante descrito por el Protoevangelio de Santiago en el momento del nacimiento de Cristo, “cuando todo se congela ante lo indescriptible… antes de que la historia reanude su curso”.

Sin embargo, más allá de la alegría que acompaña a las narraciones de la infancia de Jesús y la abundancia de milagros que relatan, estos textos tienden, en última instancia, a confinar la historia de Jesús a un mundo de maravillas y, por lo tanto, a leyendas muy alejadas de la Buena Nueva y su proclamación.

Otros evangelios apócrifos atribuyen al niño Jesús milagros aún más extraordinarios y polémicos, como la resurrección de un compañero de juegos que había muerto tras una caída, la sanación inmediata de personas ciegas o mutiladas, o la maldición transformada luego en perdón de quienes lo ofendían.

Algunos relatos narran que Jesús alargaba vigas de madera defectuosas sin esfuerzo, hacía brotar agua de un pozo seco o dominaba animales salvajes, subrayando un poder sobrenatural ejercido incluso con gestos mínimos.

Estas escenas, ausentes de los evangelios canónicos, reforzaron una imagen prodigiosa del Jesús niño que alimentó la imaginación popular, aunque fue considerada teológicamente problemática por la tradición eclesial.

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