Foto: Camino de las Altas Cumbres

Aire de campo, caminos sinuosos y pueblos con ritmo propio: propuestas serranas para desconectar sin irse lejos.


Buenos Aires, sábado 21 marzo (PR/26) — Los fines de semana largos invitan a salir, pero no necesariamente a viajar lejos. A pocas horas de las grandes ciudades, las sierras de la región central del país ofrecen ese equilibrio justo entre naturaleza, tranquilidad y algo de movimiento.

En Tandil, el paisaje de Sierras de Tandilia, provincia de Buenos Aires combina historia geológica con propuestas actuales. Hay senderos, cerros accesibles y una escena gastronómica que se disfruta sin apuro. Subir al Parque Independencia o recorrer los alrededores rurales suma otra perspectiva del destino.

Más discreto, el tándem BarkerVilla Cacique mantiene un perfil tranquilo. Viejas construcciones ligadas a la actividad cementera conviven con nuevos emprendimientos turísticos. Caminatas, circuitos serranos y productos regionales aparecen sin demasiada intervención, como parte natural del entorno.

En Olavarría, las sierras bajas se mezclan con pueblos de raíz inmigrante. Las Sierras Bayas permiten recorridos simples, ideales para quienes buscan aire libre sin exigencia física, mientras que la historia local suma contenido al viaje.

El cambio de escala aparece en Sierra de la Ventana. Allí, los relieves son más marcados y el entorno invita a moverse: trekking, cabalgatas o simplemente contemplar el paisaje desde distintos puntos. El área del Parque Provincial Ernesto Tornquist concentra buena parte de estas experiencias.

Cerca del mar, Sierra de los Padres propone otra lógica. Es un destino más chico, con ritmo pausado, donde la combinación de bosque, laguna y cercanía a Mar del Plata permite armar planes flexibles según el clima.

Si la idea es sumar kilómetros, las sierras de Córdoba ofrecen algunos de los recorridos más escénicos del país. El Camino de las Altas Cumbres atraviesa paisajes de altura, con nieblas bajas, pastizales y miradores naturales que invitan a detenerse. Del otro lado, el valle de Traslasierra cambia completamente el clima y el ritmo.

También el Camino del Cuadrado permite unir valles con vistas abiertas, mientras que zonas como Valle de Punilla suman localidades con oferta gastronómica, ferias y actividades culturales.
Los diques cordobeses —como Dique San Roque o Dique Los Molinos— son otro punto fuerte: combinan agua, sierras y actividades náuticas o simplemente espacios para descansar junto al paisaje.

Del lado de San Luis, el perfil es más sereno, pero igual de atractivo. Merlo funciona como puerta de entrada a las sierras, con microclima templado y vistas abiertas desde el filo serrano. Desde allí se puede bajar hacia pueblos con historia como La Carolina, de pasado minero, o recorrer caminos menos transitados que conectan miradores naturales.

En Potrero de los Funes, el circuito que rodea el lago es uno de los clásicos: una ruta corta pero muy escénica, ideal para hacer sin apuro. Más tranquilos aún son El Trapiche y la zona del río Grande, donde el agua clara y los balnearios naturales marcan el ritmo del día. También aparecen sitios con valor histórico, como Inti Huasi, que suma una dimensión cultural al recorrido.

Son viajes donde el plan no necesita ser rígido: alcanza con seguir la ruta, frenar en un mirador o en un parador de camino y dejar que el paisaje ordene el resto.

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