En este segundo Domingo de Pascua, los fieles católicos celebran la fiesta instituida por San Juan Pablo II, el Domingo de la Divina Misericordia. También es una jornada clave para obtener el perdón total de las penas temporales a través de la devoción al Cristo revelado a Santa Faustina Kowalska.
Buenos Aires, domingo 12 abril (PR/26) — Hoy, domingo 12 de abril, la Iglesia Católica celebra la Fiesta de la Divina Misericordia.
Esta solemnidad no es solo una conmemoración litúrgica, sino una oportunidad excepcional para que el fiel obtenga la indulgencia plenaria, una gracia que limpia el alma por completo —devolviéndola al estado del Bautismo— y que puede aplicarse tanto para uno mismo como para los fieles difuntos.
Para acceder a este beneficio, la Iglesia establece tres condiciones esenciales:
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Confesión sacramental.
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Comunión eucarística.
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Oración por las intenciones del Papa.
El origen de la devoción y el legado de Juan Pablo II

La festividad tiene su raíz en las revelaciones de Jesús a la religiosa polaca Santa Faustina Kowalska en 1931. Cristo le transmitió que su Misericordia es el «último esfuerzo de salvación» para la humanidad. Fue San Juan Pablo II quien, en el año 2000, canonizó a la santa e incorporó oficialmente esta fecha al calendario universal de la Iglesia.
“Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y amparo para todas las almas… El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas”, dictan las promesas de Jesús registradas en el diario de la santa.
Simbolismo y espiritualidad de la jornada
La imagen del Señor de la Divina Misericordia, con sus rayos rojo (Sangre) y blanco (Agua), representa la fuente de tesoros inagotables que brotan del costado de Cristo.
La jornada invita también a la práctica de la Coronilla, una oración que suele rezarse a las 15:00 horas, momento que recuerda la entrega de Jesús en la Cruz, y a reflexionar sobre el Evangelio de hoy (Juan 20, 19-31), donde el Resucitado otorga a los apóstoles el poder de perdonar los pecados.
Es, en definitiva, un tiempo de esperanza: “Antes del Día de la Justicia, envío el Día de la Misericordia”, es el llamado que hoy resuena en todos los templos del mundo.
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