El error y la mentira esclavizan

La historia de Hermenegildo, en consecuencia, es la de un converso, no de religión, pero sí de la forma de entender la fe: proveniente de las canteras del error en torno a la Trinidad, fue conducido a la luz de la verdad -Cristo es Dios por toda la eternidad y como Dios ofreció su vida para salvación de los hombres-.

El arrianismo es una herejía con base en la doctrina cristiana, pero que distorsiona completamente la comprensión de la Santísima Trinidad y su dogma. Su origen se atribuye a Arrio (Libia, 250 – Constantinopla, 336), quien negaba la divinidad de Jesucristo sosteniendo que éste provenía efectivamente del Padre, pero había sido creado.

Apertura a la verdad

San Hermenegildo nació en Medina del Campo, Valladolid (en ese entonces Hispania), alrededor del año 564. Su padre, Leovigildo, fue el último monarca entre los visigodos que profesó el arrianismo, que le resultó útil para afianzar su poder político durante su reinado (569 y 586), gracias al apoyo de sus líderes y partidarios.

Rebelión ante la injusticia

Por su parte, Leovigildo contrajo segundas nupcias con Goswintha, viuda del rey Atanagildo, quien además era abuela de Ingunda y una intransigente arriana anticatólica. Goswintha había intentado apartar a Ingunda del catolicismo aunque sin éxito. Ante la negativa de la joven y para zanjar el entredicho, en el año 579, el rey Leovigildo envió a Hermenegildo a la ciudad de Bética (hoy Córdoba, Andalucía) en calidad de gobernador.

“La verdad os hará libres” (Jn 8, 31-42)

Tras cinco años de guerra civil, Hermenegildo fue derrotado y capturado en Sevilla por los correligionarios de su padre. Después sería desterrado a Tarragona y recluido en la cárcel por órdenes de Leovigildo. Allí terminaría ejecutado -probablemente de un mazazo en la cabeza, aunque otras fuentes históricas señalan que fue degollado- en la Pascua del año 585, tras haberse negado a recibir la comunión de manos de un obispo arriano.

En 1585, al cumplirse mil años de los acontecimientos en torno a la vida y muerte de Hermenegildo, el rey Felipe II de España le pidió al Papa Sixto V que autorizara el culto al mártir dentro de su reino. La festividad de San Hermenegildo quedó fijada el día del aniversario de su muerte, el 13 de abril.

San Hermenegildo fue canonizado por el Papa Urbano VIII en 1639, siendo declarado “patrono de los conversos”