Cartagena de Indias, 4 de septiembre de 2023– «Los bancos públicos de desarrollo deben asegurarse de que sus significativos recursos financieros sirven de la mejor manera posible a la lucha contra el hambre, la pobreza y el cambio climático», dijo hoy Álvaro Lario, Presidente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola de las Naciones Unidas (FIDA), durante la Cumbre de Finanzas en Común 2023 (FiCS, por sus siglas en inglés), celebrada en Cartagena de Indias, Colombia.
Con el hambre y la pobreza en aumento y con la aceleración del cambio climático, los líderes mundiales y los jefes de las instituciones financieras se reúnen en la cumbre para fortalecer el papel crucial de los Bancos Públicos de Desarrollo (BPD) a la hora de proporcionar financiamiento para el desarrollo y la acción climática, así como para ayudar a los países en desarrollo a cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París.
Los BPD suministran dos tercios de la financiación de los sistemas alimentarios del mundo, e invierten colectivamente entre 2 y 3 billones de dólares por año entre todos los sectores. En el FiCS, el FIDA promoverá que los BPD nacionales, dado su mandato y los activos disponibles, puedan desempeñar un papel si cabe más importante para lograr que los sistemas alimentarios sean más sostenibles, resilientes y equitativos.
«No debemos cejar en nuestro empeño por garantizar que los BPD desplieguen mayor capital y ofrezcan servicios que se adapten lo mejor posible a las necesidades de la población rural y los pequeños agricultores, quienes producen un tercio de los alimentos del mundo. Ellos son clave para la seguridad alimentaria mundial y la preservación de la biodiversidad», dijo Lario. «Necesitan adaptarse con urgencia a un clima que cambia rápidamente y no pueden seguir viviendo en el hambre y la pobreza. Necesitan acceso a financiamiento, tecnologías y mercados para aumentar su producción e ingresos».
La guerra en Ucrania y la pandemia de la COVID19 expusieron claramente la fragilidad y las ineficiencias de los sistemas alimentarios. Más de 3 000 millones de personas no pudieron permitirse una dieta saludable en 2021. Además, se estima que hasta un total de 783 millones de personas padecieron hambre en 2022. Los pequeños productores, que son la columna vertebral de la producción de alimentos, reciben solo 6 céntimos por cada dólar de alimentos que producen. Asimismo, alrededor del 80 % de los más pobres del mundo viven en zonas rurales. Al contribuir con un tercio de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, los sistemas alimentarios también tienen una fuerte huella ambiental.
Tras haber doblado su número de miembros en el último año, y alcanzando hoy más de 130 BPD de 98 países, la iniciativa está ganando impulso y promoviendo la acción colectiva para lograr un cambio a gran escala.
La Plataforma BPD facilita el intercambio regular de mejores prácticas entre sus miembros sobre temas de interés común, incluida la digitalización, el apoyo a pequeñas y medianas empresas, y la financiación de la adaptación al cambio climático, ayudando a crear capacidades. Se convierte así en un instrumento importante de mejores prácticas compartidas, así como de asistencia técnica entre pares para fomentar una mayor capacidad de invertir en aras de la transformación de los sistemas alimentarios y la acción climática.
Por ejemplo, el banco FIRA (México) ha colaborado recientemente con Le Crédit Agricole du Maroc (Marruecos) y el Banco Agrícola de China, compartiendo mejores prácticas para la preparación de su nueva estrategia de sostenibilidad.
La Unión Europea ha aprobado recientemente una financiación de 2,3 millones de euros a la Plataforma, convirtiéndose en el primer donante externo que apoya la plataforma, además del FIDA y la AFD.
El FIDA en América Latina y el Caribe
Durante muchos años, el FIDA ha tenido una estrecha relación con BPD como BANCOLDEX (Colombia), BNDES (Brasil), COFIDE (Perú) y FIRA (México), y ahora está buscando fortalecer la colaboración para explorar oportunidades de inversión, cofinanciación y trabajo conjunto en favor de los pequeños agricultores. En 2021, el FIDA otorgó por primera vez un préstamo a un BPD, el BNDES brasileño para un proyecto de 218 millones de dólares estadounidenses enfocado en forjar la resiliencia de las comunidades rurales frente al cambio climático en el noreste de Brasil.
El volumen de inversión actual del FIDA en América Latina y el Caribe, donde tiene lugar el FiCS, representa el máximo histórico del fondo en la región. Se trata de 30 operaciones en 17 países latinoamericanos con un financiamiento total de 1 800 millones de dólares estadounidenses (630 millones provienen directamente del FIDA; 647 millones han sido proporcionados por gobiernos que reciben préstamos y donaciones del FIDA; y 508 millones corresponden a financiación de países donantes).
Los proyectos del FIDA en América Latina y el Caribe contribuyen a la inclusión de los pequeños agricultores en las cadenas de valor formales, así como a la conservación de la biodiversidad y a la producción de alimentos nutritivos. Las prácticas agrícolas climáticamente inteligentes también han ayudado a reducir la vulnerabilidad a la inseguridad alimentaria en estos territorios.
El FIDA es una institución financiera internacional y un organismo especializado de las Naciones Unidas con sede en Roma, donde se encuentra el mecanismo central de las Naciones Unidas para el sector de la alimentación y la agricultura.
Buenos Aires, 30 agosto (PR/23) — ¿Te imaginas un agro donde cada árbol no sólo cultive vida, sino también oportunidades financieras y ambientales? 🌱💰
Descubrí como Nativas, está dando forma a este emocionante futuro al innovar en reforestación con especies autóctonas y generar bonos de carbono.
Esta startup santafecina hace historia a través de la reforestación con especies nativas y bonos de carbono.
En el corazón de la transformación digital en el mundo agrícola, surge una inspiradora historia de innovación y sostenibilidad: Nativas. Esta startup fundada por tres amigos apasionados ha tomado la iniciativa de revolucionar la manera en que entendemos la reforestación y su impacto en el agro.
A través de la implementación de especies nativas y la generación de bonos de carbono, Nativas busca conectar empresas con proyectos de regeneración de ecosistemas en Argentina y Uruguay, y así poner en valor el impacto ambiental y social de cada proyecto para impulsar la estrategia de sostenibilidad de las empresas e involucrarse activamente en la acción climática.
¿De qué manera implementan la innovación?
La base de la innovación de Nativas radica en su enfoque hacia la reforestación con especies nativas. Lo que también influye en la mitigación del cambio climático. En un mundo donde la biodiversidad está en riesgo, Nativas se destaca al seleccionar y plantar árboles que son autóctonos de la región. Esta elección no solo promueve la recuperación de ecosistemas locales, sino que también fomenta la adaptabilidad al clima y la resistencia a enfermedades.
Pero aquí es donde la innovación de Nativas se eleva aún más. La empresa ha aprovechado la creciente importancia de la sostenibilidad ambiental al implementar una estrategia única: la generación de bonos de carbono. Al absorber dióxido de carbono a través de sus árboles nativos, Nativas no solo contribuye a combatir el cambio climático, sino que también se abre paso en un mercado emergente de bonos de carbono, generando ingresos que impulsan su misión.
¿Qué beneficios aporta al agro?
Restauración del ecosistema:
La plantación de especies nativas no solo mejora la biodiversidad, sino que también restaura la salud de los suelos y los ecosistemas. La biodiversidad fortalece la resistencia a plagas y enfermedades, reduciendo así la necesidad de productos químicos dañinos. Además, la reintroducción de flora autóctona promueve la polinización y ayuda a mantener un equilibrio natural en el agro.
Ingreso adicional para agricultores:
Nativas no solo trabaja para restaurar la tierra, sino que también brinda oportunidades financieras a los agricultores. Mediante la participación en el programa de bonos de carbono, los agricultores pueden obtener ingresos adicionales al comprometerse con la reforestación. Esto no solo contribuye a la economía local, sino que también fomenta la adopción de prácticas sostenibles en la comunidad agrícola.
Mitigación del cambio climático:
La lucha contra el cambio climático es un desafío global, y Nativas está haciendo un gran aporte. Al absorber carbono de la atmósfera y convertirlo en recursos naturales, la startup no solo contribuye a reducir las emisiones, sino que también educa y promueve una conciencia ambiental más profunda en toda la industria agrícola.
Nativas es mucho más que una startup de reforestación; es un ejemplo inspirador de cómo la innovación y la sostenibilidad pueden converger para transformar el agro. A través de la plantación de especies nativas y la generación de bonos de carbono, Nativas demuestra que es posible un futuro en el que la agricultura y el medio ambiente prosperen en armonía.
Buenos Aires, 1 de mayo (PR/23).- ¿Qué es el efecto invernadero? El «efecto invernadero» es ampliamente discutido y aunque sus detalles son complicados, sus principios no son difíciles de entender. Sin el efecto invernadero, la radiación del Sol viajaría a la Tierra, se transformaría en calor y se perdería en el espacio.
El efecto invernadero es un proceso en el que la energía del sol penetra fácilmente en la atmósfera inferior y alcanza la superficie de la Tierra. Allí se convierte en calor, pero debido a la presencia de ciertos gases que lo atrapan, como el dióxido de carbono, el metano y el vapor de agua, la atmósfera retiene la radiación soles y el planeta se calienta.
Según la física, la radiación que recibimos del Sol debe ser igual al calor que la Tierra irradia hacia el espacio. Si tuviéramos que devolver menos energía de la que recibimos, nuestro planeta se calentaría demasiado. Y si renviáramos más se enfriaría, en ambos casos haría imposible la vida. A esa fórmula se le llama: balance de energía.
La clave es el equilibrio
A -18 grados Celsius nuestro planeta irradia una cantidad de calor al espacio que es equivalente a la recibida del sol, la llamada “temperatura aparente”. ¿Cómo podemos hablar de calentamiento global cuando acabamos de indicar que la Tierra debe tener una determinada temperatura? Y ¿cómo es que la temperatura de la superficie de la Tierra no está helada?
La clave para entender esta aparente contradicción es recordar que vivimos en la parte inferior de la atmósfera. En lo que se refiere al equilibrio de la radiación, la atmósfera inferior y la superficie de la Tierra forman parte de un interior “cálido” que protege al planeta.
La temperatura aparente “superficial” se encuentra a unos 5000 metros de altura dentro de la atmósfera. Para comprender mejor este concepto se debe tener en cuenta lo siguiente. La diferencia de elevación entre 0 metros y 5.000 metros corresponde a una diferencia de temperatura de aproximadamente 15 °C.
En otras palabras, la Tierra a nivel del mar es 15 °C más caliente de lo que sería sin la atmósfera. Durante los últimos 100 años, más o menos esta superficie aparente de temperatura se ha estado elevando gradualmente en la atmósfera como resultado del calentamiento global de origen antropogénico. ¿Qué es el efecto invernadero?
La temperatura de la atmósfera
¿Cómo es posible que la Tierra equilibre exactamente la luz solar entrante con la radiación de calor saliente? La respuesta es sencilla: la cantidad de calor de la Tierra está precisamente ligada a la temperatura de la atmósfera.
Si la temperatura de la superficie aparente es demasiado baja y la Tierra irradia muy poco calor para mantener el equilibrio. Pero si esta es demasiado alta, la Tierra emite más calor del que recibe.
En general, esta retroalimentación negativa estabiliza el equilibrio de la radiación a pesar de todas las variaciones de la temperatura de un lugar a otro y dentro de la columna vertical de la atmósfera. Se ajusta la temperatura de modo que la energía entrante y saliente esté equilibrada.
¿Qué pasa en la Luna?
Si bien la Luna está casi a la misma distancia del Sol que nuestro planeta, carece de atmósfera. Por esa razón, no solo no hay vida en nuestro satélite, sino que la diferencia de temperaturas es realmente radical. Ya que cuando brilla el Sol puede llegar a los 125 °C y en la noche ser de -200 °C.
Si la Tierra no tuviera atmósfera y una capa de gases que indujeran al “efecto invernadero” natural, las temperaturas terrestres también serían extremas. No tendríamos 4 estaciones diferenciadas y seguramente el agua se congelaría o se evaporaría. En todo caso, sería un sitio decididamente inhóspito para vivir.
Variaciones solares
Cuando se habla del efecto invernadero es fundamental tener en cuenta la cantidad de luz solar que llega a la Tierra, lo que depende del tamaño y el brillo del Sol y de la distancia. Los científicos estiman que el tamaño del Sol es constante. El brillo sí que varía un poco, alrededor de una milésima de su valor durante un ciclo solar de once años.
Podemos tomar esto como constante también, llamando al flujo de energía entrante «la constante solar». Uno de los temas polémicos en las discusiones sobre el calentamiento global de los últimos años y que no se ha resuelto por completo es la cuestión de si un sol más brillante puede haber contribuido al aumento de temperatura y al Calentamiento Global.
Factores antropogénicos
A partir de la revolución industrial, los seres humanos han estado generando cantidades muy importantes de gases (los llamados gases de efecto invernadero o GEI) que acaban en la atmósfera. Allí rompen el equilibrio de radiación que debe tener nuestro planeta, haciendo que la temperatura en la superficie sea mayor.
El CO2 procedente de las combustiones, el metano de la agricultura y la ganadería, los gases del tipo CFC (los que inciden en el agujero de ozono), han ido acumulándose y haciendo que la capa protectora se engrose. Por lo que el interior de la atmósfera está calentándose más rápido de lo que debería. Siempre siguiendo la necesidad de equilibrio físico del balance energético del planeta. ¿Qué es el efecto invernadero?
Buenos Aires, 25 de abril (PR/23) .- A partir de la implementación de tecnologías sustentables, nuestro país cumple con su compromiso asumido en el Protocolo de Montreal, un acuerdo internacional ambiental que apunta a recuperar la capa de ozono. El aporte técnico del INTA en el desarrollo de alternativas sustentables para la desinfección de suelos y sustratos en hortalizas, flores y frutilla.
Ratificado por 165 países, entre ellos la Argentina, el Protocolo de Montreal apunta a disminuir la producción y consumo de las diversas sustancias que agotan el ozono y la tasa de crecimiento de su concentración atmosférica. Una de estas sustancias es el bromuro de metilo, un gas ampliamente usado en el sector agrícola en tratamientos de control de plagas y desinfección de suelos y sustratos.
Con este objetivo, el INTA fue convocado para llevar adelante tres proyectos de sustitución del bromuro de metilo. Así, se logró su reemplazo en la producción de almácigos de tabaco, mediante el proyecto “Prozono”, así como en la postcosecha de cítricos y algodón, mediante el proyecto “Más ozono”.
Para los cultivos de hortalizas, frutilla y ornamentales, se creó el proyecto “Tierra Sana” que es implementado por el INTA junto con la organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI). Además, se coordina conjuntamente con el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación y Cancillería.
Fruto del trabajo de más de 20 años se desarrollaron alternativas que permiten la desinfección del suelo y los sustratos de manera sustentable.
“El objetivo inicial del proyecto es acompañar al productor en la reconversión tecnológica que implica la sustitución de estas sustancias por alternativas de manejo y tecnologías sustentables. Para ello, se investigaron, validaron e implementaron prácticas de manejo y tecnologías alternativas”, detalló Analía Puerta, coordinadora nacional del proyecto “Tierra Sana” e investigadora del Instituto de Floricultura del INTA Castelar.
Tierra Sana cuenta con una coordinación nacional en el Centro Nacional de Investigación en Recursos Naturales del INTA y ocho equipos técnicos regionales pertenecientes a diferentes unidades en el Gran Buenos Aires, Salta-Jujuy, Santa Fe, Corrientes, Tucumán, Córdoba, Mar del Plata y Mendoza-San Juan.
Fruto del trabajo de más de 20 años se desarrollaron alternativas que permiten la desinfección del suelo y los sustratos de manera sustentable.
“Al cumplir con este compromiso internacional, el proyecto Tierra Sana inicia una nueva etapa que tiene como desafío sostener el reemplazo logrado, al igual que lo han hecho otros proyectos de sustitución de bromuro de metilo en el mundo”, expresó Puerta.
“La riqueza de estos resultados, detalló la investigadora, es la articulación con otros proyectos del INTA, universidades, productores y empresas del sector privado. A escala internacional, el proyecto construyó una red de vinculación con referentes en la temática en países que también lograron el reemplazo total del bromuro de metilo en sus cultivos. Se cuenta con material bibliográfico de consulta sobre las alternativas desarrolladas y periódicamente se realizan jornadas de actualización técnica”.
Las acciones del proyecto Tierra Sana impulsan las buenas prácticas agrícolas de nuestro país y la economía circular, al tiempo que contribuyen al cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible (“ODS”) trazados por la Organización de las Naciones Unidas en la agenda 2030.
En ese sentido, “la meta final, asumida por los países que integran el Protocolo de Montreal, es llegar a la recuperación total de la capa de ozono”, puntualizó. Para ello, “se ha logrado dar un paso trascendental al registrarse, en los últimos veinte años, la mayor reducción del agujero de ozono”.
Por otro lado, Puerta aseguró que “el cumplimiento del Protocolo de Montreal también contribuye con las acciones frente al cambio climático, ya que muchas de las sustancias eliminadas son también potentes gases de efecto invernadero”.
El Protocolo es un caso de éxito ambiental, ya que, si se continúan cumpliendo con las acciones acordadas, la capa de ozono podría recuperarse hasta su normalidad hacia el año 2050.
El Protocolo de Montreal apunta a disminuir la producción y consumo de las diversas sustancias que agotan el ozono y la tasa de crecimiento de su concentración atmosférica.
Una sustancia, numerosas alternativas para reemplazarla
Entre las alternativas que permitieron reemplazar gradualmente el bromuro, Puerta enumeró las físicas, las biológicas y las químicas, todas ellas capaces de ser empleadas de manera eficiente y sustentable.
Entre las alternativas físicas se encuentran la solarización, un método de desinfección que utiliza la energía solar. Para esto, la superficie a desinfectar se cubre con un plástico transparente durante 30 a 45 días, con el objetivo de retener la radiación solar y producir un aumento de temperatura que permita suprimir o eliminar los organismos patógenos. El polietileno se puede colocar en cobertura total o sobre los lomos del cultivo, dependiendo del grado de infestación del sitio. Se trata de una práctica adoptada en la mayor parte de los establecimientos hortícolas del norte y noreste del país.
Por su parte, los colectores solares son alternativas que también se basan en aumentar la temperatura que produce la radiación solar. En éstos equipos el material a desinfectar se coloca dentro de tubos metálicos ubicados dentro de una caja de madera que se cubre con polietileno transparente en la parte superior. Se utiliza en sustratos y en mezclas con el suelo, tanto para cultivos hortícolas como florícolas, y con gran adopción en el sector de viveros.
El vapor de agua, también ha sido utilizado como método físico de desinfección. El mismo consiste en hacer pasar vapor de agua por el suelo o sustrato. El efecto de control se logra debido al aumento de temperatura que se produce en el suelo o sustrato. Esta alternativa se adoptó especialmente en el sector ornamental.
Dentro de las alternativas biológicas, se encuentran: la biofumigación, que consiste en el agregado de materia orgánica al suelo o sustrato; y la biosolarización que combina la solarización y la biofumigación.
Por último, existen las denominadas alternativas químicas que son fumigantes que no dañan la capa de ozono. Muchos de estos productos se registraron en el país, debido a su comprobada eficiencia a escala internacional. Se utilizan cuando la presión de plagas es alta, especialmente en ciertos cultivos hortícolas y frutilla.
Para complementar y potenciar los métodos de desinfección del suelo y sustratos se pueden combinar con otras técnicas como: polietilenos barrera, que permiten reducir la dosis de fumigantes, plantas injertadas que otorgan mayor resistencia al ataque de plagas y el cultivo sin suelo conocido como hidroponía. Entre otras practicas, se destaca también el uso de microorganismos benéficos y bioinsumos. Recientemente se están desarrollando diferentes alternativas de desinfección para conseguir la adecuada disposición y reutilización de sustratos.
GESTIÓN AMBIENTAL25 de abril de 2023
La Argentina, entre los países que protegen la capa de ozono
Analía puerta, investigadora del INTA Castelar, habló acerca del Protocolo de Montreal y del aporte técnico del INTA en el desarrollo de alternativas sustentables para la desinfección de suelos y sustratos en hortalizas, flores y frutilla.
¿Qué es el bromuro de metilo?
Este gas es utilizado de manera tradicional en la desinfección del suelo y los sustratos donde se desarrollan los cultivos intensivos, con el fin de combatir las plagas, enfermedades y malezas que comprometen a la producción. Su adopción masiva se debe principalmente a su alta eficiencia de control y a su facilidad de aplicación.
“El bromuro de metilo es un biocida de amplio espectro con impacto directo en las plagas y consecuencias en los organismos benéficos. Además, el contacto directo con esta sustancia implica un riesgo también para la salud humana”, explicó Puerta. En este sentido, la investigadora subrayó “la necesidad de reemplazar esta sustancia que, también, tiene un impacto negativo en la capa de ozono”.
La crisis climática sin precedentes que padecemos tiene consecuencias para todo el planeta: la distribución de las precipitaciones está cambiando. El nivel global del mar está aumentando. Los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más frecuentes. El océano se vuelve más ácido y sus zonas anóxicas continúan expandiéndose.
Buenos aires, 24 de abril (PR/23) .- Los seres humanos han cambiado masivamente el sistema de la Tierra. Las emisiones de gases de efecto invernadero producidas por las actividades humanas han provocado un cambio climático sin precedentes y de terribles consecuencias.
Este se traduce en el aumento de la temperatura media global de más de 1,1 grados centígrados en comparación con la era preindustrial. Y cada año, hay emisiones adicionales de CO2, metano y otros gases de efecto invernadero, que actualmente ascienden a más de 55 gigatoneladas de dióxido de carbono equivalente.Combatiendo el calentamiento global y la pérdida de biodiversidad
Los únicos culpables
«La crisis climática que ellos mismos causaron es probablemente el mayor desafío al que se ha enfrentado el Homo sapiens en sus 300.000 años de historia». Esto lo explica el profesor Hans-Otto Pörtner, jefe de la Sección de Ecofisiología Integrativa del Instituto Alfred Wegener, Centro Helmholtz de Ciencias Polares y Marinas.
“Sin embargo, al mismo tiempo, se está desarrollando otra crisis igualmente peligrosa, una que a menudo se pasa por alto. La pérdida dramática de especies de plantas y animales en todo el planeta. Las dos catástrofes, la crisis climática y la crisis de la biodiversidad, son interdependientes e interactúan mutuamente, por lo que nunca deben verse como dos cosas separadas.
En consecuencia, el presente estudio de revisión muestra en detalle las conexiones que existen entre la crisis climática y la crisis de la biodiversidad. Y presenta una serie de soluciones para abordar ambas catástrofes y mitigar sus impactos sociales. Combatiendo el calentamiento global y la pérdida de biodiversidad.
Taller científico virtual
18 expertos internacionales contribuyeron al estudio, que es el resultado de un taller científico virtual realizado en diciembre de 2020. Al mismo asistieron 62 investigadores de 35 países diferentes. El taller fue coordinado conjuntamente por dos organizaciones pertenecientes a las Naciones Unidas. La Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) y el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC).
Hans-Otto Pörtner se ha desempeñado como autor principal de varios informes de evaluación e informes especiales para el IPCC. Y ha sido copresidente de su Grupo de Trabajo II. Encargado de evaluar el estado actual del conocimiento sobre los impactos del calentamiento global, desde 2015.
En su estudio, los expertos describen el rápido empeoramiento de la pérdida de especies con la ayuda de cifras aleccionadoras. Estiman que las actividades humanas han alterado aproximadamente el 75% de la superficie terrestre y el 66% de las aguas marinas de nuestro planeta. Combatiendo el calentamiento global y la pérdida de biodiversidad.Combatiendo el calentamiento global y la pérdida de biodiversidad
Círculo vicioso
El problema es tan grave, que, a día de hoy, por ejemplo, se ha perdido aproximadamente el 80% de los mamíferos silvestres y el 50% de la biomasa vegetal. Mientras que aumenta el número de especies peligro de extinción. Al punto de que es el peor dato de la historia humana.
En este sentido, el calentamiento global y la destrucción de los hábitats naturales no solo conducen a la pérdida de biodiversidad y al deterioro de la naturaleza. También reducen la capacidad de los organismos, suelos y sedimentos para almacenar carbono. Y esto, a su vez, agudiza la crisis climática. Por lo que estamos inmersos en un círculo vicioso que nosotros mismos hemos construido.
Debido a que cada organismo tiene un cierto rango de tolerancia a los cambios en sus condiciones ambientales, el calentamiento global también está provocando alteraciones en los hábitats y los ecosistemas. Las especies móviles siguen su rango de temperatura y migran hacia los polos, a elevaciones más altas (en tierra, cadenas montañosas) o a mayores profundidades (en el océano).
Los organismos sésiles como los corales solo pueden cambiar sus hábitats muy gradualmente, en el transcurso de generaciones. Por ello quedan atrapados en una trampa conformada por aguas más cálidas y ácidas. Esto significa que los grandes arrecifes de coral podrían, a largo plazo, desaparecer por completo.
Y las especies móviles también podrían toparse con callejones climáticos sin salida en forma de cumbres montañosas, costas de masas terrestres e islas. Y eso puede suceder en los polos y en las profundidades del océano. Por lo que les será imposible encontrar un hábitat con temperaturas adecuadas para colonizar. Combatiendo el calentamiento global y la pérdida de biodiversidad.Combatiendo el calentamiento global y la pérdida de biodiversidad
¿Qué hacemos?
Para abordar estas múltiples crisis, los investigadores proponen una combinación ambiciosa de medidas de reducción, restauración y protección de las emisiones de gases de efecto invernadero y demás elementos contaminantes. Una gestión inteligente del uso de la tierra. Y la promoción de competencias interinstitucionales entre los actores políticos.
“No hace falta decir que una reducción masiva de las emisiones de gases de efecto invernadero permitiría alcanzar el objetivo de 1,5 grados. Y que ello siga encabezando la lista de prioridades”, dice Hans-Otto Pörtner. “Porque al menos el 30 por ciento de todas las zonas terrestres, de agua dulce y marinas deben protegerse o restaurarse ahora. Para evitar las mayores pérdidas de biodiversidad y preservar la capacidad de funcionamiento de los ecosistemas naturales.
Esto, a su vez, nos ayudará a combatir el cambio climático. Por ejemplo, la restauración extensiva de solo el 15% de las zonas que se han reconvertido de una u otra forma (ganadería, agricultura, urbanización, etc.) podría ser suficiente para prevenir el 60% de los eventos de extinción esperados.
Esto también permitiría eliminar y fijar a largo plazo hasta 300 gigatoneladas de dióxido de carbono de la atmósfera. Eso equivale al 12 % de todo el carbono emitido desde los albores de la era industrial”. Combatiendo el calentamiento global y la pérdida de biodiversidad.
La sostenibilidad es la clave
Además, los autores del estudio piden un enfoque moderno para la gestión del uso de la tierra. Uno en el que las áreas protegidas no sean vistas como refugios aislados para la biodiversidad. Más bien, deben ser parte de una red mundial, tanto en tierra como en el mar, que interconecte regiones relativamente vírgenes a través de corredores de migración para las diversas especies.
En este sentido, los pueblos indígenas y las comunidades locales en particular deben recibir apoyo en sus esfuerzos por proteger y restaurar la naturaleza. Cuando se trata de regiones que se utilizan de forma intensiva para la agricultura y la pesca, la atención debe centrarse en la sostenibilidad. Con la ayuda de conceptos modernos, deben garantizarse formas de uso que conserven los recursos y un suministro confiable de alimentos para la raza humana.
Aquí, se dará prioridad a aquellos conceptos que conducen a una mayor absorción de dióxido de carbono y fijación de carbono en la biomasa y los suelos. Además, se deben crear suficientes refugios para las especies que, para empezar, hacen posible las cosechas, como los insectos polinizadores de los árboles frutales y los cultivos alimenticios. Por último, mejorar el balance de dióxido de carbono debería ser la prioridad absoluta en las ciudades.
Soluciones globales, no ‘a medida’
“En el futuro, todo esto solo funcionará si, para todas las medidas aprobadas, se buscan simultáneamente la protección del clima, la preservación de la biodiversidad y las ventajas sociales para las comunidades locales”, dice Pörtner.
“Es poco probable que alcancemos los nuevos objetivos globales de biodiversidad, clima y sostenibilidad planificados para 2030 y 2050 si las instituciones individuales no colaboran más intensamente. Tomemos como ejemplo las convenciones separadas de la ONU sobre biodiversidad y protección del clima, es decir, la Convención sobre la Diversidad Biológica y la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Abordan las dos crisis por separado. Y se centran en los intereses nacionales de las partes que integran las convenciones. Aquí, necesitamos urgentemente un enfoque integral y global si todavía esperamos hacer algo positivo para salvar nuestro mundo”. Combatiendo el calentamiento global y la pérdida de biodiversidad.
Datos del estudio
Esta es una publicación original de HO. Pörtner, RJ Scholes, A. Arneth, DKA Barnes, MT Burrows, SE Diamond, CM Duarte, W. Kiessling, P. Leadley, S. Managi, P. McElwee, G. Midgley, HT Ngo, D. Obura, U. Pascual, M. Sankaran, YJ Shin, AL Val: Superando las crisis combinadas del clima y la biodiversidad y sus impactos sociales. Science (2023)
Los investigadores de la Universidad de Tulane encontraron tasas récord de aumento del nivel del mar desde 2010, tres veces más altas que el promedio mundial durante el mismo período a lo largo de las costas del sureste y del Golfo de EEUU.
Buenos Aires, 24 d abril (PR/23) .- Imparable aumento del nivel del mar en EEUU. En el estudio, publicado en Nature Communications, los investigadores explicaron que habían detectado tasas de aumento del nivel del mar de aproximadamente media pulgada (12.7 cm) por año desde 2010. Atribuyen la aceleración a los efectos combinados del cambio climático provocado por el hombre y a la variabilidad climática natural.
«Estas tasas rápidas no tienen precedentes durante al menos el siglo XX y han sido tres veces más altas que el promedio mundial durante el mismo período». Esto lo dice Sönke Dangendorf, autor principal y profesor asistente en el Departamento de River- Ciencias Costeras e Ingeniería en Tulane.
Los autores estudiaron una combinación de mediciones de campo y satelitales desde 1900, identificando a los contribuyentes individuales a la aceleración. «Investigamos sistemáticamente las diferentes causas, como el movimiento vertical de la tierra, la pérdida de masa de hielo y la presión del aire, pero ninguna de ellas pudo explicar suficientemente la tasa reciente». Fue lo que explicó Noah Hendricks, coautor y estudiante universitario en el equipo de Dangendorf en su antigua institución, Old Dominion University en Norfolk, Virginia.
Señal generalizada
«En cambio, encontramos que la aceleración es una señal generalizada que se extiende desde las costas del Golfo de México hasta el Cabo Hatteras en Carolina del Norte y hacia el Océano Atlántico Norte y el Mar Caribe. Lo que es indicativo de cambios en la densidad y circulación del océano”.
Durante los últimos 12 años, toda esta área, conocida como el Giro Subtropical, se ha expandido principalmente debido a los cambios en los patrones de viento y al calentamiento global continuo. Las masas de agua más cálidas necesitan más espacio. Y, por lo tanto, provocan un aumento del nivel del mar.
Los científicos sugieren que la aceleración reciente fue una desafortunada superposición del cambio climático superpotenciado por las acciones antropogénicas y un pico en la variabilidad climática que duró varios años. Concluyen que es probable que las tasas vuelvan a los valores más moderados previstos por los modelos climáticos en las próximas décadas.
La crisis climática es real y nefasta
«Sin embargo, esta no es razón para ser optimistas», dijo Torbjörn Törnqvist, coautor y profesor de Geología Vokes en el Departamento de Ciencias Ambientales y de la Tierra en Tulane. “Estas altas tasas de aumento del nivel del mar han ejercido aún más presión sobre estas costas vulnerables, particularmente en Luisiana y Texas, donde la tierra también se está hundiendo rápidamente”.
Dangendorf dijo que “los resultados, una vez más, demuestran la urgencia que hay de combatir la crisis climática que sufre la región del Golfo. Necesitamos esfuerzos interdisciplinarios y colaborativos para enfrentar estos desafíos de manera sostenible”.
Este estudio se publicó en Nature y en él también colaboraron: Qiang Sun de Tulane, John Klinck y Tal Ezer de la Universidad Old Dominion, Thomas Frederikse del Laboratorio de Propulsión a Chorro en Pasadena, California, Francisco M. Calafat del Centro Nacional de Oceanografía en Liverpool, Reino Unido, y Thomas Wahl. de la Universidad de Florida Central en Orlando. Imparable aumento del nivel del mar en EEUU.