COP26, un fracaso para la humanidad

COP26, un fracaso para la humanidad

Cop 26 : los acuerdos llevaran a un calentamiento de 2.6° según analistas

Gacetilla sobre la COP 26 – Programa de Gestión y Cambio Climático del Centro de Desarrollo
Sustentable GEO (UBA)

Buenos Aires, 11 de noviembre (PR/21).– Esta semana finaliza la 26º Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (denominada COP, del inglés Conference of Parties), que inició el 31 de octubre con altísimas expectativas por parte de la comunidad internacional y de la sociedad civil global, al punto de ser una de las más importantes de la historia y la que ha batido récord de asistentes y actores internacionales en la ciudad escocesa de Glasgow.
A horas de finalizar, el saldo amargo de la COP 26 nos ha dejado una serie de acuerdos
(no vinculantes y con baja predisposición a incluir la consideración a los Derechos
Humanos) relacionados con la reducción de emisiones de metano, la protección de
bosques y del suelo para 2030, y el fin de nuevas centrales eléctricas a base de carbón,
entre otros. Acerca de ello, el Director Ejecutivo del Centro de Desarrollo Sustentable
GEO, Marcelo A. Corti, afirma de manera contundente que “esta Cumbre no ha sido
fructífera, más bien ha sido un fracaso”, ya que “solo sirvió para asumir compromisos sin mecanismos de seguimiento y para aumentar el ego de los líderes mundiales, sin lograr resultados ni acciones concretas para el corto plazo», añade. Aún sabiendo que este año hay mucha participación ciudadana, en especial de la juventud y los movimientos sociales y ambientales, y considerando la crisis global que generó la pandemia por el COVID-19, esta Cumbre ha servido para gastar dinero en diplomacia y lavado de imágenes, que poco se acercan a cumplir el objetivo de mantener a raya el aumento de temperatura global.
En este sentido, el Coordinador de Gestión y Cambio Climático del Centro de Desarrollo
Sustentable GEO, Diego Pontorno, plantea que “el planeta y todos los seres vivos que
lo habitan están siendo testigos de un evento de magnitudes catastróficas como es el
cambio climático causado por la actividad humana, y esto debe ser la señal para que
líderes mundiales y regionales actúen ahora y no en 2030”. El Panel Intergubernamental
de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) lo terminó de
confirmar en la primera parte de su Sexto Informe, donde establece que el calentamiento
global de 1.5°C y 2°C respecto a la época preindustrial sería superado en este siglo, a
menos que se lleven a cabo reducciones profundas de CO2 y otras emisiones de gases
de efecto invernadero en las próximas décadas.
Ahora bien, en el caso particular de Argentina, si bien se hizo hincapié en la necesidad
de financiamiento climático para implementar políticas climáticas y de utilizar el canje de
deuda por acción climática, el mayor anuncio fue realizado por el gobierno, sobre la
futura producción y exportación de hidrógeno verde en la provincia Rio Negro. Sin
embargo, dicho anuncio no forma parte de una estrategia de país donde debieran
participar todos los Ministerios y donde se deje de fomentar a los hidrocarburos como
fuente de energía.
Si decimos que la COP 26 representa un fracaso tanto para el planeta como para
nuestro país, es porque los compromisos asumidos no han dejado de lado los egos y
posicionamientos geopolíticos de las naciones líderes aun sabiendo que el cambio
climático impacta e impactará de manera más intensa y extrema en los países menos
desarrollados.
Marcelo A. Corti, Director Ejecutivo del Centro de Desarrollo Sustentable GEO (UBA).
Diego Pontorno, Coordinador del Programa de Gestión y Cambio Climático del Centro
de Desarrollo Sustentable GEO (UBA).

Primicias Rurales

Techos inteligentes para una ciudad inteligente

Techos inteligentes para una ciudad inteligente

Una oportunidad para recuperar la naturaleza en las ciudades.

Buenos Aires, 10 de noviembre (PR/21) .– Hay tres tipos de “techos inteligentes”: azules, amarillos y verdes. Los techos azules, colaboran con la ralentización y la reducción del volumen de agua que llega a la red pluvial contribuyendo al alivio del sistema. Los techos amarillos que generan electricidad (sistemas fotovoltaicos) y agua caliente (sistemas térmicos) a partir de la energía solar. Por último, se encuentran los techos verdes, que moderan las temperaturas contribuyendo a la reducción del efecto “isla de
calor urbana”. Además, en eventos de lluvia ralentizan la llegada del agua a la red pluvial
contribuyendo al alivio del sistema, incrementan la biodiversidad y, dependiendo el sistema,
colaboran con la aislación térmica de las construcciones.

Los techos o terrazas verdes son una herramienta para repensar y reinventarnos en una ciudad
en constante cambio, donde la era de los datos de la que somos parte nos acerca al momento
impostergable, de no solo proyectar, sino hacer una ciudad con mayor calidad de vida inclusiva
e inteligente.
Como en todo momento bisagra de nuestra historia personal o social, nos replanteamos si el
camino trazado a seguir es el correcto, y la esperanza de acercarnos al final de la pandemia, nos
anima a repensarnos como personas y como comunidad, y acaso también cómo habitamos o
quisiéramos habitar nuestra ciudad.
Ahora bien, ¿Pueden los “techos verdes» ser un engranaje para hacer un cambio el paradigma
de nuestra metrópoli? Y de ser así, ¿Existen regulaciones legales – constructivas que incentiven
su uso?
Recurrimos a la opinión calificada de referentes del sector, como la arquitecta Maria Jose
Leveratto, (arquitecta graduada en la Universidad de Buenos Aires y Master of Science por la
Escuela de Arquitectura de Arizona State University – USA, Es integrante de distintas comisiones
para el estudio y actualización de normas IRAM y forma parte del colectivo profesional AS6030
Arquitectura y Sostenibilidad Ambiental) Su “leitmotiv” es recuperar la naturaleza en las
ciudades: “que un niño se saque su calzado, sienta y palpe la tierra, que pueda ver el horizonte”.
Fotos: Obra de terraza Verde en la facultad de derecho – Edificio público institucional-por arq. Leveratto.
“La cubierta verde de la Facultad de Derecho fue diseñada teniendo en cuenta las características
particulares del sitio y del edificio donde ha sido instalada, priorizando la utilización de especies
vegetales que se adapten de forma natural a las condiciones climáticas esperables en Buenos
Aires, minimizando los requerimientos de riego artificial, limpieza, poda y desmalezado. El
cumplimiento de estas condiciones garantiza un espacio verde sustentable, económico y factible
de implementar en un edificio público. Es el techo de las aulas y del Jardín Maternal de la
Facultad. No tiene acceso directo pero si, como ya se mencionó, muy buenas visuales desde
distintos espacios interiores”, explica la arquitecta Maria Jose Leveratto.
Vista 2013 al finalizar plantación
Vista al mes del mismo año
La terraza verde o techo verde, puede ser una pieza fundamental para pensar nuevas formas de
pensar y vivir nuestra ciudad, disminuyendo situaciones de inseguridad, con diferentes escalas
ciudadanas para una gran metrópolis, para una ciudad de fuerte identidad con techos planos
como lo es Buenos Aires
Ahora resta saber para su correcta utilización, como se clasifican las mismas. Maria Silvina Soto,
Ingeniera Agrónoma , Doctora en Biología e investigadora del Inta, en su taller sobre “Techos
Verdes en CABA”? dictado en el marco propuesto por el Consejo de profesionales de la
agroalimentos y agroindustria, propone clasificar los tipos de techos verdes desde sus
beneficios. Estas cubiertas vegetadas se utilizan desde hace mucho tiempo, y se pueden
remontar a la época de los jardines babilónicos.
Imagen: Capacitación CPIA Cubiertas Verdes por María Silvina Soto Investigadora INTA
Existen dos tipos de cubiertas: Las intensivas y las extensivas. Las más intensivas tienen un
gran consumo de energía por su mantenimiento, su construcción, y por su cuidado. Este tipo
de cubiertas por lo general están más asociados a los espacios recreativos, donde se pueden
colocar cualquier tipo de vegetación y donde el sistema de la cubierta está en función de los
requerimientos vegetales, es decir que en este tipo de cubiertas se debe pensar qué tipo de
vegetación se quiere para el tipo de proyecto (herbáceas, árboles, etc) y en función de ello se
analizan los requerimientos necesarios para el sustrato más adecuado para esa vegetación, y así
proyectar y construir una infraestructura edilicia acorde a las exigencias estructurales.
Por otra parte, la arquitecta Leveratto, argumenta que no debe trasladarse suelo natural para la
construcción del techo verde, y es por diversas razones que eso puede ser contraproducente.
Una de ellas es que se sustrae la capa orgánica del suelo a otro lugar, y el otro inconveniente
que se genera es que este tipo de sustrato “tapa pluviales, se reseca y se encharca» generando
malezas entre otros inconvenientes.
Imagen: Capacitación CPIA Cubiertas Verdes por María Silvina Soto Investigadora INTA
Edificio de viviendas multifamiliar – Ámbito privado
Luego, están también las cubiertas extensivas, y la ingeniera Soto las resume de la siguiente
manera ¨las plantas están en función del sistema¨ a diferencia de las intensivas.
Pero en materia de normativas y políticas públicas ¿qué marco ofrece nuestra ciudad para
concretar todos estos conceptos? Federico Garcia, Director gral. de políticas y estrategias
Ambientales Caba, en el encuentro que se realizó en el 2020 dentro del marco del “Camino a la
Transición Energética: propuestas para impulsar la GD en la ciudad de Buenos Aires”
(articulando en dicha presentación con el C40), expresó que “la Ciudad de Buenos Aires, tiene
una trayectoria de políticas públicas de lucha contra el cambio climático(…) que ha permitido
que el 2017 Buenos Aires asumiera, junto a otras grandes ciudades del mundo, el compromiso
promovido por la red C40, de alcanzar para ciudades de carbono neutral, resilientes e inclusivas
para 2050 cumpliendo así con los requisitos del acuerdo de París”. Hoy se encuentra ya
finalizado el tercer plan de acción climática que articula todas aquellas acciones que permitirán
a Buenos Aires alcanzar el desafío planteado.
Tabla de riegos climáticos Ciudad de Buenos Aires. Fuente: C40 CITIES
En cuanto a lo normado más específicamente, los techos verdes se encuentran estipulados en
el “Código Urbanístico” de la Ciudad de Buenos Aires, donde se conceptualiza por ejemplo que
es un Conector Verde, el Arbolado Público, el Muro o Cortina Verde, los techos Verdes entre
otros elementos. Al respecto, el arquitecto Gustavo Gonik, profesor universitario en prestigiosas
instituciones entre ellas la UMSA, UM, y la Universidad Nacional de la Plata, nos menciona la Ley
4458 de CABA y comenta: “La mayor parte de los gases de efecto invernadero se producen en
las ciudades en donde se generan, además, diversos problemas ambientales. Una de las causales
más importantes es la denominada Isla de Calor”. Al respecto comenta también que “en
diciembre de 2012, se promulgó la Ley Nº 4428 de Techos y Terrazas Verdes por la cual,
mediante deducciones de impuestos, se busca incentivar la instalación en su jurisdicción de
techos y terrazas verdes”. El objetivo que con esta ley se pretende alcanzar involucra beneficiar
a la urbe de las múltiples ventajas de bienestar y calidad de vida, y su consecuente ahorro
energético.
El consejo de investigación Nacional de Canadá señaló que los techos verdes
reducen más del 75% el promedio de energía utilizada en una casa de 400
metros cuadrados.
Contemplamos actualmente la desolación que se presenta en el microcentro de la ciudad de
Buenos Aires, como consecuencia de la migración de los espacios de usos edilicios y del suelo,
por ejemplo en el sector de oficinas, fruto de la pandemia por Covid- 19. Surge así la necesidad
de preguntarse si puede pensar en la urbanidad de la ciudad mediante la integración de los
espacios verdes públicos-privados y nuevas normas de habitabilidad comunitaria y nuevas
formas de trabajo, con eje en el networking con el sistema home office, teniendo como uno de
los posibles lugares como rótula al techo verde. La escisión de lo público y privado también
debería volver a gestarse acorde a los nuevos y dinámicos tiempos que corren.
Hoy se presenta una nueva etapa para la humanidad, con nuevos desafíos y paradigmas para
componer un mundo físico y además emocional. La ciudad que construyamos y/o reelaboremos deberá estar a la altura de los desafiantes escenarios de crisis climática y
desarrollo de resiliencia, y conformar junto con la dimensión social y las decisiones políticas,
alternativas de espacios verdes urbanos para estos nuevos hábitats híbridos, generando
pertenencia, identidad y sostenibilidad.
María Fernanda Montaña – Arquitecta, Consultora y Corredora inmobiliaria. Socia fundadora en
Grupo SENSE comunicación, portal especializado Tendencia Sustentable y Montaña
Multiproperty. Perfil IG: chu.montana

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Un nuevo informe del FIDA señala que el programa de adaptación al cambio climático podría ayudar a otros 10 millones de personas vulnerables en Asia y el Pacífico

Un nuevo informe del FIDA señala que el programa de adaptación al cambio climático podría ayudar a otros 10 millones de personas vulnerables en Asia y el Pacífico

Roma/Glasgow, 3 noviembre (PR/21)– Los peligros relacionados con el clima se están intensificando en la región de Asia y el Pacífico, afectando de manera desproporcionada a las comunidades rurales vulnerables. Los responsables de la formulación de políticas deben priorizar las medidas de resiliencia y adaptación al cambio climático para impedir que las comunidades rurales pierdan sus avances en materia de desarrollo económico, según un nuevo informe publicado hoy por el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA).

En el informe, titulado “Building climate resilience in the Asia Pacific region report” (Fortalecer la resiliencia al clima en la región de Asia y el Pacífico), se examinan los principales resultados y lecciones aprendidas del Programa de Adaptación para la Agricultura en Pequeña Escala (ASAP), una iniciativa respaldada por el FIDA que funcionó entre 2012 y 2017 e invirtió USD 305 millones en proyectos específicos de desarrollo rural que necesitaban apoyo para adaptarse al cambio climático y mitigar sus efectos sobre las comunidades rurales. El ASAP logró importantes progresos en la región y ayudó a más de 510 000 hogares de pequeños agricultores en Bangladesh, Bhután, Camboya, Nepal, la República Democrática Popular Lao y Vietnam a adaptarse al cambio climático.

En el informe se destacan los enfoques diversos, eficaces e innovadores que el FIDA ha desarrollado en cooperación con las comunidades rurales para adaptarse a los efectos nocivos del cambio climático y mitigar sus efectos sobre las vidas y el sustento de las personas del medio rural.

Asimismo, se analizan los enfoques y las acciones que tuvieron éxito y cuya escala puede aumentarse en la región, a fin de sentar una base sólida para la ampliación del Programa de Adaptación para la Agricultura en Pequeña Escala (ASAP+), la nueva etapa del programa, que podría canalizar otros USD 500 millones en financiación para el clima a fin de aumentar la resiliencia al cambio climático de otros 10 millones de personas vulnerables, en particular mujeres y jóvenes.

“Los pequeños agricultores a menudo saben lo que necesitan para ser más resilientes a los efectos del cambio climático, y nosotros podemos ayudarlos a acceder a la financiación y la tecnología adecuadas”, dijo Kisa Mfalila, Especialista Regional en Clima y Medio Ambiente del FIDA para Asia y el Pacífico.

MA11

“El informe confirma que, a través del tiempo, los agricultores han desarrollado con éxito numerosas técnicas de adaptación. Necesitamos actuar con rapidez para aprovechar el conocimiento local”, añadió.

También habrá una actividad en vivo en el Pabellón del FIDA en la COP 26 el miércoles 3 de noviembre de 2021, que incluye una visita virtual sobre el terreno a Bangladesh (uno de los países que se analiza en el informe) para descubrir qué están haciendo los pequeños agricultores para adaptarse al cambio climático. Acompañados por el realizador de documentales Qasa Alom, los asistentes harán un viaje virtual al país para conocer a agricultores que participan en proyectos respaldados por el FIDA y hablar con ellos sobre los desafíos climáticos que enfrentan y cómo se están adaptando a ellos sus comunidades rurales.

Las recomendaciones clave que figuran en el informe son:

 

    • Actuar sin demora, usar la tecnología para acelerar la evaluación de los riesgos y los efectos del cambio climático, y aprovechar la experiencia, los conocimientos y la creatividad de la población local: los pequeños agricultores han desarrollado con éxito numerosas técnicas de adaptación, que se deben identificar, refinar, aplicar y financiar de manera adecuada y rápida.
    • Valerse de las asociaciones entre los sectores público y privado para añadir valor y acelerar la adopción de las soluciones creadas por la población local: las iniciativas del sector público deben combinarse con los esfuerzos de los actores del sector privado, a fin de suministrar insumos y maquinaria, servicios de asesoramiento, soluciones tecnológicas y acceso a los mercados para comercializar productos con mayores márgenes de ganancia.
    • Las comunidades rurales incorporan espontáneamente las medidas de adaptación que han tenido buenos resultados, siempre y cuando se eliminen los obstáculos y se suministre financiación: los pequeños agricultores adoptan con rapidez las innovaciones que mejoran la producción, siempre y cuando existan marcos de política propicios y si las instituciones públicas y el sector privado brindan la financiación y los servicios de asesoramiento que se necesitan.
    • Las plataformas de tecnología de la información y las comunicaciones que se están utilizando para respaldar las iniciativas resilientes al cambio climático también brindan protección contra otros sucesos adversos, por ejemplo, las perturbaciones ocasionadas por la pandemia: las plataformas tecnológicas son un punto de encuentro que facilita los intercambios entre los proveedores, los productores, los compradores y otros interesados, a la vez que protegen a los agricultores y a las cadenas alimentarias de perturbaciones externas, como la pandemia de la COVID-19. Además, las plataformas tecnológicas son útiles para atraer a los jóvenes al sector de la alimentación y la agricultura, lo que mejora la economía rural.

 

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Fuente: FIDA

Primeros pasos de la Argentina en la COP26: anuncios por un lado, acciones por el otro

Primeros pasos de la Argentina en la COP26: anuncios por un lado, acciones por el otro

Buenos Aires, 3 de noviembre (PR/21).– Desde Fundación Vida Silvestre Argentina expresamos nuestra preocupación por cómo fue el comienzo de la participación de la delegación de nuestro país en la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (UNFCCC por sus siglas en inglés), más comúnmente llamada COP26, en Glasgow, Escocia. Entendemos este encuentro como el lugar central para lograr terminar con la hoja de ruta para cumplir con el Acuerdo de París incluyendo los compromisos de todos los países de reducir sus emisiones y colaborar para adaptarse a los efectos del cambio climático, así como llamamientos a los Estados para que fortalezcan sus compromisos a lo largo del tiempo.

A la fecha, el presidente Alberto Fernández y el ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Juan Cabandie, han participado en reuniones de alto nivel expresando mensajes generales que dan lugar a hacer algunos análisis de cara a las negociaciones político-técnicas que se desarrollarán durante los próximos días. Además, el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, anunció la instalación de un importante proyecto para generar hidrógeno a partir de fuentes renovables en Río Negro. Si bien estos anuncios son de gran peso, es necesario contextualizarlos en clave con decisiones y políticas domésticas.

La posición presentada hasta ahora por la Argentina se encuentra centrada en la dimensión financiera. Por un lado, solicita fondos para el cumplimiento de las Contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC por sus siglas en inglés) y así perseguir los objetivos planteados en el Acuerdo de París y, por otro, pide que se sea tenida en cuenta como acreedora de servicios ecosistémicos (por ejemplo, calidad de aire y de suelos) los cuales deben ser considerados como forma de pago contra la deuda pública con el FMI ya que son aprovechados por todos los países del planeta, incluso a quienes el país le debe dinero.

Es importante remarcar en este sentido que los principales beneficiarios de una naturaleza conservada, de un ambiente sano y del mantenimiento de la capacidad productiva, somos los propios argentinos. Los gobiernos deben, como establece la Constitución Nacional en su artículo 41 asegurar el goce de los ciudadanos a un ambiente sano y saludable, más allá que existan estímulos económicos externos para ello.  En relación a ese deber, los compromisos de Argentina en el marco de la COP26 son, como mínimo, difusos.

Si bien la meta de reducción de emisiones presentada a fines del año pasado es más ambiciosa que la de 2016, claramente todavía es insuficiente para cumplir con lo expresado en el Acuerdo de París. Tampoco se presentaron el Plan nacional de Adaptación y Mitigación al Cambio Climático (que es el que demostraría cómo cada sector  contribuiría a cumplir la meta establecida, por falta de consenso interno en el gobierno), ni la Estrategia a Largo Plazo a 2050 (que debería servir para tener un plan que permita hacer operativo el compromiso que el presidente Fernández anunció en diciembre pasado de alcanzar la carbono neutralidad en 2050).

En ese sentido, debemos destacar que nuestro país cuenta con enormes oportunidades de ampliar y cumplir con sus compromisos asumidos y así alcanzar lo expresado en el Acuerdo de París, generando una meta de reducción de emisiones mucho más ambiciosa, como la urgencia que estamos viviendo amerita.

El sector energético y el de agricultura, ganadería y otros usos de la tierra son los sectores con mayor responsabilidad sobre las emisiones del país representando 51% y 39% respectivamente (datos presentados por Secretaría de Cambio Climático el pasado 29 de octubre en base a datos de 2018), por ello es crucial conocer cómo se logrará que reduzcan sus emisiones.

Respecto del sector agrícola, recientemente se dio a conocer una declaratoria conjunta entre Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca junto a las principales federaciones referentes del sector agrícola y productivo, promovida por el presidente Fernández, donde se sostiene que el sector de la agroindustria, sobre todo la ganadería y la agricultura, es seguro y sostenible ambientalmente. En tal sentido, se  omite la urgencia de que el sector deba transformarse para reducir sus emisiones.

Esta declaración es verdaderamente preocupante al desconocer que las principales causas de la deforestación, conversión y degradación de ecosistemas naturales provienen de los sectores ganadero y agrícola. En esa misma línea, la Ley de Bosques Nativos tiene serias dificultades para ser implementada correctamente. Tengamos en cuenta, por ejemplo, que el proyecto de presupuesto recientemente enviado por el Poder Ejecutivo al Congreso, estipula asignar apenas un 3% de los fondos que debieran ser asignados para la implementación de esta ley. Esto redunda, entre otras consecuencias, en que el Gran Chaco sea uno de los 11 sitios más deforestados del mundo,  sumado a que en 2020 el 62% de la deforestación ocurrió en zonas prohibidas por la Ley de Bosques.

Además, el presidente Fernández mencionó hace poco tiempo su intención de modificar la ley de bosques nativos: esto resulta al menos peligroso para el futuro de nuestros bosques, abriendo a  debate la mayor herramienta de protección que tienen nuestros bosques, sin evidente necesidad de hacerlo.  Si Argentina es acreedora de servicios ecosistémicos provenientes de los bosques, ¿qué mensaje da al mundo el país si no se asegura su cuidado? Si bien en los discursos oficiales, el presidente no hizo explícita la adhesión de Argentina a la Declaratoria de Glasgow sobre bosques y uso de suelo (que cuenta con la adhesión de más de 100 países), al final de la jornada trascendió que sí la apoyará, lo que pareciera implicar un paso en el sentido correcto, pero que debe fortalecerse en primera medida y de forma urgente con una correcta implementación de la ley con la que ya contamos, en defensa de nuestros bosques nativos.

En relación al sector de la energía, a finales de octubre, la secretaria de Energía publicó los “Lineamientos para un Plan de Transición Energética al 2030” donde se presentan dos escenarios a 2030. El primero de ellos incluye un 20% de participación de fuentes renovables en la matriz energética de nuestro país, menor exigencia sobre la eficiencia energética y menor incorporación de vehículos eléctricos. El segundo en cambio plantea un 30% de participación de fuentes renovables en la matriz energética argentina, mayor foco en la eficiencia energética, mayor incorporación de vehículos eléctricos y participación de biocombustibles, entre otras medidas. Pero lo que es clave es entender que ninguno de ellos responde a las metas de la NDC presentadas por nuestro país. Para poder cumplir con las mismas, como mínimo las energías renovables deberían representar el 35% de la demanda de electricidad en la Argentina.

Por si esto fuera poco, recientemente se presentó un proyecto de ley para continuar promoviendo las inversiones en petróleo y gas convencional y no convencional en tierra y mar, en oposición a la necesidad de empezar a reducir su participación en la matriz energética. Por otro lado, el gobierno sigue apostando al funcionamiento de la central a carbón, cuando países como China y Gran Bretaña ya anunciaron el cierre de sus centrales y el fin del financiamiento externo. Otro punto es que, si bien se ha presentado la idea de un proyecto de ley de movilidad sostenible, éste aún no fue enviado al Congreso de la Nación. Finalmente, Argentina todavía adeuda una política integral sobre eficiencia energética que permita hacer un uso eficiente y racional de la energía en todos sus sectores, al mismo tiempo que se frenaron nuevas incorporaciones de energía renovable.

El presidente Fernández en su discurso de apertura planteó que: “La Argentina no tiene intención de que esta COP quede solo en palabras “. Por ahora las primeras participaciones de nuestro país vienen demostrando una falta de consistencia entre lo discursivo y lo ejecutivo y evidencian fuertes contradicciones y falta de definiciones políticas de alto nivel. Mientras efectivamente no se introduzca la dimensión ambiental para un cambio sincero y real en la política argentina, todo quedará en palabras, contrariamente a esta postura inicial proyectada por nuestro país.

Acerca de Vida SilvestreLa Fundación Vida Silvestre Argentina es una organización no gubernamental, de bien público y sin fines de lucro, creada en 1977. Su misión es proponer e implementar soluciones para conservar la naturaleza, promover el uso sustentable de los recursos naturales y una conducta responsable en un contexto de cambio climático. Desde 1988 está asociada y representa en la Argentina a WWF, una de las organizaciones independientes de conservación más grande del mundo, presente en 100 países. Para más información: www.vidasilvestre.org.ar

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¿Cómo la tecnología puede ayudar a proteger un recurso tan escaso como el agua?

¿Cómo la tecnología puede ayudar a proteger un recurso tan escaso como el agua?

Por John Ávila, Experto en innovación en seguridad para Empresas de Motorola Solutions

Buenos Aires, 2 de noviembre (PR/21) .– El estrés hídrico provocado por los efectos del cambio climático se está haciendo sentir con fuerza en vastas zonas de América Latina, lo que ha movilizado esfuerzos de los gobiernos locales, agencias multilaterales y empresas relacionadas con esta industria. Todas abocadas a cuidar este recurso esencial y asegurarse que fluya en la cadena de suministro sin contratiempos.

Los datos son reveladores. Según los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) del PNUD, la escasez de agua afecta a más del 40% de la población mundial; más de 40 países experimentan hoy estrés hídrico y 10 de ellos están a punto de agotar su suministro de agua dulce renovable, dependiendo de fuentes alternativas. El aumento de las sequías y la desertificación están empeorando estas tendencias. Las estimaciones apuntan a que una de cada cuatro personas se verá afectada por escasez recurrente de agua al 2050. Lo más grave para nuestros efectos, es que varios de los países más afectados por este fenómeno corresponden a nuestro continente.

En Argentina, la bajante del Paraná, el segundo río más largo de América Latina y primordial para el comercio local, es extraordinaria por su intensidad y, sobre todo, por su duración. Justo por el estrés hídrico, su profundidad cada vez es menor lo cual enciende las alarmas porque condiciona todos los usos del río como vía de transporte, recurso hídrico para agua potable, energético y de riego. Por ejemplo, los sobrecostos logísticos en la exportación de granos fueron de 315 millones de dólares en el primer semestre. Esto se debe principalmente a que los buques deben cargar menos productos por la escasa profundidad del canal de navegación y, en muchos casos, completar sus bodegas en puertos del sur de la provincia de Buenos Aires, como Quequén y Bahía Blanca, o hasta en el exterior. Además, afecta actividades como la generación de energía hídrica en Yacyretá, la producción de arroz, la pesca artesanal y la disponibilidad de agua potable (1).

Ante este panorama, ¿de qué manera la tecnología puede hacer un aporte contundente para que un recurso tan esencial como es el agua llegue a los usuarios sin contratiempos?

Los problemas de inseguridad para esta cadena de valor, principalmente se relacionan con las amenazas a la infraestructura. Normalmente estamos hablando de infraestructura crítica ubicada en represas, puertos, logística y transporte fluvial, y empresas de distribución de agua potable a los hogares, lugares con personal acotado, lo que las hace foco de robos, vandalismo, sabotaje.

El concepto de “servicios públicos seguros” surge para re imaginar todo el potencial de la tecnología y aplicarlo de forma inteligente, a partir de la adopción de un ecosistema ‘integrado’ que permita todo este flujo de información en tiempo real, brinde análisis y, finalmente, facilite una rápida toma de decisiones para toda la cadena de valor del servicio y un sistema que prevenga, proteja y active la respuesta en momentos críticos.

Para el caso del suministro del agua, el mayor desafío de la integración consiste en la variedad de sistemas y tecnologías utilizados en la cadena. Radios que no se comunican con teléfonos móviles, imágenes que no se pueden compartir entre diferentes dispositivos, redes opuestas, fallas de conectividad, extensos tiempos de análisis y, en consecuencia, largos tiempos de respuesta, lo que conlleva a situaciones casi siempre críticas. La información debe fluir como el agua, es decir, donde se necesita y en tiempo real.

Afortunadamente, la pandemia no detuvo la innovación y lo que antes era un obstáculo se ha convertido en un puente. A través de la solución Radio Alert los radios digitales hoy pueden interoperar con soluciones de video, haciendo posible un ecosistema de tecnología realmente integrado que permite reconocer eventos importantes, anticipar acciones y ayudar a prevenir situaciones antes de que sucedan.

Las soluciones inteligentes de video seguridad se han vuelto cada vez más necesarias pues permiten tener ojos en la cadena sin necesidad de estar en el punto del incidente de manera presencial. Si una cámara realiza una detección- ya sean cámaras fijas o corporales, hay medios de análisis que combinan esos datos, medios que reportan la información ya procesada de forma inteligente y medios que actúan para notificar a los equipos y solucionar el problema, si es que lo hay. En otras palabras, permiten que la cadena operativa del suministro opere de manera integrada y coordinada.

La integración de las tecnologías también aporta beneficios predictivos, lo que significa una mayor seguridad para garantizar que se gestionen de manera rápida los problemas, desde los más sencillos hasta los más complejos, antes de que se conviertan en incidentes.

El agua es oro y el ecosistema de Motorola Solutions nos permite abordar el recurso desde cuatro pilares: Supervisar y proteger las instalaciones —sistemas de estanques siempre amenazado por crecidas, aluviones e, incluso, atentados—; analizar y monitorear lo que ocurre en extensas instalaciones con áreas de seguridad, espacios públicos, equipos críticos, visitantes, proveedores y personal; comunicar para mantener a sus equipos conectados e informados de las alertas críticas, y responder, ya sea ante un incidente de todos los días o una situación de emergencia.

A medida que se va agotando este recurso es necesario repensar la operación del suministro de agua y llevarla a un siguiente nivel con la ayuda de la tecnología. El ecosistema de tecnologías bajo el concepto de “Seguros Públicos Seguros” proporciona la seguridad física y la eficiencia operativa necesarias para garantizar que la información fluya como el agua, donde se necesita y en tiempo real.

(1) Argentina.gob.ar. (25 junio, 2021). La bajante del río Paraná es la peor desde 1944, con la probabilidad de superar aquella emergencia histórica. Recuperado de: https://www.argentina.gob.ar/noticias/la-bajante-del-rio-parana-es-la-peor-desde-1944-con-la-probabilidad-de-superar-aquella

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Calentamiento global: cuáles son las consecuencias que se ven en la Argentina

Calentamiento global: cuáles son las consecuencias que se ven en la Argentina

Por Martín Mena

Buenos Aires, 2 de noviembre (PR/21) .– En la pandemia cayó el desarrollo industrial, pero lejos estuvo de influir positivamente en la lucha contra el calentamiento global.
En el caso extremo alcanzar los +2,5°C, las temperaturas lograrían superar frecuentemente los 35 ºTW» en varias partes del mundo

Un aumento global de la temperatura de 1,5° celsius pone en jaque al mundo con catástrofes naturales muy graves, las cuales son cada vez más frecuentes. El foco está en lo que vivimos está semana en Argentina, olas de calor con temperaturas mínimas muy altas.

“Siempre hubo olas de calor y días calurosos pero lo que está ocurriendo es que estas olas de calor se están alargando“, dijo Juan Carlos Villalonga, ex diputado nacional y consultor en energía, quien luego completó: “Lo que antes duraba dos días ahora dura una semana y esto es una estadística que brinda el SMN”.

“Esto no es solamente un impacto en la comodidad sino también en la salud, hay una correlación directa entre el aumento de temperatura y el impacto en la salud”, aseveró el entrevistado. Además de los problemas visibles, las consecuencias serán económicas para la Argentina productora y exportadora.

“El impacto de las sequías se vienen replicando todos los años desde el 2018 hasta acá con diversa intensidad, la del 2018 hizo que el país perdiera alrededor de 6 mil millones de dólares”, concluyó el experto. En la pandemia cayó el desarrollo industrial, pero lejos estuvo de influir positivamente en la lucha contra el calentamiento global.

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Fuente: Perfil