Nov 10, 2020 | Informes Técnicos
Resistencia, Chaco, 10 noviembre (PR/20) – El monitoreo permanente del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) en las 300 trampas de picudo del algodonero ubicadas en 9 departamentos de la provincia de Chaco, constató la baja presencia del insecto con respecto a años anteriores.
La situación es consecuencia de los trabajos de destrucción de rastrojos realizado por los productores, a lo que se agregan factores climáticos como las heladas y la intensa sequía que se produjo desde el otoño hasta fines de octubre.
Cada semana, agentes del Centro Regional Chaco-Formosa del Senasa monitorean las estaciones con las 300 trampas ubicadas estratégicamente en lotes de algodón que se encuentran en los departamentos O’ Higgins, Fontana, Comandante Fernández, Quitilipi, Independencia, Maipú, 9 de Julio, 12 de Octubre y Almirante Brown. Por mes realizan un total de 1200 monitoreos.
El comienzo de la nueva campaña algodonera en la provincia del Chaco se caracteriza por tener un vacío sanitario prolongado debido a que las lluvias recién llegaron a finales de octubre y allí comenzó de manera tardía la siembra del cultivo de algodón.
La fecha de siembra de algodón obligatoria en la provincia del Chaco es desde el 1 de octubre al 30 de noviembre, según lo establecido en la Resolución Senasa N° 74/2010, que fija además, la obligatoriedad de la destrucción de rastrojos.
Con esta medida se pretende lograr un vacío sanitario de 90 días sin cultivo en el lote para cortar el ciclo del picudo del algodonero, concentrar el ciclo del cultivo y de esta manera controlar al insecto.
“Las bajas precipitaciones durante el otoño, invierno y principios de primavera y las heladas tardías provocaron que no haya rebrote del cultivo, lo que generó un vacío sanitario más largo y que el picudo no disponga de alimentos para sobrevivir hasta esta campaña. Sin dudas que, la menor cantidad de individuos de picudo, es una ventaja de cara al nuevo ciclo que se está iniciando”, explicó Julio González, agente de la oficina Saenz Peña del Senasa.
Para evitar que las poblaciones de picudo aumenten en las próximas etapas del cultivo se recomienda a los productores: colocar trampas, monitorearlas de forma permanente y realizar controles donde exista presencia del insecto para disminuir las poblaciones y propiciar rendimientos significativos en la producción de algodón.
Primicias Rurales
Fuente: Senasa
Nov 6, 2020 | Informes Técnicos
Buenos Aires, 6 noviembre (PR/20) — El suelo es el sumidero terrestre de carbono más importante, ya que almacena casi tres veces más del carbono existente en la vegetación. Pequeños cambios en las reservas de carbono orgánico del suelo por unidad de superficie terrestre pueden tener una profunda influencia en el balance global de carbono atmosférico.
“El cambio de uso de suelo (CUS), tiene una gran influencia en el stock de carbono del suelo”, explicó Pablo Peri, quien formó parte del estudio como investigador del INTA Santa Cruz y de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral (UNPA) – CONICET.
En esta línea, confirmó las pérdidas de cambios de carbono orgánico del suelo a 1 metro de profundidad del suelo y aseguró que “estuvieron fuertemente asociadas con el cambio de uso del suelo”. Así, el investigador del INTA detalló que la transición de bosque a cultivo implicó un 18.5 % menos de carbono orgánico y los cambios de pastizal a cultivo y de bosque a plantación forestal representaron una reducción del 17.6 %.
“Este problema se convierte en la segunda fuente más grande de emisiones a la atmósfera, a través de la liberación de carbono almacenado en la vegetación y el suelo”, indicó Peri. Por el contrario, en el estudio se especificó que “los incrementos de carbono orgánico del suelo se asocian principalmente a los cambios de cultivo a bosque con un incremento del 28 % de carbono orgánico, del 23.2 % cuando se pasa de cultivo a pastizales y un 10.5 % más con el cambio de pastizales a bosque.
Para Peri, cualquier intento “de prevenir las pérdidas antropogénicas de carbono o secuestrar el carbono depende del comportamiento de la sociedad”.
El trabajo “Biophysical and socioeconomic factors influencing soil carbon stocks: a global assessment”, recientemente publicado en la revista internacional “Mitigation and Adaptation Strategies for Global Change”, partió de una base de datos con 817 sitios identificados, los cuales abarcan distintas gradientes ambientales y que representan los biomas existentes.
A su vez, se identificaron 8 tipos de transición de cambio de uso del suelo: pastizal a cultivo, pastizal a bosque, bosque a vegetación secundaria, bosque a pastizal, bosque a cultivo, bosque a plantación forestal, cultivo a pastizal, y cultivo a bosque.
Así, los especialistas lograron determinar los patrones globales de cambio en las reservas de carbono orgánico del suelo para diferentes transiciones en el cambio de uso del suelo -hasta una profundidad de 1 metro, y establecer la importancia relativa de los factores biofísicos y socioeconómicos.
De la investigación también participaron junto con Peri, Sandra Duarte-Gaurdia, Universidad Nacional de la Patagonia Austral (UNPA) y German Baldi, Universidad Nacional de San Luis y CONICET.
Además, Wulf Amelung de la Universidad de Bonn de Alemania, Evert Thomas, Biodiversidad Internacional de Perú, Nils Borchard del Instituto de Recursos Naturales (Luke) de Finlandia, Annette Cowie de la Universidad de Nueva Inglaterra de Australia y Brenton Ladd de la Universidad Científica del Sur de Perú.
Una década de pérdidas
Si bien en los últimos 200 años los suelos perdieron alrededor de 133 petagramos de carbono de los primeros dos metros del perfil del suelo debido a cambios en el uso del suelo, los investigadores subrayaron que “en los últimos 10 años, el flujo neto global de carbono –debido a estos cambios– se encuentra entre 1.1 y 1.5 petagramos de carbono”.
En esta línea, en el estudio se detalla que, por ejemplo, una pérdida del 10 % en las reservas mundiales de carbono orgánico del suelo, corresponde a unos 30 años de emisiones antropogénicas.
En tal sentido, los investigadores advierten la necesidad de “mantener o, incluso, aumentar la cantidad de carbono almacenada en el suelo”, dado que puede desempeñar un papel importante en “la mitigación del cambio climático, como se promovió recientemente mediante la iniciativa internacional 4 por 1000”.
Al cambio de uso del suelo, se suma la hipótesis de que los factores sociales o económicos serían también importantes determinantes del cambio de carbono del suelo. En esta línea, Peri explicó que factores como la pobreza limitan la capacidad de invertir en el manejo del suelo, dato –hasta ahora– apenas considerado en la formulación de la política de secuestro de carbono a escala global.
De estudio surge que los sitios con niveles de más altos de pobreza poseen suelos más pobres o suelos que son más difíciles de manejar, como Vertisoles, Leptosoles, Arenosoles y Acrisoles.
Primicias Rurales
Fuente: INTA Informa
Nov 2, 2020 | Informes Técnicos
Mar del Plata, 2 noviembre (PR/20) – – Técnicos y profesionales del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) monitorean las áreas forestadas de la localidad turística de Pinamar y municipios aledaños, con el fin de identificar y controlar plagas que las afecten.
Estas tareas se desarrollan desde 2013 en la jurisdicción del Centro Regional Buenos Aires Sur del Senasa, gracias a un acuerdo de colaboración con la División de Mantenimiento de Espacios Verdes y Arbolados municipal.
Las actividades están enmarcadas en el Programa Nacional de Sanidad Forestal que coordina el Senasa, el cual impulsa acciones para la preservación de los bosques a través de medidas que disminuyan los daños que ocasionan las plagas como también su dispersión.
«Desde entonces, los trabajos de monitoreo, trampeos, recolección y sistematización de datos, se focalizan en la determinación de la presencia de la avispa barrenadora de los pinos, Sirex noctilio, una de las plagas que afecta a las coníferas del género Pinus, que tiene gran relevancia mundial dado que el ataque de estos insectos ocasiona la muerte de los árboles», explicó el profesional del Centro Regional Buenos Aires Sur del Senasa, Lucas Bacalov.
Las tareas que efectúa personal del Senasa y del municipio consiste en la prospección visual de sectores rurales y urbanos forestados, sobre los cuales se busca identificar sintomatología de ataque de plagas, para su marcación y georreferenciación.
Bacalov destacó que «desde el Senasa trabajamos en la incorporación de un biocontrolador de Sirex, el nematodo Beddingia siricidicola, en árboles previamente identificados por sintomatología de ataque y con la confirmación de presencia de larvas de la plaga.»
Cabe aclarar que este organismo es parásito de la avispa y produce la esterilidad de las hembras adultas del insecto. Es uno de los métodos de control biológico utilizado en plantaciones de pino, con más amplia distribución en el mundo, siendo completamente amigable con el ambiente ya que es específico atacando sólo a Sirex noctilio.
Estas acciones se replican en otras regiones como el noreste, centro y sur del país, donde el Senasa interactúa con otros organismos para fortalecer las acciones de monitoreo y control de plagas forestales.
Primicias Rurales
Fuente: Senasa
Nov 2, 2020 | Informes Técnicos
Buenos Aires, 2 noviembre (PR/20) — La Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) y la Asociación Argentina de Productores Algodoneros (AAPA) lanzan Algodón Responsable Argentino: el primer sello nacional para certificar prácticas sustentables en el cultivo de algodón.
Las mismas incluyen prácticas agrícolas, ambientales, sociales y de calidad de fibra.
Así como un proceso de mejora continua que serán verificados por entes independientes en auditorías alineadas con los más altos estándares nacionales e internacionales.
Fruto del trabajo de dos instituciones conformadas por productores, el sello Algodón Responsable Argentino tiene fuerte foco en la producción primaria, pero con un impacto sobre el resto de la cadena algodonera.
En esa línea, las instituciones apuntan a lograr la homologación de ‘Algodón Responsable Argentino’ con el estándar internacional BCI (Better Cotton Initiative) que nuclea más del 15% de la producción mundial de algodón y se enfoca en el consumidor.
“Es una oportunidad de trabajar con toda la industria, partiendo desde la producción primaria, y alineados a requisitos internacionales. Creemos que la certificación nacional y una posterior homologación con BCI será la puerta de ingreso del algodón argentino al mercado global”, afirma Tomás Mata, gerente del Programa Certificaciones de Aapresid.
La implementación comenzará esta campaña con una prueba piloto que involucra 7 productores de Chaco, Santiago del Estero y Salta que suman unas 20.000 hectáreas. En 2021/22, el sello ‘Algodón Responsable Argentino’ se abrirá a todo productor interesado, sin importar escala o superficie.

Sin dudas la iniciativa tendrá un impacto significativo para el desarrollo sustentable de una de las economías regionales más pujantes, con una producción anual que ronda las 320 mil tn de fibra y la generación de 4000 puestos de trabajo en el norte argentino en 450.000 hectáreas.
“El sello de Algodón Responsable Argentino es un hito histórico para nuestro cultivo. Los productores adherentes están muy entusiasmados por evidenciar la sustentabilidad de sus prácticas y poder crear una marca país que acompañe al cultivo en su producción y comercialización” afirma Marcelo Falco, representante de AAPA.
Primicias Rurales
Fuente: Aapresid
Nov 1, 2020 | Informes Técnicos
Buenos Aires, 1 noviembre (PR/20) — Las empresas de transporte de cargas pusieron en marcha un programa para testear la viabilidad técnica de combustibles alternativos, en un primer caso con biodiésel puro (B100), del cual se asegura la viabilidad de su inmediata aplicación, como parte de una canasta energética que también incluirá gas natural comprimido y gas natural licuado.
El proyecto, según publicó la agencia Télam, lo lleva adelante la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas (Fadeeac), con el objetivo de impulsar una transformación en la matriz energética del sector.
El secretario general de Fadeeac, Martín Borbea Antelo, aseguró que el proyecto del B100 «es estratégico para el país, no sólo por los enormes beneficios ambientales y productivos que implica, sino porque es viable de forma inmediata con la capacidad instalada que ya posee la Argentina».
«Con el uso del biodiésel, en esta primera etapa apostamos a reducir 13 millones de toneladas de CO2 y tenemos que exigir la demanda que necesitemos en cada región del país. Quizá en una región nuestra necesidad sea el GNL, pero en otra podemos demandar el biodiésel», explicó.
Para consolidar este proceso la Federación puso en marcha un proceso de evaluación del desempeño de un biodiésel 100% puro en ruta, a través de un registro en tiempo real de impacto y desempeño, comportamiento, logística y factibilidad del reemplazo del combustible diésel de origen mineral por combustible biológico.
A tal fin se conformó un comité de seguimiento técnico y comenzó el monitoreo digital de 22 camiones de carga: la mitad impulsadas a gasoil y la otra mitad a biodiésel 100.
Las unidades transitarán durante seis meses por regiones segmentadas en todo el país para obtener información sobre el desempeño en ruta y el impacto ambiental comparado.
Se espera que, una vez terminadas las pruebas, se pueda comenzar a implementar el biodiésel 100 certificado por Fadeeac entre las empresas de transporte de cargas que pertenecen a la entidad.
En una primera etapa se apuntará a las unidades de consumo a granel, que representan una demanda anual de 1,8 millones de metros cúbicos.
Desde el punto de vista ambiental, el transporte de cargas moviliza el 90% de los bienes en Argentina, y para ese movimiento se calcula un consumo de 6.5 millones anuales de toneladas de gasoil.
Con el uso de biodiésel 100 se buscará reemplazar el 5% de consumo de gasoil del sector en cinco años, lo que contribuirá a reducir en 13 millones de toneladas las emisiones de CO2 en ese período.
Además de reducir en un 70% las emisiones contaminantes, el biocombustible se produce con el desperdicio del poroto de soja, es decir, no se utiliza alimento para su producción y tampoco se requieren nuevas hectáreas de cultivo para satisfacer el potencial crecimiento de demanda.
Por otra parte, la Argentina posee las «condiciones estratégicas para liderar el mercado de combustibles limpios de transición», al ser uno de los mayores productores y exportadores de aceite de soja a nivel global, y porque la elaboración de biodiésel tiene una capacidad ociosa de casi 50%.
El país posee infraestructura para producir 5,1 millones de metros cúbicos anuales y sólo produce 2,6 millones, por lo cual el proyecto podría generar una demanda inmediata para activar gran parte de esa capacidad inutilizada.
«En cualquier momento un camión que funciona a gasoil puede migrar a biodiésel B100 sin ningún costo adicional, al contrario, con beneficios y estímulos muy concretos como el aumento de vida útil del motor en un 25%, la mejora en la combustión del motor y la reducción de costos debido al menor precio del biodiésel», concluyó Borbea Antelo.
Primicias Rurales
Fuente: TodoAgro
Oct 31, 2020 | Informes Técnicos
Buenos Aires,31 octubre (PR/20) .. Hongos hay en todas partes, incluso en el interior de las plantas. Este es el caso de los llamados hongos endófitos, que forman simbiosis con las plantas que los hospedan. De éstas obtienen alimento y, a su vez, les brindan beneficios como, por ejemplo, mayor tolerancia a la herbivoría. Un estudio reciente de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) demostró que ciertos pastos forrajeros que viven asociados a hongos endófitos del género Epichloë son menos susceptibles al ataque de hongos patógenos, y que la fuerza de este efecto decrece según las condiciones en las que se realicen los experimentos y el tipo de patógeno. Resaltan las ventajas de realizar estudios en condiciones ambientales, sin simplificar el fenómeno.
«Los hongos endófitos viven dentro de una gran diversidad de plantas. En nuestro caso, investigamos los endófitos que se desarrollan dentro de unos pastos muy valiosos como alimento del ganado. Se trata de una simbiosis, ya que los dos organismos, al compartir sus ciclos de vida, se conectan estrechamente entre sí. Y es del tipo mutualista porque los dos se benefician: los pastos albergan y ‘alimentan’ al hongo, y éste les provee varias defensas frente a los que no son simbióticos», explicó Luis Pérez, docente de la cátedra de Ecología de la FAUBA.
Desde hace tiempo se sabe que este tipo de hongo endófito produce compuestos químicos -llamados alcaloides- que protegen a las plantas hospedantes contra los herbívoros, desde insectos hasta vacas. Pérez comentó a Sobre La Tierra que llegar a conocer esto en profundidad hizo que quedaran relegadas varias líneas de investigación como, por ejemplo, de qué manera este endófito protege a los pastos forrajeros contra el ataque de hongos patógenos.
«Relevamos todos los trabajos publicados que incluían esta interacción entre pastos, hongos endófitos y hongos patógenos, y realizamos un metaanálisis que incluyó 18 especies de pastos, 11 de hongos endófitos y 22 de hongos patógenos. Por un lado, queríamos ver si el efecto ‘protector’ que brinda esta simbiosis difería según la aproximación elegida para estudiar esta interacción triple. Por otro lado, queríamos indagar cómo variaba esta protección respecto de los diferentes tipos de hongos patógenos que infectaban las plantas; es decir, si la mataban, si la debilitaban o si sólo disminuían su fecundidad», señaló Pérez, quien también es investigador del CONICET en el instituto IFEVA-FAUBA.
«Un resultado clave del trabajo que publicamos en la revista Fungal Biology Reviews es que pudimos determinar que en los experimentos en laboratorio, donde las condiciones están muy controladas, el efecto de protección es fuerte y claro. Al subir en la escala, vimos que en invernáculo la protección sigue siendo notable, pero más variable que en laboratorio. Y a campo, donde hay muchos menos estudios realizados, el efecto protector del endófito es débil o no detectable», detalló Pérez.
Y agregó: «El segundo resultado fundamental de nuestro estudio es que Epichloë protege fuertemente a los pastos hospedantes cuando se trata de hongos patógenos que los matan o que los debilitan. No encontramos esta protección cuando se trata de los patógenos que disminuyen la fecundidad de los pastos forrajeros. Todos estos resultados tienen implicancias múltiples, ya sea para la ecología, la agronomía o bien para entender la dinámica de las enfermedades en general».
Distintas visiones de una misma interacción
«Si los tres actores de la simbiosis son los mismos, ¿Por qué los resultados pueden variar tanto según cómo se realicen los experimentos?», se preguntó retóricamente Luis Pérez antes de embarcarse en la explicación. «Es cuestión de cuánto podemos controlar las variables del ambiente en el experimento. En los estudios a campo, por ejemplo, tenemos menos capacidad de controlar los múltiples factores que pueden estar variando y que tal vez posean algún efecto importante en lo que estamos estudiando. Por ejemplo, pueden surgir otros actores, como insectos que se alimentan de patógenos o que los transportan de planta en planta».
«En el otro extremo, en el laboratorio podemos controlar prácticamente todos los factores. Por ejemplo, podemos ver la interacción directa del hongo endófito sobre los otros hongos patógenos. Entonces, esto nos lleva a ‘tomar con pinzas’ las extrapolaciones que muchas veces se hacen de resultados obtenidos in vitro, y a valorar más los estudios que contemplan la complejidad», sostuvo el investigador.
La ecología, un marco para entender las enfermedades
«El trabajo de Luis es un ejemplo de cómo la ecología nos permite estudiar enfermedades de interés agronómico», subrayó Marina Omacini, investigadora del CONICET y coautora de la publicación junto con Luis Pérez y Pedro Gundel, docentes de la FAUBA, e Iñigo Zabalgogeazcoa, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España. Y añadió que «es fundamental reconocer que los ambientes son multifactoriales y que en ellos coexisten e interactúan muchas especies en simultáneo. La mayoría de los estudios de las relaciones entre las plantas y sus enemigos se realizan aislando la interacción. Sin embargo, es indispensable tener en cuenta que el resultado depende de otras interacciones y que la mayoría de las plantas están naturalmente asociadas con distintos tipos de microorganismos, no sólo con los patogénicos».
Omacini, también docente de la cátedra de Ecología de la FAUBA, destacó la importancia de considerar las simbiosis mutualistas. «Si bien los ecólogos dicen que los mutualismos son posibles y frecuentes en los ecosistemas, la realidad es que están muy poco estudiados en comparación con, por ejemplo, la competencia. Este trabajo muestra cómo un mutualismo puede modificar el resultado de interacciones más consideradas y resalta las limitaciones de otros estudios en condiciones muy controladas y que no tienen en cuenta a los simbiontes. No digo que esos trabajos no sean relevantes, pero su visión reduccionista y fuera de contexto limita la interpretación de los resultados».
«La tesis de doctorado de Luis generó numerosos interrogantes. La publicación nos dio la oportunidad de contestarlos, además de reinterpretar algunos de sus resultados y los de otros estudios sobre la interacción triple entre los pastos forrajeros, los hongos endófitos y los patógenos. Gracias al metaanálisis logramos plantear factores o procesos que pueden ayudar a reducir las enfermedades en estos recursos tan valiosos para el ganado», afirmó Marina.
«Hay que dialogar con lo real y tratar de desarrollar el pensamiento complejo, que implica reflexionar y contextualizar, unir lo fragmentado, conectar partes. Para mí, eso es lo que hace la ecología: estudiar, por ejemplo, problemas como la relación entre las plantas y los patógenos en distintas escalas, y reconocer que el resultado de esa interacción depende de la presencia de otras interacciones. Incluso, vale destacar que Luis en el trabajo menciona no sólo esta interacción triple, sino cómo los vectores de patógenos podrían estar involucrados y modificar la severidad de la enfermedad», concluyó.
Primicias Rurales
Fuente: Sobre la Tierra