Hoy celebramos a Santa Adelaida, quien puso el poder político al servicio de su pueblo

Hoy celebramos a Santa Adelaida, quien puso el poder político al servicio de su pueblo

Santa Adelaida trabajó incansablemente por los más pobres, por construir iglesias y monasterios, financiar misioneros y solventar la vida religiosa en general. En la parte final de su vida vivió como monja -aunque nunca profesó como tal-, dedicada a la oración y la vida espiritual.

 

¡Cuánto heroísmo tiene esta reina!

El año en que nació Adelaida no ha podido ser determinado de manera exacta. Probablemente nació entre los años 928 y 933, en el reino de Borgoña -ubicado entre la Francia actual y parte de la Italia del norte-.

A los 15 años, por un arreglo político, contrajo matrimonio con Lotario, rey de Italia. Quedó viuda a los 19 años cuando su marido fue asesinado en medio de una conspiración para hacerse del trono.

Berengario II de Ivrea (margrave de Italia), interesado en consolidar su poder anexando los dominios de Lotario, quiso casarla con su hijo Adalberto, pero Adelaida se negó.

Entonces, el margrave la envió a prisión y le retiró todos sus poderes. Ella afrontó aquellas terribles circunstancias confiada en Dios, con paciencia y serenidad poco comunes, aprovechando su encierro para unirse a Cristo crucificado. Sus propios carceleros decían de ella: «Cuánto heroísmo tiene esta reina ¡No grita, no se desespera, no insulta. Solo reza y sonríe en medio de sus lágrimas!».

Adelaida pudo escapar de su presidio y devino en protegida del rey alemán Oton I. Ambos se enamoraron y se unieron en matrimonio en 951. Un año después, en la ciudad de Roma, Otón I sería coronado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico por el Papa Juan XII, mientras que ella, en la misma ceremonia, sería coronada emperatriz.

Por su parte, la santa pensaba con insistencia: «Solo en la religión puedo encontrar consuelo para tantas pérdidas y desventuras». Ese fue un tiempo en que Adelaida, a pesar del sufrimiento, seguiría respondiendo a las afrentas a fuerza de más bondad y mansedumbre.

“Una maravilla de gracia y de bondad”

De esta manera, Santa Adelaida logró conquistar el cariño de sus súbditos, llegando a ser considerada como una madre bondadosa y justa.

Gobernó con espíritu evangelizador, determinado por la consciencia de que el Evangelio no sólo tenía que ser anunciado, sino que debía transformar auténticamente la vida de su pueblo. Cuando su nieto Otón III ascendió al trono imperial, ella se retiró a vivir a un monasterio, donde pasó sus últimos días dedicada a la oración.

El recurso al consejo, ayuda para alcanzar la santidad

Ella pudo recibir tal bendición gracias a su cercanía con los monjes del monasterio de Cluny, centro de la reforma espiritual del siglo X. San Odilón escribió sobre ella lo siguiente: «La vida de esta reina es una maravilla de gracia y de bondad».

Santa Adelaida murió el 16 de diciembre del año 999, a pocos días del cambio del milenio.

Sus patronazgos son múltiples: patrona de las víctimas de abuso, novias, emperatrices, mujeres que detentan poder, exiliados, prisioneros, segundas nupcias, viudas

 

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Fuente: Aciprensa

Hoy celebramos a Santa María de la Rosa, quien descubrió su vocación trabajando en una fábrica

Hoy celebramos a Santa María de la Rosa, quien descubrió su vocación trabajando en una fábrica

Hija de un empresario y una condesa

Paola Francesca Di Rosa -por su nombre secular- nació en Brescia (Italia) el 6 de noviembre de 1813. Posteriormente, al hacerse religiosa, adoptaría el nombre de “Maria Crocifissa Di Rosa” (María Crucificada de la Rosa) y se convertiría en enfermera.

Su padre, don Clemente Di Rosa, fue un rico industrial, poseedor de una gran hilandería; su madre, Camilla Albani, era parte de la prestigiosa familia Albani, razón por la que ostentaba el título de condesa.

Un torrente de gracia y santidad en una fábrica

Durante su primera infancia, María fue educada por las Hermanas de la Visitación, quienes poseían un convento y una escuela en la ciudad. Lamentablemente, dejó la escuela tras la muerte de su madre en 1824. Con solo 11 años, María empezó a trabajar en la hilandería de la familia. Allí pudo conocer las duras condiciones en las que trabajaban muchas mujeres, algo que la marcaría para siempre. Años después diría: “Yo sufro viendo el sufrimiento de otros”.

Al cumplir los 17 años, María de la Rosa decidió consagrar su vida a Dios a través del servicio a los más necesitados. Por eso, animada por su fe y amor al prójimo, organizó a las trabajadoras de la hilandería con el propósito de generar vínculos de apoyo y ayuda solidaria entre sus familias. Esto fue visto con beneplácito por su padre, quien la alentó a perseverar en ese camino. Luego, por su capacidad de liderazgo y responsabilidad, don Clemente le entregaría la administración total de la hilandería. La joven acababa de cumplir los 19 años.

Solidaria con las mujeres que trabajan, atenta al llamado de Dios

María, sobre la base del grupo de ese grupo organizado de mujeres, formó una asociación religiosa en la que las trabajadoras podían profundizar y enriquecer su fe católica. Mientras tanto, alimentaba su vida espiritual participando activamente en su parroquia: organizaba retiros espirituales y obras de misión en las partes alejadas de Brescia, poniendo, como ya era habitual, su mayor atención en las mujeres abandonadas.

María de la Rosa trabajó en aquel proyecto con gran dedicación durante dos años, hasta que pensó que sería mejor brindar una formación más completa y permanente. Entonces, por cuenta propia, abrió un internado para niñas en estado de abandono -fundamentalmente huérfanas y niñas muy pobres-, obra que crecería hasta convertirse en un sólido centro de formación y educación católica.

La Congregación de las Siervas de la Caridad: niñas abandonadas

En 1840, tocada por el Espíritu Santo, Santa María de la Rosa se embarcó en el que sería el proyecto más ambicioso de su vida: la fundación de una comunidad religiosa femenina dedicada a la atención de los enfermos en los hospitales. La nueva Orden llevaría el nombre de Congregación de las Siervas de la Caridad. El grupo inicial estuvo compuesto por cuatro jóvenes, pero tres meses después aumentaron a 32. Sor María de la Rosa fue nombrada por unanimidad superiora de la naciente comunidad.

La etapa final de la vida de María Crucificada de la Rosa estuvo dedicada a fortalecer la Orden y obtener el reconocimiento eclesiástico necesario, lo que no significó que dejara su labor como enfermera. En 1850, la Santa Sede, por voluntad expresa del Papa Pío IX, otorgó la aprobación de su congregación.

Unos años más tarde, Santa María de la Rosa moriría en olor de santidad, el 15 de diciembre de 1855, a los 44 años. Su proceso de canonización se inició durante el pontificado de San Pío X en 1913. El Papa Pio XII la beatificó el 26 de mayo de 1940 y él mismo la canonizó el 12 de junio de 1954 en la Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano.

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Fuente: Aciprensa
Hoy celebramos a San Juan de la Cruz, reformador y patrono de los poetas en lengua española

Hoy celebramos a San Juan de la Cruz, reformador y patrono de los poetas en lengua española

San Juan de la Cruz es reconocido como uno de los representantes más importantes de la poesía mística occidental y definitivamente uno de los más grandes escritores en habla española.

Su talento poético ha sido reconocido por escritores de todos los talantes y corrientes. Incluso poetas universales, tan disímiles como Rubén Darío y T.S. Elliot, reconocían en él una influencia decisiva.

Karol Wojtyla, el Papa San Juan Pablo II, dedicó su tesis doctoral en teología al estudio de la fe en las obras de este gran místico español.

La experiencia de la pobreza y el encuentro con Dios

San Juan nació en Fontiveros, provincia de Ávila (España), el 24 de junio de 1542. Como se ha señalado emprendió a lado de Santa Teresa de Jesús la reforma de la Orden Carmelita, esfuerzo que daría lugar a la fundación de los Carmelitas Descalzos.

Juan de Yepes Álvarez -nombre secular del santo- fue hijo de padres de ascendencia judía, conversos al cristianismo: don Gonzalo de Yepes, tejedor toledano, y doña Catalina Álvarez. Tuvo dos hermanos mayores, Francisco y Luis. Don Gonzalo había sido desheredado por su familia a causa de su matrimonio con Catalina y murió cuando Juan tenía solo 4 años. Aquella pérdida sumió a la familia en la pobreza y aunque doña Catalina pidió ayuda a los familiares de don Gonzalo nunca tuvo éxito.

Cierta mejora en la situación económica familiar le permitiría luego ingresar al colegio de los Jesuitas, en 1551. Mientras estudiaba allí a tiempo parcial, trabajó en el Hospital de Nuestra Señora de la Concepción. Gracias a los padres jesuitas logró una sólida formación en humanidades, algo que le permitió conocer muy bien el latín y a muchos autores clásicos.

 

Fray Juan de Matías, un joven carmelita

En 1563, con 21 años, Juan ingresa al convento de los padres carmelitas y adopta el nombre de fray Juan de San Matías. Tras realizar el noviciado entre 1563 y 1564 en el Convento de Santa Ana, se trasladó a Salamanca para estudiar en el Colegio de San Andrés de los Cármenes (1564-1567).

Cierta decepción con la forma de vida carmelita, en lo relativo a la contemplación, lo hace considerar hacerse cartujo. Sin embargo, poco después de ser ordenado sacerdote conoce a la futura santa Teresa de Jesús. Ella, quien ya tenía referencias del fraile, lo persuade de abandonar el deseo de la cartuja e involucrarse en su proyecto de “reforma carmelita”, de los que serán llamados posteriormente “descalzos”.

En adelante, muchas penurias y dificultades tuvieron que sortear o sobrellevar ambos santos, dada la hostilidad de los carmelitas calzados y las implicancias naturales de impulsar una reforma con pretensiones -consideradas exageradas- de volver a las fuentes del carmelo, olvidadas paulatinamente a lo largo de siglos. El ideal del Carmelo Descalzo era, pues, seguir la “regla primitiva” de la Orden.

Fray Juan de la Cruz, el carmelita de la madurez

En agosto de 1568, Juan deja Salamanca -donde estaba terminando los estudios de bachillerato- para acompañar a Santa Teresa. Juntos fundaron el convento para mujeres de Valladolid y unos meses más tarde, el 28 de noviembre de ese mismo año, Juan funda el primer convento de la rama masculina del Carmelo Descalzo en Duruelo (Ávila). Aquel día, ‘Juan de San Matías’ cambia de nombre por fray Juan de la Cruz.

En 1570 la fundación fue trasladada a Mancera, donde Juan se desempeñó como subprior y maestro de novicios. En 1571 es nombrado rector del recién fundado Colegio de Carmelitas Descalzos de San Cirilo. En 1572, asume por pedido de la Madre Teresa el cargo de vicario y confesor de las monjas del convento de la Encarnación en Ávila. Durante su estancia allí, acompaña a la madre en sus viajes de fundación.

Prisionero de Cristo

En el Capítulo General de los Carmelitas de 1575, se decidió enviar un visitador de la Orden para suprimir los conventos de la reforma y recluir a la madre Teresa en un convento. En 1577, fray Juan de la Cruz es apresado y llevado a Toledo. Allí es maltratado y aislado por 8 meses, durante los cuales pudo escribir una de sus más significativas obras: el Cántico espiritual. Providencialmente el Carmelo Descalzo se erige en Provincia exenta y en 1588 es reconocida como Orden religiosa.

Después de aquel duro episodio, San Juan de la Cruz siguió desempeñándose como vicario y realizó viajes a Andalucía (España) y a algunas ciudades de Portugal hasta que fue convocado a la presencia de Dios en Úbeda, el 14 de diciembre de 1591. Fue canonizado por el Papa Benedicto XIII en 1756 y, desde 1952, es el patrono de los poetas de lengua española. San Juan de la Cruz forma parte, además, de la lista de los 36 Doctores de la Iglesia.

La “noche oscura y la obra de San Juan de la Cruz: el amor puro

Santa Edith Stein (1891-1942), religiosa carmelita asesinada en un campo de concentración nazi, en una carta escrita en 1940, escribe sobre uno de los puntos más elevados de la espiritualidad de San Juan de la Cruz.

Edith contestaba, en ese entonces, a una misiva que le enviaba una religiosa dominica, doctora en filosofía, en torno a la naturaleza del “amor puro” en el pensamiento de San Juan de la Cruz. Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, escribe:

«San Juan de la Cruz entiende por “amor puro” [a] el amor de Dios por él mismo; [b] el de un corazón libre de todo apego a cualquier cosa creada: a sí mismo y al resto de las criaturas, pero también a todo consuelo y cosas similares que Dios pueda conceder al alma, a cualquier forma de devoción especial, etc.; [c] el de un corazón que no desea otra cosa sino que se cumpla la voluntad de Dios y que se deja guiar por él sin resistencia. Lo que una puede hacer para llegar hasta aquí está ampliamente tratado en la “Subida del Monte Carmelo” [otra obra cumbre de San Juan de la Cruz]. Cómo Dios purifica al alma, en “La Noche Oscura”. El resultado, en “La Llama de Amor viva” y en “El Cántico Espiritual”. Básicamente puede encontrarse todo el camino en cada una de las obras, únicamente que en cada caso se acentúa una etapa u otra. Pero si usted desea aprender lo esencial, recopilado de forma mucho más breve, entonces debe coger los escritos breves».

Queda en evidencia el impacto de San Juan de la Cruz no solo en el pensamiento de la santa y filósofa carmelita sino en la tradición teológica y espiritual católicas. Ya se ha dicho que muchos de los escritores y poetas más importantes reconocen haber sido influenciados por este, mientras que otros tantos sostienen que Juan de la Cruz representa el nivel más elevado de la poesía escrita en castellano.

Uno de sus conceptos más celebrados, y que posee valor literario, místico y teológico incalculables, es precisamente el de la “noche oscura del alma”, experiencia límite cuando Dios parece radicalmente distante o ausente al alma que, sin embargo, se esfuerza por ser fiel en circunstancias extremas o penosas.

“Fue necesitado de clamar diciendo: ¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has desamparado? (Mt 27, 46). Lo cual fue el mayor desamparo sensitivamente que había tenido en su vida. Y así en él hizo la mayor obra que en toda su vida con milagros y obras había hecho, ni en la tierra ni en el cielo, que fue reconciliar y unir al género humano por gracia con Dios” (Subida del Monte Carmelo, II, 7, 11).

Si deseas saber más sobre la vida y obra de San Juan de la Cruz, te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católicahttps://ec.aciprensa.com/wiki/San_Juan_de_la_Cruz.

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Fuente: ACI Prensa

Hoy celebramos a Santa Lucía, intercesora de aquellos que sufren problemas de visión

Hoy celebramos a Santa Lucía, intercesora de aquellos que sufren problemas de visión

Buenos Aires, 13 de diciembre (PR/25) .- Cada 13 de diciembre, la Iglesia celebra la fiesta de Santa Lucía de Siracusa, mártir cristiana que vivió entre finales del siglo III e inicios del siglo IV. Santa Lucía es muy popular y querida por ser especial intercesora cuando hay problemas de salud vinculados a la visión. Desde la Edad Media se le reconoce como protectora o patrona de la vista. Esta devoción proviene de una antigua tradición según la cual, como castigo por proclamar a Cristo, sus verdugos le habrían arrancado los ojos y, aún habiendo sufrido semejante atrocidad, Dios le permitió seguir viendo.

Lucía murió durante la Gran Persecución organizada por el emperador Diocleciano (e. 284-286/286-305).

Esposa fiel de Cristo

De acuerdo a las Actas de Santa Lucía, la mártir nació en Siracusa, Sicilia (Italia), en el seno de una familia noble. Sus padres eran conversos al cristianismo y se preocuparon por educarla en la fe. Tras la muerte de su padre, Lucía se acercó al Señor Jesús buscando consuelo y fortaleza para afrontar el dolor que la embargaba. Tomó a Dios como padre y protector y a cambio prometió, en secreto, virginidad perpetua. Sin embargo, su madre, Eutiquia, desconociendo la decisión de su hija, la ofreció en matrimonio a un joven pagano.

Eutiquia padecía de hemorragias y Lucía, con el propósito de ganar su favor e impedir el matrimonio, le aconsejó a su madre que fuese a orar a la tumba de Santa Ágata de Catania para pedir por su curación. Si un milagro ocurría, quizás Eutiquia accedería a liberarla del arreglo matrimonial.

La Gran Persecución

Al enterarse de esto, el pretendiente de Lucía se enfureció y la denunció ante el procónsul Pascasio, acusándola de ser cristiana. Eran tiempos de la persecución iniciada por Diocleciano -la Gran Persecución (302-311)- y el procónsul llevó a la joven a su presencia; y la amenazó de muerte a menos que desistiera de su postura. Lucía respondió así a la amenaza: “Es inútil que insista. Jamás podrá apartarme del amor a mi Señor Jesucristo”. Acto seguido, el procónsul, para denigrarla ante Dios y los hombres, ordenó que sea llevada a un prostíbulo, pero ella, sin dar un paso atrás, exclamó: «El cuerpo queda contaminado solamente si el alma consiente».

Los ojos de Lucía

A Santa Lucía se le suele representar con una bandeja en la mano en la que yacen los ojos que le fueron arrancados. Existe también un relato que difiere del anterior, en el que aparece como víctima del acoso de un pretendiente a causa de la belleza de sus ojos. La joven, para liberarse de él, se habría sacado los ojos y se los habría enviado. Dios, en recompensa por su modestia, le devolvió la vista dándole otros ojos aún más bellos.

Aún cuando no hay certeza absoluta sobre qué condujo al martirio de Santa Lucía, la veracidad de su condición de mártir aparece fuera de toda duda. En 1894 fue descubierta una inscripción sepulcral en las catacumbas de Siracusa con esta inscripción: “Santa Lucía, mártir del siglo IV”.

«El cuerpo queda contaminado solamente si el alma consiente»

Esta afilada respuesta de Santa Lucía de Siracusa al procónsul produjo ecos importantes en la teología moral siglos más tarde. Santo Tomás de Aquino reconoció la profundidad y fuerza moral de la sentencia: «El cuerpo queda contaminado solamente si el alma consiente».

Oración a Santa Lucía

Oh Bienaventurada y amable Virgen Santa Lucía,
universalmente reconocida por el pueblo cristiano
como especial y poderosa abogada de la vista,
llenos de confianza a ti acudimos;
pidiéndote la gracia de que la nuestra se mantenga sana
y le demos el uso para la salvación de nuestra alma,
sin turbar jamás nuestra mente en espectáculos peligrosos.

Y que todo lo que ellos vean se convierta en saludable
y valioso motivo de amar cada día más a Nuestro Creador
y Redentor Jesucristo, a quien por tu intercesión,
oh protectora nuestra; esperamos ver y amar eternamente
en la patria celestial. Amén.

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Fuente: aciprensa
Hoy recordamos a la Virgen de Guadalupe, Emperatriz de América y Patrona de México

Hoy recordamos a la Virgen de Guadalupe, Emperatriz de América y Patrona de México

La devoción a la Virgen de Guadalupe tiene su origen en las apariciones de Nuestra Señora acontecidas entre el 9 y el 12 de diciembre de 1531 en las faldas del cerro del Tepeyac, ubicado al norte de la Ciudad de México. Milagrosamente la imagen de la Virgen aparecida quedó impresa en el manto -“tilma” o manto típico- de un indígena chichimeca de nombre Juan Diego, quien llegaría después a los altares. Esa imagen se conserva hasta hoy en la basílica construida en honor a la Virgen en el lugar de las apariciones, el Tepeyac.

Madre que consuela y anima

Mientras el mundo de hoy aparece sumido en una profunda crisis de valores, y los retos y dificultades ponen a prueba nuestra fe, es necesario hacer silencio en el corazón y recordar que Dios nos ha puesto bajo los cuidados de su Madre. ¡Cuánto consuelo podemos hallar en las palabras de la Virgen del Tepeyac dirigidas a San Juan Diego, vidente de Guadalupe!:

“No se entristezca tu corazón… ¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre?”.

Con ese cariño animó la Virgen al afligido Juan Diego aquel 12 de diciembre de 1531, igual como hace hoy con nosotros, peregrinos en el mundo. Las palabras de María deben recordarnos además que Jesús está de lado de quienes quieren hacer de esta tierra un lugar mejor.

Un poco de historia sobre las apariciones

Una década después de iniciada la conquista de México, hacia 1529, los misioneros españoles se encontraban frente a una difícil situación. El esfuerzo evangelizador, por distintos y complejos motivos, no había producido los frutos esperados. Entre otras cosas, pesaba sobre la conciencia de los conquistadores los innumerables pecados cometidos contra los indígenas, así como las contradicciones propias de la ambición desmedida y el ansia de poder. En ese contexto, los misioneros experimentaban gran desconcierto a causa de las escasas -o poco sólidas- conversiones.

En el lugar llamado Tepeyac, María Santísima se le apareció a un campesino chichimeca de nombre Juan Diego Cuauhtlatoatzin, recién convertido al cristianismo. Para Juan Diego aquella mujer era “la Señora”, a quien miró con respeto, pero quizás también con cierta desconfianza. Ella, mientras tanto, quería tocar su corazón: se presentaba a sí misma como “la perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios”.

Una tilma, unas flores y un milagro

El martes 12 de diciembre, la Virgen se le presentó nuevamente para darle consuelo y esperanza al buen hombre. Juan Diego, reconfortado, le confesó a la “Señora” que tenía a su tío muy enfermo y que había intentado evitar un encuentro con ella por ese motivo. Ella, entonces, le pidió que subiera a la cima del monte de Tepeyac, que recogiera flores y se las llevara consigo. Aunque el pedido parecía descabellado -era invierno y los campos no florecen-, San Juan Diego obedeció. Al llegar al sitio indicado encontró un brote de flores muy hermosas, las colocó en su tilma y se las llevó al obispo, tal y como la Virgen se lo había pedido.

Estando frente al prelado, San Juan Diego desplegó la parte delantera de su tilma dejando descubrir su carga. Las flores cayeron, pero algo inesperado ocurrió: en el tejido de la tilma había quedado impresa la imagen de la “Señora”, la Virgen María. Frente a los ojos de Monseñor Zumárraga y de los ocasionales testigos de la escena, lo sucedido era, por decir lo menos, “inusual”. La imagen mostraba a la Virgen María como una mujer de tez morena, con rasgos mestizos; adornada como una reina, de pie sobre una media luna y sostenida por un ángel. Los presentes cayeron de rodillas impactados por aquello que estaban viendo. Mons. Zumárraga, conmovido, pidió perdón por su actitud inicial.

Al día siguiente, el Obispo Zumárraga, acompañado de Juan Diego, visitaría el lugar de las apariciones en el monte del Tepeyac. Allí, dio la orden para la construcción del templo, mientras los primeros hombres se ofrecían para realizar la obra. Luego, Juan Diego se marchó presurosamente a ver a su tío Juan Bernardino, que había estado muy enfermo. Al llegar, lo vio recuperado, de pie y evidenciando salud. ¡La Virgen había hecho el milagro!

Significado

La presencia de la Virgen de Guadalupe en ese momento, y a lo largo de la historia de la Iglesia en América, ha representado una fuente de fuerza inagotable, capaz de renovar una y otra vez el impulso evangelizador.

Desde las apariciones, la Virgen se convirtió en la protagonista y la artífice de la reconciliación entre nativos y españoles, entre las culturas originales y la cultura occidental.

La Virgen nos escucha, pero también habla y nos manda una tarea

“Mucho quiero, ardo en deseos de que aquí tengan la bondad de construirme mi templecito, para allí mostrárselo a ustedes, engrandecerlo, entregárselo a Él, a Él que es todo mi amor, a Él que es mi mirada compasiva, a Él que es mi auxilio, a Él que es mi salvación (…) Porque en verdad yo me honro en ser madre compasiva de todos ustedes, tuya y de todas las gentes que aquí en esta tierra están en uno, y de los demás variados linajes de hombres, mis amadores, los que a mí clamen, los que me busquen, los que me honren confiando en mi intercesión. Porque allí estaré siempre dispuesta a escuchar su llanto, su tristeza, para purificar, para curar todas sus diferentes miserias, sus penas, sus dolores” (Palabras de la Virgen de Guadalupe a San Juan Diego).

¡Viva la Virgen de Guadalupe! ¡Reconstruyamos con Ella la Iglesia!

Si deseas conocer más sobre la Virgen de Guadalupe y cada una de sus apariciones, te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católicahttps://ec.aciprensa.com/wiki/Virgen_Mar%C3%ADa_de_Guadalupe_(M%C3%A9xico)

Sobre el Santuario de Guadalupe: https://ec.aciprensa.com/wiki/Santuario_de_Guadalupe.

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Fuente: aciprensa

Hoy se celebra a Santa Maravillas de Jesús, de dama noble a reformadora del Carmelo

Hoy se celebra a Santa Maravillas de Jesús, de dama noble a reformadora del Carmelo

Nació en Madrid, España, el 4 de noviembre de 1891. Al ingresar a la Orden de las Carmelitas Descalzas, tomó el nombre de «María de las Maravillas de Jesús». Además de ser reconocida por haber impulsado la renovación espiritual de su Orden, es considerada como una de las más importantes místicas del siglo XX.

Sus padres pertenecieron a la nobleza española. Su padre fue don Luis Pidal y Mon, segundo marqués de Pidal, y su madre doña Cristina Chico de Guzmán y Muñoz, nieta y sobrina de los condes del Retamoso. Luis Pidal fue Ministro de Fomento de España y posteriormente embajador ante la Santa Sede.

En 1921 hizo sus votos religiosos y solo un par de años después se aventuró a fundar un convento de Carmelitas en Getafe, en el hoy famoso Cerro de los Ángeles, muy cerca del «centro geográfico» de España. Para ello contó con el apoyo de Mons. Leopoldo Eijo y Garay, obispo de Madrid-Alcalá.

En 1924, la Hermana María Maravillas y otras tres monjas carmelitas se mudaron a la ciudad de Getafe, a una residencia provisional, mientras se concluía la construcción del convento. El 30 de mayo de 1924, Maria de las Maravillas hizo su profesión solemne, y en junio de 1926 fue nombrada priora de la comunidad del monasterio del Sagrado Corazón y Nuestra Señora de los Ángeles, inaugurado unos meses después.

Durante la Guerra Civil española, la hermana María de las Maravillas se abocó de manera especial a la oración, pero también, con la autorización papal, a asistir a los necesitados y a las víctimas de la guerra. Fue siempre una mujer comprometida con la ayuda al prójimo, con el deseo de ser como Cristo en todo.

«No quiero la vida más que para imitar lo más posible a la de Cristo» escribió alguna vez, consciente de que la unión con Dios es motor para amar más a quienes sufren.

En consonancia con ese espíritu caritativo, la hermana María de las Maravillas impulsó la fundación de varios «carmelos» -nombre que se le da a los conventos carmelitas descalzos- e impulsó una vuelta al espíritu reformador de Santa Teresa de Jesús.

En los carmelos las hermanas vivían en auténtica pobreza, dedicándose al trabajo manual para su sustento y a las labores más sencillas.

Santa Maravillas de Jesús murió el 11 de diciembre de 1974, a los 83 años.

Fue beatificada en Roma por el Papa San Juan Pablo II, el 10 de mayo de 1998. El mismo Papa, San Juan Pablo II, la canonizó el 4 de mayo de 2003, juntamente con Santa Genoveva Torres, San Pedro Póveda, Santa Ángela de la Cruz y San José María Rubio S.J.

Uno de los milagro que la llevaron a los altares fue la resurrección de un niño argentino ahogado.

«¡Qué felicidad morir Carmelita!» (Santa María Maravillas de Jesús).

 

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Fuente: Aciprensa