Hoy 4 de diciembre recordamos a Santa Bárbara, víctima de la insanía de su propio padre

Hoy 4 de diciembre recordamos a Santa Bárbara, víctima de la insanía de su propio padre

Santa Bárbara de Nicomedia forma parte del grupo de los llamados Santos Auxiliadores (a quienes es posible invocar en momentos de dificultad o peligro).

Enviada a prisión

 

De acuerdo a una antigua tradición, Santa Bárbara fue puesta en cautiverio por su propio padre, un ‘sátrapa’ (nombre con el que se designaba al gobernador de una provincia de Persia) de nombre Dióscoro, con el propósito de apartarla de la influencia de los cristianos.

Dióscoro, además, hizo que maestros de filosofía y poesía la visitaran en su celda periódicamente para asegurarse de que la joven se convenza de su supuesto error y rechace la fe en Cristo.

Sin embargo, para frustración de su padre, Bárbara no sólo no fue persuadida de semejante despropósito, sino que desobedeció la orden de casarse y se declaró públicamente cristiana, algo que el gobernador consideró como la peor de las afrentas. Entonces, presa de la furia, Dióscoro ordenó martirizar a su propia hija.

Torturada y ejecutada por su progenitor

Lejos de sentir compasión, su padre ordenó que fuera presentada ante el juez, quien determinó para ella la pena capital inmediata.
El lugar escogido para la ejecución fue la cima de una montaña cercana; y el verdugo, ‘por derecho’, sería el propio Dióscoro.
A pesar de caer una intensa lluvia, los involucrados en la ejecución no se detuvieron y tomaron dirección hacia el monte. Ahí, ni bien Dióscoro asestó el brutal golpe de sable que arrancó la cabeza de su hija, un relámpago le cayó encima y lo fulminó.

Santa Bárbara y los hechos que le acontecieron hicieron que su veneración se extendiera por Europa con firmeza, consolidándose hacia el siglo VII. Su culto fue aceptado y confirmado por el Papa San Pío V en 1568 y desde entonces aparece en la lista de los Santos Auxiliadores.

Iconografía y patronazgo

La manera como murió su padre hizo que Santa Bárbara fuese tomada por protectora ante los peligros de las tormentas eléctricas y los incendios naturales. Luego, por analogía o similitud, se le empezó a asociar con los artilleros y los mineros, de quienes es patrona también.

Tradicionalmente se pide la intercesión de Santa Bárbara para no morir sin acceder al sacramento de la Confesión y tener la gracia de recibir la Eucaristía en la hora de la muerte.

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Fuente: Aciprensa

Hoy celebramos a San Francisco Javier, quien llevó a Cristo a los confines de la tierra

Hoy celebramos a San Francisco Javier, quien llevó a Cristo a los confines de la tierra

Francisco Javier estuvo tanto en la India como en Japón; no obstante, Dios lo llamó a su presencia antes de que pueda alcanzar las costas de China continental, el último de sus destinos apostólicos.

Un “ambicioso” estudiante universitario

 

San Francisco Javier nació en 1506, en el Castillo de Javier en Navarra, cerca de Pamplona (España). De familia de alcurnia, a los 18 años fue enviado a estudiar a la Universidad de París (Francia), donde tuvo como compañero al beato jesuita Pedro Favre, quien lo puso en contacto con el entonces estudiante Íñigo de Loyola, el futuro San Ignacio de Loyola.

Francisco entabló una profunda amistad con él, de manera que terminaría integrando el pequeño grupo de compañeros que luego se convertiría en el núcleo fundacional de  la Compañía de Jesús, una de las Órdenes religiosas más numerosas e importantes. Finalizados sus estudios, Francisco hizo los Ejercicios Espirituales bajo la dirección de Ignacio y, más tarde, los primeros votos.

“La gloria que dura eternamente»

De cara a Cristo, el joven Francisco llegó a comprender aquello que su amigo Ignacio le había dicho alguna vez: «Un corazón tan grande y un alma tan noble no pueden contentarse con los efímeros honores terrenos. Tu ambición debe ser la gloria que dura eternamente».

Atrás quedarían los planes y las aspiraciones terrenas, y así el santo haría su consagración definitiva en la Compañía de Jesús en 1534.

Años después, Francisco sería ordenado sacerdote en Venecia (Italia), para después enrumbar a Roma junto a San Ignacio. En la Ciudad Eterna, colaboraría con el General de los Jesuitas en la redacción de las Constituciones de la Compañía.

 

En la primera expedición misionera de la Compañía, Francisco fue enviado a la India.

En camino haciadicho país, permanece una temporada en Lisboa (Portugal), donde se reúne con el Padre Rodríguez, quien tenía la misión de acompañarlo.

Durante aquella estancia, el rey Juan III de Portugal les tomó mucha estima a ambos sacerdotes, en buena parte por la calidez con la que habían tratado a su pueblo y el fervor con el que predicaban y practicaban la caridad.

Así, se tomó la decisión de que el P. Rodríguez permanezca en Portugal y que Francisco continúe con el viaje a las colonias portuguesas en India.

 

Poco antes de zarpar, Francisco recibe de boca del rey una inesperada noticia: el Papa lo había nombrado Nuncio Apostólico en Oriente. Luego de una larga travesía, que sólo se detuvo por unos días en Mozambique, Francisco Javier y otros dos compañeros jesuitas llegan a Goa, capital de la India portuguesa, el 5 de mayo de 1542.

En Goa, los jesuitas, encabezados por Francisco Javier, se toparon con una situación terrible. La decadencia moral campeaba entre los portugueses y muchos bautizados se habían alejado de su fe. Entre otros males, los colonos ejercían un trato cruel con los nativos.

Entonces, el santo emprendió la ardua tarea de detener los abusos e impartir la catequesis a los aborígenes. Francisco Javier atendía a los enfermos, muchos de ellos con lepra, enseñaba a los esclavos a leer y administraba los sacramentos.

Fueron tantas las conversiones entre los paravares, habitantes de esa zona, que el santo trabajaba sin descanso atendiendo espiritualmente a unos y otros.

Alguna vez, Francisco Javier escribiría una carta a sus hermanos jesuitas en Europa en la que relataba cómo se quedaba a veces sin fuerzas, casi sin poder mover los brazos, por la cantidad de bautizos que hacía en un solo día.

Predicador hasta la muerte

El santo permaneció en India hasta que en 1549 partió rumbo a Japón.

En la Isla del Sol Naciente las cosas no le resultaron nada fáciles. Cierto que algunos de sus habitantes se convirtieron, pero en general los cristianos no eran bien vistos ya que no seguían las costumbres locales, además de proclamar a un Dios completamente ajeno a sus tradiciones, en las que no había, por ejemplo, lugar para el perdón o la misericordia.

Por un tiempo, Francisco Javier retornó a la India para después trasladarse a Malaca (hoy parte de Malasia), donde empezó a hacer los preparativos para el viaje a la China, cuyo territorio era considerado inaccesible para los extranjeros.

El 3 de diciembre de 1552, Francisco Javier muere sin poder llegar al país que soñó evangelizar.

Epílogo: la santidad

El cuerpo de San Francisco Javier fue puesto en un féretro lleno de barro para ser trasladado. Después de diez semanas el barro fue retirado y los restos del santo fueron hallados incorruptos. Se decidió entonces llevar los restos a Malaca primero y después a Goa (India), donde permanecen sepultados, en la Iglesia del Buen Jesús, hasta hoy.

San Francisco Javier fue canonizado el 12 de marzo de 1622.

Aquel glorioso día también serían canonizados otros grandes santos: San Ignacio de Loyola, su amigo, Santa Teresa de Ávila, San Felipe Neri y San Isidro Labrador.

Si deseas saber más sobre la vida de San Francisco Javier, te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Francisco_Javier.

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Fuente: Aciprensa

Hoy celebramos a Santa Bibiana

Hoy celebramos a Santa Bibiana

Llena de llagas por todo el cuerpo, finalmente la joven mártir entregó su alma a Dios. Echaron su cuerpo a los perros, pero unos cristianos lo rescataron y le dieron sepultura junto a la tumba de sus padres y de la hermana, cerca de su casa, en donde pronto construyeron una capilla y más tarde la actual basílica, sobre el monte Esquilino.

De esto da cuenta el biógrafo del Papa Simplicio (468-83), atribuyendo a este pontífice la construcción de la basílica en honor de la bienaventurada mártir Bibiana «juxta Licinianum ubi corpus eius requiescit».

 

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Fuente: aciprensa

Hoy celebramos a San Carlos de Foucauld, quien dejó todo por la aventura de seguir a Cristo

Hoy celebramos a San Carlos de Foucauld, quien dejó todo por la aventura de seguir a Cristo

Foucauld ha sido el inspirador de numerosos movimientos y corrientes espirituales contemporáneas, entre otras razones, gracias a su ejemplo de tenacidad en esa dimensión que nadie debería rehuir: el de la búsqueda interior. Y como si esto fuera poco, Foucauld también hizo de su vida un provocador testimonio de lo que es el desprendimiento de las seguridades que ofrece el mundo.

Un místico en los tiempos modernos

 

Ante todo, Foucauld buscó seguir las huellas de Cristo. Lo hizo precisamente en un momento de la historia en el que la sociedad empezaba no solo a construirse sin Dios, sino contra Dios. Prueba de ello fue su itinerario personal: habiendo crecido rodeado de la nobleza francesa, se convirtió en militar y aventurero, y, tras encontrarse con Dios, abandonó todo para vivir para Él. Así, “Charles” (Carlos) de Foucauld se convirtió en un místico de los tiempos modernos.

“La fe es incompatible con el orgullo, con la vanagloria, con el deseo de la estima de los hombres. Para creer, es necesario humillarse”, escribió alguna vez este santo, dejando en claro cuál fue el norte de su existencia.

Un corazón insatisfecho

Ingresó al servicio militar en 1876, pero fue dado de baja por mala conducta unos años más tarde, mientras se encontraba en Argelia. Sin embargo, volvió a integrarse al ejército a causa de una revuelta en el país africano. Cuando todo acabó, renunció definitivamente a la milicia y en 1882 dio inicio a una expedición por Marruecos. Convertido en explorador, empezó a aprender árabe y hebreo.

Durante su travesía se hizo pasar por judío para facilitarse algunos favores, mientras se dedicaba a registrar el paisaje marroquí, tanto en su humanidad como en su geografía. El exmilitar francés recorrió inhóspitos lugares de Argelia y Túnez, y describió culturas y costumbres. En virtud de este singular esfuerzo, Foucauld recibió la medalla de oro de la Sociedad Francesa de Geografía.

Un largo viaje interior

En 1886, Foucauld tuvo una experiencia profunda de conversión. Todo empezó cuando se percató de la entrega y el fervor con el que vivían su fe los musulmanes. Los ojos se le abrieron en tierras que no eran las suyas, pero donde, al igual que en su patria, había un Dios a quien reverenciar. Para Carlos la religión siempre había estado en la periferia de su vida, alejada de sus intereses; de plano esta siempre le había parecido repulsiva, así como la sola idea de un Dios creador.

Con la ayuda de un sacerdote, el Padre Huvelin, Carlos empezó a conocer la verdadera esencia del cristianismo y a darse cuenta de que su vida carecía de lo que más anhelaba. Abriendo su corazón al Señor, hizo una sincera confesión de vida al sacerdote y optó por un estilo de vida más austero y comprometido.

Después de peregrinar a Tierra Santa con la intención de andar por los caminos por los que caminó Jesús, Foucauld ingresó al monasterio Notre Dames-des-Neiges para ser monje trapense; allí tomó el nombre de Marie-Alberic. Posteriormente fue enviado al Monasterio de Akbes en Siria y luego se instaló en Roma, donde empezó a estudiar. Sin embargo, decidió dejar la Trapa, ya que los pueblos del norte de África, con los que había vivido, estaban constantemente en sus pensamientos y deseaba hacer algo por ellos.

Finalmente volvió como peregrino a Tierra Santa -donde permaneció unos años- para luego retornar a Francia. Tras retomar los estudios de teología, fue ordenado sacerdote en 1901.

Espiritualidad del desierto

La tarea de misionero la llevó a cabo con especial dedicación entre los llamados Tuaregs. Escribió varios libros sobre ese pueblo y tradujo los Evangelios a su lengua. También incursionó en la lexicografía, redactando el primer diccionario tuareg-francés. El buen Charles se estableció en el corazón del desierto del Sahara, en Tamanrasset (Hoggar, Argelia), abrazando el estilo de vida eremita y la mística.

En 1909 fundó la Unión de Hermanos y Hermanas del Sagrado Corazón, teniendo como principal objetivo la evangelización de las colonias francesas de África. Sin embargo, nadie perseveró en el proyecto y se quedó prácticamente solo. Entonces, los bereberes, etnia del norte de África, se convirtieron en su nueva familia, en su nuevo mundo. Muchos de ellos reconocían en Charles a un verdadero amigo, y gracias a él cambiaron mucho su punto de vista sobre los franceses y los extranjeros.

“Despojado de todo”

“Creo necesario morir como mártir, despojado de todo, tendido en el suelo, desnudo, cubierto de heridas y de sangre, de forma violenta y con una muerte dolorosa”, había escrito el santo, con extraordinaria dureza, prefigurando sin saber lo que sería su final.

Diez congregaciones religiosas y ocho asociaciones espirituales han sido inspiradas por el testimonio y carisma de Foucauld.

Carlos de Foucauld fue beatificado por el Papa Benedicto XVI en el año 2005. Su canonización es bastante reciente, data del 15 de mayo de este 2022. El Papa Francisco lo canonizó junto a un numeroso grupo de beatos entre los que se encontraba Titus Brandsma, santo neerlandés que luchó contra el nazismo, y Devasahayam Pillai, conocido como “Lázaro”, converso del hinduismo.

Oración de abandono: https://www.aciprensa.com/recursos/oracion-de-abandono-del-beato-carlos-de-foucauld-3800.

 

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Fuente: Aci Prensa

Hoy celebramos a San Andrés Apóstol y el inicio del tiempo del Adviento

Hoy celebramos a San Andrés Apóstol y el inicio del tiempo del Adviento

Buenos Aires, domingo 30 noviembre (PR/25) —  El 30 de noviembre de 2025, que coincide con el Primer Domingo de Adviento, la Iglesia celebra a San Andrés Apóstol. Además, debido a que marca el inicio de un nuevo año litúrgico, también se celebra el inicio del tiempo de Adviento. 
  • San Andrés Apóstol: Es la principal figura del santoral del día. San Andrés fue el primer apóstol llamado por Jesús y es el patrón de la Iglesia Ortodoxa de Constantinopla, según Vatican News.
  • Primer Domingo de Adviento: La festividad de San Andrés marca el inicio del Adviento, un tiempo de preparación espiritual para la Navidad. El color litúrgico de este domingo es el morado, y se enciende la primera vela de la Corona de Adviento

Biografía de San Andrés Apóstol

San Andrés Nació en Betsaida y tuvo el honor y el privilegio de haber sido el primer discípulo que tuvo Jesús, junto con San Juan el evangelista. Los dos eran discípulos de Juan Bautista, y éste al ver pasar a Jesús (cuando volvía el desierto después de su ayuno y sus tentaciones) exclamó: «He ahí el cordero de Dios».

Andrés se emocionó al oír semejante elogio y se fue detrás de Jesús, Jesús se volvió y les dijo: «¿Qué buscan?». Ellos le dijeron: «Señor: ¿dónde vives?». Jesús les respondió: «Venga y verán». Y se fueron y pasaron con Él aquella tarde.

Esa llamada cambió su vida para siempre. San Andrés se fue luego donde su hermano Simón y le dijo: «Hemos encontrado al Salvador del mundo» y lo llevó a donde Jesús quien encontró en el gran San Pedro a un entrañable amigo y al fundador de su Iglesia.

El día del milagro de la multiplicación de los panes, fue San Andrés el que llevó a Jesús el muchacho que tenía los cinco panes. El santo presenció la mayoría de los milagros que hizo Jesús y escuchó, uno por uno, sus maravillosos sermones, viviendo junto a él por tres años.

En el día de Pentecostés, San Andrés recibió junto con la Virgen María y los demás Apóstoles, al Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego, y en adelante se dedicó a predicar el evangelio con gran valentía y obrando milagros y prodigios.

La tradición coloca su martirio el 30 de noviembre del año 63, bajo el imperio de Nerón.

Fuente: IA/ACIPrensa

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San Saturnino, obispo y mártir, asesinado por invocar el nombre del Dios verdadero

San Saturnino, obispo y mártir, asesinado por invocar el nombre del Dios verdadero

Buenos Aires, sábado 29 noviembre (PR/25) — Cada 29 de noviembre la Iglesia Católica celebra a San Saturnino, obispo de Tolosa (Toulouse), Galia (actual Francia) en el siglo III, fallecido alrededor del año 257.

 

San Saturnino

Misionero en Tolosa

Saturnino nació a inicios del siglo III en Patras, Grecia. Fijó su residencia en Tolosa (actual Toulouse) en el año 250, en tiempos del consulado de Decio y Grato. En esos años, en Galia había pocas comunidades cristianas, con escaso número de fieles, mientras que los templos paganos estaban llenos de gente que tradicionalmente realizaba sacrificios a los ídolos, de acuerdo a la costumbres promovidas por Roma.

Saturnino, que había llegado a Tolosa proveniente de Oriente, congregaría los primeros frutos de su predicación en una comunidad no muy numerosa, pero muy viva. Pronto llegaría a ser obispo de esa ciudad, atrayendo progresivamente a un mayor número de ciudadanos a la fe en Cristo.

Perseguido por ser cristiano

El santo obispo, para llegar a un pequeño oratorio de su propiedad, pasaba todas las mañanas frente al ‘Capitolio’ -nombre con el que se designaba al principal templo pagano de la ciudad- dedicado a Júpiter Optimus Maximus (Júpiter Capitolino)

. Según la costumbre, en su interior, los sacerdotes ofrecían en sacrificio un toro al dios con el deseo de congraciarse con éste y obtener su favor.

Llegó entonces un tiempo en el que los cultores de Júpiter empezaron a sentirse defraudados, pues no obtenían favor alguno del dios, mientras que a los cristianos se les veía contentos, en paz y prósperos en sus labores. Entonces, los sacerdotes paganos culparon al obispo Saturnino del silencio de Júpiter, quien habría sido ofendido por las conversiones de tantos y tantos al cristianismo.

Conducido al martirio

El malestar contra los cristianos fue en aumento y cierto día una multitud rodeó amenazante a Saturnino y le increpó a que participe del sacrificio de un toro sobre el altar del dios, como correspondía a cualquier ciudadano romano. Saturnino se negó a hacerlo y alzó la voz, desafiante, contra los adoradores de Júpiter, señalando que no temía sus supuestos castigos, ni los rayos que pudieran caer del cielo para fulminar a los que ellos llamaban “traidores”.

Sometido por una bestia

Luego emplazó al pueblo gritando que Júpiter no era un dios verdadero. Entonces la turba se fue contra él, y entre muchos hombres, enfurecidos, lo ataron al cuello del toro que habría de ser sacrificado, al que ‘picaron’ para que corriera escaleras abajo del Capitolio y arrastre al obispo.

Los violentos golpes que sufrió el santo no le dejaron un hueso sano, y murió solo un rato después. Su cuerpo fue arrojado a la calle y abandonado como signo de desprecio. Quiso Dios que dos piadosas mujeres recogieran el cadáver y le dieran cristiana sepultura «en una fosa muy profunda», de acuerdo a lo que señala el martirologio.

Sobre esa tumba, un siglo después, San Hilario de Poitiers (315-367) construyó una capilla de madera que fue destruida posteriormente, perdiéndose su ubicación por algún tiempo, hasta que, en el siglo VI, el duque Leunebaldo encontró las reliquias del mártir bajo los restos de la iglesia derruida. En ese mismo lugar el duc (duque) hizo edificar un nuevo templo dedicado a San Saturnino, Saint-Sernin-du-Taur (San Sernín de Tour), que más tarde tomaría el actual nombre de Notre-Dame du Taur (Nuestra Señora de Taur).

Si quieres conocer más sobre la vida de este mártir, puedes leer este artículo de la Enciclopedia Católicahttps://ec.aciprensa.com/wiki/San_Saturnino.

Fuente: ACIPrensa