Hoy se celebra a Santa Catalina Labouré, vidente de la Medalla Milagrosa

Hoy se celebra a Santa Catalina Labouré, vidente de la Medalla Milagrosa

Buenos Aires, viernes 28 noviembre (PR/25) — Hoy la Iglesia celebra la memoria y accionar de Santa Catalina Labouré, vidente de la Virgen María a quién le dio la Medalla Milagrosa. La religiosa nació en Fain-lès-Moutiers (Francia) el 2 de mayo de 1806, en el seno de una familia campesina.
A los nueve años perdió a su madre, sin embargo, lejos de sumirse en el desconsuelo, Catalina se aferró a la Madre del cielo, la Virgen María, y en Ella encontró la fuerza y el alivio necesarios para afrontar su inesperada orfandad
La Madre de Dios empezó, entonces, a llenar el terrible vacío que había quedado en el corazón de la niña: era como si Catalina andase todos los días de la mano de María, de aquí para allá, mientras Ella, la Virgen, le hacía sentir su dulce compañía.

Así, de manera muy natural, un día la pequeña Catalina le hizo una petición a la Virgen: “¡Sé mi madre!”.

Las gracias y favores de Dios

No mucho tiempo después, la hermana mayor de Catalina sería admitida como religiosa vicentina y, en casa, todas las responsabilidades recayeron sobre los hombros de la pequeña. Ayudar a su familia fue una tarea difícil y exigente que le acarreó, como a muchísimas niñas de su época y condición social, la imposibilidad de aprender a leer y escribir.

Con el tiempo, Dios también tocó el corazón de Catalina, lo que produjo que ella fuera abriéndose a nuevos horizontes espirituales. “Quizás -pensó la jovencita- Dios me llama a la vida religiosa”. Lamentablemente, tales consideraciones no fueron del agrado de su padre. Por eso, Catalina empezaría a pedir al Señor con insistencia que le concediera la gracia de tener en claro cuál debía ser su camino.

Una vocación, un sueño

En aquellos días de incertidumbre, Catalina tuvo un sueño que la marcaría para siempre. En él vio a un sacerdote anciano que se paró frente a ella y le dijo: “Un día me ayudarás a cuidar a los enfermos”.

Catalina no le daría demasiada importancia en ese momento a aquel sueño, y la etapa consecutiva de su vida permaneció más o menos igual hasta que cumplió los 24 años. Una mañana decidió ir a visitar a su hermana al convento donde esta vivía. Adentro, mientras paseaba por uno de los pasadizos del recinto, vio un cuadro de San Vicente de Paúl que le llamó la atención y se quedó observando.

Tras unos segundos, quedó ensimismada, contemplando la imagen del santo. De pronto,  Catalina se dio cuenta de que él, el del retrato, era el sacerdote que se le había presentado en sueños. Lo que había soñado no podía ser una simple casualidad, definitivamente no. Era Dios que la estaba llamando de nuevo: “Me ayudarás a cuidar enfermos”.

Para que crezca el amor, más y más…

Una vez admitida en la Orden, Catalina fue enviada a la casa vicentina de París. Allí se ocupó de los oficios más humildes y se puso al cuidado de los ancianos de la enfermería. Nunca descuidó aquel amor a la Virgen que había conocido de niña, pero ahora la vida religiosa le estaba dando la oportunidad de fortalecer y madurar ese amor en el servicio a los que sufren enfermedad.

La Hermana Catalina veía cómo su Madre del cielo la había preparado para consagrarse, y cómo la seguía educando para una entrega mayor. Y así fue. El 27 de noviembre de 1830, la Virgen María se le apareció a Catalina mientras rezaba en la capilla del convento, y le pidió algo sorprendente: que acuñe una medalla dedicada a Ella, Reina del cielo y la tierra. Esta sería para protección de quienes la porten, y Dios concedería gracias y milagros a quienes acudan a su intercesión.

«Dios quiere confiarte una misión; te costará trabajo, pero lo vencerás pensando que lo haces para la gloria de Dios. Tú conocerás cuán bueno es Dios. Tendrás que sufrir hasta que se lo digas a tu director. No te faltarán contradicciones mas te asistirá la gracia; no temas. Háblale a tu director con confianza y sencillez; ten confianza, no temas. Verás ciertas cosas; díselas. Recibirás inspiraciones en la oración».

Para poder cumplir con el pedido de la Virgen, Catalina pidió el consejo y la ayuda de su confesor, y, más adelante, el apoyo del Arzobispo de París. Gracias a Dios, este accedió a su solicitud y otorgó su autorización para que la medalla sea acuñada.

Crecimiento de la devoción

La Medalla Milagrosa empezó a ser reproducida y, con ello, aparecieron los primeros devotos y los primeros testimonios de milagros acontecidos en sus vidas. Todo sucedió tal y como lo había prometido la Madre de Dios.

Otras revelaciones privadas hizo la Virgen María a Santa Catalina, pero no siempre encontraron la misma acogida cuando las comunicaba. De hecho, no hubo el mismo eco espiritual en los siguientes confesores asignados a la santa. Catalina, entonces, decidió conservar para sí ciertos detalles que solo revelaría a su superiora, por consejo de la Virgen María.

En los brazos dulces de la Madre

Catalina partió a la Casa del Padre a los 70 años, el 31 de diciembre de 1876. Poco antes de que muriera, la madre superiora erigió en el altar de la capilla del convento una estatua de la Virgen de la Medalla Milagrosa para perpetuar el recuerdo de las apariciones.

Cincuenta y seis años después, cuando la sepultura de Santa Catalina fue abierta para el reconocimiento oficial de sus reliquias, su cuerpo fue hallado incorrupto.

Catalina Labouré fue beatificada por el Papa Pío XI en 1933 y canonizada por Pío XII en 1947.

Oración a la Virgen de la Medalla Milagrosa

¡Oh, poderosísima Virgen, Madre de nuestro Salvador!,
consérvanos unidos a ti en todos los momentos de nuestra vida.
Alcánzanos a todos nosotros, tus hijos, la gracia de una buena muerte,
a fin de que, juntos contigo, podamos gozar un día de la celeste beatitud.
Amén.

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Fuente: ACI Prensa

Hoy se celebra a la Virgen de la Medalla Milagrosa

Hoy se celebra a la Virgen de la Medalla Milagrosa

Buenos Aires, 27 de noviembre (PR/25) .- Cada 27 de noviembre los fieles católicos celebran el día de la Virgen de la Medalla Milagrosa, advocación mariana nacida en Francia, cuya devoción se ha extendido por todo el mundo.

Los devotos de la Medalla Milagrosa se unen hoy en espíritu de oración en recuerdo de aquel 27 de noviembre de 1830 en el que la Madre de Dios se apareció a Santa Catalina Labouré (1806-1876).

Ese día la Virgen María le ordenó a la joven religiosa:

«Haz que se acuñe una medalla según este modelo. Todos cuantos la lleven puesta recibirán grandes gracias. Las gracias serán más abundantes para los que la lleven con confianza».

Santa Catalina Labouré

Catalina Labouré fue una religiosa francesa perteneciente a las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Era una mujer de oración penetrante, poseedora de un alma mística. Según la descripción de la santa, la Virgen María se le apareció de la siguiente manera:

La Medalla Milagrosa

La Medalla Milagrosa es una medalla devocional, un objeto de piedad cuya finalidad es disponer a los devotos a acoger la gracia de Dios; un signo visible del deseo de cada devoto a cooperar con esa gracia, secundando a María en la misión que Dios le ha encomendado en el mundo.

El diseño fue realizado por el orfebre Adrien Vachette, de acuerdo a las indicaciones de Santa Catalina Labouré.

Le dijo la Virgen a Catalina: “Este globo que ves (a mis pies) representa al mundo entero, especialmente a Francia, y a cada alma en particular. Estos rayos simbolizan las gracias que yo derramo sobre los que las piden. Las perlas que no emiten rayos son las gracias de las almas que no las piden”.

En ese momento, la esfera o globo de oro que tenía la Virgen en las manos -prosigue el relato de Catalina- se desvaneció, y sus brazos se extendieron, abiertos, mientras los rayos de luz continuaban cayendo sobre el globo blanco a sus pies.

De pronto apareció una forma ovalada en torno a la figura de la Virgen, con una inscripción en el borde interior que decía: «María sin pecado concebida, ruega por nosotros, que acudimos a ti».

Estas palabras formaban un semicírculo que empezaba a la altura de la mano derecha de la Virgen, pasaba por encima de su cabeza y terminaba a la altura de la mano izquierda. María, mostrándose de esa manera, le pide a Catalina que acuñe una medalla según la imagen que estaba contemplando.

Entonces, la imagen de la Virgen giró y Catalina pudo ver el reverso. En este estaba inscrita la letra “M”, con una cruz que se alzaba desde la mitad. Por debajo de la inscripción estaban el Corazón de Jesús, circundado con una corona de espinas, y el Corazón de María, traspasado por una espada. Alrededor, formando un contorno, aparecían doce estrellas.

La Inmaculada Concepción

Esta manifestación se repitió a finales del mes siguiente, en diciembre de 1830, y en los primeros días de enero de 1831.

En un principio, los devotos de la medalla la llamaron “Medalla de la Inmaculada Concepción”, pero con la difusión de la devoción -fortalecida e impulsada por las numerosísimas gracias y milagros- los fieles empezaron a llamarla “La Medalla Milagrosa”, tal y como se sigue haciendo en nuestros días.

Si quieres saber más sobre la Medalla Milagrosa, te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católicahttps://ec.aciprensa.com/wiki/Medalla_Milagrosa.

También puedes visitar: https://www.aciprensa.com/santos/santo.php?id=357.

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Fuente: NA

Cada 26 de noviembre se celebra a San Leonardo, predicador

Cada 26 de noviembre se celebra a San Leonardo, predicador

Leonardo nació en Puerto Mauricio, Génova (Italia) en 1676. Se educó con los jesuitas en Roma y a los 21 años ingresó a la Orden de los Hermanos Menores franciscanos, en esa misma ciudad.

Con 26 años, una vez ordenado sacerdote, se dedicó con gran éxito a la predicación, mientras iba forjando en su interior una sensibilidad especial que lo llevaría por el camino de la estricta observancia de la regla franciscana. En esa búsqueda espiritual, Leonardo se abocó al silencio y a la contemplación.

Tras contraer tuberculosis, el santo vuelve a su tierra natal y permanece allí entre 1704 y 1709. Este periodo resultó muy duro para su salud, pero logró curarse, según decía, por intercesión de la Virgen María.

Ya repuesto, fue nombrado superior del convento franciscano de Florencia, donde puso en práctica su espíritu reformista, contagiando el deseo de volver sobre la observancia franciscana, principalmente en torno a la obediencia y al espíritu de pobreza.

Él y sus frailes vivían únicamente de lo que recogían por las calles pidiendo limosna de casa en casa. Pronto, su convento se llenó de religiosos de fervor renovado y junto con ellos empezó a predicar grandes misiones por pueblos, campos y ciudades.

San Leonardo aprovechó la concesión papal que autorizó a los franciscanos a construir sus templos con espacios destinados a rezar las 14 estaciones en el interior, y durante sus viajes de predicación erigió los mismos espacios en 571 parroquias de Italia. San Leonardo de Mauricio también fue propagador de otras devociones importantes para honrar al Santísimo Sacramento, al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María.

Admirador e imitador de San Pedro de Alcántara, (el confesor de Santa Teresa de Avila) recorrió como misionero los caminos de Italia por más de cuarenta años, predicando 339 misiones, entre las que destaca la de Roma por el jubileo de 1740.

También se le debe la preparación del Año Santo de 1750, en el que se inauguraron las estaciones del Vía Crucis en el Coliseo romano.

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Fuente: Aciprensa
Hoy se celebra a Santa Catalina de Alejandría, patrona de las solteras y las estudiantes

Hoy se celebra a Santa Catalina de Alejandría, patrona de las solteras y las estudiantes

La tradición recoge sus palabras antes de entregar la vida en el martirio: «¡Señor Jesús, te suplico me escuches, a mí y a cuantos a la hora de su muerte, recordando mi martirio, invoquen tu nombre!».

Catalina vivió en el siglo IV, pero no sería hasta dos siglos después de su muerte que su culto se extendería por Europa, llegando a ser muy popular.

Búsqueda de la verdad

Santa Catalina de Alejandría nació en Egipto, en el seno de una familia noble, hacia el año 290. Fue hija del rey Costo y desde muy pequeña destacó por su inteligencia. Dada su condición de princesa recibió una esmerada educación, y en virtud a su habilidad y perspicacia llegó a codearse con filósofos y poetas.

Su conversión al cristianismo empezó con un sueño en el que se le apareció Jesús, tras el cual empezó a interesarse en la doctrina cristiana. A partir de entonces, tanto su mente como su corazón se fueron transformando; Catalina pidió el bautismo y quiso consagrar su vida al Señor.

En el año 310, el emperador romano Majencio visitó Alejandría, ciudad donde vivía la santa, para presidir las ceremonias dedicadas a los dioses. Empezadas las festividades, el emperador ordenó que se ofrecieran sacrificios según la costumbre.

Cuando le tocó el turno de presentar su ofrenda, Catalina se negó a hacerlo y en vez de reverenciar a los dioses se santiguó delante del Emperador. Este, enfurecido, la mandó llamar. Una vez que fue llevada a su presencia, Majencio cuestionó su conducta. Acto seguido, Catalina lo retó a debatir sobre el Dios verdadero.

Cristo se abre paso en los corazones

Después, Majencio, en plan de darle a Catalina una última oportunidad, le propuso que fuera una de las doncellas acompañantes de la emperatriz. La santa rechazó la oferta, por lo que sería azotada y luego encerrada en un calabozo, sin alimento.

Martirio

El emperador tomó lo sucedido como la mayor de las afrentas y mandó torturar a Catalina. Un grupo de soldados construyó un artefacto que tenía una rueda con clavos y cuchillas. Cuando sujetaron a Catalina, ella oró al Señor y el mecanismo saltó en pedazos matando a algunos de los presentes.

Entonces, para asegurar que la santa muriera, se preparó la decapitación. El golpe de la espada del verdugo cercenó su cabeza en el acto. Cuenta la tradición que los restos de Catalina no llegaron a ser profanados porque unos ángeles se los llevaron al Monte Sinaí (hoy se veneran en ese lugar).

Patronazgos

A los patronazgos ya mencionados se suman los de ‘patrona de apologistas’; ‘artesanos’ que usan ruedas en su trabajo, como alfareros, hilanderos, molineros; así como de los archivistas; abogados; juristas; bibliotecarios.

Por la juventud con la que fue conducida al martirio y la resistencia exhibida durante este es patrona de las personas en trance de muerte. Por su habilidad retórica y perspicacia siendo una jovencita es patrona de los educadores, las jóvenes solteras, las estudiantes, los maestros.

Debido a la tradición iconográfica que la representa se la asocia también a los oficios en los que se usan instrumentos afilados o hechos de metal: afiladores de cuchillos; mecánicos; torneros; taquígrafos y secretarias.

En España es patrona de la Real Universidad de Toledo. En América Latina es patrona de ciudades y localidades de Colombia, Cuba, El Salvador, Guatemala, México, Nicaragua, Venezuela, Brasil, Perú, Panamá.

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Fuente: Aciprensa

Hoy la Iglesia recuerda a los Mártires de Vietnam, encabezados por San Andrés Dung-Lac

Hoy la Iglesia recuerda a los Mártires de Vietnam, encabezados por San Andrés Dung-Lac

La historia de la evangelización en los actuales territorios de Vietnam empezó en el siglo XVI. Misioneros provenientes de Europa llegaron a esas tierras con el deseo de anunciar la Buena Nueva entre los naturales y abrir para ellos el camino de la Iglesia y la salvación.

Entre los vietnamitas fueron muchos los que acogieron con alegría el mensaje de Cristo; sin embargo, en la medida en que el cristianismo se fue fortaleciendo e iba generando un mayor impacto en la vida social y la cultura, otros tantos escogieron la ruta del repudio y la violencia contra los conversos y los llegados de otras tierras. Especialmente los siglos XVIII y XIX fueron cruentos en este sentido y la sangre de numerosos cristianos fue derramada.

Probados en la batalla, fieles al Señor

En el siglo XIX, los reyes Minh Mang y Tu Duc organizaron una larguísima persecución que duró décadas. En 1833, Minh Mang emitió una orden que prohibía la actividad misionera y obligaba a todo aquel que se reconocía cristiano a renegar públicamente de su fe, bajo amenaza de severos castigos -la cárcel o la muerte-. Este gobernante y su sucesor, llamado Tu Duc, pretendieron imponer el confucianismo de manera excluyente.

Lo peor ocurrió a mediados del siglo antepasado. Entre 1848 y 1860 fueron proclamados hasta seis edictos acusando a los cristianos de conspiradores y representantes de intereses políticos foráneos. Esos 12 años representaron la radicalización de lo que ya venía pasando en Vietnam desde la llegada de los primeros evangelizadores en el siglo XVI. El resultado de estas medidas anticristianas y de casi 300 años de persecución fueron miles de vietnamitas y extranjeros -en su mayoría europeos- martirizados y asesinados. Entre ellos había un número mayor entre obispos, sacerdotes y religiosos, pero también hubo laicos.

Paulatinamente, a lo largo del siglo XX, la Iglesia Católica, que hace todo lo posible por preservar la memoria de sus mártires, ha reconocido la santidad y entrega de quienes murieron en Vietnam por odio a la fe. Es cierto que algunos pueden haber quedado en el anonimato, pero muchos otros han sido debidamente identificados y hoy integran la lista de los fieles cuyo testimonio fortalece a la Iglesia local y universal. Estos 117, encabezados por San Andrés Dung-Lac (sacerdote muerto el 21 de diciembre de 1839), fueron canonizados por San Juan Pablo II en 1988.

De los 117 mártires, 75 fueron decapitados, 22 estrangulados, 6 quemados vivos, 5 condenados al desgarro de sus miembros y 9 murieron en la cárcel a causa de las torturas.

El número de personas canonizadas (117) en una sola ceremonia no tenía precedentes en la historia de la Iglesia. Esta es la lista oficial encabezada por San Andrés Dung-Lac (están incluidos junto a los originales de Vietnam, los misioneros españoles y franceses):

  1. Andrés DUNG-LAC, Sacerdote 21-12-1839
  2. Domingo HENARES, Obispo O.P. 25-06-1838
  3. Clemente Ignacio DELGADO CEBRIAN, Obispo O.P. 12-07-1838
  4. Pedro Rosa Úrsula BORIE, Obispo M.E.P. 24-11-1838
  5. José María DÍAZ SANJURJO, Obispo O.P. 20-07-1857
  6. Melchor GARCÍA SAMPEDRO SUÁREZ, Obispo O.P. 28-07-1858
  7. Jerónimo HERMOSILLA, Obispo O.P. O1-11-1861
  8. Valentín BERRÍO OCHOA, Obispo  O.P. 01-11-1861
  9. Esteban Teodoro CUENOT, Obispo M.E.P. 14-11-1861
  10. Francisco GIL DE FEDERICH, Sacerdote O.P. 22-O1-1745
  11. Mateo ALONSO LECINIANA, Sacerdote O.P. 22-O1-1745
  12. Jacinto CASTANEDA, Sacerdote O.P. 07-11-1773
  13. Vicente LE OUANG LIEM, Sacerdote O.P. 07-11-1773
  14. Emanuel NGUYEN VAN TRIEU, Sacerdote 17-09-1798
  15. Juan DAT, Sacerdote 28-10-1798
  16. Pedro LE TuY, Sacerdote 11-10-1833
  17. Francisco Isidoro GAGELIN, Sacerdote M.E.P. 17-10-1833
  18. José MARCHAND, Sacerdote M.E.P. 30-11-1835
  19. Juan Carlos CORNAY, Sacerdote M.E.P. 20-09-1837
  20. Vicente DO YEN, Sacerdote O.P. 30-06-1838
  21. Pedro NGUYEN BA TUAN, Sacerdote 15-07-1838
  22. José FERNÁNDEZ, Sacerdote O.P. 24-07-1838
  23. Bernardo VU VAN DUE, Sacerdote 01-08-1838
  24. Domingo NGUYEN VAN HANH (DIEU), Sacerdote O.P. 01-08-1838
  25. Santiago Do MAI NAM, Sacerdote 12-08-1838
  26. José DANG DINH (NIEN) VIEN, Sacerdote 21-08-1838
  27. Pedro NGUYEN VAN TU, Sacerdote O.P. 05-09-1838
  28. Francisco JACCARD, Sacerdote M.E.P. 21-09-1838
  29. Vicente NGUYEN THE DIEM, Sacerdote 24-11-1838
  30. Pedro VO BANG KHOA, Sacerdote 24-11-1838
  31. Domingo TUOC, Sacerdote O.P. 02-04-1839
  32. Tomás DINH VIET Du, Sacerdote O.P. 26-11-1839
  33. Domingo NGUYEN VAN (DOAN) XUYEN, Sacerdote O.P. 26-11-1839
  34. Pedro PHAM VAN TIZI, Sacerdote 21-12-1839
  35. Pablo PHAN KHAC KHOAN, Sacerdote 28-04-1840
  36. José DO QUANG HIEN, Sacerdote O.P. 09-05-1840
  37. Lucas Vu BA LOAN, Sacerdote 05-06-1840
  38. Domingo TRACH (DOAI), Sacerdote O.P. 18-09-1840
  39. Pablo NGUYEN NGAN, Sacerdote 08-11-1840
  40. José NGUYEN DINH NGHI, Sacerdote 08-11-1840
  41. Martín TA Duc THINH, Sacerdote 08-11-1840
  42. Pedro KHANH, Sacerdote 12-07-1842
  43. Agustín SCHOEFFLER, Sacerdote M.E.P. 01-05-1851
  44. Juan Luis BONNARD, Sacerdote M.E.P. 01-05-1852
  45. Felipe PHAN VAN MINH, Sacerdote 03-07-1853
  46. Lorenzo NGUYEN VAN HUONG, Sacerdote 27-04-1856
  47. Pablo LE BAO TINH, Sacerdote 06-04-1857
  48. Domingo MAU, Sacerdote O.P. 05-11-1858
  49. Pablo LE VAN Loc, Sacerdote 13-02-1859
  50. Domingo CAM, Sacerdote T.O.P. 11-03-1859
  51. Pedro DOAN LONG QUY, Sacerdote 31-07-1859
  52. Pedro Francisco NERON, Sacerdote M.E.P. 03-11-1860
  53. Tomás KHUONG, Sacerdote T.O.P. 30-01-1861
  54. Juan Teofano VENARD, Sacerdote M.E.P. 02-02-1861
  55. Pedro NGUYEN VAN Luu, Sacerdote 07-04-1861
  56. José TUAN, Sacerdote O.P. 30-04-1861
  57. Juan DOAN TRINH HOAN, Sacerdote 26-05-1861
  58. Pedro ALMATO RIBERA, Sacerdote O.P. 01-11-1861
  59. Pablo TONG VIET BUONG, Laico 23-10-1833
  60. Andrés TRAN VAN THONG, Laico 28-11-1835
  61. Francisco Javier CAN, Catequista 20-11-1837
  62. Francisco DO VAN (HIEN) CHIEU, Catequista 25-06-1838
  63. José NGUYEN DINH UPEN, Catequista T.O.P. 03-07-1838
  64. Pedro NGUYEN DiCH, Laico 12-08-1838
  65. Miguel NGUYEN HUY MY, Laico 12-08-1838
  66. José HOANG LUONG CANH, Laico T.O.P. 05-09-1838
  67. Tomás TRAN VAN THIEN, Seminarista 21-09-1838
  68. Pedro TRUONG VAN DUONG, Catequista 18-12-1838
  69. Pablo NGUYEN VAN MY, Catequista 18-12-1838
  70. Pedro VU VAN TRUAT, Catequista 18-12-1838
  71. Agustín PHAN VIET Huy, Laico 13-06-1839
  72. Nicolás BUI DUC THE, Laico 13-06-1839
  73. Domingo (Nicolás) DINH DAT, Laico 18-07-1839
  74. Tomás NGUYEN VAN DE, Laico T.O.P. 19-12-1839
  75. Francisco Javier HA THONG MAU, Catequista T.O.P. 19-12-1839
  76. Agustín NGUYEN VAN MOI, Laico T.O.P. 19-12-1839
  77. Domingo Bui VAN UY, Catequista T.O.P. 19-12-1839
  78. Esteban NGUYEN VAN VINTI, Laico T.O.P. 19-12-1839
  79. Pedro NGUYEN VAN HIEU, Catequista 28-04-1840
  80. Juan Bautista DINH VAN THANH, Catequista 28-04-1840
  81. Antonio NGUYEN HUU (NAM) QUYNH, Laico 10-07-1840
  82. Pietro NGUYEN KHAC Tu, Catequista 10-07-1840
  83. Tomás TOAN, Catequista T.O.P. 21-07-1840
  84. Juan Bautista CON, Laico 08-11-1840
  85. Martín THO, Laico 08-11-1840
  86. Simón PHAN DAC HOA, Laico 12-12-1840
  87. Inés LE THi THANH (DE), Laica 12-07-1841
  88. Mateo LE VAN GAM, Laico 11-05-1847
  89. José NGUYEN VAN LUU, Catequista 02-05-1854
  90. Andrés NGUYEN Kim THONG (NAM THUONG), Catequista 15-07-1855
  91. Miguel Ho DINH HY, Laico 22-05-1857
  92. Pedro DOAN VAN VAN, Catequista 25-05-1857
  93. Francisco PHAN VAN TRUNG, Laico 06-10-1858
  94. Domingo PHAM THONG (AN) KHAM, Laico T.O.P. 13-01-1859
  95. Lucas PHAM THONG (CAI) THIN, Laico 13-01-1859
  96. José PHAM THONG (CAI) TA, Laico 13-01-1859
  97. Pablo HANH, Laico 28-05-1859
  98. Emanuel LE VAN PHUNG, Laico 31-07-1859
  99. José LE DANG THI, Laico 24-10-1860
  100. Mateo NGUYEN VAN (NGUYEN) PHUONG, Laico 26-05-1861
  101. José NGUYEN DUY KHANG, Catequista T.O.P. 06-11-1861
  102. José TUAN, Laico 07-01-1862
  103. José TUC, Laico 01-06-1862
  104. Domingo NINH, Laico 02-06-1862
  105. Domingo TORI, Laico 05-06-1862
  106. Lorenzo NGON, Laico 22-05-1862
  107. Pallo (DONG) DUONG, Laico 03-06-1862
  108. Domingo HUYEN, Laico 05-06-1862
  109. Pedro DUNG, Laico 06-06-1862
  110. Vicente DUONG, Laico 06-06-1862
  111. Pedro THUAN, Laico 06-06-1862
  112. Domingo MAO, Laico 16-06-1862
  113. Domingo NGUYEN, Laico 16-06-1862
  114. Domingo NHI, Laico 16-06-1862
  115. Andrés TUONG, Laico 16-06-1862
  116. Vicente TUONG, Laico 16-06-1862
  117. Pedro DA, Laico 17-06-1862

Al día siguiente de la canonización, el Papa San Juan Pablo II dijo sobre los nuevos santos: “Sí, el verdadero motivo de nuestra alegría hoy es saber que estamos en comunión con estos hombres que llevaron el Evangelio, fundaron la Iglesia en la tierra de Vietnam y respondieron sin reservas al llamado de Cristo. Habían abandonado sus provincias sin esperanzas de regresar. Ahora están presentes para todos sus hermanos en el mundo, tanto para los de Vietnam como para los de su patria. La Iglesia venera en ellos a servidores fieles que han entrado en la alegría del Maestro, intercesores y ejemplos para las generaciones venideras” .

(Discurso del Santo Padre Juan Pablo II a los peregrinos franceses y españoles que participaron en la Canonización de 117 Mártires de Vietnam, 20 de Junio ??de 1988).

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Fuente: Aciprensa

Cada 23 de noviembre se celebra al Papa San Clemente I, impulsor de la paz y la concordia

Cada 23 de noviembre se celebra al Papa San Clemente I, impulsor de la paz y la concordia

«Revistámonos de concordia, manteniéndonos en la humildad y en la continencia, apartándonos de toda murmuración y de toda crítica, manifestando nuestra justicia más por medio de nuestras obras que con nuestras palabras», escribió el Papa San Clemente I en una carta escrita a los miembros de la Iglesia en Corinto.

San Clemente I, conocido también como San Clemente Romano, fue elegido pontífice en el año 88 y murió mártir en el año 97 (c.99). Clemente murió ejecutado en medio de la persecución: fue arrojado al mar encadenado a un ancla.

Otra figura importante de la Iglesia de los primeros siglos, San Ireneo de Lyon, da testimonio sobre su fidelidad a Cristo, al tiempo que lo coloca en la lista de los sucesores de Pedro. De Clemente, Ireneo escribe: «Había visto a los Apóstoles»; «se había encontrado con ellos»; «todavía resonaba en sus tímpanos su predicación, y tenía ante los ojos su tradición».

Dadas las afirmaciones tan contundentes del gran Obispo de Lyon, la Iglesia lo considera uno de los Padres Apostólicos junto a San Policarpo de Esmirna y San Ignacio de Antioquía.

Durante su pontificado, Clemente I restableció el sacramento de la Confirmación de los cristianos según el rito de San Pedro. Además, con su venia, se empezó a usar en el rito católico (universal) la palabra «amén» (así sea), como señal de conformidad y adhesión expresada en la liturgia.

Un hermoso ejemplo de lo dicho anteriormente puede verse en la carta que envió a los corintios, en razón de las constantes desobediencias a sus sacerdotes. San Clemente, en todo esto, no hizo sino seguir las huellas de San Pablo:

«¿A qué vienen entre vosotros contiendas y riñas, banderías, escisiones y guerras. ¿O es que no tenemos un solo Dios y un solo Cristo y un solo Espíritu de gracia que fue derramado sobre nosotros? ¿No es uno solo nuestro llamamiento en Cristo?… Arranquemos, pues, con rapidez ese escándalo y postrémonos ante el Señor, suplicándole con lágrimas sea propicio con nosotros, nos reconcilie consigo y nos restablezca en el sagrado y puro comportamiento de nuestra fraternidad».

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Fuente: Aciprensa